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El bajo y la honestidad

Thundercat eleva su sonido dejándose llevar y sin miedo a su imaginación, neutralizando prejuicios y riéndose de sí mismo cuando la vida le obliga a seguir adelante.

15.03.17
Frankie Pizá

Te despiertas con los ojos rojos, cercos de sudor en la camiseta, los dientes llenos con una fina película de ron barato y con un reto muy simple: vivir la vida.

Si fuéramos Thundercat, al incorporarnos y justo antes de pasar por el baño, cogeríamos nuestro bajo y lanzaríamos unos acordes cualquiera.

Sonarían brillantes, a pesar de la fatalidad del momento; quizá se ha muerto nuestro mejor amigo, quizá nos ha dejado nuestra novia y ayer bebimos más de la cuenta para intentar huir del presente.

Esa es la zona a partir de la cual Thundercat ha creado “Drunk”: donde el talento y su prodigio han nadado hacia arriba para no asfixiarse entre difíciles situaciones vitales, aquellas en las que te enfrentas a tu yo interior y lo mejor que puedes sacar es “conocerle mejor”.

Allí donde luchamos para no humillarnos, reímos al encontrar la belleza donde antes no la veíamos y tropezamos como si fuéramos niños en la guardería. Sería típico decir que es precisamente en ese tipo de procesos cuando encontramos lo mejor de nosotros mismos.

Cuando parece que nada puede volver a ser divertido, de repente volvemos a encontrar el buen humor. Cuando nos damos cuenta que en plena resaca, podemos reencontrarnos con todas nuestras virtudes y evolucionar. Ahí está el Thundercat de “Drunk”, justo ahí.

Si su primer álbum en Brainfeeder resultó en un soplo de aire fresco, desvelando las intenciones naturales que la escena de Los Ángeles ha tenido desde que comenzara a revolucionar el Hip Hop (restaurar y renovar la tradición musical afroamericana del Jazz, el Funk y el Soul), su segundo y tercer título rondaron las ideas de la espiritualidad y la muerte.

Aquí Thundercat sigue reflexionando, pero su rostro ha cambiado: la melancolía ha sido sustituida por una fresca resignación, una aceptación de sí mismo y todo lo que le ha pasado. En “Drunk” está sentado, riendo, mirando a su gato, jugando a Mortal Kombat, levantándose a orinar, chateando a algún colega y asumiendo que a pesar de todo, la vida puede ser maravillosa.

Su sonido es el mismo desde “The Golden Age Of Apocalypse” (2011): evoca la fusión de James Mason, George Duke o Stanley Clarke, las melodías vocales de los Doobie Brothers y parece sacado de la era en la que R&B, Jazz y Funk confluían de forma reluciente.

En “Drunk” no pierde su acento cósmico, sus afinaciones características y esas armonías vocales que ha aprendido escuchando a Michael McDonald. Sus líneas de bajo siguen sin reclamar todo el protagonismo. Pero todo suena más fresco, más ingenioso y sobre todo: más divertido.

Thundercat eleva su sonido dejándose llevar por su imaginación, neutralizando prejuicios y riéndose de sí mismo cuando la vida le obliga a seguir adelante: 23 cortes que describen su vida, sus tropiezos, su forma de enfrentarse a los cambios, homenajean su día a día sin esconder ni omitir nada.

Y lo hace borracho, dentro de un proceso interno que llega a parecer por momentos desconcertante y psicodélico. Esa narrativa excéntrica se respira también en el álbum a niveles musicales: Thundercat bromea con descaro Punk, R&B, Funk, música Disco y Soul, construyendo una identidad como quien no quiere la cosa.

En “Friend Zone”, que estrenó en San Valentín, habla de la dignidad y de lo bajo que puedes caer en los procesos de ruptura sentimental; en “Bus In These Streets” critica la dependencia social (“Thank God for technology ‘cause where would we be if we couldn’t tweet our thoughts”) a carcajada limpia; entre todo el frenesí musical y temático, entre toda la borrachera, “Jameel’s Space Ride” reflexiona sobre la inseguridad social y policial (“I’m safe on my block, except for the cops / Will they attack, would it be ‘cause I’m black?”).

Stephen Bruner ríe irónico, sin ser tan explícito ni tan travieso como Blowfly, sin ir tan drogado como George Clinton, pero ríe. Y su dentadura reluce tras el zoom como en algún film de serie B. Lo principal para él era la “honestidad”, y por eso el primer single que se presentó es también el más importante del álbum.

“Show You The Way” recupera la presencia de dos genios con los que Thundercat creció y “aprendió lo que es mantener la honestidad en la música”. Dos de los blancos que más enseñaron a la música negra: Michael McDonald y Kenny Loggins. Gente que como él siempre cantó sobre lo que sentían en ese preciso momento.

“It’s ya boy, Thundercat; Tell ‘em how you feel, Kenny; Ladies and gentlemen, Michael McDonald.”

Soft Rock, blue-eyed-soul, AOR, se llamó de muchas formas, pero el movimiento que encabezaron Steely Dan, McDonald, Loggins, Caldwell, Scaggs o Hall & Oates significó uno de los momentos “más positivos” en la retroalimentación entre músicos negros y blancos a partir de la década de los 60.

Recuperar a estos dos músicos para una composición, dejar que intervengan en tu álbum, trasciende el mero “gusto”: es una declaración de honestidad en tiempos en los que el importante recuerdo de la relación racial y musical está olvidándose.

Una forma de ser sincero contigo mismo, que el final es de lo que trata este disco, quizá el mayor despliegue de autenticidad y musicalidad comprimida y coherente desde “Black Messiah”.