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¿Por qué no nos reeditamos a nosotros mismos?

Una llamada de atención sobre la escasez nacional de reediciones y el contexto actual del formato en plena ebullición del mercado vinilo.

07.03.16
Frankie Pizá

Anexo 1: 10 joyas de nuestra historia discográfica que permanecen ocultas.

«Que no tengan que venir Demdike Stare a recordarnos quienes eran Mecanica Popular».

La frase de arriba se parece a una monserga. A simple vista podemos imaginar la apreciación en un contexto muy particular; por ejemplo, una plantilla de representantes de sellos discográficos independientes ubicados en nuestro país, que son avisados antes de salir a batallar ahí fuera sobre el acecho e interés por el producto nacional de otros pelotones, contrincantes o mercados con infraestructuras mejor preparadas.

Me acuerdo que prácticamente la exclamamos al unísono yo y el dúo fundador de Discos Paradiso cuando vinieron a grabar la edición 50 de BAMBOLEO en RBMA Radio. Suena a dicho popular, a posdata aldeana pasada de moda y es particularmente sorprendente que en tiempos de globalización tengamos que hacer todavía un ejercicio de reflexión de ese tipo.

Si la escuchamos de refilón, podría parecer que la frase está al mismo nivel de aquellas que todavía se oyen en nuestro día a día: «que no venga nadie de otro país a quitarnos el trabajo». Como un agricultor con todo el derecho de reivindicar su producto artesanal y local, como un pequeño comercio con cada vez menos clientes de toda la vida frente a las grandes superficies.

Esa frase invita al representante de un sello discográfico a tener presente su patrimonio y estar muy al tanto de intenciones que llegan desde fuera, no para interpretarlas negativamente, sino para convertirlas en algo positivo; «seamos nosotros quienes reescribamos nuestra historia, y conservémosla como toca».

Son al fin y al cabo alertados sobre lo que parece ser un defecto congénito en nuestra cultura: observar más posibilidades en el producto extranjero que en lo que realmente se ha sembrado y cultivado en nuestro suelo. O matizando: no valorar apropiadamente esos productos si por delante no hay una confirmación que venga de otro lugar, otro país y otro punto de vista limpio y sin nuestros complejos adquiridos.

No se trata de enfatizar que nuestras referencias deban quedarse en nuestro círculo y pensar como seres anticuados y de otra época, se trata de analizar las causas de un hecho constatado y que parece que tiene intenciones de disolverse.

Jordi Serrano, director de Domestica Records, sello catalán especializado en la reedición y con años de experiencia en la tarea de investigación discográfica, ha reflexionado sobre el asunto y en concreto sobre que muchos de los tributos a desconocidos artistas españoles provengan de fuera de nuestro país, y detecta un problema de base como es la propia consideración que hemos dado durante años a nuestra música:

«¿Nos hemos planteado que ningún sello español se haya interesado por ese material, y el primero en hacerlo haya sido uno extranjero? Sinceramente, no me sorprendería. Ahora podemos entrar en esa cuestión muy «made in Spain» de que a mucha gente no le resulta para nada interesante lo que se hizo aquí (hablo sobre todo de lo que conozco, es decir, años 70/80), en otras palabras, les parece de una calidad «inferior».

«Muchas veces he escuchado (y reproduzco textualmente): «lo de aquí es mediocre». Existe una claro sentimiento de inferioridad respecto lo de fuera, de complejo, cuando se habla de lo que se hizo musicalmente en este país, que me da escalofríos. Luego hablas con gente de fuera de España y alucinan con nuestra música. No digo en absoluto que este sea un motivo de peso, o una explicación definitiva al tema que planteas, pero a veces tengo la sensación que no valoramos suficientemente lo de aquí y me parece una buena oportunidad para reflexionar sobre ello».

–Jordi Serrano.

2015: Essential Reissues. De Soul caribeño a una de las primeras muestras del tóxico "Illbient", identificamos y seleccionamos el material reeditado que para nosotros lleva la etiqueta de "esencial".

¿Qué pensará un ciudadano del sudeste de la India cuando le contamos que en Manchester han reeditado una parte del enorme archivo musical de uno de los compositores más relevantes de su región, el maestro Ilaiyaraaja?

De alguna forma, debería ser un elogio que en el Reino Unido se tomen la molestia de rendir tributo a un artista importante tan solo en el ámbito local, dándole oportunidad de una relevancia internacional. De alguna forma, que uno de los mercados más poderosos a nivel discográfico preste atención a composiciones realizadas para casi un millar de films de bajo presupuesto en la industria de Tamil Nadu, brinda una oportunidad para que este producto sea valorado y disfrutado por mucha más gente. Ayuda a darle otra dimensión.

Al respecto, Jordi Serrano, comenta que «decepcionarse porque un sello extranjero ha reeditado este disco (o cualquier otro de nuestra geografía) en vez de hacerlo uno español, me parece un error».

El fundador de Domestica Records matiza que «es evidente que tiene más sentido que un sello colabore con una banda formada un su mismo país pero, nos guste o no, la decisión última de dónde o quien publica este material es del grupo/banda, o de quien tenga los derechos de ese disco o temas. Y si ellos quieren hacerlo con un sello extranjero, nosotros no somos nadie para decirle si es una buena o mala decisión. Sólo ellos saben lo motivos y el porqué lo hacen». 

Resulta una obviedad decir que los mercados discográficos fuertes son el estadounidense y el británico, y que antaño la vía de entrada de cualquier usuario ávido de conocimiento y en busca de música de otros continentes y fuera del mainstream han sido recopilaciones y material importado procedente de esas zonas. Es tan obvio como recordar que los principales actos musicales, aquellos venerados por un mayor número de personas, llegan y han llegado también desde allí.

Con la entrada de Internet y el universal acceso a información de cualquier tipo, la investigación es más rápida y menos costosa, pero nuestro mercado no está precisamente mejor preparado que antes; tenemos la sensación de que ha engordado el nicho para según qué propuestas gracias precisamente a las comodidades y riqueza de la red, pero la realidad es que por fin nos estamos dando cuenta que hay mucha historia musical que en este país no se le ha hecho ni caso. El mencionado «complejo de inferioridad» parece estar ablandándose.

Son muchas las cuestiones capaces de levantarse al meditar sobre este tema. ¿Qué ha ocurrido todos estos años? ¿No ha habido suficientes coleccionistas preocupándose por documentar, valorar o comparar adecuadamente proyectos minoritarios que ocurrieron en nuestro país? ¿No había suficientes de esos productos tal vez? O la calidad dejaba mucho que desear? Acaso no teníamos criterio y ahora que otros crate diggers europeos o americanos se fijan en artistas como Joan Bibiloni porque ya no les quedan casi cubetas que revisar en Nigeria o Turquía estamos aprendiendo, por fin, a escuchar nuestra historia?

Son las todavía presentes consecuencias del régimen y la transición no realizada las culpables de ese mal hábito como muchos sostienen? Son nuestra propias diferencias culturales? La dificultad con los derechos de autor o a la hora de encontrar y ceder cintas originales? Es nuestra realidad discográfica la que quizá no cree lo suficiente o no encuentra que pueda haber sitio y compradores para Mecanica Popular?

¿Cómo es posible que habiendo cada vez más sellos discográficos en nuestro país y más herramientas a nuestro alcance para descubrir música, sigamos viendo como los esfuerzos por dar un valor insólito a nuestra historia llegan desde el extranjero? ¿Por qué hasta hace unos años, tan solo en raras ocasiones se ha divisado interés por algún sello nacional a la hora de reivindicar música hecha en España? Todas parecen tener una respuesta más o menos obvia, pero vale la pena analizar el contexto y atender a una breve historia local del formato, los intereses propios e internacionales, para situarnos adecuadamente.

Curaduría musical externa y la búsqueda ansiosa de exclusividad.

En nuestro contexto musical y discográfico actual, donde las nuevas tecnologías e Internet han tomado el mando, podemos observar la divergencia de dos tendencias que parecen ir de la mano, pero también pueden percibirse como contradictorias.

Por un lado tenemos el reinado único del consumo en detrimento de la antigua curiosidad, facilitado por las nuevas herramientas digitales que nos brindan las grandes corporaciones y medios de comunicación idénticos, y por otro la burbuja del formato vinilo y la edición limitada, enmascarada por un romanticismo postizo y cifras de crecimiento ilusorias que contribuyen a que la música sea un objeto de deseo, un vehículo en busca de la exclusividad, y que a ese mercado se le obligue a tropezarse a sí mismo no pudiendo cumplir los plazos de una desmesurada oferta y a prostituir el criterio en busca de la siguiente rareza y anomalía.

“In the future, we need to do even more blending of AI research with solving real-world challenges.»

«In the next generation of software, machine learning won’t just be an add-on that improves performance a few percentage points; it will really replace traditional approaches.»

«To give just one example: a decade ago, to launch a digital music service, you probably would have enlisted a handful of elite tastemakers to pick the hottest new music.»

Las palabras del ex-director ejecutivo de Google y CEO de Alphabet Inc.Eric Schmidt, anuncian la llegada de un sistema que ya no nos necesitará, tan solo nos brindará en bandeja aquella música que nos va a encantar. Es la gran lucha que ahora mismo se está librando en el negocio de las plataformas y servicios de streaming musical: hacerse con la mejor, más fiable y precisa «curaduría» musical para el oyente, aquel al que hay que ahorrarle todo el tiempo posible porque tiene demasiados artículos que leer en sus marcadores. Apple Music, la BBC, Spotify, Amazon, Google y otros muchos quieren que para todos nosotros, lo de descubrir música ya no implique ensuciarnos las manos, ya no nos quite nuestro valioso tiempo.

¿Puede ese tipo de comodidad y herramientas atrofiar nuestra curiosidad? Estaríamos ante una contradicción si así fuera: es precisamente saciar nuestra creciente curiosidad lo que buscan esas compañías y sus sistemas de algoritmos cada vez más perfectos. ¿Puede la abrumadora oferta no dejarnos ver más allá? Lo que parece una ayuda externa sin igual está causando en nosotros unos hábitos de consumo que son afines a nuestro mundo y nuestra era, pero contribuyen a que cierta historia musical se entierre muchos más metros bajo tierra.

“Yo creo que si la publicación de vinilo a un precio asequible ya no es posible, entonces sí que el vinilo ha muerto porque no hay diferencia entre un disco y una figurita de acción de MF Doom”.

–DJ UVE.

En un artículo alrededor de la desesperada búsqueda del mercado del vinilo por encontrar productos insólitos, singulares, sorprender al comprador con algo que no suene común o que no tenga todavía registros en su disco duro, yo mismo apuntaba que quizá esta tendencia está pervirtiendo nuestro criterio, ayudándonos a perder la noción con lo que realmente vale la pena:

“It’s All About Private Press”.

«Somos sabuesos en busca de la anomalía, en busca de la excentricidad no documentada, somos el producto desquiciado de una máquina ansiosa por complacernos. El nicho de la edición privada, auto-costeada, auto-distribuida y limitada se ha convertido en el principal tanque de residuos donde las compañías como Numero Group, Jazzman o Light In The Attic conspiran para, regularmente, ofrecer al oyente tesoros que un día pasaron desapercibidos por su pocas posibilidades de exposición en el mercado (un tanque de profundidad infinita y que, además, sincroniza a la perfección con la segunda juventud de las técnicas DIY».

Actuamos de forma selectiva en cuanto a identificar el producto, pero no existe criterio, norma o filtro a la hora de llevar algo a producir: hay cientos de sellos que quieren marcar la diferencia y ofrecer algo único que valga la pena comprar. El modelo del «coleccionista compulsivo» domina el mercado:

«He visto pagar fortunas por discos absolutamente mediocres pero editados en lugares extraños y en tiradas muy limitadas, que si se hubieran publicado en una multinacional americana con amplia distribución, nadie daría un duro por ellos».

–Javi Bayo.

Foto de Suzanne Tennant.

Es justamente lo que genera una inmensa oferta que las plantas de producción mantienen a duras penas, provocando a su vez una sobredosis de iniciativas que satura los procesos y ni mucho menos corresponde a la demanda; cada semana surgen uno o dos nuevos sellos discográficos dispuestos a planchar 300 copias de un single, una tirada que en la mayoría de casos cuesta meses vender entre los interesados.

Al respecto, el coleccionista Javi Bayo se expresó de esta forma en un pasado análisis colectivo que coordiné en 2013, «El vinilo: Autoengaño, tendencia y obsesión»:

“La actual crisis puede tener una lectura positiva respecto a este tema en particular: los sellos tienen ahora que ser mucho más estrictos con las cosas que sacan, los proyectos sin calidad lo deberían tener más difícil para salir en vinilo. Si esto es así y los proyectos discográficos nacen desde la honestidad y el amor por la música, se podrá fidelizar a ese reducido nicho de consumidores que siguen apreciando las cosas bien hechas y son conscientes de la importancia de los detalles. No hay más que ver lo bien que le va a gente como Numero Group, un ejemplo de lo que debe ser un sello de reediciones y recuperación musical”.

–Javi Bayo.

Por estas fechas, ya muchas de las ediciones limitadas que se venderán en el Record Store Day están encargadas a fábricas de todo el mundo, colapsando la producción y provocando que a los sellos pequeños les lleguen sus pruebas y copias con un retraso considerable, pero eso no es motivo para que la maquinaria en busca de la exclusividad se pare. Un número enorme de nuevas reediciones, cada una con una tirada de copias prensadas muy limitada y a un precio muy caro; un evento que ha contribuido a aumentar o renovar la conciencia sobre las tiendas de discos, pero las está sofocando por el camino.

Nuevos modelos en forma de «clubes» y «grupos privados» para sibaritas a través de suscripción anual están llegando a través de marcas como Numero Group y Now-Again, quienes ofrecen planes de reediciones ocultas que irán llegando al buzón del aficionado mensualmente. Solo un selecto colectivo apostará y tendrá la posibilidad de acceder a algunos títulos limitados «gran reserva», entre los que puede haber alguna rareza española de la que jamás hayamos oído hablar.

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España es objeto de grandes retrospectivas en el extranjero. 

Paradójicamente, es este clima y modelo basado en la exclusividad el que puede estar despertando las ganas de reivindicar nuestra historia musical, un sentimiento que hasta hace dos o tres años tan solo se observaba en 4 o 5 sellos nacionales; Munster Records (ViNiLiSSSiMO, Vampisoul), Wah Wah, Domestica Records, Guerssen o Fauni Gena son algunos de los poquísimos ejemplos. Es este deseo extremo por sorprender al potencial comprador de vinilos y artilugios «de lujo» innecesarios el que ha llevado a marcas como Finders Keepers, EM Records o Music From Memory a rebuscar en nuestros archivos y así incitar a una nueva generación a volver la vista atrás sin prejuicios de ningún tipo.

Recuerdo una entrevista que mantuve en 2013 con Javi Bayo, en la que el madrileño desvelaba los secretos de su influyente recopilatorio junto a Vampisoul, «Fetén: Rare Jazz Recordings From Spain 1961-1974», una iniciativa que hoy puede parecer obvia pero que en su momento contribuyó a dar validez a un modelo inexistente en nuestro país. Siguiendo el patrón de discográficas como Jazzman, se presentó una selección de grabaciones que representaran una época jazzística más o menos fértil en España, aquellas que llevaban ya tiempo despertando más interés en países como Japón que en nuestra propia zona.

Según él, «había material suficiente de calidad como para poder plantear un proyecto recopilatorio centrado exclusivamente en el jazz, algo que sorprendentemente, nadie había hecho antes». Bayo puntualiza además sobre algunas contradicciones y realidades con las que se encontró en el proceso de selección de piezas, discos, y posteriormente tras el lanzamiento de la recopilación:

-Muchos de los discos que aparecen en el título fueron productos de multinacionales, y a pesar de eso, algunos son prácticamente imposibles de conseguir por la escasa producción de los mismos debido a las ridículas ventas del Jazz en la España de la dictadura. En cambio, una iniciativa así solo es imaginable en nuestro tiempo si observamos a un sello independiente detrás de ella.

«El EP de Tino Contreras, por ejemplo, procede de una minúscula discográfica de Madrid, Berta, que estaba especializada en publicar discos de promoción para que los artistas pudieran entregar a los dueños de las salas, en busca de bolos, y hacer ventas muy reducidas en los propios conciertos… El propio artista no conserva una copia de su disco y hace tiempo le tuve que enviar por email unos mp3 para que pudiera volver a escuchar sus temas».

-En España, hasta Pedro Iturralde y hasta finales de los 60, no hubo una intención clara de diferenciarse de los referentes y pautas musicales americanas; de hecho, y como comenta también Suso Saiz en una entrevista con este portal, en España se tendía casi siempre a la fagocitación y a la unión de influencias importadas:

«La mayoría de artistas presentes en “Fetén” muestran un estilo receptor directo de sonidos como el West Coast, el cool jazz del Modern Jazz Quartet o un hard bop casi de manual. A partir de mediados de los 70 se populariza en nuestro país la fusión del jazz con ritmos brasileños y latinos, se reincide en su encuentro con el flamenco, hay encuentros con el rock, etc».

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Es obvio señalar que son acciones como «Fetén: Rare Jazz Recordings From Spain 1961-1974» las que provocan que recaiga un interés renovado y no habitual en las piezas que se escogen y seleccionan, aumentando así la demanda y atención en una escena en particular o un artista en concreto (lo mismo ha pasado con el crucial «La Ciudad Secreta. The Experimental Sounds Of Barcelona 1971-1991» de Jaime Gonzalo).

En este sentido y hablando concretamente del creciente modelo de la reedición, que un título así, de este tipo, haya tardado tanto en llegar a ser «relevante» evidencia que España está todavía en su prehistoria (como Bayo y Vampisoul, el hoy disuelto sello madrileño HiTop Records ya dio forma a un primer intento de ilustrar sobre la época en «Improvisto!»)

Personalmente, el primer ejercicio de reedición que recuerdo dio un valor inusitado a un producto local fue la recuperación del álbum homónimo de la banda catalana Música Dispersa por parte de Wah Wah en 2002; fue en mi primer viaje a la tienda del Raval cuando tuve mi primer contacto con la música de Jaume Sisa, y también un catálogo que en años anteriores ya había recopilado a Pan Y Regaliz y reivindicado a Vainica Doble, el combo Màquina! y a la banda de origen alemán Evolution, producida por Artur Mas.

Vampisoul comenzó en 2001 su andadura reeditando durante varios años todo tipo de material orientado al Soul, Funk, Latin y Jazz; desde Joe Bataan a Candido, pasando por los Fania All Stars o The Last Poets, aunque no mostrando en un principio intenciones de recuperar nuestro pasado musical. Fue en 2007 cuando la marca recupera el 7″ pulgadas «C’mon Get Dancing / Soul Drummer» de Los Fulanos, el combo de Boogaloo de Barcelona.

Al hilo y en el mismo 2007 apareció la compilación de éxito «Achilifunk: Gipsy Soul 1969-1979», impulsada por Lovemonk y Txarly Brown. Compuesta por singles de Rumba catalana y las rarezas que mejor ejemplificaban la relación entre el movimiento local y las genéricas del Funk, el Soul o el Rock psicodélico, la recopilación contribuyó a ver con otros ojos, a renovar el interés por la época dorada de los Gato Perez, Los Fulanos o Peret, descubriendo a su vez a un montón de grupos y artistas de los que quizá habíamos pasado por alto sus grandes producciones y brillante instrumentación.

Desde que irrumpiese ViNiLiSSSiMO en 2009, con su enfoque claramente dedicado a recuperar desconocidas grabaciones que tuvieron lugar en nuestro país, la atención a nuestro legado musical había seguido siendo anecdótico y cercano a lo irrisorio; desde la discográfica ligada a Munster, se reeditó material de los Brincos, Pata Negra, Elkin & Nelson, los Canarios, la banda Fusioon o los dos «Jazz Flamenco» de Pedro Iturralde.

Fue la reedición del tercer álbum y obra cumbre del combo de Rock progresivo Fusioon (fundada por los hermanos Camp, Jordi y Manel, en Manresa, buscando unificar la tradición y folclore popular catalán con las enseñanzas de formaciones como Focus, King Crimson o Soft Machine), «Minorisa», la que desencadenó el recopilatorio que en 2010 dedicó al grupo del sello Finders Keepers controlado por Andy Votel.

Domestica Records se fundó en 2011 con la intención de poner en contacto a usuarios locales e internacionales con algunos oscuros productos de la era de experimentación Cold Wave y Synth-Pop en España; el recopilatorio «Non Plus Ultra 1980-1987» fue para muchos la puerta de entrada a Línea Vienesa, Fernando Gallego o TodoTodo.

Más tarde, el sello dirigido por Jordi Serrano ha recuperado a proyectos independientes de brevísima trayectoria, como fueron Kremlyn, Funeraria Vergara, Interaccion o Terminal, realizando un esfuerzo inusitado hasta el momento. En 2015, Domestica Records reeditó el recopilatorio «Pas De Deux», de 1985 y uno de los lanzamientos pioneros del sello Auxilio de Cientos (Ani Zinc, Neo Zelanda, Diseño Corbusier, etc) en dicha década.

Guerssen (definido por David Puente en una pasada entrevista con su fundador, como «la alternativa de las “terres de ponent” de la barcelonesa Wah Wah Records o la mancuniana Finders Keepers»), a través de su sub-sello Sommor, reeditó recientemente el único trabajo del proyecto catalán de hibridación Rock Proyecto «A», recuperando las grabaciones inéditas de un segundo LP titulado «Proyecto B».

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En cuanto a la época del prolífico Madrid musical de la primera mitad de los 80, aquel que en pleno renacimiento cultural después de la muerte de Franco hizo florecer propuestas de tono étnico y conectadas con el Ambient o el New Age como Nuestro Pequeño Mundo, Atrium Musicae de Madrid (Gregorio Paniagua), Finis Africae, La Orquesta de las Nubes o ISHINOHANA, nuestro contacto real con la música de estos artistas y proyectos ha llegado a través de una discográfica extranjera.

Desde Japón, los expertos de EM Records titularon a su recopilación sobre Finis Africae como «A Last Discovery : The Essential Recordings, 1984-2001», un release a raíz del cual el mercado discográfico independiente se ha ido adentrando en una de las comunidades menos reivindicadas de nuestra historia. Después del recopilatorio, editoriales como Emotional Rescue o DDS han mostrado énfasis por relanzar la música de Mecanica Popular (Luis Delgado) o Javier Bergia.

Después de que en su segunda referencia, el sello ubicado en Ámsterdam Music From Memory se centrara en recuperar algunos de los esporádicos experimentos con cajas de ritmos y sintetizador del mallorquín Joan Bibiloni (encapsulando algunas de sus rarezas que coqueteaban de forma difusa con el New Age o el Ambient), en 2016 presentan «Odisea», primera recopilación publicada sobre un artista tan importante para nuestro desarrollo experimental en España como es Suso Saiz.

Abel Nagengast, Jamie Tiller y Tako Reyenga tienen serias intenciones de seguir explorando el extenso y diverso legado del gaditano, centrándose en su discografía en solitario o en proyectos pioneros como Música Esporádica o La Orquesta De Las Nubes. Como ya comentó Joan Bibiloni, lo que más le gustó de trabajar con Music From Memory fue «el respeto profundo que la compañía mostró por su obra y música».

Seguirán entonces llegando nuevas retrospectivas y reediciones (la más apasionante en el horizonte, la que dedicará ViNiLiSSSiMO al clásico de Eduardo Polonio, «Acaricia El Mañana»), unas con un mayor riesgo detrás y otras con mucho menos, unas desde nuestro ecosistema discográfico y otras desde sellos internacionales; lo que debemos preguntarnos es si realmente nuestro sistema local está preparado para recibir y distribuir como se merece una acción tan particular, si está preparado para ofrecer una mejor exposición para el producto que cualquier marca británica y responder a los crecientes esfuerzos y deseos de reivindicar y reescribir nuestra historia musical.

«Si ahora mismo existe una mayoría de «joyas españolas» que se publican en el extranjero, sinceramente, este es un tema que desconozco, pero yo no tengo esta percepción. Por nuestra parte [Domestica Records], hemos publicado muchos discos con bandas de nuestra geografía que mucha gente a considerado «joyas» (tanto españoles como extranjeros), y seguimos trabajando con esta idea. Si sellos extranjeros quieren hacerlo también, pues bienvenidos sean, la competencia nunca es mala. Bendito sea este «problema»!»

–Jordi Serrano.