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Carlos Martorell aclara la abstracción de Shoeg

"En Tanz hay samples de pop y jazz fusión de finales de los 80 -los de jazz están grabados con una calidad y dinámica muy interesante-, aunque esto está bastante claro. Lo menos obvio quizá sean unos extractos que rescaté de unos MIDIs que grabé en unas cintas de cassette hace catorce años. O unos samples de juegos para PCs 386 y 486, algunas placas tenían sinte FM integrado y hay sonidos interesantes por ahí."

07.05.15
Pau Cristòful

Fotos: Xavier Casanova

A finales del pasado mes de abril introdujimosTanz” (Boira Discos, 2015), último disco del proyecto de electrónica abstracta Shoeg. En este álbum, el tarragonés Carlos Martorell imprime breves muestras sonoras basadas en el collage sampledélico y que funden ambient à la Leyland Kirby, funk mitigado (“Data Center“) y tendencias new age que pueden recordar al Oneohtrix Point Never primario.

Completamos ahora ese artículo con una breve entrevista:

Shoeg” parece ser un término africano y “Tanz” significa “danza” en alemán. ¿Por qué decidiste tomar estos nombres para tus trabajos?

Carlos Martorell: ‘Shoeg’ ni es africano, ni viene de shoegaze -como alguien me ha dicho por ahí-. Es el título de un tema de Padna, del disco Burnt Offerings. Es una especie de homenaje, como ‘Jesu’ o ‘Blonde Redhead’, técnica que me pareció fantástica cuando la descubrí, ya que se me da fatal lo de poner nombres.

‘Tanz’, por otro lado, me parece una palabra con una carga irónica interesante. Las palabras en alemán para describir cosas como ‘danza’ (‘Tanz’) o arte (‘Kunst’) me transmiten algo muy alejado de lo que representan por su sonoridad dura y agreste.

¿Cómo te interesaste por la electrónica y más concretamente por la experimentación abstracta que produces con Shoeg? ¿Ha tenido alguna influencia el festival Eufònic?

C.M.: Hace años que cacharreo con MIDI, sintes y ordenadores de alguna manera. Mi padre estuvo en una banda y tenían los sintes en casa: unos fantásticos Yamaha DX7 Mark II, un Roland D-50 y un Juno 60, junto a un Atari 1040ST con el que secuenciaban durante horas. Así que ya de pequeño podía probar en casa. Años después probé Fruity Loops y esas cosas.

Y lo de Shoeg ha sido a raíz de querer probar otras texturas que no encajan en Ensemble Topogràfic y que no se prestan tanto a directos de improvisación y las paletas más ambient/drone de la banda. El festival Eufònic, de hecho, fue el revulsivo necesario para volver a probar en directos (con Ensemble Topogràfic primero), ya que estuve años sin tocar.

¿Cuáles han sido tus principales referencias para este último trabajo? ¿Han cambiado tus influencias a medida que has ido avanzando en tu trayectoria?

C.M.: En vez de cambiar influencias, voy añadiendo. Tengo una especie de diógenes con los discos: nunca he dejado de escuchar cosas que hace años que descubrí, y que todavía me aportan cosas. Últimamente me fascinan los sonidos fragmentados de Night & Tickets o el sampleo vocal de Holly Herndon o Katie Gately.

Foto: Xavier Casanova

En la nota de prensa cuentas que tus creaciones nacen a partir de cintas perdidas, y material manipulado como si se tratase de plástico en el punto de fusión, en un proceso de reciclaje, reconstrucción, pulido y abrillantado”. ¿Te fijaste en algunos autores concretos para extraer este material o fue algo aleatorio?

C.M.: En Tanz hay samples de pop y jazz fusión de finales de los 80 -los de jazz están grabados con una calidad y dinámica muy interesante-, aunque esto está bastante claro. Lo menos obvio quizá sean unos extractos que rescaté de unos MIDIs que grabé en unas cintas de cassette hace catorce años. O unos samples de juegos para PCs 386 y 486, algunas placas tenían sinte FM integrado y hay sonidos interesantes por ahí.

En cuanto al proceso, es sencillo. Con las herramientas actuales de edición de audio uno se siente moldeando el sonido como si estuviera trabajando con plastilina, modificando, estirando y cortando el sonido a placer. El reto ahí, lejos de lo que se hace en el vaporwave, es construir temas nuevos y usar los samples sólo como materia prima.

¿Cómo fue el proceso de producción de “Tanz” (Boira Discs, 2015)?

C.M.: Bastante rápido. Aunque estuve unos seis meses recopilando sonidos con los que trabajar, desarrollé más del 50% de las ideas durante la primera semana de enero de este año, en unas vacaciones. El resto fue un puzzle que cuadró en las semanas siguientes.

¿Cómo recreas tu música en los directos?

C.M.: Intento desmontarla en vez de intentar reproducir los temas. Me gusta plantear los directos como una relectura de las piezas, dejar las cosas lo suficientemente abiertas para generar una atracción en la gente que ya ha escuchado los temas. Siempre he tenido una lucha interna con este tema, ya que no me gusta el planteamiento del músico de laptop de cara al directo. Así que, si no puedo ser parte del espectáculo, que la música lo sea.

En las notas de prensa y entrevistas mencionas referentes artísticos y visuales muy concretos: el Palacio de Cnossos, el Manhattan pre-11S, … Esto contrasta con la abstracción que caracteriza tu música. ¿Realmente intentas plasmar imágenes o mensajes concretos en tus temas?

C.M.: Casi nunca. El proceso suele ser al revés: cuando empiezo a manipular sonido me recuerda a esto y aquello. Y me di cuenta de que nunca había estado en las islas griegas, o en Manhattan en los 80, y sin embargo mi subconsciente había aterrizado ahí desde las primeras escuchas de ciertos samples. ¿Y si dijera la Mancha y la Barcelona Olímpica?

En tus directos te acompañan las visuales de Illa (Ana Drucker). ¿Intentas que estas proyecciones ayuden a reforzar el mensaje de tus producciones o bien es una sinergia artística libre?

Ana reinterpreta los temas a su manera. Ahora trabaja con unos clips de vídeo que creó a partir de los experimentos fotográficos que hizo cuando diseñó la portada de Panorama.

¿Qué sellos y artistas actuales nos recomendarías?

Orange Milk por el último trabajo de Nico Niquo y de Jung An Tagen; CSAF Records y el disco de connect_icut; y lo de Lloret Salvatge en Famèlic ha sido una sorpresa grata. También el disco Documentaires de Bataille Solaire, editado por Constellation Tatsu.

Foto: Xavier Casanova