#Entrevistas

Los ángeles en medio de dos mundos

Una conversación con Rosalía sobre un disco que reinterpreta el Flamenco y lo adapta a nuestro tiempo.

10.02.17
Aleix Mateu

Cuando llego a la cafetería del hotel donde espera Rosalía con su agente de prensa, está estirada en el sofá mirando el móvil, probablemente poniéndose al día en su activa cuenta de Instagram.  Lleva dos días visitando frenéticamente periódicos y radios para presentar su primer disco, “Los Angeles“, que hoy ve la luz a través de Universal.

El álbum ha sido gestado con Refree, Raül Fernández, productor catalán con una larga trayectoria musical que se ha encargado de dar forma a las ideas vocales y líricas de Rosalía.

Si se pudiera sintetizar el disco en una frase diríamos que “Los Angeles” es una actualización del Flamenco “pre camaronista”, como explica la misma Rosalía, una definición que obviamente simplifica lo que el disco propone.

Explica:

“Nosotros lo que hemos hecho ha sido reinterpretar el flamenco. Hay una intención de que haya una parte tradicional con peso, con las letras y las melodías, y yo he intentado ser muy respetuosa con eso. Luego hago mezclas porque yo una misma letra, la estudio de Morente, de Chacón, o una misma letra la estudio de Molina, de Valderrama y de Vallejo. Me la estudio de varias cosas y luego hago mi mix.

Es tradicional. Es antiguo porque viene de los referentes que viene, pero no es solo de uno, no es una copia; es algo genuino, acaba saliendo alguna cosa nueva. Luego hay otra parte como la interpretación o la textura vocal, las intenciones, la producción el sonido…”

Rosalía se ha encargado de seleccionar las letras de cantes Flamencos, y en este mismo ejercicio, junto a la reinterpretación minimalista y Folk de las canciones, se ponen de manifiesto unas lógicas y tendencias que no podían estar más vigentes en la música contemporánea: la remezcla y el collage como herramientas creativas, quizá la base del arte de esta época.

A la vez el álbum, como su título anticipa, funciona como un nexo entre aquello más cotidiano y mundano y aquello más espiritual, una visión casi sacra de la música y la vida que Rosalía siente, sobre todo, cada vez que sube al escenario.

Antes que Rosalía se vaya el día siguiente a Madrid, a seguir con la presentación del disco, mantenemos una conversación en la que nos habla de como se ha gestado el disco y de su particular visión del mundo y la música.

El disco empieza con la voz de un niño aprendiendo a hablar.

Le dimos al hijo de Refree la hoja de papel con la letra que yo luego canto. Se lo dimos para que lo leyera por primera vez cuando lo grababa. Lo grabó mientras lo intentaba leer. Es su hijo aprendiendo a leer. El disco empieza con vida.

Pero trata de la muerte, verdad?

¡Exacto! (risas)

Las melodías y las letras son de tradición flamenca. Son cantes. Luego, la forma de interpretarlas, de estructurarlas, la sonoridad, la producción, los arreglos… eso lo hemos hecho nosotros. Solo por la forma y la textura vocal que alguien busca, ya no suena a cante, si no a canción.

De alguna forma son canciones tradicionales, populares, adaptadas. Una reinterpretación del flamenco.

Como has elegido las letras de las canciones?

Yo buscaba y le traía canciones a Raúl… ¿Qué te parece este tema? Normalmente todo lo que le traía le molaba. Incluso hemos tenido que dejar cosas fuera…

Mi proceso a la hora de elegirlas, el denominador común, creo que es la muerte. Y lo lírico: creo que todas comparten alma y tienen una estética parecida. Una época parecida. Porque yo tengo unos referentes muy claros en el Flamenco que son pre camaronistas. Como La Niña de los Peines, Caracol, Vallejo, Valderrama… Cosas que son muy antiguas.

Entonces todo tiene que ver con ese momento, con la reivindicación de esa época y de ese tipo de cante.

No solo coges canciones tradicionales para interpretarlas a tu manera, si no que incluso usas registros aparentemente tan distintos, como el Folk americano. En vez de acercarte a versiones Pop más cercanas a la super producción habéis preferido quedaros en lo minimalista.

Me gusta mucho que digas esto de minimalista. Nadie me lo ha dicho todavía. Totalmente. Es crudo, es minimalista, es al desnudo. Como cuando estamos en el escenario. No hay nada. Esta solo lo esencial. Y eso es una manera de potenciar la emoción, lo que uno realmente quiere explicar.

Tanto Raúl como yo entendemos la música de esta forma. No es que hayamos buscado un sonido preestablecido. No hemos dicho “vamos a hacer un disco minimalista”, esto sería absurdo. Sería limitar lo que podría llegar a ser.

Más bien ha sido una consecuencia de decir “vamos a tocar esto”. Hace falta algo más? No. Es que no hace falta nada más. ¿Sabes? ¿Para que vas a poner unas percus si no viene al caso? Si con eso ya funciona… Son canciones, no hace falta que le pongas más nada.

Aún así, el disco pasa de momentos muy frágiles a ganar mucha intensidad, tanto en la voz como en la guitarra.

Todo el tiempo hemos buscado que sea emocionante. Hay una cuestión de dinámicas entre Raúl y yo, de intenciones, a nivel interpretativo y creativo, está buscado así. Para que si realmente pide un crescendo, ese crescendo esté ahí. Y que cuando haya un pianissimo, ese pianissimo esté ahí.

No hay nada al azar y a la vez todo ha sido producto de ensayo y error. De ir probando muchas cosas y decir que esto es lo que funciona para este tema.

Todos imaginamos la muerte como se va apagando, que se desvanece. El disco en cambio va a más. Igual es algún tipo de actitud vital (risas).

¿De ir a fuego no? Ahí en tu vejez… (risas) Creo que es algo que ha salido de forma natural en el disco, va en crescendo todo el álbum… Supongo que por la culminación, un ritmo natural. Pero ha sido sin querer, no ha sido consciente.

La letra me recuerda un poco a algo costumbrista, del día a día, y a la vez iluminado por algo espiritual.

Me gusta que digas eso. En la búsqueda de letras he buscado que fueran universales, que no tuvieran que ver ni con una época concreta, ni con un contexto concreto, si no que traten de cosas con las que cualquiera pueda conectar, aunque un enterrador o la hija de Juan Simón no sean algo actual, el resto sí.

Pienso que lo espiritual está muy presente. Y cuando hacemos los directos es cuando más se ve eso, porque tiene algo de ritual. El concierto para mi es algo ritual, es una misa. El concierto para mi es una misa de luto, no se explicarlo, pero para mi es algo muy religioso. Y nadie lo dice, pero la voluntad de lo espiritual es algo que está muy presente.

Parece algo muy cotidiano, pero siempre bajo esta luz, tan cercana a la muerte y a la vida.

Yo concibo la muerte así. La percibo de una forma muy espiritual. Al menos desde un prisma… No creo que nos muramos y ya. Y creo que eso se nota en la búsqueda y elección de temas, y por qué unos sí y otros no.

Y a la vez me encanta que haya aspectos más cotidianos. De lo sencillo, de lo humano, de lo terrenal, de bajar a la tierra…

La sencillez de estar hablando con desenfado de cosas, sin demasiado hierro. Como la calle, como las letras de la música urbana. Que al final no están hablando de nada profundo, solo están buscando explicar una realidad.

Piensas que esta visión espiritual tiene algo que ver con tu papel de hacer música? Muchos músicos hablan de dejar algo para la posteridad.

Dejar algo, no? Esto es muy trascendente… La verdad es que yo hago música porque es lo que me gusta y me hace feliz, ¿sabes? Y lo que me da sentido, lo que hace que me levante por las mañanas. No pienso en más allá.

Intento comprometerme con mi faena y hacer mi trabajo. Yo lo entiendo que es como mi tarea aquí. Si alguna tarea tengo en el mundo siento que es ésta: hacer música y reivindicar un concepto de música, de como entender esa libertad…

Y ante todo cantaora y muchas más cosas. Y a la gente le cuesta y la industria y los medios no lo entienden… El público sí lo entiende, pero los periodistas… bueno, la lógica de los medios de comunicación, necesitan que te justifiques todo el rato. Solo piden un titular.

Necesitan que les justifiques todo lo que haces y todo lo que te permites como artista. Lo entiendo, pero para mi es mucho más natural. Soy cantaora pero también hago muchas otras cosas. No quiero limitarme, yo soy cantaora y músico ante todo.

Consigues llevar esta música a otro contexto y la gente lo entiende. Haces que la gente más joven se interese por esto. Me acuerdo del concierto en la Sala Apolo. Era antes de que publicaras el disco y ya estaba lleno de gente de todas las edades.

¡Y eso me hace muy feliz! Si esto es así, es un orgullo y una bendición, porque el flamenco es algo único. Que nos pertenece. Yo siempre lo quiero reivindicar, es importante… Yo creo que la gente joven también se da cuenta. Hay más público de flamenco actualmente, porque se está creando una escena de un flamenco más actual.

A la vez es complejo y yo creo que se ve más de fuera que desde dentro. Ahora bien, yo soy una persona de la edad que soy. Yo tengo 23. La forma en la que me comunicaré con mi público, la forma en la que haré mi música, la forma en la que… las decisiones que voy tomando, en cualquier aspecto de mi vida, van a ser, si no tengo ningún prejuicio, coherentes con la persona que soy, conmigo misma.

Con mi edad, con mi contexto. Y esto hace que conecte con la gente que también está en mi misma situación. Las redes sociales, la forma en la que interaccionas con los demás… Si te diriges muy directa… Yo creo que eso la gente lo nota y conecta más facilmente contigo.

Además creo que a día de hoy se está empezando a abrir algo, hay una grieta, hay una escena ahí. Porque el siglo XXI es otra cosa, se está abriendo algo.

Yo creo que no solo pasa en el Flamenco, si no que en todos los géneros está pasando algo parecido. Ya no existen esas barreras tan definidas entre géneros.

Es evidente, se han difuminado las barreras entre géneros. Creo que se debe a la globalización, a Internet. Coger de allí y de allá. Estamos sobre estimulados por mil bainas que vienen de todos los sitios del mundo.

Es imposible que todo eso no se refleje en la forma que concebimos la música o el arte o lo que sea la gente nuestra edad. Lo coherente es ir con todas esas influencias por delante. Es además la única forma de que suenes único y personal, con tus influencias. Porque cada persona tiene su mezcla, tiene todas esas influencias que son solo suyas. Nadie puede tener las mismas con exactitud.

Porque en la música de hoy, y en la forma de crear tu disco también es evidente, todo son híbridos, recontextualización. Crees que estamos condenados a que lo genuino sea esto?

Yo pienso que está todo hecho, pero es bella la ilusión de que uno puede hacer algo, puede crear algo. Porque es una ilusión, no es real que alguien pueda inventarse algo, todo está inventando. Pero esa ilusión es un motor para que alguien haga cosas. Para que se levante por la mañana y se ponga a hacer música, pensando que es capaz de aportar algo al mundo.

El corte y pega al final es lo inevitable en un mundo como el que vivimos. En lo accesible que es todo. La información, la capacidad que tenemos de tener muchas cosas a nuestro abasto.

Recuerdo que decías en otra entrevista que tanto te gusta La niña de los Peines como el Reguetón o Young Thug.

Claro, yo cuando salgo me encanta bailar Reguetón. No tengo ningún prejuicio en ese sentido. Aunque luego las temáticas de algunas canciones de Reguetón diga “según qué yo no… no lo acepto moralmente”, pero la música en sí misma me encanta. Entonces hay que saber separar que cosas y saber juzgarlas desde según qué filtro.

Tu crees que los artistas tienen algún tipo de responsabilidad respecto a lo político o lo social… O una cosa es inseparable de la otra?

Yo pienso que no hay una sola verdad. No hay solo un tipo de artista, hay muchos y no hay uno mejor o peor. Tengo amigas y amigos que se dedican al arte y piensan que el arte es lo bueno, lo bello y lo verdadero. Y eso es una declaración de principios como artista.

Pero luego puedes ser uno que simplemente seas… yo que se, satánico. Y que representes el mal y valores que no son socialmente aceptados. O la ultra violencia, por ejemplo. Eso no es bueno, bello ni verdadero, pero sigue siendo arte.

Hay un sociólogo que lo expresó muy bien. Decía que una actividad es artística cuando es considerada como tal por su entorno y la gente que practica esa actividad. Y me gusta porque no implica que sea trascendente, impactante, emocionante, buena, verdadera, implicada políticamente… nada. No pone límites.

Por ejemplo decíamos de tu disco que habla de la vida, de la muerte, que es sencillo y a la vez espiritual. Coges cosas de la cultura popular y le das un aire casi místico. No crees que esto es en sí mismo una declaración de intenciones, aunque no sea explícita?

Me gusta mucho que digas esto, porque para mi es así. La elección de los temas también tiene que ver con esto…

Y supongo que también el título, “Los Ángeles”.

Buscamos un título que representara un poco al disco y a nosotros, que para nuestro disco sonara bien. La sonoridad es importante. Pero en cuanto a el contenido y a quienes lo hemos hecho, lo define que “Los Ángeles” pueda significar una ciudad, como la que es, con la música que ha surgido en un contexto como ese, y los ángeles como mediadores entre lo divino y el hombre. Eso que decíamos entre lo mundano y lo espiritual. ¿Sabes?

Al final los ángeles puede ser San Rafael o esa ciudad de America.

Habéis grabado un video con Manson en Los Ángeles, ¿verdad?

Hace cuatro días que he vuelto de ahí, ¡cuatro! Es fuerte (risas). Es increíble, a mi me ha gustado mucho. Me encanta viajar y gracias a dios esta vida te permite eso y a mi me flipa, me hace feliz. He alucinado ahí.

Con Canadá, Tomás Peña lo ha dirigido y puede salir algo muy guay de ahí. Lo están revelando ahora, porque lo hemos grabado analógico y ¡tengo muchas ganas de verlo!

Por qué habéis elegido Canadá? Parece que la productora quiera monopolizar los nuevos artistas con una proyección más mainstream.

Canadá es una de las grandes productoras de aquí y está apostando mucho por los nuevos talentos. En nuestro caso ha surgido de una manera muy natural porque Tomás es muy amigo mío y estaba en contacto con él. Vi que estaba en Los Ángeles y empezamos a hablar, él sabe que mi disco se llama así y de repente dijimos, madre mía, vamos a hacerlo.

De tu pueblo a Los Ángeles. ¿Te imaginabas algo parecido cuando empezaste con esto?

Mis padres no se dedican a nada que tenga que ver con la música, no he venido de una familia de músicos, metida en la industria o con contactos. Yo si algo puedo decir es que empiezo de cero. Y esto de alguna forma ha determinado mi forma de ser y de actuar.

He tenido que dedicar muchas muchas muchas horas para conseguir “nada”, ¿me entiendes? He tenido que sacrificarme mucho, darle mucha dedicación, porque me enamoré del Flamenco y para mi escuchar esta música fue un antes y un después.

Fue una decisión firme porque dije yo quiero se cantaora. Me lo he tenido que currar mazo. Buscar un maestro, encontrarlo más que buscarlo, y él me ha acompañado hasta día de hoy y sigo estudiándolo.

Ahora estoy en la Uni, de música, y estoy estudiando la carrera de interpretación de Flamenco, entonces es que… Cuando llegué con mi maestro yo no sabía nada, cero, tabula rasa. Virgen al 100%. Mis padres siempre me han apoyado, he tenido esa suerte, no todo el mundo la tiene.