#Fresh talent

Foodman: El Footwork visto desde otro planeta

12.12.16
Frankie Pizá

“El Juke puede llegar a distanciarse de la música de baile”. Habla un empedernido fan de la fantasía virtual, de los videojuegos, quien creció en su adolescencia quemando sus consolas y dándose cuenta tarde que algunas también permitían crear música. Hoy Takahide Higuchi crea el Footwork más original y atrevido del momento.

El mismo artista dice que “siente que el género está alejándose de los guetos donde nació y acercándose a convertirse en la música académica de los músicos modernos”.

A estas alturas, Footwork puede representar muchas cosas: un cuarto estadio en complejidad y tradición de la música electrónica generada en Chicago, la última representación ejemplar de una micro-revolución creativa a escala local que se extiende por todo el mundo, una genérica que se identifica al 100% con la gente que la ha moldeado, sus barrios, situación, costumbres y contexto, una mutación inesperada en el genealogía del Hip Hop o sencillamente la música más rítmicamente compleja de la que tenemos constancia.

Como cualquier pequeña virtud genuina o invento dentro del marco y sociedad actual, éste corre el peligro inherente de ser mutilado y desfigurado (o mejorado) por intervenciones de todo tipo.

Hay gente que observa el Footwork como un ejemplo contemporáneo de colonización cultural, reforzándose sobre su carácter 100% afroamericano y alertando sobre una repetición del proceso ya ocurrido con el propio Hip Hop: el hombre blanco occidental requiriendo su pequeña dosis de autenticidad y peligro fecundando una música que ni conoce ni comprende.

En este punto, existe una posición conservadora en el núcleo de Chicago, recelosa ante la intervención extranjera, pero la mayoría de exponentes acepta lo ocurrido con gratitud: la explosión del Footwork tuvo lugar en 2009/2010 cuando sellos como Planet Mu comenzaron a licenciar material de productores de Chicago llevándolo al público europeo.

Años antes de que eso ocurriera, en Japón ya se había establecido una escena paralela construida a partir de lo que productores como DJ Fulltono (Furutono Koichi) interpretaban o sabían sobre el Footwork. Él mismo fundó Booty Tune en Tokio cuando corría el año 2008.

En una entrevista con The Japan Times, el productor también conocido como Shokuhin Matsuri o Foodman dictamina que en la exposición a nuevas interpretaciones está el futuro del Footwork; la escena japonesa es una de las más diversificadas en cuanto a diferentes planteamientos sobre el modelo Footwork, y aunque él mismo admite que pueden ser todos “enfoques erróneos“, aportan una riqueza extra a un género que evoluciona muy lentamente.

De hecho, si viajamos a Chicago y buscamos algún ejemplo similar al de la música del álbum “oiss” (para el sello Ghost) o el reciente “Ez Minzoku” (para Orange Milk Records), quizá no encontremos ni una sola coincidencia.

A nivel de imaginación y depuración, solo podríamos mencionar a Jlin, una artista de Indiana que ha llevado el género a un nuevo estadio con su experimentación constante.

El de Yokohama lleva en esto varios años, pero es con los dos títulos antes citados con los que ha alcanzado un mayor nivel de complejidad y a la vez, definición. El suyo es un ángulo experimental fundamentado sobre la influencia de la música de videojuegos, Final Fantasy y una visión limpia y sin condiciones del Footwork.

Quizá, lo que impide a los músicos de Chicago emprender un nuevo desarrollo es precisamente conocer demasiado lo que están tocando.