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«Mutant» es un explosivo viaje al interior de Arca

El nuevo álbum de Alejandro Ghersi con Mute es una clara ejemplificación de la electrónica de autor que consigue definirse al conversar con el interior de su creador.

24.11.15
Frankie Pizá

Si observamos con detenimiento algunas de las obras sonoras que están monopolizando la atención en este final de 2015, aquellas que de alguna manera están empujando hacia delante a la música electrónica, percibiremos que comparten un trazo común, y es la forma en que resultan una «representación» del interior de su creador, una mirada (más conceptual o menos) introspectiva en la que se destilan desde recuerdos, traumas a intenciones puramente humanas, como adquirir más seguridad en uno mismo.

Hoy por hoy, la música electrónica carece mayoritariamente de cierta sensibilidad o mensaje; la mayor parte de música electrónica a nuestro alrededor está hecha para escuchar, para bailar o utilizar en el club, y sus objetivos no sobrepasan el resultar bella, incómoda o simplemente trasladar al oyente a un escenario imaginario, ya sea deprimente o exultante. A la hora de tratar esta cuestión, siempre recuerdo aquella frase de Jeff Mills que criticaba con tristeza la realidad de que «ya no hay música electrónica que realmente cuente algo».

No es totalmente cierto en cualquier caso. Expresar ese tipo de pretensiones ya es comunicar algo, y con el simple hecho de transmitir intenciones ya se puede considerar que hay un mensaje desde el emisor al receptor. Underground Resistance utilizaba su música y la de todos sus miembros como un arma, una forma de expresar su descontento con la sociedad y a la vez construir una militancia ligada a lo subterráneo, como si de una forma de vivir se tratara. UR era y es una ideología vital. Muslimgauze generó toda una discografía de música electrónica basada en la inspiración e influencia de la tradición sonora venida de Oriente Medio, sin el artista haber pisado jamás ese terreno (físicamente). Drexciya imaginaron toda una mitología alrededor de su música.

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Hoy, en 2015, encontramos a dos artistas que están consiguiendo relacionar sus procesos vitales, su crecimiento personal, con su obra sonora. Alejandro Ghersi, el venezolano detrás del proyecto Arca lleva despojándose de prejuicios y artificios desde sus primeras producciones para FKA twigs, interpretándose a sí mismo como casi una metáfora en «Xen» y, ahora, liberándose definitivamente con «Mutant», una celebración de su persona (desde una perspectiva moral a física).

Daniel Lopatin lleva 14 álbumes mutando y progresando hacia dibujos creativos cada vez más enrarecidos, laberínticos y bizarros, amplificando con cada una la presencia de su memoria, recuerdos, traumas y fetiches, luchando contra ideas preconcebidas tanto musicales como personales. Si «Replica» fue una sutil regresión a su pasado realizada con los primeros prototipos «técnicos» que construirían su discurso más reciente, «R Plus Seven» fue un ejercicio de estilo abstracto y alucinatorio que trataba de crear un conglomerado que incluyera todas sus pasiones musicales. «Garden Of Delete» llega más alto y propone una autobiografía, un valiente viaje a la pubertad de Oneohtrix Point Never que ha desembocado en una obra sin igual, sin sinónimos.

Ambos documentos han llegado al mercado casi al unísono, casi como una exclamación que está gritando que la música electrónica de autor tiene que ser esencialmente una conversación del propio creador con su sonido y su interior, y no simplemente una creación con banales propósitos. Arca comentó en una reciente entrevista con Pitchfork que «if «Xen» was me sending a letter into the depths of myself, then «Mutan»t is a big celebration», afirmación que sintetiza de una forma clara el peso que ha ido ganando la evolución personal de Ghersi en su trabajo.

El sonido de Arca comenzó a diferenciarse en su álbum «&&&&&», concebido como una suite por movimientos y que demostraba todo su potencial sonoro y comenzaba tan solo a insinuar su idiosincrasia global; varias figuras alienadas, como embriones, aparecían para dar una ligera tonificación visual al trabajo. «Xen», un trabajo que hoy es visto por su creador como «frágil», matizó y enriqueció su personalidad añadiendo más contenido artístico creado junto a Jesse Kanda, su frecuente colaborador.

Sujetos amorfos, formas alienígenas, esperpentos futuristas mutan con fluidez en los visuales que propone Kanda para Arca, ya sea en sus portadas, directos o videoclips ligados a «Xen»; la música de Ghersi, estridente y perversa, pero con un timbre melancólico (después han venido Lotic, Ash Koosha o ANGEL-HO, claramente influenciados por el sudamericano), aporta una sensualidad imprevista a esas modificaciones, a esos procesos de plástica desfiguración. Arca es la perfecta banda sonora para cualquier cuerpo en desintegración, pero una desintegración que no implica desaparición; casi equivale a una danza, un proceso continuo hacia un nuevo organismo.

Si en «Xen» ya se adivinaba la extravagante fantasía audiovisual con la que Arca quería traducir su interior, su lucha constante entre extremos, «Mutant» ha acabado por conectar al público con la causa del venezolano, ahora asentado en Londres. En el álbum todo lo antes propuesto, se amplifica: desde la sexualidad implícita, el culto y erótica del cuerpo, la provocación y la purga de traumas que han estado colisionando entre sí durante mucho tiempo en el interior de Ghersi.

«A lot of me figuring out how to love myself more involves finding the things that I’m ashamed of and looking them right in the eye.»

Recuerdo presenciar la actuación de Arca en el pasado Sónar Festival y sorprenderme no precisamente del despliegue audiovisual, sino del carácter y actitud del artista: impetuoso, puro nervio, extravagante y en constante contraste consigo mismo. Recuerdo que en un muy breve intervalo de tiempo, Arca pasó de realizar sugerentes movimientos y provocativos gestos escénicos cargados de sexualidad, a mutar en una versión rabiosa y cabreada de sí mismo entre el público, vociferando de forma eufórica y recordando a una versión afeminada de Esplendor Geométrico.

Aquel baile entre extremos, esa especie de lucha interna, ha sido ya definitivamente canalizada por Arca a través de música: «Mutant» rompe delante de la cámara y mirándonos a los ojos los tabús que le han podido apresar durante su camino vital, su conocimiento personal. En «Mutant» se observa a un Arca ansioso por mostrarse, nervioso, histérico, exponiéndose con ligeros desenfoques en todos sus vídeos, enseñando lo que es y sustituyendo a las formas imaginadas por Kanda por su propia realidad corporal.

«I’m just preparing for it to be taken off YouTube» comenta sobre uno de sus vídeos más polémicos, recordando a cuando fue expulsado de Instagram por rebasar los límites impuestos por la red social. «Mutant» es una expresión vanidosa y sincera, desnuda del propio Arca, una ilustración de su debate interior sobre la identidad y sexualidad; conserva las propiedades de «Xen», pero se diferencia de su debut en que este segundo largo con Mute llega desprovisto de cualquier tipo de vergüenza.