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La música y la nueva América

Jay-Z, Rihanna, Beyoncé y otros actores principales han perdido América mientras Martin Shkreli desvela música de Wu-Tang Clan en YouTube.

09.11.16
Frankie Pizá

“Devolvamos la grandeza a América” decía la frase que más ha repetido el nuevo líder del país más poderoso del mundo. Antes ni siquiera de que comenzara la polarizada carrera política hacia el cargo, los precoces raperos de Atlanta Rae Sremmurd decían que estaban “Up Like Trump”. El vídeo en cuestión está recibiendo un aluvión de visitas tras los resultados confirmados esta misma mañana (horario europeo).

Los mercados financieros están en caída libre tras la confirmación de que Donald J. Trump será el presidente nº 45 de los Estados Unidos de América. Parte de la ciudadanía global parece compartir la misma sensación, una muy similar a la que ya pudimos palpar cuando el Brexit sorprendió en el Reino Unido: la de salir momentáneamente de una burbuja de hiperrealidad de la que no somos plenamente conscientes.

Como ya comentábamos ayer, la concepción que tienen en Estados Unidos de una campaña política es muy similar a la idea detrás de la NFL: todo por el entretenimiento. En los meses previos a las votaciones ha habido de todo: polémicas, apariciones de todo tipo de personajes, WikiLeaks, una actriz de cine porno y demasiada información como para emitir un juicio claro.

Nadie hubiera querido estar en la piel de algún ciudadano americano: votar a Trump era dar la negativa a la mujer, a los afroamericanos, a los inmigrantes y al cambio climático, mientras que votar a Hillary era confiar en que la enfermedad del neoliberalismo continúe al menos 4 años más destruyendo a su gusto la economía de la clase media y baja.

Los resultados pueden leerse de muchas maneras: una población ansiando un cambio radical, una lobotomía generalizada o un partido republicano que ha jugado mejor al espectáculo. También pueden imaginarse si tan solo gente de nuestras generaciones más cercanas hubiera emitido su voto.

En un país que no está mejor ni en política ni en derechos, nos sorprendemos al presenciar que gran parte de los Estados Unidos no comparte los mismos valores éticos y morales que nosotros. De nuevo un síntoma de la estrechez de miras que nuestros hábitos sociales en la era digital están provocando.

En lo musical, los meses previos a las elecciones han sido un espectáculo sin precedentes capaz de sensibilizar a cualquiera, fuera o no americano: desde los Rolling Stones a Adele negaron que Trump pudiese utilizar su música, mientras que gran parte de los intérpretes y actores del mundo del Pop, el R&B o el Hip Hop impulsaban primero a Bernie Sanders y después a Hillary Clinton. Jay-Z, Beyoncé, Rihanna, Chance The Rapper: ninguno ha conseguido nada.

Se puede leer que la música ha perdido a su país, a una América que hasta hace 2 días tenía un presidente capaz de entonar a Al Green sin perder la compostura. La música ha perdido las elecciones: basta observar como algunos de los autores más respetados de diferentes escenas airean su frustración en redes sociales ante lo que parece una “equivocación” histórica. ANOHNI ha recurrido a una frase de Marvin Gaye para expresarse al respecto.

Porque la música y sus actores no se libran de la tendencia natural hacia la polarización, Flying Lotus, Snoop Dogg, Cher, Questlove, Killer Mike y otros han perdido América. Hay todo tipo de posturas: Lotic ha lanzado un edit del “Formation” de Beyoncé mientras relata que “se puso a llorar” tras las elecciones y Azealia Banks ha reforzado su posición pro-Trump con un mensaje envuelto en llamas.

Algunos de los artistas que apoyaron a Trump públicamente fueron gente como Aaron Carter, Tila Tequila o Ted Nugent, nombres apenas sin influencia en la industria musical de hoy. Si la gran mayoría en el mundo de la música apoyaba al republicano, la decepción generalizada evidencia que el poder de la música y las artes está sobrevalorado en un presente que está fuera de nuestro alcance.

Los únicos vencedores que han demostrado que la música tiene algo que ver con todo esto son Martin Shkreli y Azealia Banks: uno está cumpliendo su palabra en estos momentos, lanzando clips a YouTube con la música del álbum de Wu-Tang Clan que tan solo él posee (“Once Upon A Time In Shaolin”, el cual compró por 2 millones de dólares) y la rapera se muestra eufórica comentando que “esto es más profundo que la política” y que “Trump ha vencido a los medios de comunicación”.

Que uno de los hombres más odiados de América celebre la victoria de Donald Trump aireando una obra única en el mundo creada por afroamericanos y que la MC más odiada de la industria esté fuera de sí por las noticias indica lo retorcido y poético del asunto. La conclusión es la música ya poco puede hacer cuando la política ha sobrepasado de tal forma al entretenimiento.

Técnicamente, queda ver si Trump mantendrá el aumento en el precio de los visados para actuar en Estados Unidos, los cuales ascendieron de 325 dólares por persona a 460 (un aumento del 42%). Entonces sí la música estaría ganando algo, al menos hasta que Kanye West comience la carrera hasta su prometida candidatura para ser el próximo presidente del país.