#Entrevistas

Una quimera de cinco lustros: El Sueño de Hyparco

David Puente al habla con Antonio Dyaz, responsable del proyecto El Sueño de Hyparco y pionero de la komische musik y el ambient en España.

05.01.18
Carles Novellas

Una entrevista de David Puente

El sello catalán Urpa i Musell, que llevan por delante Ignasi, Arnau y Gerard (a estos dos últimos los conocerás por su trabajo detrás del mostrador de la tienda Discos Paradiso) se estrenó hace pocos meses con la reedición del álbum “Ambientes hormonales” (1990) de El Sueño de Hyparco. Al frente de ese proyecto se encontraba Antonio Dyaz, que por entonces se hacía llamar Klaus Böhlmann.

Pasó el tiempo y el disco imaginado por un chiquillo madrileño se quedó en el limbo de joyas olvidadas de música facturada en nuestro país que pedían a gritos una reedición (tal y como se explica en el especial dedicado a este tipo de gemas patrias publicado en esta misma web en abril de 2016).

Hablamos con el propio Dyaz sobre la sensación que supone que alguien más joven que tú se interese por un disco que pocos entendieron en su momento.

La primera pregunta es obligada. ¿Cómo reacciona uno a la propuesta de reedición en vinilo de un álbum grabado hace 27 años?

La primera reacción es que piensas que te has hecho viejo. No me lo hubiera imaginado esto hace 27 años. Pero tampoco es una reacción del todo negativa, porque precisamente significa que hemos conseguido llegar a viejo, lo cual no está del todo mal. Me enorgullece que haya nuevas generaciones que se interesen por mi trabajo. Y no sólo eso, lo que es más importante aún, que se hayan tomado la molestia, le hayan dedicado el trabajo y la dedicación al disco con ese entusiasmo como el que han demostrado los chicos de Urpa i Musell. Me siento muy honrado. La verdad es que no tenía ni idea que existiera la tienda Discos Paradiso.

¿Con qué espíritu grabaste el álbum? Aparece en un momento bisagra, entre la década de los 80 y los 90 ¿Cúal era el contexto musical en el que te movías en esos años y que puede ser que influenciara tu sonido?

Yo tenía por entonces 19 años cuando se empezó a preparar el proyecto. El espíritu sin duda era recrear el sonido de Tangerine Dream. Ese álbum se tocó en directo en un centro cultural dependiente del ayuntamiento de Madrid, que nos produjeron el espectáculo. En este caso se limitó a poner el espacio a nuestra disposición y pagarnos los cables, aunque no se grabó porque en ese momento no contábamos con la tecnología de hoy. Éramos cuatro pájaros con cuatro sintetizadores y cajas de ritmo, todo con MIDI, todo en directo, nada grabado. Y como te decía, lo que queríamos era emular a Tangerine Dream, que no se conocían demasiado en España. Yo era muy fan concretamente de Klaus Schulze, que participó en el primer álbum de Tangerine Dream. Vino a España y pude conocerle personalmente. Le dije que me hacía llamar Klaus Böhlmann por él. Nuestra inspiración era el lado oscuro y tenebroso de Berlín, esos temas largos instrumentales en los que no cantaba nadie y en los que rara vez había ritmo.  Esa era la atmósfera que queríamos transmitir.

Como bien dices te inventas el apelativo Klaus Böhlmann, no sé si influenciado por lo teutón, ¿tal vez para darle un aire más kosmische si cabe a tu música?

Bueno es que además yo siempre he tenido pinta de guiri. Me han dicho siempre que parezco alemán y siempre me llamaban Klaus. Todo eso iba sumando.  Pero yo soy de Moralataz. También estuve muy influenciado por la música clásica. En aquellos años no me gustaba la música pop, ahora me gusta un poco más, pero rara era la gente que se salía un poco de la norma en aquellos años. A los amigos y a mí nos gustaba investigar entre discos raros. Íbamos a las tiendas y nos comprábamos lo último que hubiera sacado Vangelis, fuera lo que fuera lo que hubiera grabado aquel griego loco, y lo poníamos en casa para escucharlo con gran devoción. Después ya he sido Antonio Dyaz, que es mi nombre real, el apellido escrito con “y”, eso sí. A lo mejor es que he madurado. No sé.

La verdad es que escuchado ahora “Atmósferas hormonales” parece el trabajo de un tipo más bien maduro. No sé cómo lo recibes tú después de tanto tiempo.

Pues lo he escuchado otra vez con cariño y atención y sobre todo con nostalgia. Ahora mismo no haría exactamente ese tipo de música, porque creo que ya fue suficientemente explotada en épocas pasadas, pero hay partes del disco que me suenan suficientemente modernas. Utilizábamos los sintes de una manera bastante creativa, no nos gustaban los presets que venían de fábrica y modulábamos los sonidos a nuestro antojo.  Le dábamos muchas vueltas a todo. También te digo que fue el disco más comercial de El sueño de Hyparco porque ya después grabamos “If”, que está pensado para ser tocado con violín, percusión y electrónica, y suena mucho más conceptual.  Pero es verdad, no parece un disco demasiado antiguo, no tiene demasiadas arrugas. Algunos temas podían funcionar como sintonía del programa Informe Semanal, con todo lo bueno y lo malo que tiene esa afirmación. La música electrónica en este país siempre ha quedado para eso, para embellecer otros contenidos audiovisuales. Le ponías tus propios temas a la gente y te decían eso, que podría funcionar para la sintonía de una película de esas raras. Ese era el mayor piropo que te podían soltar por entonces.

Entiendo que El Sueño de Hyparco es el nombre del proyecto que tu mismo fundaste, pero que abres a colaboraciones externas como Suso Saiz o Luis Delgado, que estuvo en Mecánica Popular y en Finis Africae.

Sí, y con Iury Lech, que también ha sido alma del grupo. El Sueño de Hyparco inicialmente era un grupo. Bueno, primero fue un dúo y después un grupo; y después otra vez un dúo, en el que yo permanecía en la sombra. Y todo esto se mezcla con el sello discográfico, que primero se llama Producciones Hyparco, que era de casetes; y ya cuando damos el salto al vinilo pasamos a llamarlo Hyades Arts. Llegamos a sacar unas 30 y tantas referencias de música muy rara. Aglutinábamos alrededor de este proyecto a toda la gente que nos interesaba y que se salía de la norma general. En aquellos momentos o te gustaba el bakalao y la makina o hacías new age. Y nosotros no hacíamos ni una cosa ni la otra. Nuestra música no se podía bailar en las discotecas de la ruta del bakalao, pero tampoco te lo podían meter en una sesión de yoga, porque acababas de los nervios.

Con Suso Saiz creas la primera discográfica de nuestro país  en Internet, Artificial World.

Si, fue uno de los primeros intentos de crear una discográfica en internet, en el año 98, en ese primer estadio en el que era útil nada más que para mandar correos.  Como muchos proyectos pioneros fracasó antes de poder madurar. Pero aprendí algunos conceptos que me ayudaron en proyectos futuros que estaban también relacionados con la literatura y el cine. Me gusta tener un pie en diferentes proyectos. En el mundo real y físico tanto como en el de los negocios en internet.

Por cierto, ¿quién es Hyparco? ¿Pudiera ser el matemático, astrónomo y geógrafo griego Hiparco de Nicea?

Si, Hyparco era un astrónomo que doscientos años antes del nacimiento de Cristo era capaz de calcular la distancia entre la tierra y la luna, cuando aquí se pensaba que la tierra era plana. Eso siempre me ha fascinado. Por eso la imaginería que rodea al proyecto está basada en figuras griegas, capiteles jónicos, hojas corintias…

Con El sueño de Hyparco potencias lo de salir a tocar en directo. Imagino que para acercar tu música avant garde no apta para todos los oídos al público…

En realidad lo primero era hacer música y después tocarla en directo si teníamos ocasión. Tuvimos una época de muchos conciertos en los primeros años 90. Llegamos a tocar en el 93 en Nueva York, en el New Music Seminar, eso fue tremendo. Pero en realidad me sentía más a gusto en el estudio. Era un momento, además, en el que no estaba bien visto poner nada grabado cuando subías al escenario. Ahora sale un tío con gafitas que ni se mueve, con la única ayuda de un ordenador, y ya se considera oficialmente un directo. Por entonces esa actitud era totalmente inviable. Había que currárselo y hacerlo todo en directo.

Un directo especial supongo sería el de la primera edición de Sónar en 1994, ¿qué recuerdas de aquel directo? He encontrado una reseña de Rockdelux de esa primera edición que reza lo siguiente respecto a tu directo: El Sueño de Hyparco se han decantado por la abstracción sonora (ruidista por momentos) con resultados más sugerentes que los de sus inicios”.

Eso fue muy grande porque a Iury Lech, a Julián Aragoneses, un chico canario que por entonces formaba el grupo, y a mí, los de la organización nos vinieron a recoger al aeropuerto, y conocí a Suso Sáiz en la furgoneta que nos llevaba al hotel. Y allí mismo nos hicimos colegas, y hasta ahora que somos amigos del alma. Aquel fue un conciertazo, porque fue la noche del sábado.  Yo había conocido poco antes a los chicos de Sónar en Cannes, en un certamen de discográficas en el que coincidí también con Teddy Bautista y Luis Cobos. Y me acuerdo cuando nos presentaron que me avisaron que iban a montar un festival de música electrónica en Barcelona y me dije que por fin un evento en el que nos podían entender.  Recuerdo que fue un directo muy cañero, incluso para el Sónar.

También eres pionero en vender la primera novela publicada comercialmente en castellano en Internet: “Fabius dormido”.

Fue precisamente la traducción de aquel sello discográfico digital del que hablábamos antes, pero llevado al sector literario. Estamos hablando de los primeros coletazos en castellano en la esfera del e-book. Fue en el año 2000, teníamos títulos de Fernando Arrabal, de Pedro Mestre, alguno mío… Luego el negocio del libro digital se apagó por intereses de grandes monstruos como Penguin House y hace unos años se ha vuelto a reactivar, pero ya no estoy en eso. Aunque también me sirvió para entender que la cultura en realidad está formada por bites que además se pueden transmitir.

¿A qué te dedicas ahora? Parece que estás bastante metido en el mundo del cine.

Sigo escribiendo para varios medios. Pero sí, tengo una pequeña productora llamada Film2 que se dedica a apoyar operas primas y que aprovecho también para producir mis películas. Estoy a punto de presentar un documental sobre el mundo de la moda que llevo muchos años preparando. También estoy produciendo una película que es muy especial, porque he enviado 20 cámaras pequeñas de estas Go Pro a otras tantas personas repartidas por todo el mundo, Tokyo, Moscú, París, Melbourne, para que filmen su propia muerte. Y lo están haciendo. Espero que no sean muertes reales. Es una metáfora sobre la soledad en las sociedades modernas. Colocan las cámaras en puntos estratégicos que la casa y se graban así mismos haciendo cosas cotidianas. Pero lo último que tiene que hacer es grabar su propia muerte, y no vale el suicidio. Ya me van mandando material y ahora lo estoy montando. Y espero estrenarlo en breve.

También escribes ensayo y novela de corte cyberpunk; tienes una que se titula “En Funchal perdí mi nombre”, y precisamente el verano de 2016 estuve allí, en Funchal, porque decía Jesús Franco en una entrevista que la isla desprendía una energía especial.

Es una preciosidad, sí. Y Porto Santo, la isla de al lado, también. Ahora estoy con una novela, pero voy muy despacio, porque la novela no te permite especular con el tiempo. Si escribes una novela te tienes que volcar exclusivamente en ella. Estoy pluriempleado porque también imparto un taller de cine que me mantiene vivo y además descubro nuevos largometrajes que entiendo que hay que apoyar y defender. Escribir una novela requiere una paz que ahora mismo no tengo. Un año lo dedico a sacar una novela, al siguiente me ocupo de acabar una película… Voy combinando proyectos. Pero el que más me gusta de todos es el de ayudar a los directores noveles a que vean hecho realidad el sueño de sacar su primera película.