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Un comentario sobre la sex tape de Kanye West

La inevitable fiesta de pijamas.

13.07.16
Aleix Mateu

Voy a intentar hacer el enésimo resumen del vídeo «Famous» de Kanye West, la última incorrección (¿política?) visual del polémico famoso.

Duermen en una larga cama gente influyente y con muchos seguidores en las redes sociales. George W. Bush, Anna Wintour, Donald Trump, Rihanna, Chris Brown, Taylor Swift, Kanye West, Kim Kardashian, Ray J, Amber Rose, Caitlyn Jenner y Bill Cosby (de izquierda a derecha) descansan angelicalmente y desnudos uno al lado del otro, después de hacer lo que podría ser la orgía más mediática de la historia (eso suponiendo que los romanos no pugnaran por la visibilidad de la plebe o el patriciado).

«We’re culture. Rap is the new Rock and Roll. We’re the Rockstars.»

Antes de entrar en el siniestro departamento, lo primero que vemos es una imagen celestial del sol y las montañas, para descender a ese limbo donde los famosos descansan. Un mirón se ha colado en el selecto recinto y les graba a todos con una cámara VHS, de muy cerca, intentando no hacer ruido con su respiración perturbada. Y eso es lo que nos llega: los archivos en bruto yuxtapuestos con cortes sin montar, registrados por alguien que repasa de arriba abajo unas figuras de cera.

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Ellos no son ellos realmente. Son una recreación de los mismos en una cama en la que jamás han dormido, como su vida para la audiencia: una parodia cuya lógica comprendemos a la perfección porque es la que hemos adoptado nosotros mismos en nuestra relación con las redes sociales.

«A woman I admire like Rihanna or Anna, reduced to a pair of waxy breasts made by some special effects guy in the Valley«, dice la actriz y directora Lena Dunham en Facebook, la cosificación del otro y la mirada deshumanizada por la abismal distancia entre el mundo de alguien que vive en Hidden Hills y el que le sigue en Instagram.

El caso es que solo juntando a gente como Rihanna y Chris Brown, Taylor Swift y Kanye West, Kim Kardashian y Ray J, o la simple presencia de Bill Cosby o Donald Trump, más allá del escándalo mediático que pueda crear y ha creado, y sin hacer nada más que posar dormidos, ya despierta en el espectador una asociación de ideas que cruza visceralmente la representación mediática para llegar al claroscuro de la realidad. Nos dice, mira, el racista Trump después de una orgía con negros. Y, míralo que tierno. Igual que un Chris Brown que estuvo condenado por dar una paliza a Rihanna, con quién ahora descansa.

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Es esa agua turbia por la que Kanye West nos quiere hacer chapotear: el morbo imperante por ver los cuerpos desnudos de las celebrities pero, mirad qué grotescas y desagradables figuras de cera. Esta crítica de doble filo se hace extensiva a todas las lecturas que se le pueda hacer al vídeo.

Probablemente, todos se detesten entre ellos y, («IRL») hayan repudiado la escabrosa imaginación de Kanye West, que les ha colocado en esta escabrosa situación. Pero, a pesar del aborrecimiento o asco que algunos se puedan llegar a tener, hay algo que inevitablemente les une, de una forma casi-divina y que escapa a su elección: la fama.

Y, como si todo hubiera sido una performance, aparecen los créditos y agradecimientos a la colaboración de todos los famosos implicados. Justo antes de aparecer un plano cenital que se va alejando progresivamente y nos muestra de forma bella, como si fuera un cuadro, aquella pieza bizarra y de mal gusto que habíamos estado presenciado junto al voyeur psicópata.

De repente, «beautiful morning«, oímos con el nuevo amanecer. Porque, al fin y al cabo, la noche no ha estado tan mal.

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