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Toronto: viajando en futuro-presente

Si hay una ciudad en el mundo que pueda recibir el título de meca del r&b contemporáneo, esa es Toronto. Pero hay vida más allá de OVO Sound, Drake y The Weeknd. Hoy en TIUmag exploramos algunos nombres de la cara menos conocida de la escena urbana de metrópoli canadiense.

06.09.19
Antoni Ripoll

Texto de Marcos Gendre.

Desde que Drake y The Weeknd definieron el OVO Sound desde la bizarra Toronto, su influencia en la redefinición sci-fi del r&b ha impactado de tal manera que todos los ojos se han vuelto hacia esta ciudad.

Como Madchester en el ocaso de los ochenta, el apogeo musical de Toronto está definiendo el genotipo de lo que en pleno siglo XXI ya es reconocido como el “nuevo pop”.

Más allá de la onda expansiva generada por gurús de la actualidad como el propio Drake, si nos bajamos a las trincheras, lo que nos topamos es una megalópolis trufada de un policromático caldo de cultivo propiciado por una mezcolanza étnica, donde la inmigración se asentó en masa desde el Caribe, África, Latinoamérica y el Este de Asia, como principales surtidores.


Ghettotrónica y orgullo indígena

Esta pauta a lo largo de los años ha sembrado semillas extraídas de una fusión natural de sus propiedades, como en el caso de la rapera de orígenes bávaro-jamaiquinos Tasha The Amazon. Tan vibrante azote hip hop se curtió en Candy Coated Killahz. Desde este grupo, Tasha gestó las propiedades del “ghettotronic”, un trenzado de tensión electrónica trap, cocinada dentro de una a olla a presión con dejes raggamuffin, motor hip hop y relieves r&b. Bajo este campo de acción, su vuelo en solitario ha provisto de un álbum tan contextual como “Die Every Day” (2016) e impagables hits de subsuelo como “Picasso Leaning”.

La naturaleza integradora de la música gestada desde los barrios de Toronto alcanza un grado mayor de significación con A Tribe Called Red, autores de “We Are The Halluci Nation” (2016): epítome de la riqueza multicultural alambicada en las venas de la ciudad; en su caso, inflamada por un poderoso mensaje de orgullo indígena.

La vía libre para armar discursos de cariz activista proviene de la propia mentalidad abierta de la urbe más poblada del país. “Creo que Canadá, en particular, ha hecho mucho por reconocer a sus pueblos indígenas. Estoy realmente orgulloso porque este nivel de reconocimiento es algo que nunca he sentido en toda mi vida”, llegó a comentar 2oolman, una de las cabezas visibles del grupo, para Vice en noviembre de 2016. El eco de esta clase de declaraciones nace de la esencia de “R.E.D.” o “The Virus”: cortes donde la tracción hip hop está asfaltada sobre un ritual de cantos indígenas. La idea es paralela a los primeros Public Enemy, que revertían en samples combativos extractos de soul y funk sometidos a los gustos blancos de los años sesenta y setenta. Como resultado, ahí perviven artilugios con la dimensión contestataria de “Fear of a Black Planet” (1990).


En la frontera del pop satánico

La creciente evasión del inviolable canon anglosajón pop quizá sea la metáfora más convincente y esperanzadora de la imparable globalización cultural de nuestra era. Los tentáculos de esta realidad se extienden hasta crews ligadas a la conciencia LGTBI como Yes Yes Y’all, integrada por  DJs como Nino Brown, Stunts, Yes Yes Jill, L RockSammy Royale. Aunque la DJ más representativa del gen globalizado no es otra que Kirsten Azan, alias Bambii. Entre otras avanzadillas contra rutinas marmóreas, es autora del caleidoscópico mix “Unlocked”, para el cual como ella misma explicaba para Noisey en enero de 2016: “Es básicamente una oda al desmantelamiento de ideas restrictivas en torno al arte y la vida. La mezcla incluye muchos géneros diferentes y sonidos globales, y refleja mi estado de ánimo cuando entro en la producción musical”.

Dentro de un entorno ajeno a la liturgia electrónica, Toronto es una gran ciudad-barco donde la comunidad cubana se ha consolidado como una de columnas de trajano que soportan su peso multirracial. Una donde también se han embarcado tripulantes como la rara avis colombiana del pop heterodoxo Lido Pimienta, ganadora del Polaris Music Prize canadiense en 2017.

Lo que ella misma define como “pop satánico” es una suerte de cruce entre el libre albedrío de electrónica naturista de Björk y el tribalismo vocal y percusivo procedente de sus raíces afro-colombianas. En su obra maestra, “La Papessa” (2016), el espíritu de Totó la Momposina fluye con la sensación inmersiva de la electrónica acuática soñada por Kaitlyn Aurelia Smith. Arco iris de sensaciones que responde a la teoría del nómada que confunde referentes geográficos para encontrar un lugar únicamente cuajado en su cabeza. O lo que es lo mismo: Toronto como un estado mental sin anclajes identitarios definidos.

En cierta manera, la inconcreción como resultado de un hilado de conexiones transoceánicas ya fue algo advertido hace cuarenta años por David Bowie en “Lodger” y por Brian Eno y David Byrne en “My Life in the Bush of Ghosts” (1981). “A veces no siento que soy de aquí o de allá. A veces siento que existo más online que físicamente en cualquier lugar”, llegó a reconocer tan fabulosa creadora para Remezcla, en 2016.


R&b 2.0

Como los continentes unidos bajo uno solo en los comienzos de los tiempos, la deslocalización geográfica promulgada por Miles Davis en “Pangaea” (1976) resulta un paralelismo simpar con el rostro plagado de surcos que conforman este planeta sonoro, cuyo eje de rotación no deja estar supeditado a las directrices del OVO Sound, patentado por Drake.

Propuestas como Safe y Partynextdoor son muestras definitorias del asentamiento de una idea central: la reforestación del r&b bajo la mecánica en slow-motion del trap, siempre salpimentada por dejes abiertos a la multiculturalidad sin filtro exhalada desde los pulmones de la ciudad.

Dancehall, afrobeat, cumbia, las constantes vitales de Toronto son el espejo más revelador en la evolución de la jungla pop actual. Y más, cuando entre sus referentes se encuentra el dúo dvsn: ejemplo del vacío sincopado de los beats, cuya representación advierte del desapego emocional con la vida no virtual, tan en contraposición con la carnalidad sensual del r&b originario.

Dentro del automatismo existencial proclamado desde el OVO Sound, dvsn son autores de obras como “SEPT 5TH” (2016), que solo el paso del tiempo podrá desatar del fast food asociado a la actualidad. Dicho trabajo es una prueba definitoria de este entorno almidonado en dub sintético para la semántica r&b, y que, tal como sentenciaba Daley, integrante del grupo, para el Billboard en mayo de este mismo año: “Estamos en un ambiente y un tiempo completamente nuevos para lo que estamos haciendo. Ahora hay muchos artistas de r&b: es como una nueva ola en la que puedes cantar. No tienes que rapear o hacer lo que todos los demás están haciendo. Puedes subir al escenario y hacer lo tuyo. Y para nosotros eso es siempre lo que dvsn ha tratado de hacer: no escuchar lo que otros están haciendo”.