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NFL Music Library: Una introducción a la banda sonora del gran deporte americano

La NFL imitó el modelo de música de librería de sellos británicos como KPM Music o Music De Wolfe para crear composiciones distintivas para los revolucionarios y épicos films de Ed Sabol.

08.02.16
Frankie Pizá

«Often imitated but never equaled.»

Aunque no hayamos nacido en Estados Unidos o no hayamos sido jamás aficionados al Fútbol americano, todos tenemos ciertas referencias en nuestra cabeza que han sido introducidas por la cultura popular estadounidense, una globalización del modelo de vida y valores de los norteamericanos que ha ido progresando en paralelo con la dominación capitalista.

Una imagen del wide receiver agarrando el balón a cámara lenta después de un largo pase de su quarterback, visuales que trasladan al césped a los aficionados y que acompañados de música épica y narraciones apasionadas, ayudaron a capturar la energía del deporte y definir un nuevo modelo de filmación deportiva profesional que se extendería y exportaría al extranjero durante las décadas de los 60 y 70.

En manos de Ed Sabol (en la foto, fundador en 1962 de Blair Motion Pictures, compañía que desarrolló el formato y que aún hoy se encarga del material audiovisual ligado a la NFL (desde 1964 como NFL Films, tras el acuerdo con el comisionado de aquella épica, Pete Rozelle), excepto las retransmisiones en directo), dieron con la fórmula para dar a uno de sus deportes nativos la presentación óptima que además sirviese de reflejo para el patriótico ciudadano norteamericano; Sabol fue ex-combatiente en la Segunda Guerra Mundial y los primeros films y anuncios de la NFL ya contenían la épica característica que relacionaríamos con cualquier historia o cinta bélica del cine local de los 60:

«The greatest in-house P.R. machine in pro sports history . . . an outfit that could make even a tedius stalemate seem as momentous as the battle for the Alamo.»

–Matt Zoller Seitz.

Los films de cada equipo de la liga de fútbol americano, así como documentales y los promocionales previos o posteriores a la Super Bowl serían narrados por la voz más legendaria de la NFL, la de John Facenda (recordado por su célebre despedida «have a nice night tonight and a good day tomorrow. Goodnight, all») ; su vibrante y reconocible timbre ayudaron junto a la música especialmente compuesta para estas iniciativas a convertir NFL Films en lo que algunos han llamado «la gran ópera de América», una suerte de síntesis del triunfo y orgullo que significa ser norteamericano que se compara con leer a William Shakespeare o escuchar a Mozart.

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Si preguntamos a cualquier estadounidense sobre su sintonía fetiche relacionada con los deportes nacionales, es muy probable que recuerde la famosa introducción del Monday Night Football de la ESPN. Por otra parte, los británicos deben recordar el programa deportivo Superstars. Ambas cabeceras están basadas anecdóticamente en la misma composición. «Heavy Action» de Johnny Pearson, con su inicio a base de fanfarria de trompetas y su evolución Funk, fue compuesta en 1970 y editada en 1974 por KPM Music, el sello más importante de la música de librería británica y el más influyente de cuantos ha habido.

La belleza de los primeros planos a las manos del quarterback, los férreos placajes y los momentos de más acción del juego necesitaban de aquella música que ya se estaba desarrollando en el Reino Unido para renovar el espectáculo deportivo; Music De Wolfe o sin ir más lejos el legendario BBC Radiophonic Workshop fueron los primeros nombres reconocidos en el campo de los efectos y sonorización de programas de televisión y radio en Europa, y quienes asentaron la idea de contratar a músicos independientes para componer la música y bandas sonoras de sus espacios.

Música de librería o «Library Music» es un término que ha adquirido hace tan solo unas décadas la forma que presenta en estos momentos. Un formato y material distinguible musicalmente hablando, ensalzado mediante los rebuscadores y crate diggers a partir de finales de los 80, quienes otorgaron una importancia inaudita a miles de referencias que fueron creadas por compañías para ambientar producciones audiovisuales en muy diversos contextos (desde los deportes a los documentales de naturaleza o historias de ciencia ficción).

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Los beatmakers habían encontrado la fuente virgen perfecta para trocear y utilizar sonidos ya grabados, explotando la técnica del sampling de forma más elegante; breakbeats íntegros, partituras básicas libres de voces que ellos ayudarían a recontextualizar.

El mundo de la música de librería, en auge en la década de los 70 y 80, albergaba a menudo músicos de sesión que operaban bajo diversos pseudónimos y aprovechaban los encargos para crear nuevos estándares o experimentar con nuevos recursos instrumentales o electrónicos, pasando de composiciones clásicas al Rock, al Funk o a terrenos más experimentales.

Algunos de los nombres clave para empezar serían Alan Hawkshaw, Janko Nilovic, el alemán Klaus Weiss, Bernard Fevre, Ron Geesin, Nick Ingman o Keith Mansfield; en cuanto a sellos discográficos, además de KPM Music, destacaron L’Illustration Musicale, Bruton Music o Selected Sound. Durante aquel período y por norma general, proliferó una instrumentación orquestal y mezcla de patrones como el Jazz, el Funk o el Rock, teniendo como influencias clave a David Axelrod, Ennio Morricone, Les Baxter, Henry Mancini, Les McCann, Isaac Hayes o Lalo Schifrin.

En la descripción actual de la NFL Music Library podemos encontrar:

«NFL music is the music that helped define a style that still sets the standard. Along with the booming narrations and magnificent moving images of the game of pro football, music served as a key element of what has become known as The NFL Films Style.»

A pesar de que muchas de las composiciones creadas por el departamento estrictamente dedicado a poner la música a los grandes momentos de la NFL serían reconocibles para cualquier americano, los discos prensados del sello NFL Music Library son aún hoy una rareza muy poco aireada y de la que se conoce poquísima información.

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La liga de fútbol americano fue la primera en poseer su propia banda sonora y algunas de las sintonías y marchas más famosas presentaban títulos tan explícitos como «Road To Victory», «The Big One», «Return To Win» o «Heroes Of War»; los sentimientos a transmitir tenían que ver con la gloria, la fuerza y el triunfo.

NFL Music Library fue la primera iniciativa estadounidense de envergadura en un campo dominado por Europa y, en concreto, el Reino Unido; de hecho y como dos ejemplos más, programas como This Week in BaseballThe People’s Court utilizaban creaciones británicas (el primero “The Gathering Crowds” de John Scott, y el segundo la famosa “The Big One” de Alan Tew); Sam Spence fue el músico más relevante del extenso catálogo de música para la NFL, seguido de nombres menos conocidos como Beverly Herrmann o David Robidoux.

«NFL Films Music is not created as «production music», it shares DNA with great film scores and classic popular music. This music is created to be part of the artistic identity of NFL Films.»

Recuerdo a Cut Chemist escribir hace ya varios años en uno de los primeros número de Wax Poetics sobre uno de los números de NFL Music Library; su compañero en Jurassic 5, DJ Nu-Mark reveló hace también un tiempo que el disco por el que ha desembolsado más cantidad de dinero fue la referencia 105 de la serie (su colección asciende a unos 35.000 vinilos), por la que pagó 250 dólares y que no está actualmente catalogada en Discogs.

Cuerdas intensas y que evolucionan con violencia, grandes orquestas capaces de transmitir el dinamismo, la heroicidad y el dramatismo que el deporte del fútbol americano en particular ha adquirido para los norteamericanos; en raras veces la música ha sido tan determinante para una comunidad a la hora de crear un espíritu y conducta única ligada a una práctica deportiva, con unas características estrechamente relacionadas con la magnificencia y el carácter colectivo del país más poderoso del mundo.