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Moscú: 24 hour russki people

Marcos Gendre analiza la bulliciosa y heterodoxa escena sonora de Moscú, quizás la más desconocida de las grandes capitales europeas.

22.01.18
Carles Novellas

Texto de Marcos Gendre

RENACIMIENTO POST-SOVIET

Como en (casi) toda juventud occidental azuzada bajo una situación deprimente, las sinergias creativas suelen florecer por pura inercia. Así fue en la Gran Bretaña de Thatcher o en la Alemania kraut. Casos como estos no son nada aislados. Sin embargo, desde el asentamiento brutal de la era internet, las vías comunicativas se han visto igualadas por un lenguaje global. Uno donde las escenas musicales son cada vez más concretas aunque desprovistas de una voz original. Rarezas como el grime londinense mantienen la esperanza de poder vivir cómo surge una cultura desde la confusión entre músico y oyente. Dicha retroalimentación es la misma que, desde la otra punta de Europa, ha florecido desde hace tres años en Moscú.

REINVENTANDO LA NOCHE RUSA

En una megalópolis tan anclada a su origen comunista, la necesidad de renacer musicalmente partió “después de la crisis provocada por la situación en Crimea. Todos dejaron de ir al extranjero y se quedaron aislados con los demonios locales y la cultura local. La gente dejó de ser esnob al respecto y comenzó a pensar, ¿qué podemos hacer aquí y ahora? Tal vez no vayamos a Berlín, tal vez podríamos vivir una vida divertida aquí”. Esta afirmación proviene de Yuri Katowskey, una de las cabezas visibles de Russki Attrakcion, colectivo integrado por diseñadores, músicos y productores.

Al igual que las “warehouse parties” de Manchester en la segunda mitad de los 80, la manera de reinventar la noche moscovita parte de entornos urbanos que devuelven el latido a la calle. Bass music, jungle, punk, hip hop, avant-garde son los ingredientes sónicos de una receta que no rehúye abrirse a Europa, pero sin hacer demasiadas concesiones. Tal es el caso de una propuesta como Geju, house expresionista de poso downtempo que contiene esa alegría apesadumbrada tan típica de la electrónica pinchada desde las salas de Moscú. Así es en el gastro-pub Leveldva, un emplazamiento donde se puede escuchar la incesante reinvención dance de esta escena emergente. Una de las cabezas más visibles de este local es el dj Andrey Filonov, autor de un memorable uso de la vía house. Ya sea desde un enfoque más minimalista u otro más rico en detalles, sus conocimientos enciclopédicos de la liturgia dance derivan en sesiones donde deep house, tecno, microhouse y bass music se entrecruzan con pasmosa naturalidad.

Pero donde, en verdad, se pueden vivir los rasgos más originales de la noche rusa es en citas como los desfiles de moda Darkdron, llevados a cabo en bunkers de guerra. En dicha pasarela, más cercana a una versión tecno-punk de Caravaggio o la estética de los comics de Ranxerox, el background musical emerge a través de una simbiosis entre dark ambient y un hip-hop muy cercano a los primeros Clouddead, alimentada por un inquietante surtido de gritos sampleados. Entre los participantes a estas sesiones se encuentra Zhenya Bazarov, líder de la banda punk Ekaterina, habituales en la transformación de Darkdron en Russki Attrakcion.

RUSSKI ATTRAKCION: LO VIEJO Y LO NUEVO

La primera fiesta correspondiente al rebautizo tuvo lugar el 1 de mayo de 2016. El lugar escogido fue lo que se conoce como una ryumochnaya: el típico bar situado en un suburbio urbano de inconfundible estética comunista. Vodka y bass music, estos son los dos ingredientes esenciales dentro de esta colisión entre tradición y el sonido industrial de la ciudad. Lo viejo y lo nuevo. Fue como si hubieran vampirizado la escena techno berlinesa de los años 80 y 90 y la hubieran reinventado dentro de una estética y valores arraigados a la vida moscovita.

LA FIESTA ITINERANTE

Ya sea en mansiones en decadencia, piscinas gigantes o a pie de calle, Russki Attrackion se hace visible por medio de una capacidad innata para adaptarse al medio que sea. Su forma de actuación no entra dentro del circuito habitual de salas; es algo casual, espontáneo. La creatividad explota a través del contacto directo con la noche. Las horas vuelan bajo la comunión entre breakbeats, crujidos de caderas y un ansia vital: agitar la tradición con alma punk y formas dance. Un estilo de vida documentado por un renacer artístico más cercano al espíritu de los sound systems jamaicanos de los años 60 que cualquier otra música occidental de estas últimas décadas.

Los soundclouds dedicados al crew Russki Attrackcion se alimentan de un surtido bizarro de dubstep industrial, hip-hop en slow-motion o incluso pop hipnagógico. Canales desde los que han tomado protagonismo figuras como el rapero y productor Antoha MC y el bizarro DJ Drug Molodhezhi, voces centrales dentro de este colectivo. 

Aparte de ellos, no hay que perder la pista a otros, como los veteranos e inclasificables Grazhdanskaya Oborona y Delta Arthur, un todoterreno que ha hecho del trap un catalizador de los extremos indies y experimentales. Algo así como si Emilio José hubiera nacido en un villorrio soviético.

DE MOSCÚ A NUEVA YORK

Dentro de una perspectiva minimal, y totalmente rusa del hip-hop, Krovstok es una de las formaciones que más han influenciado en la oscura abstracción arty que caracteriza a Russki Attrackcion. Desde otra orilla más experimental, destaca Vtgnike, una propuesta avant-garde de poso industrial y ambient que debería traspasar fronteras ya.

Desde que Russki Attrackcion fue creado por Margarita Zubatova y Katowskey a finales de 2015, el elenco de participantes no ha dejado de crecer. En su modelo de acción, la moda y la música nacen al unísono. Zubatova es una estilista, mientras que Katowskey es la mente detrás de Drug Mo, la vía musical: “No nos comprometemos con la música. Moscú tiene mucho que ver con la música tecno en este momento, aunque a nosotros no nos toca la fibra sensible. Lo que tocamos es una mezcla extraña de bass music, hip hop, ritmos brasileños, punk ruso y jungle. La gente se vuelve loca”.

 La originalidad de la propuesta radica en una máxima: armar toda influencia externa bajo un orgullo de pertenencia post-soviet. El despliegue tiene conexión directa con las dinámicas underground de los años 80, que ha desembocado en un interés de puertas hacia fuera. Como en Nueva York, donde la estación de radio underground Know Wave ha comenzado a hacer visible las tracks de Russki Attrackcion.

DE GLINTSHAKE A NV, EL ROSTRO DEL CAMBIO

Más allá de este colectivo, Ekaterina Shilonosova es el exponente más evocador de la riqueza musical surgida en Moscú en estos últimos años. En su cuaderno de bitácora no hay problema en compaginar ser la cabeza pensante de Glintshake -quizá la muestra más cercana al post-punk espíritu original- o pertenecer al Moscow Scratch Orchestra, una comunidad de músicos experimentales enfocados en las teorías de la improvisación del compositor inglés Cornelius Cardew.

En un plano más expresivo, las dotes actorales de Shilonosova, tanto en sus directos como en los videoclips, son el ejemplo más rotundo de un carisma que parece haber sido cincelado con la gracia y espontaneidad de los 80. Su poder de empatía está encaminado hacia un objetivo parejo al de Russki Attrackcion: romper con el clásico aislamiento del urbanita ruso.

NV, CHILLWAVE SOBRE RUEDAS

La soledad en masa tan propia de las gentes de Moscú se reproduce perfectamente en los trenes, un lugar idílico para Shilonosova, que reinventa bajo el poder integrador de su música. “Me encanta el transporte público, como el tren, debido al ritmo que marcan las ruedas. En condiciones de clima frío, los rieles del tranvía se colocan con pequeños espacios entre ellos, y esos huecos crean este toque sonoro especial, como una pista tecno sin fin”. Así se da en “Kata”, cuyo vídeo muestra a Shilonosova ofreciendo una actuación improvisada en un tren de cercanías. Dicho tema pertenece a NV, su proyecto de pop electrónico. Con esta deriva, Shilonosova da pleno sentido a sus palabras a la hora de definirse: “una chica de Kazan”. A partir de NV, y su brillante LP “Binasu”, publicado a finales de 2016, Shilonosova empuja la cultura rusa hacia su extremo asiático.

El gusto de Shilonosova por canalizar el lado oriental de su ADN redunda en una construcción sonora que recuerda a una ciudad pop nipona de corte futurista. Un ideal trazado en base a la confusión entre herramientas clásicas, técnicas atonales y un gran despliegue digital. Ya sea desde instrumentos habituales o su uso pictórico del Ableton, Shilonosova es la materialización de todo un sentir que pone cara a la creciente extensión comunal de Russki Attrackcion.

DE KEDR LIVANSKLY A SYNTHETIC RECORDS, NOSTALGIA CHILLWAVE

Dentro de la misma línea retrofuturista de NV, destaca una figura como Kedr Livanskly, cuyo uso del sintetizador en “Ariadna”, su LP de 2017, es toda una demostración de cómo extraer oro puro del Roland SH-101, el Roland Juno 106 y el Korg Minilogue. En base a estas herramientas, ha forjado una criatura de perfiles synth-pop, aunque repleta de ecos house y un fantasmagórico uso de la materia ambient.

Estas características no difieren en demasía con la obsesión chillwave del sello de Moscú Synthetic Records. Al mismo, pertenecen Paella o Psybolord, proyectos en los que sus canciones parecen sonar como soundtracks de arcades ochenteros. Desde las mismas portadas de sus discos, queda perfilada esta fijación, sumada a una estética directamente heredada de los cómics de ciencia-ficción. Es como si se hubieran reproducido musicalmente las novelas de Isaac Asimov.

Toda una declaración de intenciones, perfectamente destilada en propuestas como R6, darkwave de altos vuelos que suena como la versión luminosa de Salem. De todas a todas, una de las tantas oportunidades para poder engancharnos a la experiencia de contemplar el desarrollo de algo tan complicado de ver en nuestros días: una creciente generación cultural con conciencia de origen.

Fotos, de arriba a abajo: Darkdron, Antoha MC, Vtgnike, Kate Shilonosova y Kedr Livanksly.