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Salvar SoundCloud o dejarlo morir

07.08.17
Frankie Pizá

Quieran o no, las necesidades se están haciendo cada vez más evidentes. Quieran las grandes discográficas, las principales causantes de que el modelo Spotify/Apple Music sea como es y haya triunfado estableciéndose en nuestro día a día. Sea como es, siendo injusto en las retribuciones a los artistas y condicionando la creatividad con todas sus normas.

De repente, con SoundCloud al borde del fracaso, nos damos cuenta de muchas cosas. Nos damos cuenta que SoundCloud es la última gran plataforma en la que se distribuye música de forma independiente y tanto artistas como aficionados tienen el mismo rol. Un fracaso porque caer en picado teniendo el mayor porcentaje de uso y mayor arca de contenido es solo posible cuando el sistema está fallando.

Está fallando para las compañías con ética y dirigiendo la riqueza y el beneficio en aumento hacia las tres grandes multinacionales (Warner Music Group, Sony y Universal Music Group); el negocio de la la música no para de crecer económicamente después de la transición analógico a digital, pero por el camino nadie ha conseguido la independencia real.

Ni Chance The Rapper es independiente, ni siquiera él. Porque la independencia en la música no existe cuando usamos una o varias herramientas para expandir nuestra obra. Ya sea una suscripción a SoundCloud o una editorial que nos ayude a conseguir ventas. Somos parte de un diseño adulterado que desemboca siempre en los mismos puertos.

Solo se acercan aquellas personas que invierten en ella, en la idea de independencia, pagando a Bandcamp lo que la compañía les pide para tener su propio espacio donde comercializar y distribuir sus creaciones. Pero Bandcamp tiene unas normas, y también es una comunidad, por tanto el espacio y sus dimensiones cambia según lo que estés dispuesto a ofrecer.

Lo que ocurre con SoundCloud es que hay mucha presión que desciende desde arriba hacia abajo: sostener los acuerdos de licencia con las grandes discográficas y reajustarlos en función del éxito de servicios “competidores” como Spotify ha acabado por provocar decisiones incorrectas, y por tanto el final del modelo SoundCloud.

Aunque SoundCloud continue, su modelo está a punto de morir. Ya nunca será lo que quería ser: un sitio libre donde compramos un espacio variable y publicitamos nuestras canciones en función de nuestras posibilidades. Un lugar donde descubrir en el que todo el mundo está invitado o tiene su representación.

Spotify o Apple Music están mejor situados y pueden soportar tener pérdidas cada año fiscal (en gran medida dinero que se regala a las discográficas). Aunque no es ese el único beneplácito que han aceptado por la amenaza de las discográficas y sus altísimas tarifas para ceder el contenido: ya se está progresando en las diferentes clasificaciones para usuarios, un modelo que impondrá quién tiene permiso para acceder a cada contenido.

Si solo inviertes un tanto por ciento, quizá tendrás que esperar para escuchar el nuevo álbum de tu banda favorita. Si en cambio das el máximo, no tendrás ni límites ni restricciones. Aunque tanto Spotify como Apple Music están organizando una alternativa sin nada de disimulo, aquello de “crear su propio contenido” desde los primeros niveles (captando artistas, esponsorizándolos, comprándoles horas de estudio o directamente levantando espacios de grabación), el cambio tiene que llegar desde la raíz.

Un cambio que por fin descentralice el mercado musical y cambie su estructura radicalmente volviéndose más justo y transparente. En repetidas ocasiones hemos hablado de Blockchain, la tecnología aplicable detrás del éxito del Bitcoin, algo en lo que Spotify ya está invirtiendo importándole muy poco que Universal se haya enterado.

Hace unos días surgía la noticia de que un usuario llamado makemakemake había publicado en un hilo de Reddit que tenía en posesión los 900 TB del archivo público de SoundCloud, “por si acaso” y para prevenir una posible desaparición del servicio.

Al margen de lo anecdótico de la proeza, una descarga en masa de contenido que de alguna forma y automáticamente daría a SoundCloud el aspecto de pieza de museo, este hecho aporta luz sobre la dimensión del propio SoundCloud, el daño que ha hecho a nuestros hábitos y lo damnificado que saldrá el sistema sin SoundCloud.

La vida y obra de millones de artistas de todo el mundo en un archivo zip de 900 TB. Años y años de publicaciones y ondas naranjas en 900 TB. El hecho de descargar en masa y poseerlo todo de forma “real”.

“Descargar”, la única y última forma de poseer música y poder compartirla libremente. Aunque la ilusión de libertad esté impresa en los modelos gratuitos y de pago de los servicios que todos usamos, es precisamente eso: solo una ilusión.

El espacio es privado y no público, por tanto los criterios pasan por las compañías que levantan el servicio y lo hacen posible. Y estos criterios están sujetos a las decisiones y privilegios de algunas discográficas. Millones y millones de canciones a nuestra disposición y el inalterable tic de acabar siempre escuchando lo mismo.

No poder evitar escuchar el éxito de turno. El espacio, casi infinito, se cierra cada vez más y se contrae sin que nos demos cuenta. En el futuro todos podremos tener nuestra cuenta “artística” en Spotify y poner nuestra música en el servicio sin tener que contar con intermediarios: será más fácil, más rápido, casi como pasaba con el antiguo SoundCloud.

Pero el control será siempre de los mismos: el poder que les da el dinero y la influencia. No, mejor: el poder que les da un sistema creado con sus propias carreteras.

SoundCloud ha visto como su modelo de negocio se rompe siendo el competidor con más ética y mejores condiciones: porque por el mismo precio nosotros sacrificamos nuestro propio espacio por un “universo impalpable” en el que tenemos toda la música posible a nuestra disposición.

El cambio de paradigma pasa por la sostenibilidad colectiva, “hacer inversores reales a los usuarios” en los servicios y que la rueda de la creación/retribución se retroalimente en todos los sentidos (tanto en el empresarial como el puramente artístico).

En un artículo sobre la posibilidad de “colectivizar SoundCloud” mediante el modelo de los tokens, Mat Dryhurst da algunas de las pistas para que este escenario sea posible, aportando además las posibles consecuencias. El objetivo es una vez más utópico: deshacerse de las estructuras piramidales, descentralizar SoundCloud haciéndolo de todos.

SoundCloud se convertiría en un valor en tokens y generaría como compañía una cantidad limitada de riqueza en la misma moneda digital, distribuyéndola entre sellos, artistas o simples usuarios para que puedan utilizarla dentro del servicio.

Él mismo dice que este hecho “podría significar que nosotros, como artistas, fans y organizaciones, invertimos en música independiente, invertimos colectivamente para comprar SoundCloud, y distribuimos la propiedad a todos los involucrados a través de la asignación de tokens, proporcional a la inversión de cada entidad”.

Una descentralización del poder y del servicio en sí mismo que lo liberaría de la autoridad de organismos que lo han comprado con sus normas prehistóricas, aquellas que se están actualizando pero solo en aspecto, no en sustancia.

Dryhurst y otros teóricos apuntan hacia lo irremediable de llegar a un futuro marcado por la “propiedad colectiva”, en el que los mercados culturales funcionen como grandes libros de cuentas en los que todos somos inversores y todos tenemos la misma información y los mismos derechos, en igualdad de condiciones.

Cuando SoundCloud se marche o trascienda a la desesperada el modelo que querían consolidar, el gran fracaso se consumará. Un fracaso solo según la perspectiva de la temporal pérdida de independencia y para los artistas, que tendrán que reconstruir su presencia digital desde cero en otra plataforma.

Pero cualquier cosa que ocurre puede ser positiva y negativa al mismo tiempo; si conseguimos desestigmatizar el mal y el bien, encontraremos en la muerte de SoundCloud un posible paso para la necesaria regeneración de la distribución musical en internet. En el mundo de hoy, básicamente.

Perder la batalla contra el sistema puede ser lo que necesite la música y SoundCloud para evidenciar o poner en práctica el cambio. SoundCloud no lo ha perdido todo: puede dar ejemplo, un ejemplo determinante.

Porque aunque creamos que la música vuelve a ser un buen negocio, que se empieza a respetar a los artistas como antaño y que a nuestro alrededor se están construyendo las plataformas ideales para llevar nuestro legado a todas partes, esto es tan solo otra ilusión.