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Hasta el piso (por derecho): las mujeres en la pista de baile

29.01.18
Carles Novellas

Un artículo de Alicia Álvarez

El triunfo de músicas populares como el dembow, el reggaetón y el dancehall ha dibujado un nuevo escenario, un nuevo espacio performativo donde la mujer y lo queer toman un rol protagonista. El club, entendido románticamente como el espacio inclusivo por excelencia, ha evolucionado a lo largo de la historia de la música, reconfigurando la distancia y la forma de interactuar entre los diferentes elementos que toman parte en la puesta en escena de la cultura de club. Desde el hedonismo del house primigenio a la aceleración del gabber o la carga sexual de los ritmos latinos.

Aquel “All the girls to the front” que gritan con fuerza las protagonistas del documental “Queercore. How to Punk a Revolution” vuelve a ser una frase clave para entender el funcionamiento actual de la música urbana, y no sólo la de los márgenes. Es la frase que Princess Nokia ha hecho casi suya, la misma que Bad Gyal pone en práctica sin tener siquiera que pronunciarla. Es innegable que artistas como ella, Ms Nina, La Zowi, La Favi o Jedet están haciendo mucho por cambiar los estereotipos y roles de género en la música y en el club. El reggaetón como la zona inclusiva del momento.

Aunque todavía quedan personas estancadas y empeñadas en unir el reggaetón con el machismo sin darse cuenta de lo que está ocurriendo a su alrededor, el resto del mundo avanza.

El perreo es la manera de bailar el reggaetón. Como la mayoría de los bailes latinos, se baila en pareja, pero las “mujeres […] bailan para ser ‘miradas’, tanto por sus parejas, por otras posibles parejas, y por otros espectadores, usando sus cuerpos como un (su) recurso más importante”

(Fairley en Rodrigues Morgado, 2012: 39).

*Añadimos a la cita: y no solo bailan para ser miradas. El baile como otra forma de comunicación en el club.

Algunos de los colectivos con más peso en el underground nacional como Brrrrrap (Madrid) y Trill (Bcn) llevan tiempo apoyando este tipo de noches de club que tienen los sonidos latinos y de los márgenes como protagonistas. En esta línea, en 2015 en Barcelona aparecía Marabú y en 2016 Fuego. Y en 2017 nacía CHICA, con sesiones dirigidas por y para mujeres. Hablamos con todo ellos, en perspectiva y en presente. Y también con Lapili, artista interdisciplinar, bailarina de dancehall queen style, afrobeat, hip hop… y además profesora de baile.

Line up feminista, más allá de lo trendy

Si el feminismo pasa por una etapa trendy en los sectores mainstream (algo que me parece muy positivo, solo hay que saber aprovecharlo para que penetre en la cultura popular más allá de las camisetas de H&M), los ritmos latinos han sido los aliados perfectos para el empoderamiento de la mujer en el club.

La pregunta ahora es, ¿está la pista de baile ready para ser un espacio seguro para la mujer? ¿O sólo puede llegar a serlo en determinados espacios minoritarios y alejados del mainstream? Con los sonidos latinos afincados en la pista actual como algo normal, ¿hemos superado determinados comportamientos-estereotipos como que si una mujer baila con el culo en pompa no es una señal de que está buscando sexo?

Así, el baile es, por un lado, una visualización de la atracción sexual, como también de emociones y pensamientos, permitiendo así el control del cuerpo y la libertad de utilizarlo de ciertas formas, y por otro lado, un canal abierto de comunicación, exponiendo feminidad, masculinidad, pensamientos feministas, tensiones entre los sexos, creando así tanto desafíos como alternativas (Rodrigues Morgado, 2012: 63).

Es obvio que en este nuevo escenario la mujer se convierte en parte esencial de la performance, algo que en la mayoría de músicas de club no existía.

Llevo desde los 14 años (ahora tengo 32) yendo a conciertos y clubs casi cada semana y durante muchos años me he sentido en segundo plano como mujer dentro del espacio performativo. Cuando íbamos con mis amigas a conciertos de hardcore o punk, el pogo lo hacían los tíos; a veces nos metíamos pero lo fácil era que salieras magullada. Cuando íbamos a conciertos de indie o pop las primeras filas siempre estaban llenas de tíos quietos mirando y casi analizando el concierto. Si con las colegas nos animábamos y nos poníamos a bailar los tíos nos miraban mal o nos llegaban a decir cosas en plan “eh, que esto es un concierto, tranquis…”.

(Alba Blasi, organizadora y co-fundadora del Club Marabú).

Marabú lleva dos años apoyando la ruptura de géneros (tanto musicales como sexuales) con una programación que sirve de escaparate de su ideología:

Con el Club Marabú veo que es diferente a mi experiencia pasada. Veo que la sensación de disfrute es más compartida y que no hay ningún tipo de prejuicio, sobre todo en torno al género. Creo que también ha contribuido el hecho de llevar a muchas artistas femeninas al club, casi en todas las ediciones, y sobre todo lives. Ver algunos de los primeros conciertos de artistas como Bad Gyal, Ms Nina o Somadamantina en horario de club, con la gente pasándoselo tan bien, bailando, cantando, riendo… ha sido de los momentos que me han hecho más feliz en el club

(Alba Blasi)

En CHICA (Madrid) decidieron crear un espacio en el que la mujer se sintiera no sólo segura sino empoderada; y que ese empoderamiento fuera más allá del club:

CHICA ha sido creado para romper la hegemonía en el mundo de la noche de varones cis hetero y sacar a la luz la presencia de todos los colectivos que se ven excluidos. El fin de CHICA es crear un espacio de empoderamiento femenino, desde el punto de vista tanto de quién produce como de a quién va dirigido, es decir, hecho por chicas y destinado a chicas.

CHICA es un espacio de empoderamiento, y no ya solo desde el punto de vista directo de visibilizar a artistas femeninas que a lo mejor de otra manera no hubieran tenido la oportunidad de darse a conocer en Madrid, sino también teniendo un efecto catalizador para otras chicas. Si nuestro espacio puede conseguir que las chicas empiecen a moverse, qué más podemos pedir.

La incomodidad y, en algunos casos, violencia y abuso que las chicas hemos experimentado en la pista a lo largo de años –que aún persiste en la mayoría de los clubs- va disminuyendo gracias a este tipo de iniciativas. En las fiestas Brrrrrap, son las propias miembras del colectivo quienes prestan atención para que las mujeres de la pista de bailen no sientan su espacio invadido por los hombres.

Cuando vemos a alguien pasárselo muy bien pero haciendo que otras personas no lo pasen tan bien hablamos. No solo con el baile, sino en general, solemos estar alerta por si vemos a alguien sentirse molesto con la actitud de otra persona. Recuerdo también haber sido muy exagerada bailando con otras compañeras al lado de unos tíos. Estaban poniéndose babosos con algunas chicas, nosotras pasándolo muy bien. Nos dio pereza entablar diálogo, así que bailamos y bailamos hasta que les ganamos el terreno y los relegamos a una esquina. Creo recordar que captaron el mensaje

(Topanga Kiddo, executive dancer en Brrrrrap)

Brrrrrap siempre ha defendido los ritmos latinos como una vía para que la mujer reivindique su derecho a hacer lo que le dé la gana.

A decir verdad, creo que las mujeres llevan el peso del baile en nuestras fiestas. Esto no quiere decir que los hombres no bailen, sino que hay mucha más dedicación, mucha más performance en algunas mujeres que vienen a bailar Brrrrrap. Creo que es algo que se ha mantenido en el tiempo; al principio, esas mujeres éramos las que rodeamos el núcleo duro de la crew. Que nuestras amigas hayan estado desde el día 1 bailando como si no hubiera un mañana creo que ha ayudado a que otras mujeres se sientan mucho más cómodas bailando, soltándose, etc. el sentido del ridículo o vergüenza se diluyen muy bien en alcohol y sororidad!

(Topanga Kiddo)

Más allá de modas, los clubs y los festivales (al igual que los medios de comunicación) tienen la responsabilidad de ofrecer contenido donde exista la paridad. Y si no se da, como bien explica Sanatruja, hay que revisar errores:

Como promotor, pienso que hay que ponerse las pilas para que los line-ups en general no parezcan un campo de nabos. En Trill al principio no nos fijábamos, pero ahora prestamos más atención. A veces es difícil coordinarlo bien, pero si vemos que de las 4 fechas al mes no hay al menos una mujer programada, sabemos que algo hemos hecho mal.

Un promotor no es un influencer, pero existe cierta responsabilidad. Me refiero a ofrecer referentes que valgan la pena para las nuevas generaciones. Estoy pensando en esa chica de 19 años que después de ver por ejemplo a La Flaca, a Tokimonsta o a Sojuju rompiendo la disco pinchando, luego vuelve a su casa toda motivada y se propone empezar a pinchar/producir/cantar un tema.

(Sanatruja, miembro organizador/promotor de Fuego y Trill)

Ahí reside parte del lado político de la cultura del club: inquietar, remover, provocar ALGO más allá del espacio-tiempo en el que se establece el horario de la sesión. Dar fuerza a las personas que no suelen verse representadas en el imaginario común/tradicional de la sociedad.

El alcohol y las drogas son elementos que forman parte de la cultura de club. Su existencia en este marco también influye en el tipo de actitudes que se pueden llegar a tomar con respecto a las mujeres, por eso el pasado año desde Energy Control lanzaban esta campaña:

Nuevas dinámicas de baile

En el dancehall la cultura del baile es una parte esencial. Proveniente de Jamaica, las nuevas tecnologías han ayudado a que esta música se conozca alrededor del mundo y que haya terminado contaminando a muchos de los artistas actuales, tanto underground como de lista de ventas. Esto es lo que explica el análisis de Laguarta Ramírez titulado “El Perreo en la Era de la Reproducción Digital: Poder, Género y Tecnología en la Modernidad Tardía”:

La mímica de la conducta animal a través del baile no es nada nuevo en las culturas populares del Caribe, como tampoco lo son los movimientos sexualmente sugestivos. Lo que hace al perreo algo “nuevo” y escandaloso, aparte de su explicitud lírica y física, es su difusión acelerada a través de las tecnologías modernas y el mercado mundializado, a través de las fronteras geográficas, y sobre todo, las sociales. Las mismas fuerzas que primero trajeron los ritmos del dancehall jamaiquino, vía Panamá, hasta las barriadas y caseríos de Puerto Rico, han convertido las prácticas expresivas de las juventudes urbanas marginadas en una industria internacional multibillonaria.

Lapili (bailarina) lleva tiempo acudiendo a fiestas de este tipo. Procedente de Granada y afincada en Madrid, reconoce que hace falta una educación de fondo para que estos espacios sean lugares agradables para todos:

El baile es algo que ha estado siempre en mi vida. Es tan fundamental como respirar, lo necesito todos los días y me ayuda a estar más a gusto conmigo misma mental y físicamente. Al igual que la música es imprescindible para la danza. No creo que las pistas de baile tengan que estar preparadas para que una mujer este segura. Quienes tienen que estar preparadas son las personas, debemos de ser cívicos y educados y respetuosos con la gente de nuestro entorno en todos los sentidos.

Las nuevas dinámicas que surgen en la pista de baile a raíz del triunfo de estas músicas, redibujan el espacio y la ubicación e interacción entre elementos.

En Fuego (sala grande) cuando la selección musical se decanta por el dancehall, me he fijado que en la pista hay parte de los chicos que se retraen y en cambio las chicas conectan mejor con estos sonidos, pero estoy generalizando muy a lo burro. En Trill (sala pequeña) debido al techo más bajo, la sensación de ático y su reducida dimensión, se crean dinámicas de baile más interesantes. Las noches en las que le hemos dado fuerte al dembow/reguetón, las distancias entre bailarines se acortan y puedes ver a chicas twerkeando, marcándose un bend ova 90o sin complejos ni tapujos.

(Sanatruja)

En Trill, como espacio performativo, resulta interesante su carácter de “lugar de paso” entre las diferentes salas de Razzmatazz, por el contraste que se crea entre protagonistas y espectadores o espectadores que intentan desempeñar el rol de personajes principales. Esas dinámicas de baile que se crean basándose en las mínimas distancias entre los asistentes suelen llamar la atención de algunos públicos que utilizan la sala de Trill como atajo. Si eres habitual de la fiesta ya sabes distinguir entre el que se acaba de colar en la pista de baile porque va borracho como una cuba y quiere rozar algún booty (no entiende la esencia del club/es gilipollas), y quién es público asiduo (entiende la idea de la fiesta); a modo de desenlace el intruso suele verse fuera del game en cuestión de minutos.

Ante las faltas de respeto que pueden llegar a darse cuando hablamos de estas dinámicas de baile, la mayoría de estos clubs -a pesar de no contar con una normativa específica- intentan estar al tanto de que las mujeres no se vean perjudicadas de una forma u otra:

No tenemos una normativa “oficial” para ello, pero es nuestra prioridad. Creemos que en el club la gente tiene que sentirse libre, siendo y haciendo lo que quiera, pero siempre respetando al resto. Tanto en la sala Upload como en Paral·lel 37 hemos transmitido esta idea a los dueños y ellos nos han apoyado en todo momento. A parte de eso, si que nos hemos encontrado alguna vez con algunos problemas con personal de seguridad de las salas, que al final son trabajadores externos y que muchas veces van rotando. Cuando hemos visto algún comportamiento que no nos ha gustado por parte de alguna persona de seguridad lo hemos comunicado a la sala y si no se ha rectificado se ha acabado sustituyendo a esa persona en nuestra fiesta. Todavía hay mucha gente que no entiende que pueda existir libertad de género, de pensamiento, estética. Y no vamos a permitir ninguna represión en ese sentido en nuestro club.

(Alba Blasi)

Lapili afirma haber vivido algunas situaciones desagradables en las que ha tenido que intervenir la seguridad de la sala y habla de personas que justifican su falta de respeto en el tipo de baile que se está poniendo en escena:

Yo soy una mujer muy libre y me muevo libremente sin importarme más allá de mi disfrute y mi goce. No permito que nadie me haga sentir incómoda en un sitio al que he ido a escuchar música con un buen nivel de sonido y a bailar (que es mi ritual). Alguna vez se han dado situaciones desagradables y los trabajadores de la sala han echado a esas personas que no sabían comportarse. La situación más desagradable de acoso que he vivido en una discoteca fue hacia mi primo (que es mi compañero de baile). Él baila twerk y una noche una chica decidió azotarle y tirarle una copa en el culo a modo festivo como si estuviese en un club de strippers. Me preocupó bastante porque esa chica justificaba su actuación con el hecho de que mi primo movía el culo y estaba bailando twerk. Y no es la única vez que hemos vivido algo así.

Fuera del marco estatal, resulta interesante destacar la contribución de colectivos como N.A.A.F.I, quienes llevan tiempo sentando las bases de una nueva forma de club donde lo queer se convierte en protagonista.

En términos generales podemos decir que las cosas están cambiando:

Opino que hay esperanza porque aunque el clubbing parezca, y en gran modo sea, un mundo de hombres, en las agencias de artistas más importantes lideran muchas mujeres.
 Si éstas han podido romper en parte el techo de cristal, con una mejor promoción de mujeres artistas/djs en este campo, se puede llegar a un escenario más equitativo. Estamos todavía lejos, pero en los últimos años quiero ser positivo y pensar que ha habido un cierto cambio para bien. (Sanatruja)

Últimamente suelo estar más cómoda que hace 10 años; será la madurez y la seguridad en una misma, moverse en otros ambientes o salir casi siempre en grupos mixtos. Pero recuerdo noches muy violentas e incómodas en garitos en los que adoraba la música y que hacían que no volvieras nunca más. (Topanga Kiddo)

La verdad es cuando he ido a fiestas de reggaetón o dancehall a veces no me he sentido del todo cómoda, pero no creo que sea por un tema de género sino generacional. Desde hace un par de años me he acostumbrado más y cada vez me siento más cómoda, pero al principio se me hacía súper raro el momento “perreo” generalizado. Imagino que también porque, al final, muchos tíos van más allá del baile y aprovechan para acercarse a ti de esa manera, y claro, eso puede resultar bastante incómodo. Pero veo a generaciones más jóvenes que ya no tienen tantos complejos y bailan sin miedo, algo que aunque parezca tan sencillo, no lo ha sido durante mucho tiempo. (Alba Blasi)

Hemos visto una evolución desde los últimos años hasta aquí, y también depende mucho de por donde te muevas, pero para nosotras, dentro del mundo en el que salimos, nos sigue pareciendo que es un espacio controlado por hombres y cuyo target principal son los hombres, las mujeres en general son un elemento residual en este espacio tanto a nivel de creadoras como de consumidoras. (CHICA Gvng)

Podemos decir que lo que están haciendo muchos colectivos y artistas a través del reggaetón, el dembow o el dancehall es convertir esos géneros en la música de quienes, tradicionalmente, en la pista de baile, se ubicaban en un segundo plano o eran señalados y cuestionados por aspecto y comportamiento. También son protagonistas otras minorías tradicionalmente de márgenes como las clases más bajas o el escenario rural. No hay que olvidar que el reggaetón no sólo tiene presencia en el extrarradio sino también en los pueblos, en la provincia, los espacios que -desde la visión clásica- más se alejarían de los movimientos alternativos y de vanguardia. Su participación en este escenario es importantísimo en cuanto a hacer llegar determinados valores e ideologías culturales a una masa popular de grandes dimensiones. Es muy similar a los efectos positivos de que Ylenia dé visibilidad al feminismo.

A las mujeres en la música siempre se les ha visto en un papel secundario (hace unos días Qwert lo confirmaba con este tweet). Se les ha ubicado en una zona inofensiva del club (laterales, últimas filas…) y en caso de situarse en otro lugar más visible, la finalidad estaba clara: buscaban sexo con alguien del público o con el propio artista. La mujer ha sido la ama de casa + fan intensa, alejada de toda peligrosidad, sin darse cuenta que el fenómeno fan (como explican desde el Agente Provocador en este artículo sobre las raphaelistas) podía tener tintes contraculturales para la sociedad. Ahora, la pista de baile se reviste de carga sexual y en ella la mujer toma el mando, por tanto el espacio ha de ser seguro (ya sabemos que siempre debió serlo).