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Solo instrumentales: Goodie Mob, Panamá, Memphis …

13.06.17
Frankie Pizá

Introducción de Frankie Pizá.

Texto de Frankie Pizá y Gonzalo Oya. 

Hoy por hoy, en una revista digital como esta, convergen muchas cosas: la búsqueda de contenidos atractivos, obligación de contextualizar todo lo externo que puede convivir dentro de una obra musical, calibrar la incidencia de otras regiones como la tecnología, las tendencias o el clima social y político.

Son necesidades, o carencias, sea como sea, que se intentan alinear con una identidad formulada a diario, entre la objetividad y la subjetividad: representar a varias generaciones musicales no es tarea fácil y no perder la credibilidad por el camino aún resulta más complicado.

La música no puede olvidarse en ningún momento: la raíz debe conservarse a pesar de que su expansión pueda desfigurarla. ¿Cómo conseguimos eso? Ejercitando. Hablar estrictamente de música, sin ningún aditivo ni expectativa mayor.

En la personalidad de TIU va inherente la intención de experimentar con nuevos formatos y maneras de presentación de los contenidos. Simplificar, depurar, resumir, imaginar y fantasear va con nosotros, pero no debemos jamás olvidar la música.

Solo instrumentales es una tentativa periódica que con Gonzalo Oya llevaremos a cabo hablando de bases e instrumentales que trascienden su propia condición por alguna razón u otra.

Ahora que el Hip Hop domina la cultura urbana en casi cualquier ámbito que podamos imaginar, diseccionar su ADN y observar como ha ido mutando no parece una mala idea.

Iremos al dirty south, a Panamá, al Nueva York de finales de los 80 o a la nueva California. Sin buscar ninguna conexión forzada ni relacionar en demasía: simplemente honrar construcciones musicales que no podemos olvidar.

Goodie Mob – «Dirty South» (1995).

Producido por Organized Noize.

El Rap como una plegaria. El Rap como salvación. Alimento para el espíritu: aprender a estar, a no irse pase lo que pase. Sobrevivir sabiendo que lo único con lo que cuentas es contigo y con tu entorno. «Cause I gotta come true ain’t go no gun / But I got my crew.»

Antes, mucho antes de que Atlanta fuera sinónimo de éxito, el auténtico dirty south luchaba con su inteligencia en un contexto en el que nadie hubiera querido vivir. Y lo hacía llevando la dimensión espiritual y honestidad de Arrested Development a un contexto tan consciente como trascendental.

Observar a «Soul Food» es observar a una obra magna del Hip Hop contemporáneo; una pieza atemporal que a pesar de significar mucho dentro de un contexto muy concreto, tiene tantas lecturas como oyentes que puedan disfrutarlo.

Si A Tribe Called Quest los imaginamos caminando a un ritmo lento, sonriendo, por alguna calle de Brooklyn, a Goodie Mob los imaginamos un domingo en el restaurante de comida rápida habitual disfrutando de una reunión familiar modesta y llena de buenas vibraciones.

Un disco erigido sobre la fraternidad y las cosas realmente importantes; un disco que sentó las bases de una forma de expresión espiritual autóctona en Atlanta y que aquí empezaría a identificarse como el dirty south. Un disco que es una religión en sí mismo: donde hay esperanza, virtud, humildad y la idea de que cualquier cambio comienza en nosotros mismos.

«Soul Food» es literal: alimento para nuestras almas, donde «todo es gratis», y «nada puede saber mejor». Aunque todo el álbum posee un mood que se corresponde canción a canción, denso, simple y elegante, hay un instrumental que destaca sobre los demás y que solo podía tener a Organized Noize como creadores.

«Dirty South», un single formativo y generador de todo un movimiento, posee ese tono, esa luz, ese impulso o señal de sonar que se propaga por todo el beat de forma reiterada. Una nota, un loop de dos compases y un ejemplo narrativo de lo que significa vivir en la realidad de Goodie Mob; levantarte un día de madrugada y observar como a tus vecinos les han vuelto a sorprender con una redada. (FP)

Tag Team – «Whoomp! (There It Is)» (1993).

Producido por Tag Team.

Formado por Cecil Glenn aka DC the Brain Supreme y Steve Gibson aka Steve Roll’n, Tag Team surgieron al calor de la efervescente escena Bass de principios de los 90.

Por más que lo nieguen, en realidad este «Whoomp» no fue más que la versión mainstream de un éxito de Strip Club del mismo título lanzado tan sólo un mes antes por 95 South, y que habían producido unas leyendas de Florida como The Bass Mechanics.

A pesar de su pecado original, Tag Team logró que esta revisión no declarada fuera muy superior a su supuesto modelo. La inteligente y decisiva inclusión de las primeras notas de synth del «I’m Ready» de Kano hicieron que este «Whoomp! » se alejara lo justo de la estrecha vía del Bass de Miami y Atlanta para acercarse, también lo justo, a los viejos modelos del Hip Hop Old School.

Una primaria y pegajosa llamada a la pista de baile, con la que este dúo de Atlanta dibujó, sin saberlo y gracias al uso del sample, ese improvisado árbol genealógico que va del Miami Bass y el freestyle, a la no tan lejana influencia del Italo-Disco y el Hi Energy. (GO)

Nef The Pharaoh – «Michael Jackson» (2015).

Producido por Cardo. 

«You know, when I was a little kid, I idolized Michael Jackson» comienza Nef The Pharaoh, probablemente el rapero mejor preparado de la nueva generación de raperos de la Costa Oeste. Este single ya le hizo despuntar en 2015; lanzó su primer material arropado por E-40 y a día de hoy todavía se espera que explote definitivamente.

Desde Vallejo, este jovencísimo MC se siente «Michael Jackson sobre este instrumental», tal y como dice en un momento del track él mismo. Nef interpreta melodías vocales con intimidad, confidencia y un tono muy particular mientras imita algunos de los sonidos que definieron el repertorio de Jacko en vida.

Cardo, un genio contemporáneo, propone un beat que parece unificar dos movimientos en uno: la épica y sensibilidad del cloud rap y los signos característicos y actitud orgánica del G-Funk clásico. La forma en la que la melodía central se combina y dialoga con los cowbells de la 808: nadie ha llegado a este nivel en muchos años.

«I tried to moonwalk all over the whole house, that’s word to my mom / You could ask her» canta Nef recordando los años en los que la admiración por Michael Jackson era un espejo de sus intenciones artísticas; uno de los éxitos Rap más completos que se puedan escuchar dentro de este contexto. (FP)

Lil Noid – «In The Dark» (1995).

Producido por Blackout.

En la primera mitad de los 90, el Hip Hop de Memphis –y por extensión, todo el rap sureño– vivió un momento crucial en su historia. La generación de los DJ Squeeky, Al Kapone, Triple 6 Mafia, Tommy Wright III, Gangsta Blac… hicieron explotar un sonido oscuro, sucio y opresivo, fiel reflejo de sus vidas y su entorno.

De cara al mainstream, Dj Paul y Juicy J han pasado a la historia en buena medida como arquitectos de este horrorcore sureño, pero los más viejos del lugar saben la verdad: Blackout llegó antes, y lo hizo mejor y más sucio que nadie.

Este «In The Dark» es una de sus aportaciones más emblemáticas a esa obra de culto que ya es el «Paranoid Funk» (1995) de Lil Noid, donde alcanzaría uno de los momentos cumbres de su larga y prolífica carrera como productor.

Una sobredosis de sintes de ultratumba y cajas 808 que resumen su personal forma de crear música, en donde la repetición de unas frases melódicas tan sencillas como efectivas siempre resultaron claves a la hora de tejer esas atmósferas de pesadilla, tan gozosas como irrespirables, que le han hecho pasar a la historia.

¿El resultado? Algo así como si John Carpenter se pusiera hasta las cejas de sales de baño para desatarse con la despreocupada vulgaridad gore de un Brian Yuzna. Blackout abrió el camino con su machete.

Dj Paul, Juicy J y el resto, se limitaron a seguir el rastro de sangre. (GO)

J.V.C. Force – «Stylin’ Lyrics» (1988).

Producido por J.V.C. Force.

Adivinar quien sampleó primero «Ike’s Mood» y una de sus secciones más expresivas sería una tarea innecesaria porque nadie lo ha conseguido muestrear y utilizar como estos tres adolescentes de Long Island.

J.V.C. F.O.R.C.E. iban a llamarse Justified By Virtue of Creativity For Obvious Reasons Concerning Entertainment pero la marca JVC les obligó a convertirse a un acrónimo; antepasados de Roc Marciano aunque sin nada que les pueda relacionar salvo el terreno geográfico, AJ Rok, B-Luv y DJ Curt Cazal posan en la portada de «Doin’ Damage» encima de un vehículo que acaban de apalear.

Era 1988 y en la otra costa dominaban personajes con virtudes similares como King Tee. En «Stylin’ Lyrics» conviven unas propiedades que perfectamente podrían servir para sintetizar el Rap neoyorquino de finales de los 80; el Rap fuerte, seguro de sí mismo, sabiéndose influyente y sin perder su vanidad.

Si dejamos que el corte avance hasta el último minuto, en el que el beat reposa en solitario, nos podremos dar cuenta de la particular textura de la percusión principal: el bombo parece estar siendo amortiguado de una forma singular, como si se estrellara contra el caucho.

En su momento pudo observarse como una imperfección muy sutil; ahora, con mucha perspectiva, y analizando un contexto en el que el Rap estaba a rebosar de breaks tan simples y sincopados como este, resulta imposible no fijarse en este diseño.

La idea y resultado es muy similar, aunque pueda no parecerlo, a otros beats insuperables como el «It’s Your Rock» de los Fantasy Three. (FP)

DJ Krush – «Yeah» (1994).

Producido por DJ Krush.

Es inadecuado definir «Strictly Turntablized» solo con palabras. Pocas obras han conseguido trascender tanto a nivel dimensional con tan pocos elementos, al menos en el entorno de la música urbana contemporánea.

El álbum es un mood, es un programa informático capaz de adentrarse en nuestra mente y despertar puntos clave de nuestra imaginación. Presuntamente simple, el gran clásico de DJ Krush depura sensaciones con una maestría sin igual: el oyente se sumerge sin resistencia en un ambiente tétrico, siniestro, en un film cyberpunk que hoy por hoy sigue interpretándose como futurista.

Toda la reproducción es necesaria, aunque los que realmente hemos visto los ojos de este disco en una noche complicada, sabemos que «Yeah» puede funcionar sin ponerle límites. Probablemente estemos ante uno de los bucles más desafiantes, a la altura de otros superlativos como el que domina «Come Clean» de Jeru Te Damaja.

El sonido, ya un icono, está extraído y levemente modificado a partir de un gesto casi aleatorio procedente del «Spanish Key», una de las piezas del influyente «Bitches Brew» de Miles Davis, su pináculo eléctrico.

Un desliz instrumental a partir del que se construye una pieza infinita en su forma, persistencia y estilo. (FP)

Foesum – «Lil’ Somethin’ Somethin'» (1996).

Foesum es uno de los nombres más importantes en la historia del G-Funk angelino.

Y eso, a pesar de haber editado tan sólo un disco oficial durante la edad dorada de este sonido. Pero como no es hora ni lugar para ponernos a hablar de su influencia y su vital importancia en el desarrollo de la escena de Long Beach City, vamos a hablar de «Lil Something Something» uno de sus mayores clásicos.

Una magnífica obra de orfebería sonora obra de Vicent Ramos aka Dj Glaze, que en el punto álgido de la G-Funk era supo dar la vuelta de tuerca final a un sonido que parecía imposible llevar más lejos todavía, tras las decisivas aportaciones de Warren G o DJ Quik.

Glaze fijó su mirada en la base rítmica del «That Girl» de Stevie Wonder, añadió su declarado amor por SOLAR Records y encomendó su suerte a un hook épico, que aun hoy se conserva fresco como el primer día.

Podríamos ponernos pedantes parafrasear a Thomas C Clarke y decir que Glaze nos ofreció aqui el «proberbial buen tema de G-Funk». Pero no lo haremos, nos quedaríamos cortos. (GO)

DJ Boyo – «Dale Menor» (1995).

Producido por DJ Boyo.

El Papá del Dembow. O al menos, eso es lo que él asegura a todo aquel que quiera escucharle. Si nos ceñimos a las fechas, lo que si nadie puede negarle a Dj Boyo es su papel crucial en el desarrollo de la música urbana latino-caribeña.

«Dale Menor» pertenece a esa ristra de hits de mediados de los 90 que marcaron para siempre los códigos y estructuras no sólo del dembow dominicano, sino de toda la música urbana latina hasta nuestros días.

Una muestra más de como la escasez de medios jamás podrá poner barreras al talento, y donde Boyo sorprenderá al oyente de hoy con toda la brutal crudeza que podía llegar a transmitir la música urbana dominicana de aquellos años.

Con el refrescante e inconfundible aroma de lo inmediato, «Dale Menor» elimina, ya sea de manera intencionada o por puras necesidades técnicas, todo lo accesorio para deconstruir el dancehall reduciéndolo a su mínima expresión, hilando así un discurso sonoro propio surgido con toda la fuerza de lo inconsciente.

Salta a la vista que Dj Boyo jamás se propuso inventar nada. Intentó acercarse al dancehall jamaicano y como suele ocurrir a veces, su propia incapacidad a la hora de plagiar de manera creíble su modelo le hizo encontrar, a base de un simple ritmo y un par de repetitivos patrones melódicos de sintetizador, un nuevo léxico y unos nuevos ambientes sonoros que el paso del tiempo convertirá en elemento fundacional del género urbano en Santo Domingo. (GO)