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Kendrick Lamar es el Jazz para las nuevas generaciones

Transparente, libre y sin ataduras, "untitled unmastered." revela como ningún otro título la magnitud de un artista capaz de representar a toda una comunidad, el modelo que Herbie Hancock o Wayne Shorter querrían dejarnos como ejemplo.

11.03.16
Frankie Pizá

El Jazz ha evitado históricamente normas, rechazado abiertamente estándares y ha cambiado de forma estética, compositiva y estructural con la entrada de cada nuevo genio y su propia interpretación del mismo. Es precisamente lo que favoreció la libre aparición de vanguardias y la absorción de otras disciplinas musicales dentro de su propia evolución.

Jazz son y han sido Duke Ellington, Charlie Parker, Sun Ra, Miles Davis, Herbie Hancock, Wayne Shorter o Quincy Jones. Todos ellos destruyeron, renovaron y abrieron nuevos arquetipos y leyes a través de sus modos de expresión musical, la improvisación y ya fuera la sutil o radical innovación.

Charlie Parker despertó y junto a Thelonius Monk comenzó a liberarse de las constricciones estéticas y cánones occidentales en el Jazz; a menudo, el Free Jazz se observa como una culminación o vertiente más extrema de aquel estímulo inicial del Bop, basado en la oposición a un sistema dado y alienado por la intervención de la sociedad blanca. Clamaba, gritaba e imponía el tocar libremente, sin restricciones, reclamando una forma de expresión artística puramente negra y ligada al despertar mayoritario de la comunidad afroamericana pre-derechos civiles.

Como otras formas de expresión, aunque en particular, el Jazz no tiene una forma concreta, ni en lo musical ni en lo intencional; el flujo constante que ha sufrido durante gran parte del Siglo XX se asemeja tan solo al que ha sufrido su contexto y sus objetivos, que al fin y al cabo eran los de la comunidad afroamericana dentro de un país que primero los esclavizó, luego humilló y utilizó, más tarde segregó y acabó aceptándolos progresivamente dentro de un sistema capitalista y régimen que ha terminado por adentrarlos, dividirlos y convertirlos en parte de su ideología. En parte del sueño americano que ahora también se proyecta en individuales tan enriquecidos y ejemplares como Will Smith o Beyoncé.

El Jazz sirvió en su época de madurez y principales cambios musicales para poner en relieve la contribución de la comunidad negra a la cultura de Estados Unidos, aunque también para recordar la opresión de éste sobre la misma; fue una llamada de atención y un acontecimiento que participó crucialmente en lo que hoy entendemos por negritud. El Jazz fue un cambio, un movimiento de una comunidad que de forma inconsciente buscaba hacerse lo más transparente posible para así conseguir una mayor comprensión tanto de sí mismos como de su lugar en el mundo.

El Jazz incitó a los afroamericanos a utilizar su arte como una voz colectiva. El Jazz estaba representado por individuales, pero a su vez funcionaba como un gran altavoz que gritaba «nosotros». Su música habló por ellos, y este idioma se hizo cada vez más fuerte, prosperó y se universalizó llegando hasta nuestros días como una de las más profundas y relevantes obras de arte norteamericanas.

«Geez Louise, I thought you said that I excel
I made To Pimp a Butterfly for you
Told me to use my vocals to save mankind for you.»

Una voz que se propaga sin interrupción, un luminoso que representa a todos, «algo» con aspecto de «salvación» es justo lo que hoy en día representa Kendrick Lamar; desde la hiper-conciencia, una aceleración exponencial de su producto musical, el profundo conocimiento de lo que significa ser negro en la actualidad y una ética en la que prima la originalidad y el respeto en detrimento de la imitación o el alegato superficial, el de Compton es un foco que aporta claridad, integridad y renueva nuestra propia sensibilidad sobre la negritud.

Kendrick es precisamente como el Jazz, y no porque haya recurrido a lúcidos sucedáneos del mismo para enriquecer su obra; su narración convoca sentimientos en la multitud y en lo más íntimo de cada uno, a su mensaje se le ha concedido el permiso de hablar por el «nosotros» y él propiamente está lejos de haber alcanzado su forma final.

Kendrick es como uno de esos pulsos individuales mencionados antes, capaces de modificar la onda sinusoide establecida. Es el Jazz que los grandes quieren para su nueva generación artística; aquel que de nuevo dejará como sus antepasados que la música hable por sí misma.

Recientemente, dos leyendas como son el pianista Herbie Hancock y el saxofonista Wayne Shorter, ambos miembros del segundo gran quinteto de Miles Davis en los 60, publicaron una carta abierta para las nuevas generaciones artísticas, invitándoles a abrazar una filosofía unánime, un manual básico lejos de la ornamentación banal y sobre todo lejos del «yo» que impera en la actualidad, trascendiendo lo puramente musical:

«To the Next Generation of Artists,

«We find ourselves in turbulent and unpredictable times.»

«From the horror at the Bataclan, to the upheaval in Syria and the senseless bloodshed in San Bernardino, we live in a time of great confusion and pain. As an artist, creator and dreamer of this world, we ask you not to be discouraged by what you see but to use your own lives, and by extension your art, as vehicles for the construction of peace.»

«While it’s true that the issues facing the world are complex, the answer to peace is simple; it begins with you. You don’t have to be living in a third world country or working for an NGO to make a difference. Each of us has a unique mission. We are all pieces in a giant, fluid puzzle, where the smallest of actions by one puzzle piece profoundly affects each of the others. You matter, your actions matter, your art matters.»

«We’d like to be clear that while this letter is written with an artistic audience in mind, these thoughts transcend professional boundaries and apply to all people, regardless of profession.»

FIRST, AWAKEN TO YOUR HUMANITY

«We are not alone. We do not exist alone and we cannot create alone. What this world needs is a humanistic awakening of the desire to raise one’s life condition to a place where our actions are rooted in altruism and compassion. You cannot hide behind a profession or instrument; you have to be human. Focus your energy on becoming the best human you can be. Focus on developing empathy and compassion. Through the process you’ll tap into a wealth of inspiration rooted in the complexity and curiosity of what it means to simply exist on this planet. Music is but a drop in the ocean of life.»

EMBRACE AND CONQUER THE ROAD LESS TRAVELED

«The world needs new pathways. Don’t allow yourself to be hijacked by common rhetoric, or false beliefs and illusions about how life should be lived. It’s up to you to be the pioneers. Whether through the exploration of new sounds, rhythms, and harmonies or unexpected collaborations, processes and experiences, we encourage you to dispel repetition in all of its negative forms and consequences. Strive to create new actions both musically and with the pathway of your life. Never conform.»

WELCOME THE UNKNOWN

«The unknown necessitates a moment-to-moment improvisation or creative process that is unparalleled in potential and fulfillment. There is no dress rehearsal for life because life, itself, is the real rehearsal. Every relationship, obstacle, interaction, etc. is a rehearsal for the next adventure in life. Everything is connected. Everything builds. Nothing is ever wasted. This type of thinking requires courage. Be courageous and do not lose your sense of exhilaration and reverence for this wonderful world around you.»

UNDERSTAND THE TRUE NATURE OF OBSTACLES

«We have this idea of failure, but it’s not real; it’s an illusion. There is no such thing as failure. What you perceive as failure is really a new opportunity, a new hand of cards, or a new canvas to create upon. In life there are unlimited opportunities. The words, “success” and “failure”, themselves, are nothing more than labels. Every moment is an opportunity. You, as a human being, have no limits; therefore infinite possibilities exist in any circumstance.»

DON’T BE AFRAID TO INTERACT WITH THOSE WHO ARE DIFFERENT FROM YOU

«The world needs more one-on-one interaction among people of diverse origins with a greater emphasis on art, culture and education. Our differences are what we have in common. We can work to create an open and continuous plane where all types of people can exchange ideas, resources, thoughtfulness and kindness. We need to be connecting with one another, learning about one another, and experiencing life with one another. We can never have peace if we cannot understand the pain in each other’s hearts. The more we interact, the more we will come to realize that our humanity transcends all differences.»

STRIVE TO CREATE AGENDA-FREE DIALOGUE

«Art in any form is a medium for dialogue, which is a powerful tool. It is time for the music world to produce sound stories that ignite dialogue about the mystery of us. When we say the mystery of us, we’re talking about reflecting and challenging the fears, which prevent us from discovering our unlimited access to the courage inherent in us all. Yes, you are enough. Yes, you matter. Yes, you should keep going.»

BE WARY OF EGO

«Arrogance can develop within artists, either from artists who believe that their status makes them more important, or those whose association with a creative field entitles them to some sort of superiority. Beware of ego; creativity cannot flow when only the ego is served.»

WORK TOWARDS A BUSINESS WITHOUT BORDERS

«The medical field has an organization called Doctors Without Borders. This lofty effort can serve as a model for transcending the limitations and strategies of old business formulas which are designed to perpetuate old systems in the guise of new ones. We’re speaking directly to a system that’s in place, a system that conditions consumers to purchase only the products that are dictated to be deemed marketable, a system where money is only the means to an end. The music business is a fraction of the business of life. Living with creative integrity can bring forth benefits never imagined.»

APPRECIATE THE GENERATION THAT WALKED BEFORE YOU

«Your elders can help you. They are a source of wealth in the form of wisdom. They have weathered storms and endured the same heartbreaks; let their struggles be the light that shines the way in the darkness. Don’t waste time repeating their mistakes. Instead, take what they’ve done and catapult you towards building a progressively better world for the progeny to come.»

LASTLY, WE HOPE THAT YOU LIVE IN A STATE OF CONSTANT WONDER

«As we accumulate years, parts of our imagination tend to dull. Whether from sadness, prolonged struggle, or social conditioning, somewhere along the way people forget how to tap into the inherent magic that exists within our minds. Don’t let that part of your imagination fade away. Look up at the stars and imagine what it would be like to be an astronaut or a pilot. Imagine exploring the pyramids or Machu Picchu. Imagine flying like a bird or crashing through a wall like Superman. Imagine running with dinosaurs or swimming like mer-creatures. All that exists is a product of someone’s imagination; treasure and nurture yours and you’ll always find yourself on the precipice of discovery.»

«How does any of this lend to the creation of a peaceful society you ask? It begins with a cause. Your causes create the effects that shape your future and the future of all those around you. Be the leaders in the movie of your life. You are the director, producer, and actor. Be bold and tirelessly compassionate as you dance through the voyage that is this lifetime.»

Resulta obvio pensar que Kendrick Lamar representa para el común de los mortales algo prácticamente igual que estrellas como Beyoncé; un ejemplo para la comunidad afroamericana en los términos de emancipación individual y éxito, recurriendo a símbolos ya vacíos, no comprendidos lo suficiente, descontextualizados, restados de significado para reflejar un compromiso y una «conciencia» que en realidad no llega más allá de sus ostentosos videoclips.

La sutil diferencia está en esos 10 puntos en los que Hancock y Shorter desarrollan su escrito, en los que cualquiera puede ver reflejado al californiano. Y en la que comentaba su frecuente colaborador Terrace Martin recientemente, al recordar cuando se interpretaron algunas de las piezas sin nombre incluidas en «untitled unmastered.» Concretamente dice que la música que escuchaba conseguía invitarle a pensar en:

«Family, unity, youth, the next, the new, the fresh.»

Hay quien dice que Kendrick Lamar se puede interpretar como afrofuturismo, ya que utiliza desde dentro del sistema las herramientas que la oligarquía blanca le ha regalado para revertir su inevitable condición como afroamericano, empujando constantemente sus límites artísticos y los de los demás. Pero me gusta más pensar en la idea romántica y alegórica de que Kendrick Lamar es Jazz, es Jazz porque es precisamente el mejor ejemplo que ellos iban a imaginar para liderar a una nueva generación artística. Y por lo más importante: él deja que la música hable por sí sola.

«Head is the answer. Head is the future.»

Lo que en principio parecía un apéndice, una sucesión de bocetos escuchados rara vez en memorables actuaciones televisivas, una extensión de una obra que comenzó hace tres años en las sesiones de grabación de «To Pimp A Butterfly» (donde, al menos, se dio forma a entre 60 y 80 canciones) y que ha querido hacernos ganar contexto alrededor de un título que le valió 11 nominaciones a los premios Grammy, es en realidad la cara B que nos ha hecho comprender la magnitud artística y personal de Kendrick Lamar. Ha hecho mucho más con mucho menos.

No había ninguna necesidad, y «untitled unmastered.» ha llegado disimulando cualquier intención, libre, sin ataduras y sin el objetivo de ocultar alguno de sus defectos, sin publicitar la total transparencia que ha buscado y desatando unas consecuencias totalmente inversas a las de «The Life Of Pablo», definiendo aún más a esos dos opuestos cada vez más cómodos con su propio rol.

Ambos buscan exactamente lo mismo: exponer problemáticas, empujar al arte y su arte, mostrarse tal y como son, mostrar al fin y al cabo lo que en última instancia se refleja en su música, que es su forma de ver el mundo. Pero los dos polos se manifiestan de dos formas muy distintas.

«untitled unmastered.» es Jazz, el Jazz que van a escuchar las nuevas generaciones por mediación de las orgánicas líneas de bajo de Thundercat o saxofón de Kamasi Washington, o el vehículo por el que llegarán a Makaya McCraven, por el que sabrán de Adrian Younge y por el que se interesarán por Brainfeeder. El Jazz al que el propio Herbie Hancock ha dado su bendición y que tiene su máxima expresión imaginada en Kendrick Lamar. El Jazz que actúa como reverencia, como elogio, y a su vez como actualización. El Jazz que proyecta una voz individual y colectiva.

En obras como ésta el Hip Hop tan solo es un recurso estético, una herramienta más del conglomerado musical y emocional que Kendrick Lamar ha tejido con calma y que jamás alcanzará un estado definitivo; las interpretaciones variarán con el contexto y las segundas lecturas se multiplicarán lejos del día de su publicación. Y Kendrick Lamar es un artista que no solo es capaz de interrelacionar cuestiones políticas, raciales, pensamientos sobre la industria, la religión, la violencia y la mercantilización de la misma en sus letras, es mucho más. Él es Jazz.