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Lo que significa cerrar algo como What.CD

Otro signo de los tiempos: una de las pocas comunidades que daba un ejemplo de rigurosidad y pasión por la música, la calidad de audio y en la que confiaban incluso artistas, desaparece como ejemplo mermando la esperanza de que algún día el p2p pueda ser comprendido y normalizado.

18.11.16
Frankie Pizá

No era simplemente una web con enlaces y torrents pirata, se trataba de una comunidad en la que la música era lo primero. A vistas de la SACEM, la sociedad de autores francesa, tan solo era un sitio donde se compartían y distribuían obras musicales sin ningún tipo de permiso ni derechos. Un The Pirate Bay más.

What.CD ha sido desmantelado esta misma madrugada, obligando a la web a cerrar tras casi una década de actividad privada; al parecer, y según se ha podido saber a través del seguimiento de algunos miembros en redes sociales, la operación es una conclusión de 2 años de investigaciones policiales.

“Llevo 8 años allí y jamás he dejado de comprar discos, allí se subían archivos y discos a 24 bits que no se podían encontrar en ninguna otra parte, ni siquiera en las tiendas digitales” nos ha revelado uno de los usuarios asentados en España, con más de 8 años de experiencia dentro de la comunidad.

Sus palabras hablan sobre el valor real y simbólico de algo como What.CD: una comunidad para la música en la que miles de miembros contribuían con pasión y dedicación, respetando diariamente las estrictas normas sin convertirlo en un blog privado a rebosar de información y descargas sin ningún tipo de orden o filtro.

Tras YouTube, tras los servicios de streaming a la carta, tras Soulseek, estaba What.CD: un repositorio cultural sin precedentes donde cualquiera se podía sumergir con la promesa utópica de encontrar aquella música que jamás encontraría en otra parte de Internet.

Después de conseguir una invitación para ingresar en la comunidad, el nuevo miembro tenía a su disposición todo tipo de archivos musicales históricos y también novedades; el funcionamiento era similar al de otros muchos foros privados o comunidades (Waffles.fm es otro ejemplo de similar categoría), en las que los usuarios van ganando relevancia (ratio) a medida que van contribuyendo con logística o contenido al sitio.

What.CD nació justo el mismo día que su predecesor, Oink’s Pink Palace, cerraba en octubre de 2007; desde entonces se han sucedido los ataques de diversa índole hacia el sitio, incluyendo amenazas legales de organizaciones como la Recording Industry Association of America (RIAA) o la Canadian Recording Industry Association.

Tras confiscar la policía hasta 12 servidores en la empresa OVH (ubicada en Francia, de ahí la localización de la investigación contra el tracker), un mensaje aparecía en la página de inicio y en la cuenta Twitter oficial de What.CD:

“Due to some recent events, What.CD is shutting down. We are not likely to return any time soon in our current form. All site and user data has been destroyed. So long, and thanks for all the fish.”

El mensaje referencia la Guía del autoestopista galáctico, la novela de Douglas Adams, una posible pista para imaginarnos que What.CD no va a desaparecer y tan solo va a transformarse de nuevo.

Parece que aunque el mismo sitio obtuvo el respaldo de varios músicos y la confianza de proyectos que subían ellos mismos el contenido a la comunidad (el ejemplo más famoso es el de Nine Inch Nails y Trent Reznor, ahora paradójicamente uno de los asesores principales de Apple Music), los sitios levantados sobre el protocolo P2P están condenados a la persecución continua.

Con BitTorrent convirtiéndose en una empresa con intereses que van muy lejos del P2P y los servicios de streaming reconciliándose con la música debido a las ganancias y al beneplácito de las discográficas, cosas como What.CD están condenadas a dejar de existir.

What.CD representaba mejor que nadie una posible vía de comprensión entre el P2P, la descarga “ilegal” y los propios artistas, además de un ejemplo de orden exhaustivo en cuanto a la “indexación” del contenido musical (un problema endémico, del que también hablamos aquí y que perjudica a la hora de distribuir ganancias y regalías) y la rigurosidad en cuanto a la calidad sonora de los archivos y material.

Este último punto es uno de los más preocupantes: a diferencia de cualquier servicio de streaming, a What.CD sí le importaba la calidad del audio. En 2016 se contaban en What.CD 800.000 artistas diferentes perfectamente organizados y relacionados entre sí por un grupo de usuarios que hizo de los metadatos casi una forma de vida.

En la cuenta de Twitter de What.CD se podía leer: “Beyond here is something like a utopia—beyond here is What.CD.”