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Sónar a través de las lentes (de otros)

El fotógrafo Dani Cantó retrata el pasado Sónar Festival a través de los dispositivos y realidades de los otros.

19.06.17
Frankie Pizá

Introducción de Frankie Pizá.

Texto y fotografías de Dani Cantó. 

La realidad es la pantalla donde proyectamos nuestras creencias, nuestros miedos, nuestras interpretaciones, nuestras carencias y deseos. La realidad no es la que vemos: lo que observamos es una interpretación del mundo basada en lo que creemos que define nuestra identidad. Nuestro ego.

Proyectamos en personas, proyectamos en objetos, en trabajos, en relaciones sentimentales y todo lo que entre en contacto con nosotros. Lo real, lo presente, se encuentra entre la idea que tenemos de nosotros mismos y la que pueden llegar a tener los demás.

Nuestra esencia está atrofiada por un comportamiento mental incapaz de vivir el momento actual, sino más bien vivir de lo que el pasado ha dejado en nuestros recuerdos y avanzar en demasía lo que debemos o creemos que estamos destinados a hacer, a conocer o a conseguir.

Estamos en la era de la información, dominada por un tejido que se llama Internet: un sitio donde se nos han dado las herramientas y el espacio para comunicar todo aquello que antes no podíamos. Nuestro estado de ánimo o nuestra decisión más ínfima tiene su lugar; todo se llena de datos insignificantes, importantes o muy importantes, juntos en el mismo escenario: un timeline, una cronología.

Transmitimos por la red igual que lo hacemos a nivel vibracional en nuestras vidas, emitiendo señales evidentes y no evidentes, provocando sincronicidad con otros humanos, cosas o experiencias. Acercándonos y conviviendo en grupos, conversando y formulando opiniones a partir de más información.

Nuestra realidad no es realidad, nunca más. Se trata de una multidimensionalidad: nosotros delante de una enorme pared de monitores en los que se retransmite cada ángulo de nuestras vidas.

Somos canales de comunicación con un vicio o mecanismo regular: generar contenido a partir de nuestro funcionamiento diario, representarnos a nosotros mismos, extender nuestro ego, dibujarlo a base de datos. Trasladar nuestra identidad al escenario de Internet.

¿Cuántas realidades existen, entonces? Tantas como usuarios somos, tantas como personas nos observan, tantas como Internet puede encender. Tantas como pantallas estén grabando. (FP).

“Esto me flipa,… las multipantallas”.

Asiento con la cabeza el comentario de Rocío. No le hago mucho caso porque el comentario lo hace en voz muy alta y el momento, el concierto de Arca, merece la ceremonia que han construido a su alrededor.

Además, me encuentro distraído intentando enfocar manualmente la pantalla del Samsung Galaxy que tengo delante. Rocío todavía no lo sabe, pero ambos estamos hablando de lo mismo: de los dispositivos en los conciertos.

El momento es especialmente singular, quien fuera que haya diseñado el escenario sobre el que Arca actuaría este Sónar tenía claro que la imagen a generar debía ser perfecta. No en vano, la sala se tuvo que vaciar entre la actuación de Forest Swords y la del venezolano.

En la hora de diferencia entre ambos se ha instalado una pasarela de unos diez metros y dos cañones (dirigidos por personas) a ambos extremos. El objetivo era forzar un contraluz, un fogonazo, cada vez que el artista se encontrará en el centro de dicha pasarela.

Hasta el peor de los móviles habría conseguido una foto increíble.

La multipantalla se hacía así evidente en cada ocasión en que Ghersi se erigía hasta el cielo, nadie quería dejar de capturar ese instante. Ese momento en un festival, como Sónar, que está lleno de momentos. O llamémoslos historias.

Y permitidme que cuente la historia de cómo llego aquí. Hace apenas dos semanas planteaba, en una entrevista a raíz de mi trabajo como fotógrafo en el Primavera Sound, la responsabilidad que tenemos de valorar la fotografía del fan en tanto que constructora de memoria dentro de un festival.

Los móviles, por ser dispositivos populares han sido expropiados de su capacidad de firmar como oficiales esos momentos versus las cámaras profesionales. Hoy en día ni siquiera se trata de un tema de tecnología. Es necesario borrar la dicotomía de yo cámara y tú móvil. De aquí en adelante debemos leer: ‘Todos dispositivos, todos pantallas’. Todos emisores.

El usuario, en su construcción de memoria, no se diferencia del profesional. En tiempos de inmediatez entre toma y muestra, el usuario, recompensado por factores como el ‘like’ o la interacción, tiene siempre en mente una tercera persona. Un cliente, receptor, para el que produce las imágenes. Es, pues, un profesional en la emisión. Si además decide convertirse en emisor activo es porque, en este juego de comunicaciones, premia la posesión. La imagen que he tomado es mía, no de otros. Da igual la calidad.

Imaginemos entonces miles de participantes en un evento como Sónar. Todos ellos tienen dispositivos de captación, almacenamiento y retransmisión en directo (gracias al 4G y las diversas WiFis de los recintos). Todos ellos viven, recuerdan y comunican para los que no están allí. Puesto que la imagen es propia, y única, la comunicación última es a todos aquellos que no sean ese usuario, aunque hayan generado la imagen a un metro de distancia.

En otro momento de la jornada del jueves, Princess Nokia, se deja llevar por los aires entre el público y dos tipos de reacciones se dan: las manos que se lanzan a tocar (físico y efímero) y las manos que levantan el móvil para grabar (digital y perdurable). Todos tocan a la artista, de una manera u otra. Todos deciden, en una décima de segundo, de qué manera van a vivir ese momento.

Desde la distancia, como en Arca, se da un efecto curioso. La multipantalla, vía zooms y ángulos imposibles, nos muestra momentos y rincones de la artista sobre el público que desde nuestra ubicación del momento son imposibles. Nuestra visión amplía sus horizontes a través de la tecnología y la decisión de anónimos fotógrafos de los que nos separan apenas pasos.

En estos momentos ya estoy inmerso totalmente en este experimento. Es el que Rocío no sabía que practicaba mientras me hablaba de pantallas. Me he decidido, a la vista está el resultado, a vivir el festival a través de las pantallas de los demás. Intentar captar aquellos momentos que ellos están queriendo retratar, curioso por entender qué se quiere archivar, qué se quiere compartir.

Más allá de la dificultad técnica que comprende tener dos mundos que enfocar (mi fotografía de un móvil que además intenta generar una imagen) y poner de acuerdo, parto del problema de que no lo comunicó a la persona a la que espío, puesto que cuando esa persona alza el brazo para grabar a Princess Nokia, en lugar de tocarla, no me pregunta si quiero ver su pantalla, imagino que tampoco le preocupa que la grabe.

Allí está, al acceso de todos. Yo estoy tomando el souvenir del enésimo souvenir. Todos emisores.

Un hombre a mi lado graba atentamente con su móvil. Sonríe. Creo que está pensando en el momento de lo que está viendo pero también de lo que tendrá archivado, de lo que enseñará a sus contactos en la Red. Al acercarme con la cámara veo como la imagen registrada es la de dos jovencitas representadas dentro de una pieza de anime erótico que el rapero Tommy Cash está sirviendo en pantalla. Ya ni siquiera graba al rapero, graba las pantallas que le sirven de apoyo. No es el único, Cash ha sido inteligente al llenar de momentos su ‘freak show’ que rozan el meme. Porque todos amamos un meme.

Volviendo a Ghersi, y su acto terrorista final. Su colofón. Su advertencia: que los niños abandonen la sala (en un movimiento totalmente anti nazareno). No miréis porque ‘vais a ver algo muy jodido’. No veo niños a mi alrededor. Nadie huye. Todos abren los ojos y sacan sus cámaras, los stories empiezan a girar.

Todos pensamos: lo hemos visto todo, lo hemos capturado todo. I’m ready. Con el botón encendido de grabado, los visuales de Jesse Kanda muestran un acto de brutalismo sexual (buscad en la red, emisores había muchos) que muchos no aguantamos. No consigo verlo ni con mis ojos ni a través de las pantallas de los demás. De los que aún quedan grabando.

En el acto terrorista de Ghersi resuena una sensación: “os he dado imágenes de belleza, ahora me voy a permitir introducir, a través de vuestras cámaras, imágenes para las que no estáis preparados”. Arca wins.

Las multipantallas ocupan el cielo y archivan ahora un virus en su interior. La pregunta, que no consigo registrar en foto, es si los que han apretado el REC, los que han grabado aunque sea cinco segundos, lo emitirán. Si las pantallas encendidas llegarán con el acto de Ghersi a otras pantallas de la Red. Si ese momento formará parte del recuerdo particular del asistente y por tanto de la memoria colectiva fugaz de sus seguidores. Se me escapa encontrar, al otro lado de la pantalla, quien abra el virus de Kanda y, fuera de todo contexto, lea e interprete ese momento.

Se me antoja también imposible dibujar la respuesta, tan múltiple como pantallas existen. Emisoras y receptoras. Ay, si! Rocío, esto es la multipantalla de la que hablabas.