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En 2015 Warp Records sigue enseñando cómo ser un buen sello discográfico

El proceso de cambio que la factoría de Sheffield comenzó en 2013 con la incorporación de Oneohtrix Point Never ha dado en este curso sus primeros frutos. Una estrategia que vuelve a apostar por las personalidades artísticas únicas, integrando y confirmando nuevos movimientos electrónicos y construyendo los cimientos de una nueva generación.

01.12.15
Frankie Pizá

La inercia podría desvirtuar en parte la decisión de nombrar a Warp Records como mejor sello del 2015 (tienen el teórico mejor álbum del año, aunque también la mayor decepción en su haber). Su símbolo se ha vuelto muy familiar y ha traspasado el mero estatus editorial; cualquier aficionado o consumidor de música electrónica daría buena la elección, aún conociendo o no el desarrollo de su catálogo en este año. Porque Warp es Warp. Porque estamos hablando de una institución, algo más que un simple sello o una simple insignia que represente a un sonido determinado.

Un label como Warp Records tiene un prestigio que mantener además de unos números que cuadrar anualmente. Evolucionando desde 1989 e integrando proyectos complementarios de diferente índole hasta nuestros días (Warp Films, Warpmart como principal servicio de venta por correo mucho antes de las redes P2P o el establecimiento de Bleep.com en 2005 definiéndose como la primera tienda online «DRM-free»), la marca originalmente concebida como Warped (más tarde sintetizado a Warp, siglas para «We Are Reasonable People») por tres amigos de Sheffield como Steve Beckett, Rob Mitchell (fallecido en 2001) y Robert Gordon ha sido desde sus inicios una puerta abierta a la experimentación y un hogar para propuestas musicales avanzadas tanto del Reino Unido como de todo el mundo.

Música independiente con un pie en el futuro, un exhaustivo control de calidad y visión a largo plazo son los factores clave de la etiqueta, los que hoy en día le han aportado una reputación incapaz de marchitarse; durante más de 2 décadas artistas revolucionarios como LFO, Aphex Twin, Drexciya, Autechre, Boards Of Canada, Squarepusher o Mark Pritchard han generado un catálogo irrepetible. Warp Records es un icono capaz de traspasar genéricas, tendencias o cualquiera de sus geniales artistas en nómina.

Según lo que uno de sus anteriores A&R, Dominic Flanagan, afirmaba en 2013, sintetizando la esencia del sello, «Warp está enfocado en los artistas»:

«Is about signing artists—not individual records or genre. And at a time when artwork and media are so democratised, to keep a strong sense of individual authorship and a concise, curated identity within the catalogue we release is our driving motivation.”

Hoy por hoy y en panorámico, se pueden divisar tres o cuatro generaciones artísticas en Warp Records. La armada derivada del movimiento Artificial Intelligence, los Flying Lotus, Gonjasufi, Rustie o Hudson Mohawke del apogeo beat-abstracto y gestación de la práctica maximalista, los Battles, Grizzly Bear como grandes apuestas por el Rock experimental y Bibio, Darkstar, Mount Kimbie o Kwes. (entre otros) como protagonistas de la última e insípida etapa dominada por los sucedáneos/híbridos Pop-electrónicos más accesibles que experimentales. Esta última época hasta 2014.

Sobre esa elasticidad no condicionada por las tendencias musicales imperantes y que permiten a Warp Records tanto invertir en un proyecto con gran llegada popular como por construir el futuro de un proyecto fuera de lo común, Flanagan opinaba:

“We can afford to be completely experimental, avant-garde or at times simply pop. But where Warp has proven most successful in its long history is where it has acted as an incubator for new artists who don’t fit within contemporary classification but with continued support rise to become the most respected name in their field.”

Sin embargo y a pesar de su envergadura, recorrido, exquisito trato a los artistas y visión del futuro contexto musical, una casa como Warp Records estaba muy lejos de ser el mejor sello del año en 2013. En aquel momento, marcas más jóvenes, más ágiles o con una visión más particular como PAN, Blackest Ever Black, Tri Angle Records, Hyperdub, 4AD o Planet Mu (incluso Type) supieron reflejar mucho mejor el presente electrónico, las vías de interconexión con el mainstream o dar cabida a nuevos movimientos como el Footwork.

Dos años después de aquel curso, en el que se produjeron varios puntos de inflexión como el fichaje de una de las grandes voces de la vanguardia actual como es Oneohtrix Point Never o el regreso de Boards Of Canada con su pionera campaña promocional previa para «Tomorrow’s Harvest», Warp Records conserva su forma de trabajar y enfoque, algunas de sus vacas sagradas, aunque es algo completamente distinto. Al término de 2015 percibimos una Warp Records dominando a la perfección los recursos que aporta Internet, esculpiendo nuevos proyectos y ayudando de algún modo a «confirmar» nuevas tendencias con su apuesta.

Alex Hancock es el A&R de Warp Records actualmente y aunque no es de dominio público su implicación total en el cambio de dirección y actitud del sello en los dos últimos años, probablemente tiene mucho que ver en que el label haya decidido menguar su apoyo a propuestas más comunes y girado hacia apadrinar proyectos como los de Nozinja o Future Brown.

En el artículo dedicado a la integración de rítmicas latinas como el Reguetón publicado por esta misma revista, ya apuntábamos sobre la importancia de la estrategia de Warp Records enfocada a dar salida a esas pequeñas revoluciones sonoras:

«Ha sido en este 2015 cuando el sello ha comenzado a integrar una estrategia claramente dedicada a potenciar este tipo de sonidos con raíces latinas o africanas; estancados en la resonancia provocada por artistas como Flying Lotus o Hudson Mohawke, Warp Records pasó en un año de centrar sus esfuerzos en proyectos insulsos como los de Darkstar o Mount Kimbie a apostar por Nozinja, la comunidad Príncipe Discos o Future Brown».

«Mientras la serie de EPs “CARGAA” ha dado un nuevo trampolín a los Marfox, Nigga Fox, DJ Firmeza, DJ Maboku, Puto Márcio o Nidia Minaj, el álbum debut de Future Brown (producto de la unión entre NGUZUNGUZU, J-Cush y Fatima Al-Qadiri) presentó la más firme conexión de la escena electrónica con el “aspecto” y “estética” del Reguetón contemporáneo. Su directo acercamiento al modelo con“Vernáculo” (junto a Maluca) creó una gran polémica tanto por su futurista presentación visual (simulando un promocional de marca de cosméticos con el mismo nombre del proyecto) como por ser la primera intromisión del estilo en el catálogo de Warp».

Warp Records es uno de los sellos ejemplares del 2015 no por su despliegue, ni por su inversión, sino por su visión de las cosas y el riesgo que ha corrido al confeccionar o dar mayor consistencia artística a un productor amateur sudafricano como Nozinja, un acto pionero en trasladar el folclore sonoro Shangaan a orillas del Limpopo a estructuras y recursos digitales (hasta su llegada al sello, Nozinja solo era el principal representante del Shangaan Electro, y ahora es visto como un artista con su propio y singular carisma), o licenciar cortes que algunos descendientes de inmigrantes angoleños en la periferia de Lisboa han producido con su PC y la única ayuda de un Fruity Loops o un Garage Band.

«Garden Of Delete» y el tercer, personalísimo álbum de Rustie son los dos mejores ejemplos de cómo Warp Records da autoridad y libertad de maniobra a sus artistas. Si Rustie está cansado de presiones, de objetivos a largo plazo y de intentar dar a su discurso un perfil mainstream que contente a su mánager (para que no ocurra lo de «Lantern»), y prefiere restar parafernalia a su nuevo largo y volver a encontrarse a sí mismo, el sello permanece callado y respetando la decisión de su artista. Si Oneohtrix Point Never confecciona una laberíntica y surrealista campaña de promoción para presentar esa especie de autobiografía sonora que es su segundo documento para la compañía, la incidencia de Warp Records en ese proceso o transición es mínima, casi imperceptible.

El 2015 de Warp Records es en cualquier caso una insinuación de lo que será el 2016, ya que únicamente se están sentando las bases de una nueva generación de artistas destinada a encabezar el futuro. Evian Christ y su proyecto Trance, la rumoreada incorporación de la síntesis electrónica de Lorenzo Senni, la inminente llegada de voces afroamericanas combativas como la de GAIKA (que persigue intenciones similares a las de Death Grips, otro grupo vinculado al sello desde 2014) o más concretamente la llegada de dos de las voces con más magnetismo de la actualidad, como son Kelela y LAFAWNDAH. Ambas relacionan el R&B, sonidos de procedencia exótica y producción avant-garde con elegancia y brillantez, formulando proyectos igualmente válidos en el club como fuera de él.