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Tratemos los discos como lo que son hoy: apps

En la era del streaming los discos y las canciones reciben upgrades para optimizar su sonido y su contenido sin perder su entidad (ni su cifra de reproducciones). Una dinámica aparentemente poco regulada y con muchas implicaciones a distintos niveles.

10.07.18
Antoni Ripoll

Hace unos días aparecía en Google Play Music una actualización del nuevo disco de Drake, “Scorpion”. Hay que entender aquí actualización en su acepción tecnológica, como la mejora de un software, la optimización de sus partes internas.

En este caso hablamos de pequeñas modificaciones que seguramente han pasado desapercibidas y que no alteran la experiencia del usuario. Tal como apuntan los usuarios de Reddit MrRom92 y Jrmio en un post, se ha modificado la mezcla de algunas canciones y —esto es lo más significativo— se han eliminado algunas partes vocales que contenían expresiones censurables. Estos usuarios también señalan que el conjunto de las 25 canciones del álbum han pasado por un nuevo mastering para pulir el sonido y eliminar las señales no deseadas que se registraron durante la grabación.

Actualizar no significa expandir. De hecho, añadir —o sustraer— tracks no es una dinámica nueva. Como muestra de esto están las ediciones japonesas de ciertos releases, siempre con algún bonus track que las convierte en piezas de coleccionista. Un ejemplo: el último disco de Onehotrix Point Never en Warp Records.

Pero el LP de Drake ha sido optimizado como si fuera una app. Y se hace incómodo usar el término optimización aquí, en una disciplina artística que no se rige por ni la eficiencia ni por la eficacia.

La mejora de una experiencia auditiva siempre será, por definción, subjetiva y sujeta a un contexto social que dicta qué patrones son los deseables en ese momento. ¿Podemos imaginar un Cezanne original optimizado para que los tonos azules sean un poco más pastel, de acorde con la tendencia de nuestros días?

Quizás la música en la era del streaming no debe ser tratada como una proyección de una identidad creativa sino como un software que puede ser mejorado. ¿Si se puede mejorar, por qué no hacerlo? Fuera de su contexto, la duda podría llegar a ofender.

Esta nueva versión de “Scorpion”, que no ha sido anunciada de forma oficial, está disponible solamente en Google Play Music (Spotify todavía conserva la original). No es la primera vez que un álbum recibe un upgrade: en 2016 “The Life Of Pablo” sustituyó algunos de sus tracks por otras versiones casi idénticas a las pocas semanas de ver la luz.

Esta dinámica de actualizar el contenido (no son nuevos tracks, las reproducciones no se resetean) es significativa y plantea varias cuestiones sobre la naturaleza misma de una canción.

¿Puede una canción ser modificada sin perder su entidad? Ahora son unos ajustes en el mastering pero ¿dónde está el límite? Desconocemos si las plataformas de streaming tienen algún documento donde se establezca qué cambios o qué proporción de la canción puede ser modificada sin que la misma canción pase a ser considerada una versión distinta y tenga que empezar otra vez a acumular reproducciones.

Apliquemos esta dinámica a YouTube. ¿Qué efecto tendría que el usuario pudiera modificar el vídeo que ha subido? Esta situación podría originar una nueva forma de relación entre el artista y los usuarios, quienes podrían presionar para que se eliminaran ciertas partes ofensivas, por ejemplo. Las consecuencias son imprevisibles porque nunca ha pasado nada parecido.

En este contexto las ediciones físicas de un disco cobran especial relevancia, quedando como auténticas piezas de coleccionista. La versión no modificable de un trabajo que es el testigo último de la obra original.

Sin embargo, las reediciones pierden el poco sentido que les quedaba: el de ofrecer una experiencia auditiva mejorada. Ya no aporta nada publicar una nueva versión remasterizada cuando el mismo release original va actualizando su propia calidad y manteniendo el número de reproducciones.

Quizás en un futuro cercano podamos disfrutar de una nueva pestaña en Spotify donde el usuario pueda elegir qué versión del disco quiere escuchar. Esta solución parece la más lógica y la que más consideración tiene por ambas partes: artista y consumidor. Habrá que estar muy atentos a las nuevas reglas del juego.