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Ricardo Villalobos: constantes, hitos y singularidades

La distancia temporal que nos separa del boom Microhouse nos permite analizarlo con perspectiva para reafirmar que la de Ricardo Villalobos es una de las voces más talentosas y originales, no solo del sonido Minimal, sino de la música electrónica en general. Lo hacemos repasando algunas de sus referencias más significativas.

26.02.16
Pau Cristòful

Ricardo Villalobos nunca ha necesitado de ninguna excusa para protagonizar una de nuestras retrospectivas. Sin embargo, el revival Microhouse que impera en la electrónica actual nos sirve como contexto idóneo para reivindicar esta figura que capitaneó las corrientes que marcaron la electrónica inicio del S. XXI.

Villalobos es seguramente una de las pocas figuras del mundo de la música electrónica que puede suponer un reclamo para el hedonista garrulo a la vez que fascina y se gana constantemente el respeto de los más puristas (algo impensable para algunos de los otros artistas masivos del Minimal, como Richie Hawtin o Luciano).

Es cierto que fue uno de los incitadores de la ola de imitadores que degradó el minimal house a los flip flops vacuos y sin alma destinados a chill outs y showrooms de diseño. Por contra, pero, la distancia temporal que nos separa del boom Microhouse nos permite analizarlo con perspectiva para reafirmar que la de Ricardo Villalobos es una de las voces más talentosas y originales, no solo del sonido Minimal sino de la música electrónica en general. Lo hacemos repasando algunas de sus referencias más significativas.

Orígenes

De origen chileno, la familia Villalobos se vio obligada a emigrar a Frankfurt para huir de la dictadura de Pinochet. Entonces Ricardo tenía solo tres años, por lo que podemos considerar que su crecimiento físico y musical se realizó plenamente en Alemania.

Su padre era matemático de profesión y melómano de afición, así que Ricardo creció rodeado de una extensa colección de vinilos. Así pues, el futuro DJ se fascinó primero por la música sudamericana que ha marcado toda su obra y, posteriormente, por pioneros y referentes electrónicos como Kraftwerk, Tangerine Dream y Depeche Mode.

De hecho, en el artículo escrito por Daniel Jiménez que el portal argentino Página12 publicó en 2007, Ricardo Villalobos relaciona la aflicción que tiñe algunas de sus producciones con sus orígenes chilenos: «Tal vez algunas melodías tristes de mi música tengan que ver con mis tradiciones. La música sudamericana tiene una mezcla de melancolía y felicidad que no es fácil de encontrar.»

Esta tutela paterna explica que, con solo 15 años, Ricardo Villalobos ya fuese adepto a ECM (sello de música contemporánea de referencia) y comprase discos como el “Ritual” de Keith Jarret. Este gusto por la Música Clásica Contemporánea y el Jazz quedó posteriormente plasmado en sus producciones y sesiones y, sobretodo, en la revisión del catálogo de ECM que realizó junto con Max Loderbauer en el año 2011 (hablaremos de ello más adelante).

Fluidez minimalista, plasticidad orgánica, expansión dub

Como hemos dicho, pese a que la mayoría terminase relacionando el Minimal con beats superficiales y faltados de alma, Ricardo Villalobos es la clara prueba de que no en todos los casos fue así.

A menudo sus producciones combinan el sonido sintético propio de la electrónica con instrumentos orgánicos (contrabajos, baterías y teclados jazzy que demuestran su afición por ECM) y sus características referencias a la música sudamericana. Del mismo modo, elementos básicos como los claps suenan increíblemente reales, cálidos y humanos en la música de Villalobos.

Del catálogo de ECM, así como también de la herencia del Techno Dub de Basic Channel, Ricardo Villalobos también adoptó la necesidad de la reverberación y de crear «sensación de espacio» mediante la optimización del espectro sonoro. Su obsesión por conseguir el mejor sonido posible se refleja en hechos como que, en algunas de las veneradas sesiones que realiza en el Fabric, Ricardo Villalobos pincha temas pensados expresamente para el equipo de sonido de ese local (es el caso de los que forman parte del célebre mix Fabric 36, por ejemplo).

Por otra parte, producciones como «Frank Mueller Melodram«, «Nordhorn» o «Dexter» destilan una emotividad equiparable a la de algunos himnos de la IDM, estilo cuyas pretensiones intelectuales parecen adversas al hedonismo insustancial con el que se relaciona el Minimal. Sin embargo, la IDM de artistas como Autechre tiene muchos puntos de contacto con el sentimiento y la valentía experimental de la obra de Ricardo Villalobos.

Otra de las características tanto de sus producciones como de sus sesiones es su dilatadísima extensión. En las referencias de  Villalobos lo normal es que los temas superen los 10 minutos de duración, llegando hasta 45 minutos en algunas de las remezclas que el artista ha hecho para productores como Shackleton, Depeche Mode, Insanlar, Tony Allen, DJ Pierre, The KLF, Raresh, Heiko Laux, el grupo de música turca y electrónica Insanlar.

Esta duración le permite desarrollar sustancialmente las variaciones mínimas de las texturas de sus temas al estilo de referentes minimalistas como Steve Reich, a la vez que le convierte en uno de los pocos casos en la música electrónica en el que la narración de una canción no se limita a una sola idea sino que te lleva a distintos sitios sin que el oyente apenas se de cuenta, como si en algunos casos se trataran de minimixes y no de temas individuales.

En la entrevista que Nick Lawrence le realizó para Higher Frequency en el año 2006, Villalobos lo argumenta de la siguiente forma:

«For this situation where you go to a hospital for mad people hospital perhaps. You go inside the club and you forget about time, you forget the name of your father, where you live and whatever. I make music for this situation even if the people are taking drugs or not. So the tracks are very long and are done for mixing with other tracks that are the same so that people are forgetting which track is starting, when it’s ending and how long it is.»

Algo que sin duda recuerda a las mencionadas referencias minimalistas a la vez que a la fluidez del Krautrock alemán (para conocer más detalles podéis recuperar la entrevista que realizamos a Michael Rother de los icónicos Neu!).

Primeras producciones

Las primeras sesiones profesionales de Ricardo Villalobos fueron a finales de los 80 (cuando no tenía ni 20 años), pero para encontrar sus primeros temas tenemos que avanzar hasta 1993.

Fue este año en el que adoptó el alias Minta Spacew para lanzar su primer EP: «Sinus Poetry» (Placid Flavour, 1993), un ejercicio de Techno con apuntes Acid y atmósferas espaciales que ejemplifican temas como este «To Our Machine«.

Más interesante es su segunda referencia: «The Contempt» (Ladomat, 1995). Este LP ya presenta las extensiones dilatadas propias de Villalobos, dividiéndose en dos únicos temas de 16 y 23 minutos de duración, respectivamente. El primero es un corte de Techno con samples hipnóticos que nadan en flanger, un bombo que emerge y desaparece sin que nos demos cuenta y unas cadencias de teclado en el algún momento concreto pueden recordar al «Strings Of Life» de Derrick May. Especialmente interesante es el segundo, en el que el groove se crea mediante la superposición de elementos de Techno primitivo a la ausencia de un bombo que no entra hasta pasados los diez minutos. Más adelante vuelve a desaparecer en un genial drop de más de cuatro minutos protagonizado por un hipnótico tratamiento de un sample vocal.

Un año más tarde, en el EP «N-Dra» (Hörspielmusik, 1996) aplicaría su perspectiva minimalista al Techno distorsionado con apuntes industriales y Acid. A destacar los dos hits que son el corte homónimo y «Trockenteile«.

En «808 The Bassqueen» (Lo-Fi Stereo, 1999), Ricardo Villalobos rinde homenaje a la caja de ritmos de Roland con tres temas cercanos al Deep House. Especialmente recomendable es el groove lineal, agradable y etéreo de la versión Extended Loop.

«Que Belle Epoque» (Frisbee Tracks, 2000) junta dos temas de Microhouse agradable: «Laser @ Present«, con apuntes de teclado y profundidad deep, y el homónimo, que incluye samples de una cantante francesa y medios mutantes a la vez que recuerda al tema «Love Cry» que Four Tet grabó en 2010.

Uno de los mejores ejemplos de la amplitud de referencias que Villalobos incorporaba a su estilo es el EP «Nordhorn» (Linear) que editó bajo el alias Termiten. En esta referencia destacan especialmente sus dos últimos temas: el corte homónimo parece una versión con bombo 4/4 de alguna de las preciosidades IDM de referentes como Plaid o The Black Dog. Por otra parte, «Frank & Hennes» parte de un sitar sampleado del «Fearless» de Pink Floyd para construir un luminoso tema Dub.


«Frank Mueller Melodram», la relación con Perlon y «Dependent And Happy»

Perlon es uno de los sellos claves para entender el Microhouse y seguramente el más importante para su despegue. Markus Nikolai y Thomas Franzmann (aka Zip) fundaron esta discográfica en 1997 tras una serie de actuaciones de Narod Niki: unas superjams que contaban con miembros destacados como Ricardo Villalobos, Zip, Baby Ford, Cabanne, Luciano, Dandy Jack, Richie Hawtin, Daniel Bell y Monolake.

Por esto no es de extrañar que no tardaran a recurrir a Villalobos para alguna de sus primeras referencias. Tras publicar el anecdótico EP «Hombre Ojo» (Perlon, 1998) junto con Benjamin Wild y el fundador Markus Nikolai, Ricardo Villalobos debutó plenamente en el sello con «Frank Mueller Melodram» (Perlon, 1999).

Tal como el título avanza, en el tema que da nombre al EP la pulsación Minimal queda rodeada por aureolas emo dibujadas por unos metalófonos melancólicos. Una obra maestra en la que Villalobos nos muestra la exquisita delicadeza con la que ha influenciado artistas como Pantha du Prince, Four Tet y Jon Hopkins.

Esta primera referencia fue el inicio de una fructífera relación entre el productor y el sello.

«Thé au Harem d’Archimède» (Perlon, 2004) es reconocido como uno de los mejores trabajos del artista, aunque para mi gusto su abstracción tribal queda aquí demasiado minimalizada.

«Chromosul» (Perlon, 2005) es un ejemplo de como dotar de profundidad el teóricamente superfluo Minimal. El tema homónimo es un corte Microhouse con un bajo de cadencia un poco circense que, junto con las anomalías Dub, lo convierte en el mejor ejemplo del tipo de producción que asociamos a un after ketaminoso de Ibiza (sin que en este caso esto suponga nada peyorativo). «Fadutron«, en cambio, se guía por una base Techno Minimal sobre la que se añaden rasguños en los agudos y notas de un teclado distorsionado que le aporta un tono entre melancólico y distópico.

El EP «What’s Wrong My Friends?» (2006) se introduce con un tema homónimo donde la plasticidad Minimal queda contrastada por instrumentos de jazz de textura orgánica. En «Gugga Sempa» una campanilla aporta un halo misterioso al ritmo microhouse. Como su nombre avanza, «Africolaps» está basado en un loop tribal y, finalmente, «Dummolator» es una genialidad más experimental guiada por una nota constante sometida a ligeras alteraciones de pitch que avanza rodeada de percusiones y delirios hasta que el bombo aparece por fin pasados ya los ocho minutos de duración. Como en «The Contempt (Trip Through Tools Mix)«, el groove se crea aquí a partir de la ausencia del beat.

El primer EP y el CD «Vasco» (Perlon, 2008) son otras de las referencias destacadas en la trayectoria del productor. En la genial crítica del doble 12» que Pete Chambers firmó para Resident Advisor se define el tema «Minimoonstar» como «the closing track for a dance party under the Aurora Borealis«. La verdad es que los sonidos acuáticos de fondo, el contrabajo, el teclado y la batería orgánicos, las ambientaciones y sobretodo la melodía que parece tocada con un hang así lo corroboran.

Si la original ya es sobresaliente, Shackleton entra en el panteón de las obras maestras con una remezcla profundísima e introspectiva guiada por percusiones tribales y rodeada por ambientaciones progresivas y susurros de entre los que el beat emerge y desaparece sin que nos demos cuenta.

De estas referencias son también destacables las dos versiones de «Electronic Water» (la original y el ahondamiento Dub que firma San Proper), así como «Skinkfummel«: tema de Microhouse con unos samples Dub en francés y un groove creado por una ondulación ultrabaja.

Finalmente, en el año 2012 Ricardo Villalobos se volvió a superar y editó lo que algunos consideramos como su punto álgido hasta la fecha: «Dependent & Happy» (Perlon, 2012) agrupó 16 nuevas producciones que se publicaron divididas en 4 tomos en forma de EP. A estas alturas de la película, el revuelo que causó esta publicación no es para nada equiparable a la revolución que supuso el lanzamiento de «Alcachofa» (Playhouse, 2003). Sin embargo, es indudable que los casi 10 años de experiencia añadida se evidencian en esta superlativa orfebrería electrónica. En los comentarios del portal Rateyourmusic, el usuario «computerface» lo resume como «minimal meets field recordings». Más que nunca, aquí Villalobos es capaz de usar la pulsación Microhouse para hacernos viajar por complexas narraciones que sin embargo se nos presentan como relajantes y apetecibles.

Algunos de los mejores ejemplos son las campanillas opacas, la melodía difusa y etérea y las percusiones entre lo tribal y lo jazzy de «Timmemorf«, la relajante pulsación febril de «Put Your Lips«, la expansión reverberada de «Samma«, el hit de house lineal construido mediante alteraciones de pitch que es «Kehaus«, «Die Schwarze Masai» o los loops luminosos cerrados con una línea de acid techno muteada que encontramos en «Defixia«. Sin embargo, prácticamente todas y cada una de las producciones que forman los EPs «Dependent & Happy» (Perlon, 2012) merecen varias escuchas atentas. Además, Ricardo Villalobos editó paralelamente un CDmix que conecta 11 de los temas de los EPs.

El corazón de la «Alcachofa»

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«Alcachofa» (Playhouse, 2003) fue el primer álbum de Ricardo Villalobos y aún a día de hoy se sigue siendo considerado su obra maestra a la vez que uno de los mejores discos de la historia de la música electrónica (Resident Advisor lo considera el mejor disco de su década y, FACT mag, el cuarto).

Fueron muchos los que descubrieron a Villalobos con este disco atraídos por el hit incontestable que es «Easy Lee» (incluido en el influyente mix «Fabric 13» de Michael Mayer). Las vocales maximalistas del tema han marcado para siempre la historia de la electrónica: distorsionadas con un vocoder, recuerdan al cosquilleo que uno siente antes de ser abocado a un viaje de ácido.

Irónicamente, este disco que se considera cabdal en el minimal va mucho más allá e incorpora crispaciones acid guiadas por melodías tarareables («I Try to Live (Can I Live)«) y sobretodo varias muestras de una emotividad heredada de la IDM (lo que sería el corazón de la alcachofa, vaya).

El mejor ejemplo es la célebre «Dexter«, que se avanzó con clase a la melancolía que más adelante caracterizaría las referencias de Innervisions y a referentes actuales como Moderat. «Dexter» es un tema ideal para suavizar el aterrizaje tras una fiesta maratoniana, idóneo para acompañar la decadencia romántica de una vuelta a la realidad con el MDMA aún a flor de piel. Especial mención merece la remezcla de este tema que hicieron Two Lone Swordmen (Andrew Weatherall junto con Keith Tenniswood), convirtiendo el original en un himno de post-punk afligido que se cuenta entre lo mejor que ha firmado nunca Sir Weatherall (y suscribe esto un devoto suyo).

El 12» de tools que acompañó el «Alcachofa» (Playhouse, 2003) cuenta también con dos temas a destacar:

«Fools Garden (Black Conga)» podría resumir parte del universo de Villalobos: arranca con un tribalismo enmarcado en un contexto Minimal pero a medida que avanza esto queda fundido en unas sentimentales nebulosas IDM.

«Waiworinao» es otra anomalía: un tema encabezado por un riff funk del guitarrista polaco Krzysztof Ścierańsk que podría ser un sample de Red Hot Chili Peppers al que se le añaden campanillas tribales y agradables solos hasta que desemboca en un final de ritmo Microhouse.

En 2015, Sei Es Drum editó un 12» que agrupaba de nuevo «Easy Lee» y «Dexter«, aunque desgraciadamente se agotó al poco tiempo.

Unos años más tarde, Ricardo Villalobos volvió a Playhouse con el polémico EP «Fiezheuer Zieheuer» (Playhouse, 2006). El tema homónimo roza los 40 minutos de duración y es una obra superlativa en la que una base de Dub Techno al estilo de Basic Channel sirve como cojín para unos samples extraídos de la canción «Pobjenicki Cocek» del grupo de gitanos serbios Blehorkestar Bakija Bakic (la original apenas llega a los cuatro minutos). Se trata de un tratado minimalista y claramente lineal que los fans de las estructuras más pop etiquetaron de aburrido y pretencioso.

La cara B, «Fizbeast«, prescinde de los elementos balcánicos y queda aún más reducida, aunque esto no impide que sea una delicia zambullirse en ella y dejarse llevar sin estar pendiente del reloj o la aguja.

Autoría: Alex De Mora

Sei Es Drum

En 2007 Ricardo Villalobos fundó su propio sello, Sei Es Drum (algo así como «pase lo que pase» en alemán), bajo el umbral del cual ha editado básicamente trabajos propios.

Destaca especialmente el álbum que bautizó la discográfica y dio el pistoletazo de salida a la misma: «Sei Es Drum» (Sei Es Drum, 2007).

Este disco se publicó dos meses después del aclamado mix «Fabric 36» y de hecho incorpora uno de los temas insignia del mismo: «Primer Encuentro Latino-Americano«, remix de la banda chilena Los Jaivas (amigos de la familia de Villalobos) que adopta sus alegres cánticos a modo de mantra veraniego aplicado sobre una base Microhouse de groove creciente.

Encontramos otras referencias a Sudamérica en el sample de disco samba que cierra el genial corte «Fizpatrick» y en la canción que se fragmenta para crear el groove de «Baila Sin Petit«.

Por otra parte, en «Andruic» se mezclan voces dementes de fondo, percusiones tribales aplicadas con perspectiva esquizofrénica y unos cantos femeninos que le aportan una decadencia malrollera.

Cierra el álbum «Farenzer House«, que añade una esquella Punk Funk a un ritmo Tech House con melodía en los bajos y lo adorna con delirios Dub y ambientaciones acuáticas de fondo.

Del catálogo de Sei Es Drum es también apropiado destacar la cara A de del 12» «Enfants» (Sei Es Drum, 2008): una especie de subidón eterno, lineal y maximalista que evita efectismos y está protagonizado por lo que suena como un sample de «Los Chicos del Coro» (Christophe Barratier, 2004) aplicado a un drop house. En realidad, Villalobos usó un sample de la versión cantada por niños de «Baba Yaga La Sorcière«, tema del grupo de rock progresivo Magma.

De las imprescindibles remezclas de Mari Kvein Brunvoll que se editaron en el sello hablaremos en el próximo apartado.

Mixes y remixes

Hasta ahora nos hemos limitado a su faceta como productor, pero Ricardo Villalobos es igualmente alabado en su dimensión como DJ. No he estado en ninguna de sus mitificadas sesiones en el Panorama Bar, el Fabric o en alguno de los afters en los que se ofrece a pinchar por gusto (hasta llegar al nivel de haber perdido varios vuelos por estar aún pinchando en la fiesta del día anterior), pero por lo que se comenta de poco sirve intentar plasmar la experiencia con palabras.

«Love Family Trax» (Goodlife Records, 2002) se publicó en pleno auge del Microhouse pero antes del punto y aparte que suposo para Villalobos el «Alcachofa» (Playtime, 2003). Este mix de poco más de una hora tiene un carácter chill out, desarrollando linealmente un Microhouse a veces rugoso con apuntes jazzy orgánicos que contrastan entre la sinteticidad Tech House. Aunque incorpora temas notables de Marco Cigno, H. Brunner, TPM y Akufen, los más destacables son los que firma el propio Villalobos, encabezados por el hit «Panpot Spliff«.

Sin embargo, «Love Family Trax» (Goodlife Records, 2002) resulta anecdótico comparado con lo que supuso la publicación del «Fabric 36» (Fabric, 2007). Pese a que por aquél entonces el Minimal ya empezaba a estar de capa caída frente al auge de la Nu-Rave (ugh), para muchos esta sesión es uno de los mejores mixes de la historia de la música electrónica (es el caso, por ejemplo, de los redactores de The Quietus o del periodista Philip Sherburne). Se trata además de una de las pocas sesiones formadas únicamente por temas producidos por el propio DJ pensando en progresión lineal de la sesión, con el valor añadido que se trata en su totalidad de cortes inéditos hasta la fecha (algunos de ellos formarán luego parte del álbum «Sei Es Drum» (Sei Es Drum, 2007). Para conocer más detalles recomendamos leer las reseñas enlazadas en este párrafo.

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Tampoco podemos pasar por alto su faceta como remezclador, ya que algunas de sus mejores producciones son revisiones de la obra de otros artistas.

Seguramente la más significativa es la remezcla que hizo de Shackleton en 2007, año en el que Ricardo Villalobos descubrió el dubstep y quedó fascinado por su explotación del espectro sonoro a favor de la creación de la «sensación de espacio» (posiblemente la gran obsesión del productor). A pesar de ser ya uno de los productores más famosos del mundo, Villalobos se ofreció a remezclar un tema de Shackleton sin pedir dinero a cambio: el resultado es el «Blood On My Hands (Ricardo Villalobos Apocalypse Now Mix)«, en el que construye un loop de dos minutos y lo extiende y desarrolla durante 20 minuto guiado por un bajo de cadencia dubstep que figura entre lo más oscuro que ha producido nunca Villalobos.

A cambio, Shackleton realizó la increíble remezcla del «Minimoonstar» que hemos comentado anteriormente.

Villalobos también ha sido el padrino incontestable de la oleada de artistas rumanos del sello [a:rpia:r] que actualmente comparten con él el trono del Microhouse y en este sentido debemos destacar el remix agradable y estival que hizo del “Vivaltu” de Raresh.

Una de las mejores muestras de genialidad bailable por parte de Ricardo Villalobos son las dos remezclas de la cantante de jazz pop noruego Mari Kvein Brunvoll: dos agradables tratados en la que las pegadizas melodías de su voz cabalgan sobre bases Micro House y Tech House de groove creciente.

Sin embargo, prácticamente nada puede superar el groove a fuego lento del titánico remix de 30 minutos con el que rediseñó el Electro Drexcyiano del «Portland» de Sparky.

Villod: la conjunción de Ricardo Villalobos con Max Loderbauer

A lo largo de su trayectoria, Ricardo Villalobos ha colaborado con varios artistas: son ejemplos el supergrupo Narod Niki, Hombre Ojo (proyecto con Benjamin Wild y Markus Nikolai), Gucci (junto con Tobias Neumann), RiRom (con Roman Flügel) o mi favorito si me limito al nombre: Ric y Martin (proyecto inspirado en la música latina que comparte con Martin Schopf). Bajo este último nombre editó un tema Microhouse con relámpagos de electricidad emocional que bien merece figurar en este artículo: «Froebel 1792«.

Sin embargo, su conjunción más prolífica y reconocida es la que comparte con el productor Max Loderbauer, conocido por ser integrante del Moritz Von Oswald Trio y por haber sido la mitad del proyecto de Ambient y Downtempo Sun Electric.

Su primera obra conjunta es posiblemente también el trabajo más erudito que Ricardo Villalobos ha firmado hasta la fecha. «Re:ECM» (ECM, 2011) es un trabajo titánico de más de dos horas de duración en la que los dos productores reinterpretan el catálogo de ECM, sello icono de la Música Contemporánea y el Jazz de los últimos 50 años. Más que de temas, se trata de una serie de ambientaciones en las que lo orgánico y lo sintético conviven en unas producciones de una profundidad y reverbación asombrosas.

Podría aquí entrar a detallar y comparar cada una de los casi 20 cortes que forman el doble CD, pero tras más de 60 párrafos no creo que sea lo más conveniente. Se trata de apropiaciones de grabaciones de obras de artistas como Christian Wallumrød, Bennie Maupin y Arvo Pärt y el resultado son unas estructuras sonoras de color sepia en la que los apuntes de instrumentos orgánicos quedan abrazados por sutiles mantas de electrónica. Sin duda, una de las obras de referencia por lo que se refiere a la vinculación de la música electrónica con la Música Contemporánea.

Otras incursiones del dúo en la Música Contemporánea y el Jazz son los remixes que han hecho para Hauschka y Wolfgang Haffner. La remezcla de «Bling» es especialmente recomendable: un tema de Microhouse emocional adornado con fraseos de saxo y notas de guitarra distorsionada. Sin embargo, tampoco conviene pasar por alto el groove Minimal guiado por un bajo orgánico del remix de «Melodia del Viento«.

Ese mismo año, el dúo editó un remix el que convirtieron «Meets Tsetsha Boys» en un tema de Microhouse estático adornado por efectos dub y ecos tropicales. En 2012, adoptaron el nombre Villod (con dos eles) para firmar una remezcla del tema «Soulman» original de The Orb y Lee «Scratch» Perry: el remix parte de una base sintética y metalizada y va evolucionando a diferentes cadencias dub, contando en uno de los primeros fragmentos con un bajo deep el pitch del cual se modifica ligeramente. De Villod pasaron a LoVil, nombre bajo el cual remezclaron el «Pendule» de Valentine Stip en forma de una producción profundísima y mística, adornada con abstracciones jazzy. Recientemente también han realizado una revisión del «Sexspurt» de Kerrier District.

También han realizado un par de remezclas más encaradas a la pista, como es la revisión Tech del «Everything» de Neneh Cherry y el increíble remix Acid Techno del «Aftermath» de Nightmares on Wax.

Villalobos y Loderbauer también cuentan con el EP «Turbo Semantic» (Perlon, 2013), con una cara A protagonizada por un speech femenino latinoamericano apoyado sobre una base de electro ralentizado y rodeado por efectos dub distópicos. La cara B es un poco mejor, con un fraseo Hip Hop basado en una pulsación febril que parece sacada de una referencia de Raster-Noton.

Finalmente, a medianos del año pasado vio la luz el primer álbum propio de Vilod: «Safe in Harbour» (Perlon, 2015). Se trata del trabajo más cercano al jazz que ha hecho Ricardo Villalobos hasta la fecha, con un groove extraterrestre que avanza del beat Hip Hop marciano inicial al casi Electro de «Surmansky Blow» (tema con el que se corta el disco). Las atmósferas creadas son relajantes, la luminosidad queda aportada por agradables resonancias (metalófonos, campanillas) y la sensación de espacio característica de Villalobos sigue allí (ejemplificada por ejemplo por el contraste entre el beat digital y la batería orgánica presente en prácticamente todo el LP).

Junto con «Re:ECM» (ECM, 2011), se trata del álbum de Ricardo Villalobos más alejado de la electrónica de baile a la vez que uno de sus ejercicios más creativos y originales.

Outro

Cuando me planteé escribir este artículo tuve muy claro que intentaría evitar el recurso de incidir en la más que conocida polémica relación de Ricardo Villalobos con las drogas. Sin embargo, llegado a este punto quedo sorprendido por haberla evitado al completo sin darme cuenta y haber solo recurrido a un par de referencias toxicómanas para describir las sensaciones que me despiertan algunos de sus temas.

Con un trabajo así de interesante a sus espaldas, ¿realmente hace falta degradar al artista recurriendo a la broma (y el click) fácil cuando tenemos la oportunidad de disfrutar, analizar y descubrir una obra como la que se plasma en esta retrospectiva? Y que quede claro que he dejado cosas fuera a favor una mejor narrativa del artículo (sería por ejemplo el caso del EP «Achso» (Cadenza, 2005).

Vilod actuarán en la próxima edición del MUTEK.ES. Puedes consultar la programación del festival aquí.
Ricardo Villalobos pinchará el junio de 2016 en el Poble Espanyol de la mano de IR. Puedes comprar tu entrada aquí.