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La música en 2075

Porque a pesar de todo, el futuro no llega todo lo rápido que imaginábamos. Lo que puede y no puede significar la música dentro de 58 años: del Safecoin o Magenta a los rituales primitivos que las pocas aldeas de humanos escondidos celebran cuando llega la noche.

17.05.17
Frankie Pizá

Texto de Albert Zaragoza. 

Idea y presentación de Frankie Pizá y Oliver Navarro.

Corre la década de los veinte setenta en el planeta Tierra. No hay mucho que hacer siendo adulto en estos tiempos. Los trabajos mecanizados y las tareas computacionales han aliviado mucho las pesadas cargas de la antigüedad. Eso hace, al mismo tiempo, que no haya una demanda de mano obra elevada. La inmensa mayoría de la humanidad malvive de la renta básica universal. Los oficios más demandados para la élite empleada son empleos asistenciales a ancianos, psicólogos, ingenieros de robótica, labores académicas, carrera militar, ejecutivos de los monopolios empresariales, cargos en el funcionariado del Estado Global y ocupaciones de programación avanzadas.

La informática en estos tiempos que corren es capaz de auto-generar código de manera más rápida y eficiente que el cerebro humano, aprendiendo de sus propios errores, así que el hombre en muchos casos hace las labores de supervisor, a veces de director y, sobretodo, de atónito espectador de lo creado.

Hasta llegados los 40 años de edad uno no puede acceder al apartamento de servicios sociales, adecuado a sus estudios y méritos académicos, asignado el primer día de trabajo. En este apartamento se realizan las vidas de los ciudadanos, trabajan y se realizan personalmente, no está recomendado por las autoridades que salgan a la calle ni se relacionen con otras personas más allá de sus familiares cercanos o compañeros, los cuales están siempre disponible de forma on-line.

Los padres de los jóvenes suelen ser octogenarios cuando estos acceden al mundo laboral, la generación millennial cuya inmensa mayoría sufren Alzheimer y cegueras, así que suelen ser relegados al olvido en los centros de la tercera edad en las afueras.

Nadie felicita a nadie en el día de su graduación. En realidad ese día es un acontecimiento triste, una muerte anticipada, se deja atrás la adolescencia y comienza el ocaso en la decadencia de la vida; uno sabe que ha envejecido y con ello ha perdido la libertad. El siguiente paso será la casa de ancianos de la que nadie nunca habla.

La entrada en la madurez es dura, muchos adultos se suicidan. No pueden soportar la vida monótona recordando constantemente sus tiempos de juventud. Los altos índices de alcoholismo y drogadicción agravan las habituales depresiones. Sus cuerpos tatuados pasados de moda, con tatuajes que delatan su edad, sus orificios nasales de septums se agrandan, y las orejas extendidas se tornan horrendos jirones de carne. Los recuerdos de su edad juvenil les atormentan hasta el punto de tomar la pastilla de eutanasia que vienen incluidas en el botiquín de primeros auxilios de su apartamento.

Los mejores, aquellos que consiguen empleo, pueden opositar para ser padres, y si pasan todas las pruebas de conducta, psicotécnicas y de ingresos pertinentes, tendrán la suerte de que en su madurez puedan disfrutar de la experiencia de la paternidad. El parto está prohibido, es considerado maltrato a las mujeres y causa de desigualdad, así que los padres pueden aspirar a adoptar a un bebé con sus rasgos genéticos, gestado en laboratorio con todas las garantías de salud gracias a la ingeniería genética.

No obstante, los años de estudios son excitantes, jolgorios hedonistas fatalmente inolvidables, la ingesta de todo tipo de drogas de diseño no solo está permitida sino alentada por las autoridades educativas. Las fiestas universitarias comienzan a los 12 años, y estas se perpetúan en el tiempo hasta que llega el fatídico día de la graduación.

El sexo es obligatoriamente onanista, es decir, pornografía virtual o con muñecas y muñecos sexuales, industria financiada y promovida desde los institutos mundiales de natalidad. Estas son las formas de paliar los impulsos hormonales eróticos de la juventud. El sexo entre dos o más personas es visto como una peligrosa forma de expandir enfermedades y un acto insano.

El joven debe ser libre, libre en un sentido de no tener límites al consumo. Es su deber como ciudadano, y por lo tanto es apoyado y financiado por las autoridades; debe disfrutar su juventud hasta el extremo. Cualquiera que desoiga estos derechos, o intente desobedecer es diagnosticado con Transtorno de Oposición Desafiante, la enfermedad mental más común y la cual, por fortuna, puede ser detectada y tratada desde muy temprana edad.

Las carreras académicas distan mucho de ser exigentes, los niveles de exigencia son más bien laxos, es cierto que piensan por ellos la Inteligencia Artificial, así que basta con conocer y repetir las consignas de propaganda alabando al Estado Global. La reflexión no solo es innecesaria sino que está mal vista socialmente, ¿Quién osaría a dudar que este no es el mejor mundo de los posibles?

Cualquier joven sabe que solo haciendo eso, asumiendo esa cosmovisión por válida, sin preocuparse por nada más allá, podrá disfrutar de su juventud como está redactado en la declaración de los Derechos Humanos. Solo los tontos se escapan y pierden su condición de humano; solo los necios se enfrentarían al ejército de robots asesinos y drones que vigilan más allá de las zonas urbanas. Como bien les han enseñado, solo los locos hacen eso.

La música es para esta juventud una manera de diferenciarse entre el alumnado. Es un rasgo de la personalidad. Los diferentes géneros creados se suceden con velocidad espasmódica, cada generación disfruta de unas nuevas etiquetas y unas nuevas estéticas a las cuales adherirse. Aunque bien es cierto que los pocos ancianos con capacidades auditivas que quedan suelen decir al escuchar esa música que es todo lo mismo. No están del todo errados, esto es debido a que la composición musical ya no es realizada por seres humanos.

Los algoritmos de IA han desarrollado tanto su capacidad de componer melodías atractivas para el oído humano que han hallado la fórmula infalible para que todo tema sea un Billboard nº1 en sus respectivos estilos. Además estas composiciones son tan creativas y originales que no es necesario que los seres humanos escriban música, tampoco que la interpreten con instrumentos.

Las canciones de estilos variados son producidas por los mejores estudios automatizados, la mezcla y el master se realiza de la forma óptima para lograr el resultado más seductor para el gusto humano. Los instrumentos son digitales, pero el sonido es tan sublime como el mejor de los antiguos instrumentos interpretado por el mejor de los interpretes. Las rítmicas 120BPM sincronizadas biológicamente con el latir del corazón es una constante en casi todas las canciones, aunque también se pueden encontrar tempos acelerados y enérgicos, así como compases más lentos. Las voces son generadas por software de canto, los cuales pueden replicar millares de los mejores timbres humanos. Los pueden combinar, y pueden realizar virtuosismos vocales que jamás ningún cantante de carne hueso podría soñar.

Las temáticas de las letras de las canciones hablan sobre el individuo y sus anhelos personales, en la individualidad y los sentimientos de egoísmo. Con alabanzas sutiles hacía el sistema establecido, dando constantemente a ver que no hay mejor forma organizarse. Las canciones de amor son o bien de amor hacia la muñeca o muñeca llamadas ‘Love Doll’, fenómeno otaku japonés, o bien de tipo conflictivo, peleas constantes entre enamorados, la imposibilidad de caer enamorado hasta graduarse.

Las voces robóticas deshumanizadas son al mismo tiempo un recurso característico de estos tiempos, muchas de ellas con defectos vintage que recuerdan a las músicas de principios de siglo.

Los derechos de autor de estas canciones recaen en las compañías que tienen la propiedad intelectual de estos algoritmos, la más conocida y antigua es Sony SCL, la cual tiene el mejor generador de melodías; otra como Magenta dispone de los sonidos más innovadores que los algoritmos de Google puedan concebir.

Los artistas en esta época, se encargan principalmente de presentar las canciones, a lo sumo aprietan un botón simbólico de lanzar la música. Bailan, enseñan el cuerpo, y es muy común que se confronten con otros artistas cuando aparecen en los medios de comunicación. Los artistas de este período derivan de la figura del DJ de comienzos del siglo XXI, suelen estar en lo alto de un pódium moviendo las manos animando a los muchachos que acuden a las fiestas universitarias, suelen tener un acompañamiento holográfico visual impactante, pero realmente no hacen nada directamente relacionado con la música como en el pasado.

El último fenómeno de artistas de nueva ola no son ni siquiera humanos, son desarrollos avanzados de antropo-robótica, cuyo origen está en la industria de las muñecas sexuales. Estos aparecen en shows infantiles, y acompañan al niño en su desarrollo con la edad cuando entran en la adolescencia editando productos musicales, claro está: entre otros muchos productos, la música en esta época es el lubricante del motor del mercado del ocio.

Los artistas, sean humanos o no, ya no ofrecen conciertos como antaño. La interpretación instrumental está totalmente obsoleta: es costosa, difícil de adquirir, necesita de esfuerzo y eso contradice los derechos del joven a disfrutar de la vida. Además cualquier programa compone e interpreta melodías que jamás nadie podría interpretar. Hoy en día lo que prima es la realidad virtual.

Los consumidores de música ya no se conforman con ver a un artista encima de un escenario, eso no tiene prestigio. Lo que ahora se estila es introducirse dentro de los videoclips. El videoclip virtual es una experiencia donde él o la joven puede tocar los pechos de las bailarinas o manosear los masculinos pectorales de los gogo’s, bañarse en las piscinas de agua cristalina, disfrutar del sol de una playa paradisíaca ficticia, darse una ducha de Moët & Chandon o conducir el último modelo de bólido que aparece en la experiencia virtual.

Esa es la clave de la monetización musical, la producción de videoclips virtuales cada vez más excitantes para el público juvenil. Para ello se pagan grandes sumas de dinero digital encriptado, o el conocido Safecoin, una criptomoneda basada en el denostado Bitcoin pero con unas características centralizadas, donde el Banco Mundial controla y monitoriza cada billetera, cada transacción.

El Safecoin sustituyó al Bitcoin después de numerosos escándalos donde se relacionaba a los usuarios de esta moneda, y en extensión a esa moneda, de: malware, pirateo, venta de órganos humanos, pedofilia, terrorismo y todo tipo de actos criminales. Después de varios escándalos a nivel mundial, como por ejemplo malwares introducidos hackeando a nivel mundial los sistemas operativos de millones de usuarios para luego extorsionar con pago en Bitcoin, se prohibió como divisa y todas las reservas de Bitcoin fueron transformadas en Safecoin.

El código desarrollado por Nakamoto hace ya más de siete décadas sigue siendo vigente, nadie todavía ha logrado saber de quien se trataba ni lograr una criptomoneda más segura. No obstante hoy todos los nodos están controlados por las autoridades, quienes asegura que los fondos no serán destinados a malas praxis.

Las compañías que ostentan los derechos de autor de las melodías que suenan en los cerebros de los jóvenes durante su etapa dorada, cobran en esta criptomoneda al instante que se reproduce el tema. Los jóvenes tienen la posibilidad de escoger que música quieren escuchar, pero estadísticamente, salvo contadas excepciones, no suele realizarse. Prefieren elegir la sintonía, el canal del DJ o estilo que más les atraiga estéticamente y dejar que los temas se reproduzcan directamente en su mente.

Esto es así, las melodías suenan directamente en el cerebro de los jóvenes, esto es gracias a la increíble tecnología de los chips implantados en la parte posterior de la oreja y el cráneo que permite hacer vibrar el oído interno, emitiendo las ondas musicales directamente al oído del oyente sin necesidad de perturbar el aire con insidiosas vibraciones musicales.

El joven libre de hoy en día no solo dispone de un chip para la escucha sonora, sino que otros muchos se le incorporan el día de su nacimiento, para controlar y prevenir enfermedades, para poder conectarse al omnipresente internet de las cosas, y, como no, para saber lo que piensa en cada momento para que las autoridades puedan satisfacer sus necesidades.

En lugares remotos, donde los drones y robots no suelen patrullar, zonas montañosas o de difícil acceso, hay constancia de comunidades de personas. A estos individuos se les ha denegado el status de ser humano, por lo cual pueden ser abatidos sin miedo a las represalias. Viven al margen del control del Estado Global. Para estos grupúsculos de personas la vida es ardua y en estado de constante vigilia. Son nómadas y suelen rehuir del contacto con la civilización.

Algunas fuentes dicen que son supervivientes de la Gran Guerra que asoló el planeta. Otros que son el margen de error de los sistemas de seguridad que cazan a todo aquel que pretenda escapar de los entornos urbanos, por su seguridad. Los escapados suelen ser identificables debido a las auto-lesiones que se provocan para extirparse los chips que por su bien le fueron implantados. En la prensa poco se habla de ellos, principalmente para decir que son un peligro por las enfermedades que puedan transmitir o por su animalesco modo de reproducirse sin control de las autoridades.

Algunos estudiosos de los subhumanos les han localizado gracias a imágenes satelitales, pero pocos estudios antropológicos tienen una imagen real de ellos. De los estudios más interesantes publicados realizados con nanorobots espía indican que estas comunidades se relacionan de modo tribal como en la era pre-internet. Han desarrollado idiomas totalmente desconocidos hasta la fecha para intentar impedir que puedan descifrar sus comunicaciones, curiosamente cada grupo cuenta con su propio idioma.

Resulta llamativo que todavía los super ordenadores no hayan conseguido traducir al completo estos dialectos subhumanos a la lengua universal, y algunos especialistas, por ello, dicen que no es un lenguaje sino que se trata simplemente gruñidos. Estos aislados del sistema usan herramientas y métodos de supervivencia propias del neolítico. Cazan y recolectan alimentos. Además son inmunes a la radioactividad que asola a gran parte del planeta, pudiendo ingerir aguas contaminadas.

En estos estudios se afirma que estos sujetos pueden correr más rápido que los robots, que se pueden comunicar por la mente para no ser captados, una especie de wifi mental que han desarrollado, que realizan actos sexuales sin enfermar, o que tienen cuerpos esculpidos sin necesidad de cirugía. Pero todo esto son conjeturas. Lo que sí es cierto es que han desarrollado costumbres musicales. Las canciones que crean son interpretadas en grupo. Se sirven de elementos corporales como las palmas de las manos o la voz, también usan rudimentarios instrumentos de percusión y flautas. Estas canciones tienen un alto contenido espiritual.

Dicen los estudios que esta gente al ser retrasada tecnológicamente tienden a creer en Dios y en religiones, aunque su religión es muy extraña ya que no disponen de templos ni líderes religiosos. Las reuniones espirituales se realizan por las noches y en los bosques que ahora crecen gracias al Estado Global. Utilizan los bosques para esconderse de los drones y poder hacer sus rituales espirituales en grupo, los bosques son sus templos como lo fueran los antiguos bosques de las sociedades celtas europeas.

Estas canciones, predominantemente rítmicas e hipontizantes, son interpretadas con fines rituales para hacer más llevaderas las duras labores que llevan a cabo en la salvaje naturaleza como primitivos que son.