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PC Music: Un videojuego llamado Pop

06.11.14
Frankie Pizá

“Haribo Starmix: El surtido estrella que combina piezas de brillo, espuma y bicapa. Con zumo de frutas”.

Meter la mano en una bolsa que promete una abrumadora mezcla de sensaciones azucaradas sin temor a que nuestro organismo choque con algún extremo en el que nuestra química interna y la del producto acaben molestándose entre sí. Cuando esa acción de ingerir en demasía se lleva a un punto desquiciado, ésta provoca la reacción conocida como náuseas. ¿Quién no se ha empachado de golosinas, osos de colores, nubes esponjosas o piruletas asumiendo que podría llegar un momento en que podría enfermar por ello?

Acto seguido y ya endulzados hasta la extenuación, con el rostro pálido y las manos en nuestro estómago, si observamos la comparativa ya manida de que una lata de Coca-Cola es equivalente a un buen montón de azúcar, probablemente nos encontremos con otra sensación común en nuestro organismo y contexto físico/social: la repulsión, el asco, el rechazo.

En ocasiones me he imaginado a mi mismo consumido o directamente asfixiado dentro de la sección de Perfumería de El Corte Inglés: la unión de fragancias exagerada y el paisaje unísono de la mezcla de todas ellas puede no solo llegar a ser nocivo para nuestra salud, sino hacernos trascender de nuevo a ese extremo nauseabundo que nuestro cuerpo y nuestra mente no olvidará con facilidad. Todos queremos oler bien, por lo general. La higiene gusta en su justa medida y el exceso de la misma provoca lo contrario y lo más importante: desconfianza.

¿Cuántas veces experimentamos esa correlación cuasi inmediata de sensaciones? Avariciosos y sin restricciones, el humano de hoy es capaz de pasar de un estado de amor extremo al total desapego, sin que en su sangre haya anfetamina. Fuera de lo puramente biológico, de la acción/reacción de flujos químicos, existe el mismo proceso de contrariedad ante diversos paradigmas estéticos o de comportamiento: observar una sonrisa brillante y cegadora, la vergüenza ajena que sentimos al ver gritar desesperada a una fan histérica del cantante juvenil que, a su vez, nos repatea con su compulsivo positivismo, su adicción a realizar el cargante gesto de crear un corazón con los dedos de las manos.

Mierda: “Hay gato encerrado ahí”. Ni esa sonrisa puede ser perfecta, ni ese cantante puede ser tan positivo e inspirador siempre. Cuando observamos esos modelos estéticos o sociales que no son más que una total celebración del capitalismo y su manual de uso adquirido en el que la persona es convertida en un consumista, inmediatamente pensamos en lo que sencillamente explicaríamos como “falsedad”.

Estamos dentro de ese sistema, pero cuando una conducta sobrepasa los límites normalizados que cada sujeto tiene interiorizados, desconfiamos, llega el momento de considerar algo como “no natural”. Vivimos en un gigantesca ambigüedad que puede presentarse como ecuación para casi todo en lo que pensemos.

Por ejemplo: el aceleracionismo tecnológico y la síntesis de herramientas de trabajo nos ha empujado a un deseo o búsqueda de la perfección y máxima optimización/productividad de nuestros recursos y nuestro alrededor, y ese es un camino sin salida que puede acabar destrozando la cabeza de una persona a efectos psíquicos. Esa ambigüedad a la que nos referimos tiene que ver con la contínua danza equilibrista entre la naturalidad y la superficialidad por la que estamos sometidos a todos los niveles: forzamos nuestro cuerpo en contra de su naturaleza, forzamos nuestra mente de igual manera y así lo hacemos con nuestra vida, identidad y pensamientos.

Cuando en un momento de lucidez vemos la panorámica de un sujeto dominado por su propio plan preestablecido de cómo debe ser, cómo se debe comportar, qué tiene que leer y qué tiene que hacer durante el día a día para llegar a la realización personal reaccionamos con tristeza, pena o cualquier sentimiento parecido. Pero y si nos recreamos en ese extremo? Y si encontramos algo parecido a la belleza en ese extraño limbo que separa un comportamiento equilibrado con otro obsesivo? Y si podemos llegar a encontrar atractivo o incluso jugar voluntariamente a la exageración tan solo por el hecho de exagerar? Automáticamente ese guión deja de tener sentido: el significado invertido de algo aparentemente perfecto visto con extrañeza se anula y deja de importar. Ahora el compromiso está con el artificio.

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Es en ese punto justo, un punto previo a la ruptura, donde se deslizan y resbalan sin temor jóvenes polifacéticos que están llevando no solo al Pop sino a la música electrónica a un nuevo nivel de (in)coherencia. De hecho, una de las primeras veces que escuché a SOPHIE pensé en que probablemente se podía comparar con la actuación de un Peta Zetas dentro de mi boca: quiero pasar por ahí, quiero que esas reacciones químicas quemen en mi paladar y choquen contra mi lengua, quiero pegarme el chute pero también comprendo que habrá un momento de malestar si me excedo. Véase también: la ya común ingesta desproporcionada de wasabi o mostaza Dijon, que proporciona ese glorioso momento en el que tu sentido del olfato se anula completamente.

Si nos remontamos a la primera vez que alguno de nosotros escuchó “Bipp”, percibiremos ya desde la lejanía una sensación parecida a las explicadas al principio de este artículo: internamente aquella sucesión de sonidos eufóricos, esa taquicardia controlada y flujo anárquico de voces, arpegios y percusiones alocadas, disparatadas, nos seducía y repelía con la misma fuerza. La reacción de confusión inicial, natural y de no saber demasiado bien qué pensar sobre ese tipo de composición es la clave para entender el valor detrás de este producto revolucionario y todo lo que ha venido detrás.

“En ocasiones me he visto a mi mismo escuchando y vibrando con la música más comercial que podían ponerse por la radio. No sabía por qué pero algo hacía que entrara en bucle y deseara internamente escuchar aquello otra vez”. (Anónimo)

Existe algo bello en lo recargado, en lo sobresaturado y frívolo, aunque inicialmente nos provoque un rechazo que eminentemente tiene que ver con nuestra cultura. Pensemos en Japón, su popularizado kawaii o “amor”, “ternura” llevada a la práctica en cualquier modalidad vital o social, ya sea incluida en política, medios de comunicación, publicidad o espectáculos. Pensemos en esas estampas que combinan Manga, mucho color, rótulos estridentes y ni un espacio en blanco; las pieles casi de cerámica de lolitas orientales que parecen no haber roto nunca un plato; el disciplinado caos de sensaciones que es el país del sol naciente en sí mismo. El resultado es el mismo: atracción VS rechazo = confusión.

El choque Occidente / Oriente está impreso de forma determinante en la música de SOPHIE, A. G. Cook o bo en: es frívola de forma voluntaria, excesiva por divertimento, maximiza lo brillante, bello o resultón hasta hacerlo insano, tan efervescente que acaba saturando. Tal fórmula, entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo incorrecto, en el punto de encuentro entre lo bello y lo horrendo (o donde ambos se solapan o yuxtaponen) tan solo puede provocar una cosa: división. Y es que si algo pesa por encima de lo puramente musical en lo que proponen PC Music y todos sus contemporáneos es que es divisivo.

Digamos que no puede convencerte a medias, dejarte indiferente o no dejar huella en tus neuronas: te chifla o te repugna, lo idealizas o lo demonizas, lo entiendes o no lo entiendes. La propia propuesta empuja hacia un extremo u otro: su total entrega a la superficialidad y estética la convierten en víctima fácil de los que niegan cualquier rasgo que conecte con el mainstream. Fácil, molesto, hortera, ridículo, estruendoso o poco sustancial son algunos de los adjetivos que ha provocado la música de PC Music a lo largo de este último año.

La antesala maximalista

Otro choque más: pensemos en la historia de la música electrónica en los últimos 30 años: el diálogo máquina VS humano, el minimalismo, la dominación total del sintetizador, la era industrial, la transición a la música de club y de baile, Acid House, el Techno creado en Detroit, Deep House, la ascensión del Hip Hop abstracto, el Dubstep, el Grime o el Footwork. Miremos por donde miremos y omitiendo algunas excepciones, todos estos momentos, géneros o movimientos llevan algo de oscuridad y profundidad en su diseño.

La llegada del acuñado maximalismo, referido al Crunk o divergencias directas del sonido Purple de Joker, las ecuaciones plenas de júbilo, color y sobreactuación, sentimentalismo acelerado por parte de los Hudson Mohawke o Rustie, una generación de productores influenciada de forma determinante por la convivencia entre videojuegos y herramientas de creación accesible, fue el primer boceto de lo que hoy estamos presenciando.

“Glass Swords is full of exhilarating, ecstatic, thrilling, fun and sometimes downright silly songs, but that’s not all – It’s the sound of someone changing dance music by utterly disregarding dance music.” (FACT Mag en la lista de mejores álbumes de la década “por ahora”, en la que el primer álbum de Rustie asciende al primer puesto).

La fusión desvergonzada, la tormenta de arpegios, la explotación de sonidos baratos o directamente infantiles que aquellos chavales de Glasgow comenzaban a proponer descendía también directamente de las enseñanzas de Plug Research, J Dilla, el primer Flying Lotus, las sintonías de PlayStation, el Funk cósmico de Sa-Ra Creative Partners o el R&B contemporáneo de nueva escuela (Timbaland, et al). Quién hubiera dicho en aquel momento, cuando apareció “Butter” (Warp, 2009), que aquello iba a ser algo transitorio.

Tal y como ya se preveía, y por su carácter imperialista y colonizador, el mercado estadounidense y sus gustos acabaron imponiéndose y han infectado gran parte de las tendencias electrónicas de última generación: el Trap de Atlanta, otras modalidades o degeneraciones del Hip Hop callejero, las adaptadas al club como el Bmore o el Jersey Club, han acabado por desvirtuar aquel  (más) puro estado maximalista que ahora es más propio de los GFOTY, QT o Felicita.

Ellos son más hiperactivos, radicales,  enfermizos, menos escrupulosos y juegan más cerca de la banda que los pioneros escoceses (ambos a la deriva, cómodos y habiendo perdido la capacidad de sorprender) al amplificar hasta el extremo todo lo que tiene que ver con su música (ya sea decorado visual, voces extra-procesadas y falsas, combinación descerebrada de influencias).

Llegan además en un punto de la historia en el que cualquier cosa dentro del terreno de la música electrónica pide un cambio de ciclo: tanto en materia editorial, en el uso de Internet como lienzo en blanco para la distribución y creación del marco de cada release, así como en lo puramente musical, con el discurso revolucionario del Footwork ya asimilado y cualquier tipo de revival ya consumido en su propia grasa.

La obvia importancia del videojuego o el emoticono

“When I was really young I insisted on only reading instruction manuals. I wasn’t trying to understand exactly how everything worked, it’s just that I was really into the idea of «complexity». I was born in 1990, which was definitely the right time for that kind of attitude. I was very aware of the Internet and I was using computers in a serious way from quite an early age. Neopets taught me how to write HTML (the tutorials are still there), and aged 10 I was already using Photoshop to design websites that I’d never get round to making. At the same time I was still very childish and really into Disney, especially Mickey Mouse. Video games were the ideal meeting point between these two sides of my personality, and even though I don’t really play them anymore they were key to my audiovisual development, probably even key to my cultural expectations.” (A. G. Cook)

Hace muy poco que la Red Bull Music Academy presentaba la iniciativa “Diggin’ In The Carts”, una serie documental de seis partes que ilustraba sobre “la mayor exportación musical de Japón en los últimos años”, que no es otra que la composición y creación musical ligada a los videojuegos, un producto de entretenimiento audiovisual que ha sido denominador común en el crecimiento de las últimas generaciones.

A través de testimonios de los principales compositores japoneses de la última década y los 90 (Yuzo Koshiro de “Streets of Rage” o Nobuo Uematsu de “Final Fantasy” por mencionar dos de los más importantes), de entrevistas a pesos pesados del underground electrónico y con gran variedad de ejemplos, se traza un retrato de la influencia de ese tipo de contenido musical.

Estéticamente característico por su uso de sonidos simples y fáciles de asimilar, tuvo que tener la capacidad de transmitir un estado de ánimo concreto en unas notas y formas de onda limitadas al espacio binario. Esa síntesis emocional de algunas melodías y sintonías de videojuego acompañan aún hoy a muchos usuarios y músicos de 30 o 40 años de edad, formando parte de su genética de igual manera que lo hacen los primeros discos de Rock servidos por alguna figura familiar.

En ese sentido, y fijándonos en la ecuación de “sacar el máximo partido” a unas herramientas “limitadas” podemos observar una clara coincidencia con lo que hoy por hoy están dando a entender con su funcionamiento PC Music. Además de eso y de nuevo teniendo mucho en común con la generación anterior de productores influidos por la composición orientada a los videojuegos, la música que es lanzada por sus artistas y proyectos afiliados no solo multiplica x1000 la exaltación de ese tipo de estados de ánimo esenciales, también los comprime de forma sistemática y los convierte en un veleidoso mejunje repleto de aristas e impactos sonoros súbitos. Piensa en una secuencia de emoticonos rápida e incesante, algunos de ellos salen disparados fugazmente y otros se revuelven, tiemblan hasta explotar. Piensa en una sobredosis adulterada de estados de ánimo encapsulados y comodines para describir emociones. Eso es.

PC Music o Personal Computer Music

Diría algo más allá: PC Music ha convertido el Pop en su propio videojuego. Ya explicada la fijación por este tipo de artistas por un cultivo exagerado de lo “bello”, “reluciente” o directamente “recargado” que acaba convirtiéndolo en fútil, banal o repugnante, recreándose en el limbo del entendimiento, la confusión y la brecha entre natural o antinatural, es momento de definir qué hace, en concreto, especial a PC Music, plataforma abanderada de este nuevo, imprevisto cambio de timón que está dinamitando las preconcepciones electrónicas de muchos oyentes y de la música de baile.

Imaginar que te ofrecen el cuerpo del Pop dividido en órganos, introducidos de forma aleatoria dentro de una bolsa de caramelos: con la misma aletoriedad, tu diseñas tu propia escultura y eres libre de retorcer como quien retuerce el látex o el plástico de botella de Aquarel cualquiera de esos elementos. Alarga, estira, contrae, aplica saturación o un doble de azúcar glass, tú sabrás. Para hacerlo, tienes únicamente un PC dotado de un sistema operativo Windows clásico.

En algunos artículos en referencia a la explosión de PC Music y esta tendencia tan atractiva como enfermiza se recurre al concepto “trash-as-treasure” como llave del valor añadido de los procedimientos del sello: conseguir estructurar algo jodidamente impactante y divisorio con una herramienta precaria y primitiva es un objetivo más que loable (Dean Blunt, con su discurso provocativo y surrealista, incendiando moral preestablecida con poquísimos elementos, también puede agruparse en este concepto, si analizamos sus producciones, repletas de samples de los que se apropia sin permiso, de forma descarada, con percusiones frías y desnudas, planas, fáciles y que pueden crearse con cualquier software gratuito).

Utilicemos únicamente artilugios de estar por casa, accesibles y baratos, aquellos en los que ya nadie confía. Lo tenemos todo a nuestro alcance: catálogos digitales de tiendas como Thomann o Microfusa lloran que comencemos, en un mundo repleto de posibilidades, a rendir culto al equipamiento vintage. PC Music es también eso: el homenaje al PC como algo determinante en el desarrollo de la creación musical.

Tal y como resaltaba Albert Zaragoza Gas en un pasado artículo publicado en Concepto Radio sobre el sello, para Alex Cook “empezar un sello no es solo una manera de lanzar música, sino también una manera de operar en una estructura más grande que puede ser categorizada y entendida. El sello se llama PC Music, alude a como el ordenador es una herramienta crucial no solamente para hacer música electrónica sino para hacer música amateur potencialmente muy interesante, donde la diferencia entre un bedroom producer y un estudio profesional puede ser ambigua”.

Si con un PC puedes crear algo “super bonito”, glossy, estás entrando en la dimensión de la que hablamos. Y si ésto que has creado a partir de elementos venidos del Pop (el Dance o cualquier tendencia rompepistas mayoritaria estaría dentro de la bolsa) es una descarada festividad de todo lo que el materialismo y esa cultura nos ha regalado (logos, marcas de ropa modificadas, cosmética, identidad televisiva/tecnológica, tribus urbanas, etc), mejor que mejor. En un primer mundo dominado por la dogma Apple y la obsolescencia programada, cuéntale a alguien que hay una legión de jóvenes manufacturando la música más disparatada que puedas escuchar y rindiendo culto a un aparato que ya solo sirve para regalar al tercer mundo mientras les miramos por encima del hombro.

Imaginería: Nociva naturalidad

Si se piensa atentamente, PC Music es una imaginativa nueva encarnación de la cultura DIY. Digamos que, no conviene olvidar el tan debatido tema editorial: PC Music, y aunque a primera vista pueda no apreciarse, han dado gracias a la versatilidad artística de su equipo, con la suma de elementos perfecta para revolucionar ese aspecto.

La música es importante, pero más importante es cómo se presenta: la utilización del espacio web (libre, barato) como algo expositivo en vez de meramente demostrativo o decorativo, la unificación coherente de todos los elementos (Soundcloud, ni siquiera necesitan Bandcamp, imagen, URL, etc) y la despreocupación por darle un valor palpable a las creaciones perfecciona un punto de vista ya planteado y teorizado, pero nunca llevado a la práctica con tantísimo éxito. Calidad, cantidad e impulsividad, hagamos de eso nuestra nueva economía, y que ésta se desarrolle en un sitio no estrictamente físico, más bien virtual.

Cualquier presentación creada por PC Music siempre resulta chillona, despampanante, tan extremadamente simpática en cuanto a lo visual que podemos hasta sentir algo de malestar al contemplarla: a menudo se recrean perfectos escenarios en los que observamos pintalabios, colorete, purpurina o maquillaje, rostros de acento oriental sin imperfecciones o texturas en 3D que trasladan al universo digital un tipo de plásticos que todos conocemos: del que se hacen las colchonetas de playa, los flotadores, etc. Y el olor que desprenden estos últimos al acercar el hocico, eso también es PC Music. Regocijarse en lo tendencioso, en los elementos puramente materiales que supuestamente han mejorado nuestra calidad de vida.

El mismo Albert Zaragoza Gas describía inicialmente en el mismo artículo titulado “PC Music: Programando un nuevo código” el contexto visual de PC Music aclarando dudas sobre el concepto de net art y diciendo que los ingleses se basan en “una estética concreta que según mi punto de vista es una especie de collage digital, muy influenciada por la estética cyber en sus múltiples variables, por su iconografía despampanante y su cromatismo epiléptico. Lo japonés en su reinterpretación maximizada de lo occidental también tiene un dominio en lo plástico evidente”.

Una de las afirmaciones más reveladoras al respecto del carácter ultra-tendencioso de PC Music la daba GFOTY (Girlfriend Of The Year) a propósito de un artículo en The FADER que versa alrededor de la obsesión por lo “bello”: “I mean there’s definitely an aesthetic, and it’s cute. I don’t think people are making music cos they want it to be cute, but it’s a trend definitely”.

A.G. Cook: ideólogo y practicante

“I’ve been starting tracks in a very raw way, getting chords and melodies down using very plain sounds, basically the most boring string, flute and piano sounds my computer has. This lets me focus on coming up with interesting material before I get lost in production or sound design. Most of the time I’m just clicking everything in one note at a time, though my brain’s really adapted to that way of thinking so it feels completely natural. Once I’m working on something I like the whole process to become really open. It’s so easy to try different things and take risks if you’re using a computer. Surprising, incongruous elements always have a strong musical effect, so successful experiments usually end up defining the track.” (A. G. Cook)

Las apreciaciones del párrafo anterior son letalmente explicativas y no pueden haber sido servido por otro sujeto que no sea el principal maníaco detrás de PC Music: aunque crucialmente influido por su compañero de escuela Danny L Harle, A. G. Cook es el potencial cerebro de la plataforma, tanto en lo musical, conceptual y obviamente visual. Una de sus pocas entrevistas concedidas hasta el momento sintetiza en unas diez respuestas la esencia de la revolución:

Sobre el Pop comenta: “What interests me about pop music and commercial imagery in the first place is that it has the potential to be overwhelming, extravagant and banal all at the same time.”

Sobre sus métodos, objetivos y el concepto de “auto-limitación” tratado antes: “It’s sort of communicating something, but there’s all this extra stuff going on. By the time you try to figure out what it’s about, you’ve entered a sort of immersive world of ideas and references. Making it difficult to navigate not only adds to this effect, but it’s also a way of giving it the overwhelming, extravagant and banal potential of commercial work. It’s a particular style of craftsmanship that I could perhaps afford to ignore if I ever ended up doing large-scale commercial work, but it’s definitely a way of making a bigger impact with limited resources, like a virtuoso playing on a simple instrument or an outsider artist obsessively using a tiny object to make an enormous piece.”

Sobre uno de sus álbumes favoritos: “One of my favourite albums is Cupid and Psyche 85 by Scritti Politti, which was a conscious decision to take pop music and make it as shiny and detailed as possible.”

Sobre algunas de sus influencias básicas: “I like keeping track of the mega-producers who have been responsible for endless hits over the last decade or two – Max Martin is probably my favourite, I’m usually drawn to his tracks whether they’re for Britney Spears, Taylor Swift or Cher Lloyd. Also producers like Jimmy Jam & Terry Lewis who worked on great New Edition and Janet Jackson albums and then gradually evolved their sound to make songs like «U Remind Me» for Usher. I listen to quite a lot of RnB; I really like Cassie – some of her tracks epitomise the minimal, synthetic, almost robotic potential of commercial music, something which can sound crap when it’s done badly, but can also become a sort of perfect, untouchable product when done in the right way. I always find any kind of «extreme» pop music interesting.”

Sobre el remanente de las mismas: “J-Pop, K-Pop, Nightcore, Ark Music Factory, Hudson Mohawke and Nadsroic, Frank Zappa’s Synclavier stuff, Jumpstyle. Recently I’ve been really into Ukraine’s Eurovision 2013 entry, «Gravity» by Zlata Ognevich.”

Sobre la pubicación online LOGO, que gestiona junto a Hannah Diamond: “LOGO does all kinds of stuff, but ultimately it’s about creating content with the same aspirational energy and high level of presentation that is found in the best commercial imagery.”

Sobre Gamsonite, el banco de pruebas y laboratorio a partir del que se gestó PC Music: “Gamsonite was a pseudo-label that documented many of my initial musical collaborations. It’s quite a fun collection of stuff, and it was great for my own development, but it’s pretty hard to understand if viewed as it is. So it was basically a prototype for PC Music.

Tiene 24 años, es londinense y forma junto al ya mencionado Danny L Harle el proyecto Dux Content (su álbum, disponible en una sola toma, es el producto más esquizofrénicamente bello que ha lanzado el sello en su año y medio de vida). Se ha encargado de una gran parte de las (primeras) referencias de PC Music tanto en lo sonoro como artístico, siendo además el ideólogo general dentro de cada una de las manifestaciones del sello. “Nu Jack Swung” es probablemente su mejor entrega creativa (por ser una de las primerizas y dejar ver los destellos R&B que existen en el paradigma PC Music o los ligeros trazos que conectan con la monumental obra de James Ferraro, “Far Side Virtual”), acompañado por su excepcional y vertiginoso “Personal Computer Mix”. Recientemente, y parafraseando a mi querida HJDarger, ha demostrado que “cualquier remix es mejor que una canción original de How To Dress Well”.

“are u kidding me this is the best music i’ve heard all my life.” (comentario en Soundcloud observado en el hilo referente a “Did U Ever Love Me” de A. G. Cook junto a Patricia Edwards)

Danny L Harle: ¿Qué hace un músico metido aquí?

Es la pregunta que se hace gran parte del grueso de interesados en PC Music se hacen (“Daniel has created numerous scores for film, television and sound installations as well has having helped in the production of several pop albums”): ¿Cómo puede un tipo que ha estudiado en Goldsmiths y ya ha firmado una ópera (“As Above, So Below”) ser acreditado como el precursor de las iniciales maniobras de A. G. Cook y dar forma a singles como “In My Dreams” o “Broken Flowers”, ambos de marcado acercamiento chiptune o con trazos (in)voluntarios que apuntan al Eurotrance?

A pesar de su posición de peso, tan solo cuenta con dos contribuciones al sello. Son, en cualquier caso, suficiente: ambos singles demuestran en términos de estructura y detallismo que hay algo más que burda imitación, que no son producto de un académico divirtiéndose y pasando el rato muerto junto a juguetes infantiles. Melódicamente efervescentes y adictivas, sus notas repletas de adrenalina conectan con el receptor sin que éste pueda mover ni un solo sentido.

Mientras prosigue disfrutando de sonatas o de algunas de sus piezas clásicas favoritas del Siglo XIV, Harle se encuentra gestionando un contrato discográfico para Dux Content (con Cook) y demostrando que el conocimiento profundo de los esquemas musicales no es excusa para llegar a la conclusión de que lo más interesante es darles la vuelta. Sin pensar.

QT: Elixir energético

“It’s like the pop-music equivalent of one of Saul Bass’ corporate logos.” (Philip Sherburne)

La ironía o el sarcasmo pueden ser fácilmente ligadas al discurso de PC Music y, en concreto, su más reciente y parcial creación: QT es en términos prácticos la unión entre SOPHIE y A.G. Cook, pero a efectos conceptuales no es más que la representación de un “elixir energético” que ayudará a “estimular la sensación de estar en el club” distribuido por la marca QT.

PC Music plantea grandes cuestiones con sus obras y el grueso de su actividad (ya sean referidas a la identidad digital, sociológicas, musicales o artísticas), pero este proyecto tiene la virtud inicial de ir directo a una de nuestras debilidades y ejercer de singular y desenfadada crítica a la bebida energética por antonomasia, casi siempre relacionada con los clubes, vida nocturna e iniciativas electrónicas.

QT tan solo tienen un single presentación, el pomposo “Hey QT”, que sirviéndose de una letra cafeínica, insustancial, arpegios Trance contraídos y unas voces pasadas por helio consigue mostrarse como la más agresiva representación de lo que desea ser PC Music.

El dúo se presentó ya con un contrato firmado por XL Recordings bajo el brazo, hecho que resulta hasta lógico observando los paralelismos de este tipo de producto con la realidad mainstream en UK: no solo está la sutileza con la que se trata el mensaje (apuntando finamente hacia el corporativismo instaurado, los patrocinios o planteando un posible “y si la cerveza que financia este festival fuera también música en sí misma?”), también el potencial que singles como “Hey QT” tienen para impactar en la masa.

Wannabe: GFOTY

Otro de los debates o, mejor, convencionalismos con los que PC Music consigue jugar a su antojo y sin ninguna muestra de inseguridad es la que gira alrededor de los estereotipos de género y la conducta que está de forma inherente ligada a ellos. Escuchar a GFOTY es normalmente equiparable a escuchar la grabación nocturna de alguna adolescente pedante inglesa cargadísima de maquillaje y que acaba en algún rincón turístico de Mallorca perdiendo hasta el último rastro de feminismo o elegancia.

Sus voces y tratamientos a las mismas son los más extremos y molestos con diferencia de todo la plantilla de PC Music: provocando una sensación parecida a cuando dejas caer tu mirada por error en un/a X pintado/a como una puerta y agudizas para observar las capas de maquillaje hasta que te acabas atragantando. Los cambios de tono son normalmente tan rápidos y entreverados que acaban produciendo una sensación psicótica en el oyente.

GFOTY (“Girlfriend Of The Year”) se recrea además en las confusiones más clásicas de los teenagers, los primeros encuentros sexuales de éstos, el desamor y los momentos de sentimentalismo barato que todos hemos vivido: además del promiscuo “Don’t Wanna / Let’s Do It”, destaca su “Secret Mix”, que incluye desquiciadas versiones de canciones como “Unbreak My Heart” de Tony Braxton o similares.

Exceso de fragancia: Hannah Diamond y Princess Bambi

PC Music también tiene divas Pop, y éstas responden a una estética (virtual o igualmente fiel “In Real World”, quién sabe) o varias tan llamativas y ya integradas en nuestra mentalidad que es difícil no tomárselo a broma. Hannah Diamond es ilustrada en la portada de su single “Attachment” o en otra imagen que corresponde con su “persona” como la típica joven británica que abusa de una fragancia como Trésor (Lancôme), de la sombra de ojos, el doble moño a lo Chun-Li, porta plataformas y prendas de tela plástica compradas en New Yorker. En realidad, esa parece la representación digital de Diamond: lo que hay detrás es la fotógrafa, co-editora de LOGO (junto a A. G. Cook) y la co-responsable del equipo creativo detrás de la imagen de QT, Diamond/Wright.

Por otro lado, Princess Bambi cuadra con el preconcepto que tenemos de la típica cantante Pop de perfil Kyle Minogue: vestidos de lentejuelas, dominando la pista y con una mirada angelical a la vez que pícara. Si algo tienen en común ambos avatares son el valor que se le da a sus voces: es determinante para imitar la creación más mainstream posible, pero la fuente de las mismas está tan tratada y manipulada como cualquier adolescente que pasa horas maquillándose antes de salir de fiesta. Es antinatural en esencia, y no solo evidencia la inutilidad de los enormes trabajos de post-producción que se realizan con algunas cantantes de primer nivel (al conseguir el mismo efecto desde su casa), ironiza con ese tipo de ostentación.

KANE WEST: El fake como arma arrojadiza.

En PC Music todo tiene aire “fake”, de falso y voluntariamente parético. Pero KANE WEST y su propuesta es la que funciona de forma más delirante dentro de esos ejes: música de club fácil y directa con todos los elementos conectados de una forma que se integra directamente en lo que conocemos como “parodia”. Vientos chirriantes, voces bruscas, ritmos infectos y todo dando la impresión de haber sido creado por un niño de 10 años con un kit básico de “música electrónica”.

Aunque “Western Beats” es su única contribución a PC Music, se le conoce más bien por su histriónica actuación en la reunión PC Music x DISown Radio (intervino junto a A.G. Cook, GFOTY, Danny L Harle, Lil Data o Nu New Edition), donde entre estridencia, derroche de máximas corporativistas y desenfreno sonoro, hace público la bromista versión del clásico “Archangel” de Burial. Las notas de Casio y el aspecto de la misma hablan de ella como si ésta hubiera sido creada por ese mismo niño de 10 años pero pasado de Monster Rehab.

Otros exponentes del catálogo de PC Music son Life Sim, Tielsie, Lipgloss Twins, easyFun o DJ Warlord.

NO_FORMAL_LINK (1): SOPHIE

Explosionar, hacer impactar entre sí dos fuerzas que se repelerían en condiciones normales: o ir más allá, juntarlas sin margen de error y una velocidad enfurecida. Nadie mejor que SOPHIE transmite la sensación de estar jugando a su antojo entre el bien y el mal: aunque no está vinculado a PC Music formalmente, sí ha crecido en paralelo como artista y ha recibido más contexto añadido para su propuesta gracias a la puesta en escena del sello de A. G. Cook, con el que ahora comparte QT (cabe destacar que tanto SOPHIE como QT son dos de los primeros proyectos encadenados a este movimiento que han recibido “representación” física y pública, en forma de performance, ambas utilizando un sujeto externo para dar vida total a la imaginería de cada proyecto).

Las estructuras del productor, quien ha lanzado su grueso de material vía Numbers (sello en el que se encuentra también un artista de tintes maximalistas pero enfocados desde un punto menos extremo, como es Redinho) funcionan de una manera tan aplastante que es difícil girar la vista cuando “Lemonade” o “Bipp” aparecen en la reproducción: extravagantes hasta en su millonésima unidad de diseño, detallistas hasta el extremo óptico más mínimo y empujando al oyente a un quebranto casi moral en el que la cuestión que se repite es si estamos ante algo increíble o reprochable.

Una contínua taquicardia de sonidos confrontados lanza, dispara y a su vez amortigua elementos de las canciones como si de espasmos se tratara: es imposible discernir o contabilizar lo que está pasando en ese tipo de construcciones electrónicas. La virtud de acelerar un desarrollo, retorcerlo al extremo (como quien estira y voltea el látex con una máquina industrial) y decorarlo en demasía con brillos, reflejos y desproporcionada gestualidad es algo que nadie hace como SOPHIE: al igual que trascender los géneros con asombrosa particularidad, incorporando con leve pero suficiente coherencia Hip Hop, Grime, Techno, J-Pop (recordemos su relación creativa aún por tomar forma con la artista japonesa Kyary Pamyu Pamyu), K-Pop, Jumpstyle, R&B y, en definitiva, haciendo Pop que es todo lo contrario a lo que entendemos por Pop.

NO_FORMAL_LINK (2): Felicita

Al igual que SOPHIE, Felicita y su material tampoco tienen, en principio, nada que ver con PC Music: los retuits en Soundcloud por parte del sello están ahí, evidenciando que SÍ hay una relación de conveniencia/paralelismos estilísticos. Musicalmente es evidente: existe algo infantilizado en tratamientos y sonidos, que se maltratan con picardia y sin sentido común, como cualquier niño haciendo colisionar sus coches o muñecos sin preocuparse por los resultados. Estéticamente tampoco hay duda: Felicita arma toda una imagen online para su proyecto/personaje, presentando unas fotos de una niña de rasgos orientales recargada de maquillaje, color y señales de occidentalización, interviniendo indumentaria futbolística, flotadores y otros elementos en la acción.

El avatar digital funciona y corrobora por así decirlo las virguerías mitad grotescas y mitad preciosistas que Felicita propone en, por ejemplo, su esencial “Frenemies” EP, una sustancial colección de escenas editadas por el sello GUM que rebosan imaginación y que agreden como lo haría tu sobrina al tirarte encima un camión de piezas lego desde la escalera: pidiéndote perdón automáticamente y mirándote con cara de cordero degollado.

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“I like toying around with ideas about «the future», though it’s always just a roundabout and much more fun way of talking about the present.” (A. G. Cook)

Ha habido pasado detrás de PC Music y la tendencia que ha no desencadenado, sino colocado en el punto de mira: algunos nombran a Takuma Hosokawa aka Avec Avec como principal influencia en Osaka (Japón), o también señalan a la londinense Ana Caprix a la hora de identificar una antesala más completa que la formalizada por SOPHIE. En concreto y enfocando sobre la compositora (que acaba de colaborar con el rapero ecuatoriano Blaze Kidd), me llama la atención la definición que le otorgaban en Dummy Mag el pasado Febrero, justo cuando lanzó su título “For Seven Nights This Island Is Ours”:

“(Ana Caprix) embraces sugary pop music, primary colours, PC games, and cute anime and manga – i.e. the sort of things that most London-based electronic music producers wouldn’t consider very cool. Ana Caprix mixes these concepts with deconstructed trance music characterised by smooth, digital production, snippets of female vocals that sound almost childlike, and synths that make your eyes feel glazed over.”

Además de ser una descripción prácticamente perfecta, en ella se observa el hecho de que todo viaja tan rápido que es prácticamente imposible emitir un juicio sobre el futuro (el propio A.G. Cook tiene una singular opinión al respecto, vista más arriba): lo que hoy es de poca importancia puede generar un impulsivo interés semanas, días, horas después, contradiciéndose de forma natural y retroalimentándose tal y como lo hacen estética y anti-estética en el concepto de PC Music.

En cualquier caso, está bien situar y reconocer a posibles sujetos que en un futuro (teórico) se encargarán de dar continuidad a la esencia PC Music si ésta decide, de repente, desaparecer: particularmente me convence bo en, proyecto que esconde al londinense de 23 años Calum Bowen, compositor de la banda sonora del videojuego “Lovely Planet” y creador de canciones de aspecto ridículo e infantilizado que, según él mismo afirma en una reciente entrevista con Pitchfork, “that people might think is stupid, or has no merit.”

bo en es menos temerario que, por ejemplo, So So In Luv, productor por ahora sin identidad detallada que transmite la positividad de forma más cercana a PC Music que Bowen: el single “1+0nly” contiene la misma inventiva espasmódica que los singles de Danny L Harle y actúa en el receptor de la misma forma: sonando como una escena de esas recurrentes en las que una persona que apenas conoces se muestra excesivamente simpática contigo sin motivo aparente, llegando a resultar incluso desafiante.

Para encontrar algo menos extremo pero de igual manera relacionado con el extremo cegador al que puede llegar el Pop o la tecnología mainstream podríamos citar al dúo Zak Mering y Sam Mehran, detrás de 2 X LOVE, una suerte de Magic Fades sacados de quicio, desmelonados hasta el descontrol total y que en canciones como “Blue Gatorade” abusan de todo lo abusable: arpegios, riffs de guitarra simulados por ordenador, helio, etc.

Jugando en una liga que comulga con un mensaje más emocional, congeniando con artistas de más peso internacional como Ryan Hemsworth o tratando con el mismo modelo pero desde un punto más discreto y dramático, está Takumi Kuwahara aka Taquwami, autor de composiciones de elegancia palpable como son «Two» o «Cinderella».

Recientemente ha aparecido en el terreno Joseph Marinetti, joven de Edimburgo que ya fue captado inicialmente por PC Music y contribuyó a la sonada compilación de canciones navideñas 2.0 y que acaba de debutar con un entretenido EP para LuckyMe: “ᑭᗞᗩ» transgrede líneas de estilo también con facilidad y desfachatez infantil, reduciendo los elementos clave del Happy Hardcore como Lorenzo Senni consigue hacer con el Trance.

En un lugar más profundo y ya como última fase, en un frondoso archipiélago en el que deberíamos convivir con todo tipo de basura digital, encontraríamos a Giant Claw, proyecto audiovisual comandado por el gurú Keith Rankin y que recientemente ha publicado el alucinante “Dark Web”, una colección de paisajes sonoros que llevan la técnica de collage o plunderphonics utilizada por Oneohtrix Point Never un extremo más allá.

Aunque no hay link con PC Music, el material de Rankin puede asemejarse del mismo modo a las maneras practicadas por el colectivo británico: suelta a niños de corta edad con una visión todavía esencial de las cosas, repelús por el exceso de posibilidades, y házles crear algo con toda la basura que nos rodea. Lo que resultará es una construcción en la que los colores más llamativos predominarán, ya que son los que mayor atención provocan en ellos, como ocurre cuando una bolsa repleta de chucherías aparece en su radio de acción.

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@FrankiePiza

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