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«Música hecha por y para mujeres»: El nacimiento de un espíritu

Del boicot del zumo de naranja en Florida a la fundación de Olivia Records o la labor de Rosetta Reitz, aquí está la ruta que siguió un espíritu e identidad musical feminista que aún hoy sigue vigente.

26.10.16
Frankie Pizá

Feminismo no es una necesidad finita, y tal y como indicó Rebecca Walker en su artículo Comenzando la tercera ola, el deber de las nuevas generaciones de activismo e investigación feminista es actualizar y enfocar lo que en el pasado otros grupos de mujeres no pudieron solventar.

Hoy por hoy, en un contexto social y económico todavía desequilibrado, todos los pequeños y grandes gestos políticos a través de los canales de comunicación evidencian que la necesidad sigue ahí, ha cambiado y lo seguirá haciendo mientras las sociedades lo hagan.

La música y las artes, como medios de expresión, han sido y son a menudo las armas más eficaces para llamar la atención sobre una problemática que evoluciona al mismo tiempo que evolucionan sus objetivos.

Si artistas de alcance global como Beyoncé utilizan todo su artificio para llamar al empoderamiento y a más baja escala surgen jóvenes talentos que, a su manera, dejan claro a todo tipo de público que «no existe un solo modelo de mujer», como ejercicio debemos rebobinar y conocer qué emociones despertaron en un primer momento la creación de una identidad musical propia. No solo como forma de identificación, también como inspiración para el futuro.

Todo se encendió en Greenwich Village, el punto más liberal en la geografía neoyorquina a finales de la década de los 60. Allí sigue, ya declarado como monumento nacional, el bar Stonewall Inn, propiedad por entonces de la mafia y donde en 1969 dio comienzo el movimiento por la liberación gay en Estados Unidos.

Los populares disturbios de Stonewall significaron la primera oposición firme y colectiva de la comunidad LGBT contra un esquema social discriminatorio: manifestaciones y protestas sucesivas que construyeron un espíritu sobre el que se basaría el movimiento moderno pro-derechos para los gais, lesbianas y transexuales en todo el mundo.

Fue una de las respuestas a la rigidez social que se vivía en el país durante las décadas de los 50 y 60, al igual que ocurrió con los afroamericanos, los pobres o las mujeres. Activismo gay y una segunda ola feminista confluyeron para dibujar la conciencia gay y lesbiana mientras se libraba una lucha inicialmente desorganizada contra el sistema.

Un sistema que en ese momento de la historia vería integrarse todo tipo de expresiones y emprendimiento creativo a las necesidades de autodeterminación que estaban despertando.

El boicot del zumo de naranja.

«Va más allá que salir del armario: pensamos que es el momento de una enérgica afirmación de la identidad lesbiana y su cultura».

La frase habla de la identidad lesbiana y de un momento determinante en la contraportada de «Lesbian Concentrate, A Lesbianthology Of Songs And Poems»: el boicot del zumo de naranja ocurrido en el condado de Miami-Dade en la primera mitad de 1977. Aquella situación sirvió como un punto de inflexión para llegar a un modelo de activismo gay más y mejor organizado, así como para que la comunidad gay ganara relevancia popular en todo el país.

Florida llamó la atención estadounidense cuando en enero de 1977 se aprobó una ordenanza municipal (impulsada por Ruth Shack) que prohibía la discriminación por razones de orientación sexual en el ámbito laboral, la asistencia pública y la vivienda. Desde antes de aprobarse la normativa, el rostro de la actriz, cantante y modelo Anita Bryant había estado dando imagen y voz a una campaña intensamente publicitada que tenía como objetivo derogar el proyecto.

Bryant encabezó públicamente a la primera coalición de grupos fundamentalistas cristianos en contra de los derechos de los homosexuales, un grupo llamado Salvad a nuestros hijos que clamaba neutralizar la ordenanza ya que discriminaba a familias que querían educar a sus hijos en la moralidad cristiana.

Desde que se presentó el proyecto de ordenanza en diciembre de 1976 Anita Bryant organizó una campaña ampliamente publicitada con el objetivo de conseguir la derogación de esta ordenanza alegando que la ordenanza discriminaba a familias como la suya que querían educar a sus hijos en la moralidad cristiana.

Save Our Children, Inc consiguió 100.000 firmas para someter la ordenanza a referéndum el 7 de julio de ese mismo año, amplificando su campaña por todo el condado con mensajes que retrataban a los homosexuales como indecentes.

Aunque el activismo gay había estado extendiéndose durante una década en Estados Unidos, a muchos les pilló por sorpresa: la oposición se centró en descalificar la figura de Bryant y en levantar a organizaciones pro-derechos LGBTQ de todo el país contra la comisión del zumo y naranjas de Florida (de la que la cantante era imagen publicitaria).

Por un lado, gente como el icónico Harvey Milk se sumó igual que otras organizaciones como diarios, asociaciones democráticas o la Federación Americana de Radio y Televisión apoyando a favor de mantener la ordenanza, y por otro tanto grupos conservadores como políticos republicanos financiaron una invasiva campaña que acabó por convertir a Bryant en el rostro de la homofobia norteamericana.

Durante el boicot, gays de todo el país llevaron chapas con la irónica frase «Anita chupa naranjas», o sirvieron cócteles sustituyendo el zumo de naranja por el de manzana en los screwdrivers. A pesar de la atención pública, los opositores consiguieron ganar el referéndum por una mayoría de 69 a 31, derogando así la ordenanza. El éxito de la campaña de Bryant animó a otros conservadores a intentar revocar legislaciones antidiscriminación en ciudades como Minneapolis, Wichita o Eugene.

Olivia Records, Rossetta Reitz y la construcción de una identidad musical.

En la década de los 70 asistimos a la revolución sexual que diferenciaba entre la identidad y el comportamiento sexual en las mujeres: el lesbianismo se convirtió en una identidad política además de una filosofía social.

Surgieron organizaciones feministas como Radicalesbians, quienes decían en manifiestos como The Woman-Identified Woman que «una lesbiana es la rabia de todas las mujeres condensada hasta el punto de la explosión», dando comienzo a una militancia que expresaba su oposición hacia una sociedad sexista y patriarcal.

Más allá de la independencia (física y económica) sobre los valores intrínsecos de esa cultura centrada en el varón, el dogma central del feminismo lésbico era actuar en base a esa filosofía y compromiso político.

Al mismo tiempo que este tipo de conciencia iba creciendo y desarrollándose, también lo hacían las iniciativas complementarias que contribuyeron a crear una identidad cultural para el feminismo lésbico.

Olivia Records se gestó en Washington, años antes de que el sello comenzara a funcionar: lo hicieron con apenas 4.000 dólares en donaciones y como colectivo feminista en el que se integraron artistas y cantantes como Meg Christian o Cris Williamson, quienes adaptaron el estilo Folk/Rock confesional/romántico y la canción protesta de la época (Joan Baez, Bob Dylan, Judy Collins, Joni Mitchell, etc) a un discurso que celebraba la «música de mujeres para mujeres».

Originalmente llamadas The Furies, fue en su propio periódico DIY donde se comenzó a gestar la idea de una «cultura feminista» entendida como «el desarrollo de arte, religión, comunidades e instituciones económicas donde las mujeres se sintieran identificadas». Uno de los artículos que desencadenó la motivación inicial hacia emprender el proyecto fue el titulado Building Feminist Institutions, firmado por Helaine Harris y Lee Schwing.

En la música de Olivia Records (con un nombre inspirado directamente en la novela del mismo nombre escrita por Dorothy Bussy) había intimidad y orgullo, una forma de expresión feminista que las llevaría a ser la primera discográfica dispuesta a encabezar esta revolución. Partiendo de una idea de Williamson, Judy Dlugacz fundó Olivia Records de forma independiente con 9 integrantes más: un sello controlado por mujeres y dirigido exclusivamente a ellas.

El dinero que consiguieron vendiendo por correo el primer single de su catálogo (un 45 rpm del que se hicieron 5.000 copias y que recaudó 12.000 dólares en 1973) lo utilizaron para editar su primer álbum, el «I Know You Know» de Meg Christian, seguido del «The Changer and the Changed» de Cris Williamson, aún hoy uno de los álbumes más vendidos por un sello independiente en Estados Unidos. Vendió un total de 180.000 copias, el triple que su primera referencia lanzada a principios de 1975.

Existe una anecdótica referencia capaz de conectar la temprana carrera de Cris Williamson con J Dilla y uno de sus momentos de más inspiración: «Shine On Straight Arrow» fue el emotivo corte en el que se basó el beatmaker de Detroit para construir una de sus producciones más recordadas e influyentes.

Antes de la construcción de Olivia Records, hubo antecedentes; el éxito «I Am Woman» de Helen Reddy se convirtió en un himno para los incipientes movimientos feministas y lésbicos en 1971; en 1972 editaron su primera grabación conjunta los grupos The Chicago Women’s Liberation Rock Band y su versión en Connecticut, The New Haven Women’s Liberation Rock Band, imponiendo su huella sobre lo que llamaban «cock rock» a base de letras feministas y su propia visión del estilo.

Hacia 1973 se editó el recopilatorio «A Few Loving Women», auto-distribuido y dedicado a recaudar fondos para la organización Lesbian Feminist Liberation en Nueva York. Fue el mismo año en el que se fundó el grupo Lavender Jane (integrado por la cantante Alix Dobkin, la flautista Kay Gardner y la bajista Patches Attom) y el trio grabó el primer álbum enteramente grabado y producido únicamente por mujeres (distribuido a nivel nacional).

Ya en la década de los 80, a pesar de haberse constituido como una empresa bien formada y con jerarquía, Olivia Records cayó en las ventas debido al cambio en los gustos del público potencial y las mujeres más jóvenes; desde 1990 es una agencia de viajes, habiendo llevado de «crucero, complejo, aventura y vacaciones» a más de 200.000 mujeres.

Otra de las grandes discográficas independientes que contribuyeron a levantar la cultura feminista fue la fundada por la historiadora y feminista de Utica (Nueva York) Rosetta Reitz: con 10.000 dólares prestados por diferentes amigos y cercanos, creó Rosetta Records con la intención de documentar la historia de artistas femeninas en los géneros del Blues y el Jazz.

Mae West, Dinah Washington, la trompetista Valaida Snow, la pianista Georgia White, Lil Green o Ethel Waters fueron algunas de las artistas que Rosetta ayudó a dar a conocer en el apogeo de la independencia discográfica a finales de la década de los 70.

La rutina de Rosetta (nombre real Rosetta Goldman) era bucear en archivos perdidos y de forma autosuficiente editar diferentes grabaciones en forma de recopilaciones, álbumes conceptuales y series. Mucha de la información en las referencias fue aportada por investigaciones propias y material fotográfico de su propiedad.

En una entrevista para el New York Times recalcó que «En las décadas de los años 20 y 30, cuando el Jazz estaba siendo formulado y cambiando de una forma de entretenimiento a una forma a algo artístico, estas mujeres fueron extraordinariamente importantes para conseguirlo».

Reitz estuvo años presionando para que se dedicara un sello postal en memoria de Bessie Smith, una de las cantantes de Blues más famosas de los años 20, originaria de Chattanooga (Tennessee) y que posteriormente se convirtió en un icono feminista y lésbico por explícitas canciones como «It’s Dirty But Good».

Hoy por hoy la observaríamos como una digger con una filia especial por dar visibilidad a la importancia de la mujer en un mundo tan complicado como el del Jazz antes de la revolución del Bebop; en aquel momento suponía, como en la actualidad, una rareza y una necesidad.

Various Artists

"A Few Loving Women"

Lesbian Feminist Liberation

Un disco que sirve como principal muestra del carisma musical feminista a comienzos de los 70, impregnado claramente por el Folk, la psicodelia y la canción protesta.

Se grabó y editó de forma privada por el grupo Lesbian Feminist Liberation y puesto en circulación apenas sin distribución. Dentro del disco destaca la presencia de Lee Crespi y canciones como «What Are You Doing Today».

Mary Watkins

"Something Moving"

Olivia Records

Una dulce y expresiva fusión de elementos Jazz, Soul y Funk; instrumentales como «A Chording To The People» indican el carisma de un disco sublime en el que intervinieron Linda TilleryVicki Randle.

Al frente de las voces principales, los teclados y el sintetizador, Mary Watkins grabó en 1978 este debut, un disco gentil y sugerente que fue el primer testigo de la enorme creatividad de su autora.

Linda Tillery

"Linda Tillery"

Olivia Records

Probablemente sea «Freedom Time» la pieza de esta época y momento que más trascendencia ha tenido a nivel internacional y en concreto en el mundo del coleccionismo.

Un retrato de una necesidad y también del potencial de Linda Tillery: Jazz, una voz emotiva y esplendorosos momentos de instrumentación Funk que recuerdan al primer James Mason.

El disco, grabado en San Francisco, es un homenaje a la madre de la artista, Eva L. Tillery.

Bebe K'Roche

"Bebe K'Roche"

Olivia Records

Nos podemos imaginar la reacción mayoritaria cuando en aquel momento de la historia, 1976, una banda únicamente de mujeres decide inclinarse y grabar Rock eléctrico con letras políticamente agresivas.

La guitarrista Pamela «Tiik» Pollet, que gastaba una Gibson SG Jr., fundó el grupo en Berkeley (California) en 1973; lo integraron Peggy Mitchell, Jake Lambert y la pianista Virginia Rubino (también en High Risk) y grabaron su único álbum en 1976, producidas por la propia Linda Tillery.

Uno de los cortes mas recordados de Bebe K’Roche es el «Kahlua Mama», escrito e interpretado por Rubino sobre un decorado instrumental con clara influencia latina.

 

Baba Yaga

"On The Edge"

Bloodleaf Records

De nuevo una banda que enfocó su expresión musical hacia el Jazz y el Rock eléctrico con matices latinos, al igual que Bebe K’Roche.

Después de 3 años de trabajo, las 6 integrantes de Baba Yaga grabaron «On The Edge», uno de los pocos discos de esta época y contexto que han sido reeditados recientemente.

Un disco consistente y completo en el que tanto la orgánica y variada instrumentación como los momentos de divagación AOR o jazzísticos aportan un enfoque singular: «Too Cool To Be True» es puro Funk, mientras que piezas como «Charlotte’s Web» están más cercanas al Hard Bop.

 

Various Artists

"Lesbian Concentrate A Lesbianthology Of Songs And Poems"

Olivia Records

Una compilación que de alguna forma vino a retratar el momento más dulce de Olivia Records en 1977: la primera antología en la que intervenían todas las intérpretes y artistas que construyeron su identidad como sello y la de la música hecha por y para mujeres.

El motivo central de la colección, con tracks de Linda Tillery, Cris Williamson, Teresa Trull o Mary Watkins, hay una referencia clara y homenaje al boicot del zumo de naranja que ocurrió en Florida el mismo año.

 

Sister Love Productions presents High Risk

"The Common Woman / Degradation"

Sister Love Productions / Jazzaggression

Una rareza en su momento y ahora, inusual trio de Jazz espiritual integrado por mujeres y encabezadas por Sandi Ajida.

En su único 7″ editado en 1974, la nota destacable es la brillante reelaboración del «Maiden Voyague» de Herbie Hancock que Virginia Rubino (mencionada antes en el combo Bebe K’Roche) transforma en «The Common Woman». Una sublime reducción al piano, voz y flauta.

 

«Degradation» trae consigo un enfoque más cercano al Soul Jazz, con garra, actitud política y clase en todos los elementos y arreglos.

 

https://soundcloud.com/jazzaggression/sets/highrisk