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Él era la revolución

5 revoluciones que llevaron su símbolo, el de Prince, y cambiaron para siempre la industria musical.

03.05.16
Frankie Pizá

Primera ilustración por Chip Zdarsky.

Segunda ilustración por Pierre Ferrero.

Sexta ilustración por Kagan Mcleod.

Consulta aquí nuestro análisis sobre cómo Prince profetizó la música moderna, y recuerda aquí los 12 momentos musicales ineludibles de su carrera. 

Prince era un tipo travieso. Un provocador que siempre pensaba de forma retórica. Cualidades inimaginables si hubiéramos tenido que basarnos en cualquiera de sus apariciones públicas o entrevistas; tan solo su perversa sonrisa era lo que dejaba escapar como expresión de su yo interior, un universo construido a partir de dualidades físicas, artísticas y mentales, contradicciones, sentimientos reprimidos y una lucha continua por “ser único y diferente”.

Cuando arqueaba su labio superior izquierdo y miraba a su público con inmoralidad: allí dejaba entrever su cara B, su lado oscuro, su infinita capacidad de experimentación y fantasía. Al hablar fuera del escenario se mostraba pausado y formal, todo lo contrario a cuando saltaba a uno o se encerraba en su estudio a dar forma a su electrizante discurso musical y libinidosos sentimientos.

Se esforzó en trayectoria y vida por desdibujar líneas estilísticas, raciales, morales y en cuanto a su propia identidad, ya fuera de forma natural o impuesta. Empezando por su piel, su mestizaje, siguiendo por la androginia natural que fue perfeccionando estética, comercial y psicológicamente desde su segundo álbum o su combate interior entre quedarse en el lado de la juerga infinita o el del retiro espiritual.

Su excéntrica persona, que casi siempre se desarrollaba en privado, generaba confusión en la corta y larga distancia; desde los que le acompañaron como músicos o asistentes, a una audiencia universal que no solo conoce su obra y conciertos, también los rumores, la mitología y las diversas interpretaciones que tenía su imaginario. Negro, blanco o púrpura. Hombre, mujer o por encima de eso. Homosexual, heterosexual o bisexual.

Acabando por su propia obra musical, en la que Prince pensaba como lo hace un director de cine: cada cámara, cada foco, cada actor y actriz está a sus órdenes, son partes de una visión global y él es el último responsable de la forma final de las interpretaciones y el montaje. Su catálogo es el mejor sinónimo de su pensamiento: un laberinto o rompecabezas que no tenía una forma fija, sino que necesitaba de reconstrucción y evolución constante.

Ya fuera de forma desenfrenada, fortuita o pensando únicamente en llamar la atención, Prince estuvo creciendo toda su vida en todas las direcciones y no en una sola. Su personalidad era un mapa de bifurcaciones, cambios de sentido y conexiones al que, como su obra completa, solo él tuvo acceso total. Cada una de sus facetas o propiedades ocultaba una segunda o tercera lectura que siempre concluía en un requisito muy básico: saciar su deseo.

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Desenfreno creativo: Prince profetiza el artista moderno. 

En una entrevista no publicada para Rolling Stone en 2014, Prince desveló detalles sobre su archivo oculto:

“Prince: I’ve never said this before, but I didn’t always give the record companies the best song. There are songs in the vault that no one’s ever heard. There are several vaults; it’s not just one vault.”

“Rolling Stone: Are there full unreleased albums?”

“Prince: Yeah, I like time capsule stuff. I have a couple Revolution albums in the vault and two Time albums, one Vanity 6 album … and tons of stuff recorded in different periods. But so much gets recorded that you don’t have time to compile everything. In the future you could put all the best stuff from one particular time period together and then you can release it. It’d just be like if we found a Sly and the Family Stone album and they saved their best stuff. If that’s even possible!”

Dez Dickerson, uno de los músicos más cerca de Prince en los inicios de su carrera y apogeo, comentó que con el nombre de la banda The Revolution, el de Minneapolis pensaba no en un grupo, sino en “una revolución”, “un movimiento”.

Su acompañamiento debía ser una encarnación de lo que él era y quería mostrar al mundo: una banda interracial, sin jerarquías y con perfiles culturales muy distintos que expresaran sus motivaciones a la hora de difuminar las reglas de raza, sexo y estilos musicales. Con cada una de sus formaciones, Prince ha querido generar algo más que música, aunque siempre tuvo claro que él iba a ser el que iba a manejar los hilos de cada movimiento, como obstinado y enfermizo narcisista que era.

Un Prince con menos de 18 años ya decía a los componentes de Grand Central cómo debían tocar sus propios instrumentos. Desde su debut en largo, ya exigió una libertad creativa e individual total, rechazando la oportunidad que el mismo Maurice White de Earth, Wind & Fire le produjera. Su prolífica creatividad se extendía desde los ensayos en estudio, a los conciertos o a sus sesiones domésticas de forma pasional e irrefrenable: “Si dejo de hacer música, moriré”.

La obra de Prince se estableció casi como una analogía de su pensamiento, una abstracción en la que se combinaron y contradijeron el éxito masivo y la reputación underground: había un Prince comercial y público, un Prince guarro, un Prince masculino, un Prince femenino, un Prince espiritual y un Prince experimental. Se ha teorizado que su segundo álbum homónimo y “Controversy” fueron hechos como los hubiera hecho un mercenario: buscando capitalizar y extender la reputación y fama otorgados por los precedentes, “For You” y “Dirty Mind”.

The Time fue el grupo que siempre quiso formalizar y el escenario para su experimentación más desbocada, hasta que se dio cuenta (en la gira con “Controversy”) de que aquel tándem de teloneros podía dejarle en evidencia o superarle. Vanity 6 fue su forma de sacar a relucir la chica viciosa sometida al juicio de todas las miradas que llevaba dentro, mientras que con Camille quiso convertirse musicalmente en esa chica.

Fu justamente en aquella época, comienzos de los 80, cuando Prince comenzó a notar que su ansiedad por nutrir su variopinta cartera de perfiles musicales distintos arrinconaba su obra principal; al mismo tiempo, los músicos que gesticulaban y representaban sus diferentes alter-egos se sentían comprimidos dentro de un plan que ni era programado ni ejecutado por ellos. Prince solo tenía dos manos, una mente y 24 horas al día para imaginar y componer, pero necesitaba vehículos para llevar a cabo todas sus ideas.

La creatividad de Prince era excesiva y desenfrenada, una enfermedad crónica que necesitaba calmar y a menudo mantener en secreto; ya fuera por su contrato con Warner Bros. o por su preferencia de anonimato, Prince generó decenas y decenas de pseudónimos y proyectos alternativos que ayudaron a poner límites y vías a un talento patológico.

Con ello consiguió ramificar un historia creativa que se asemeja a su lista de filias y una metodología igual de depravada; Matt Thorne sugiere que en las caras B o piezas no oficiales de Prince más legendarias, tipo “Billy’s Sunglasses”, se encuentra el Prince más placentero y desnudo. Un tipo poniendo a prueba a las máquinas y a sí mismo, extendiendo un track hasta desfallecer, tal y como solía hacer con sus farras.

Sexo, Rock, indefinición y espiritualidad.

Prince Roger Nelson parecía provenir de un linaje de músicos afroamericanos en los que la extravagancia y el contenido explícito eran habituales; Parliament/Funkadelic, Blowfly y otros ya perfilaron la irreverencia, descaro y ostentación que Prince expresaba, aunque nunca desde un punto de vista tan refinado y ambiguo. Musicalmente venía de Shuggie Otis y el Blues fue su primer canon, aunque después de querer perfeccionar los códigos de Sly Stone procuró elaborar un sonido propio y distinguible.

“Soft And Wet” es el primer gran single de Prince, incluido en su primer largo y co-escrito junto a Chris Moon, el que anticipó su temática más recurrente: la sexualidad, tratada desde la sinvergüenza, la disparidad y persiguiendo la censura o el rubor del público.

Un tipo de baja estatura peinado con laca, cursi y montado de su Pegaso; tras su segundo álbum, Prince comenzó en los conciertos a profesar el libertinaje e incluso a tomar como hábito preguntar al público si quería “bañarse con él”.

Aquel disco incluía “Sister”, un single que describía un incesto con pelos y señales y planteaba por primera vez una de las situaciones favoritas de Prince: verse sometido e incluso humillado por una amante mayor que él.

Su uso exagerado del falsete, el maquillaje, los pendientes, los tacones, los escotes, los gestos guarros e insinuaciones eran lo de menos en los conciertos: Prince hacía apología de la homosexualidad y al momento se convertía en un masoquista, entregando su timón a manos de una mujer. Sumisión, lesbianismo, posesión, frustraciones sexuales o un esporádico complejo de edipo tenían sitio en sus letras, perfecto contexto para la primera estrella afroamericana que jugaba abiertamente y sin temor con la indefinición sexual y de género.

Uno de los pocos conciertos que se disponen por partes en YouTube es el famoso ocurrido el 31 de enero de 1982 en el Capitol Theatre (Nueva Jersey): Prince y The Revolution tocan una versión extendida de “Head” que concluye con el de Minneapolis masturbando su guitarra durante varios minutos y simulando un orgasmo con el que concluye la lasciva interpretación.

“I knew from the start
That I loved you with all my heart
But you were untrue.
You had another lover and she looked just like you
Bambi, can’t you understand?
Bambi, it’s better with a man.”

–Prince en “Bambi”.

“When Doves Cry” es un autorretrato sadomasoquista, en “Darling Nikki” se habla de “masturbarse con una revista”, “Bambi” trata de convertir a una lesbiana y en canciones como el bootleg “Extra Loveable” o “Lust U Always” Prince se muestra como un sádico que llega a amenazar con la violación.

En “If I Was Your Girlfriend” va más allá y dice cosas como “I think of myself as a lesbian”, dando a entender que las líneas de “género” son en realidad una barrera para disfrutar del amor en plenitud. Prince se imagina en esa canción, segunda en su personal “Songs In The Key Of Life”,  “Sign ‘ ☮ ’ the Times” (1987), trascendiendo esos límites.

En “Computer Blue” o, más bien, en su relación con la pareja homosexual Wendy Melvoin y Lisa Coleman (las mismas que subieron a recoger el Óscar que Prince ganó por Purple Rain), encontramos una de las contradicciones más gráficas de lo indómito de Prince en cuanto a sexualidad se refiere.

Ambas aparecen al principio del single narrando el comienzo de una relación sexual (“Wendy? / Yes Lisa / Is the water warm enough? / Yes Lisa / Shall we begin? / Yes Lisa”) que no deja claro si incluye al cantante o no, y tiempo después los rumores dirían que ambas abandonaron The Revolution porque el de Minneapolis las obligó a dar por concluida su relación. Resumiendo: Prince fue un icono para la comunidad homosexual que estuvo abiertamente en contra del matrimonio homosexual.

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“Don’t worry, I won’t hurt you. I only want you to have some fun.”

–Prince en “1999”.

“1999”, uno de sus álbumes más arriesgados musicalmente hablando (desafiante, inaccesible por momentos, su culminación de la etapa pre-“Purple Rain”, con piezas como “D.M.S.R.”), es también uno en los que mejor resumió sus hábitos y pensamiento a principios de los 80. Desde un punto de vista “apocalíptico”, Prince imagina un mundo en mal estado y según su pulsación interna, debe obtener todo el placer posible antes de desaparecer.

La condición de un mundo irreversible como justificación para la fiesta carnal infinita. Un Prince envuelto en lo prohibido y entregado a la obscenidad expresándose como el pequeño diablillo que era, tendiendo la mano al que escucha sus canciones e incitándole a entrar en su mundo desprovisto de tabúes. La canción que recibió principal atención por su letra y música fue “Little Red Corvette”:

“U had a pocket full of horses / Trojan and some of them used / I’m gonna try 2 tame your little red love machine.”

–Prince en “Little Red Corvette”.

Pero su mejor creación unificando sexos y preconcepciones de género, aquella que representó la supuesta dualidad que tan solo él llegó a comprender en su totalidad, fue sin duda Camille.

Tanto algunos estudiosos de la obra de Prince como Simon Reynolds apuntan a que la inspiración de Prince para crear su personaje más mitificado fue la de Herculine Barbine, una ciudadana francesa intersexual (no confundirse con hermafrodita) del Siglo XIX que fue inicialmente reconocida como mujer pero obligada a abrazar la masculinidad tras un examen médico que en 1860 descubrió un “pequeño pene y testículos” dentro de su cuerpo.

Obligada a actuar como un varón a partir de la fecha, con 22 años de edad, su nombre cambió a Abel Barbin, aunque a menudo utilizaba el apodo híbrido de Camille; con 30 años y tras un largo historial de inadaptación a su nueva realidad, Barbin acabó suicidándose.

Como ya comentamos en nuestra selección de 12 momentos musicales irrepetibles en la discografía pública y privada de Prince, el de Minneapolis “grabó algunas de sus más increíbles composiciones de ADN Funk (8 concretamente, y comenzando a gestarse algunas en 1981) y aceleró su voz hasta un tono muy peculiar, aunque unas semanas antes del lanzamiento por parte de Warner Bros., el disco fue congelado. Iba a ser lanzado sin acreditar a Prince en ninguna función”.

El objetivo de Prince era múltiple: de nuevo diversificar su productividad escondiéndose bajo un nuevo proyecto, y a su vez convertirse en un “Prince aumentado” que exagerará sus propiedades vocales y obligara al oyente a preguntarse si estaba escuchando a un hombre o a una mujer. La indefinición sexual deseada por Prince representada por un alter-ego alienado y musicalmente igual de capaz al que el genio llegó a través de la tecnología y posproducción.

Atravesando MTV. 

En 2006, uno de los directores de la programación musical de MTV, Buzz Brindle, explicó que “MTV was originally designed to be a rock music channel” matizando acerca de la presencia inicial de artistas afroamericanos en el canal  que “it was difficult for MTV to find African American artists whose music fit the channel’s format that leaned toward rock at the outset.”

Por aquel entonces, y en 1983, el canal de televisión ya se había ganado una consumada reputación racista, teniendo que lidiar con denuncias públicas y privadas. Tan solo un gesto de inmenso poder y presión por parte de CBS y su presidente Walter Yetnikoff hicieron posible que “Billie Jean”, primer single del álbum “Thriller”, apareciera en la parrilla.

Fue Michael Jackson el que rompió el apartheid de MTV, aunque se tuvo que amenazar con retirar de su continuidad todo el catálogo de videoclips ligados a la compañía. En cualquier caso, y si eras un artista negro, seguía siendo difícil aparecer en radios de algunas zonas de Estados Unidos sin estelares solos de guitarra en tus canciones. O si no comprabas las estaciones, como solía practicar James Brown.

Después del hito de Jacko, la puerta para Prince se abrió en el mejor momento posible: justo en los meses antes de lanzar “Purple Rain” en 1984. Prince fue el primer artista afroamericano en aparecer en MTV sin tener que condicionar su discurso ni tener que chantajear a nadie; “Little Red Corvette” es una canción Rock pero es Prince al mismo tiempo, no necesitó a Eddie Van Halen (“Beat It”, en cambio, sí) como añadido ni puede decirse que perjudicara a su discurso musical.

Prince hizo el Rock negro que aceptaron los blancos manteniéndose firme y entrando por la puerta de MTV sin arrodillarse. Además, su iconografía visual, con “Purple Rain”, estaba en su máximo apogeo: una fusión de actitud libertina, mestizaje, referencias barrocas, colores cursis y en ocasiones un voluntario aspecto a “pornografía de bajo coste” consiguió la empatía de un público masivo tras la obra maestra y con la amplificación del canal. Prince dio su primera entrevista delante de las cámaras en 1985, precisamente para MTV.

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Causas, mito y repercusión de un símbolo.

“Algunos fans prefieren la idea de que el cuerno representa la fusión del hombre, la mujer y el instrumento musical” comenta Matt Thorne en su libro Prince. El significado real del impronunciable símbolo que Prince adquirió como nombre a la edad de 35 años (1993), más tarde acuñado como el “Love Symbol”, ha sido un enigma desde la rueda de prensa que el cantante organizó para informar sobre la decisión; “confundió de tal manera a los medios que tuvo que seguir aclarando el asunto durante los dos años siguientes”, según Thorne.

Al parecer, Prince oyó una voz que le desveló que ese debía ser su nuevo nombre estando con Mayte García en Puerto Rico: “Fue una forma bonita de montar una historia biográfica al estilo de un superhéroe, pero el símbolo fue una parte del desarrollo de su iconografía durante años, al que ahora había añadido el cuerno extra de uno de los símbolos alquímicos de la esteatita”.

Prince creía que Warner Bros. había “mercantilizado su nombre”  y por eso adoptó un símbolo como Prince logo.svg, maniobra que saltaría a los rotativos dos meses después de anunciar el de Minneapolis que ya no iba a grabar más álbumes de estudio para la discográfica; como contrapartida, les ofrecía la posibilidad de rescatar canciones de su enorme archivo.

Tras las renovaciones de Madonna o Janet Jackson en Warner Bros., Prince quiso acaparar los focos hacia él consiguiendo un contrato más jugoso, no contentándose con estar a la misma altura y al mismo tiempo buscando formas de escapar de la multinacional y editar toda su música libre de ataduras y condiciones mientras ponía parte de sus esfuerzos en otras disciplinas como el teatro.

Si su nombre ahora era Alan Leeds comentó que a raíz de estos conflictos con Warner, Prince comenzaría a vislumbrar nuevos caminos para la distribución de su música, ésta vez sin intermediarios. Tal y como el road manager reveló a Matt Thorne:

“Mantuvimos una conversación en la que dijo que teníamos que empezar a publicar discos nosotros mismos porque Warner no podía absorber el producto que él lanzaba con la suficiente rapidez, y esto fue lo que condujo a abrir el camino precursor de la descarga de música. Dijo que la idea de ir a las tiendas de discos era innecesaria y estaba caduca”.

Si su nombre era ahora Prince logo.svg, Prince ya no se vería limitado por Warner Bros. y con una genial jugada, acapararía la opinión y desconcierto en los medios renovando el interés por su maltrecha figura creativa desde comienzos de los 90. Alimentar la mitología siempre estuvo dentro de los planes del músico, así como el marketing que pudiera generarle un movimiento al que nadie jamás había recurrido hasta el momento.

A nivel gráfico, Prince ya utilizó una primera versión de su reconocido símbolo en el álbum “1999”; algunos analistas observan referencias dadaístas en la “necesidad de independencia” del artista al querer crear su propio signo o “carácter”, aunque con los años y panorámica adquirida el símbolo se ha convertido en la perfecta síntesis de un iconoclasta como él que quiso difuminar y de alguna forma unificar géneros, estilos musicales y aspectos sexuales y raciales.

Todo se reduce a un color. 

“When I woke up this mornin’, could’ve sworn it was judgment day / The sky was all purple, there were people runnin’ everywhere / Tryin’ to run from the destruction, you know I didn’t even care.”

–Prince en “1999”.

En una pieza para The Guardian, el consejero de la Casa Blanca en aspectos medioambientales Van Jones comentó sobre la secreta y desinteresada labor solidaria de Prince: “He cared about life and love and freedom. His politics were not red. They were not blue. They were purple. He had a mind that let him see answers – musically, spiritually, even politically.”

El color púrpura parecía estar presente en todo lo que emanaba de Prince; el color le envolvía e inundó su imagen pública y privada. Su tonalidad era un lavanda de media intensidad, parecido al de los Minnesota Vikings en la NFL, que ha generado reflexiones y teorías desde que su uso por parte del músico se convirtió en seña de identidad establecida.

Nada más gráfico y ninguna síntesis más exacta para el de Minneapolis que el púrpura. El color tiene un gran peso en la Biblia y está relacionado tanto con la religión cristiana como con la creatividad, ambigüedad, la lujuria o el sexo, y por eso es casi una analogía de Prince. El artista hizo de su pensamiento y pretensiones sexuales parte esencial de su discurso mientras profesaba una fe cristiana insobornable.

Es un color sagrado y en la antigüedad relacionado con la realeza y el poder, ya que al ser una fórmula compuesta de rojo y azul resultaba difícil de conseguir. Es normalmente asociado al día del juicio final o apocalipsis, a un cielo en período de destrucción, temática que obsesionó a Prince y que se convirtió en una de las más recurrentes de su carrera.

Jimi Hendrix, DJ Screw (y las legiones de artistas inspirados en el Rap hecho en Houston o la técnica chopped & screwed) o recientemente Future se apoyaron en el color desde un léxico y connotaciones alucinatorias, la sobrecarga sensorial, mientras que para Prince el púrpura tenía que ver con la abundancia y con su condición inclasificable.

“And let me guide you to the purple rain.” Algunos teorizan diciendo que la inspiración de Prince llegó a través de la obra de ciencia ficción de Samuel R. Delany Dhalgren, donde el protagonista responde al nombre de “el niño”.

La “lluvia púrpura” puede interpretarse como una forma de apocalipsis; el mundo se tiñe de ese color mientras se desmorona a tu alrededor y al de la persona a la que amas; Prince servirá como guía e inspiración.