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“La historia más grande jamás contada”

Ya que nadie consigue tratar el Rap de la misma forma, Kendrick Lamar confiesa las contradicciones del mundo sometiéndose a una experiencia sin precedentes. Dios, la fe, la espiritualidad: todos estamos invitados.

18.04.17
Frankie Pizá

La iluminación es la “cooperación absoluta con lo inevitable”.

La “no resistencia” y progresiva comprensión de que “nada está bajo nuestro control”. La fe, por tanto, puede ser interpretada como la certeza de que algún día tendremos una explicación para todo lo que nos ocurre en la vida.

“Siempre fue ‘yo contra el mundo, hasta que me di cuenta que era ‘yo contra mi mismo'”.

–Kendrick Lamar.

La sabiduría, entre otros muchos significados, puede ser el “arte de fluir de manera armónica con el momento presente”, un estado de constancia espiritual en el que “eres capaz de desvincularte de tu mente, observarla y tomar decisiones, libre de miedos que antes te obstaculizaban, pudiendo actuar sin condicionamientos o prejuicios”.

¿Y Dios? ¿Qué es Dios? Tiene algo que ver con lo que entendemos por “espiritualidad”? ¿Es la religión el camino real hacia ella? ¿Qué diferencias hay entre un cristiano, un judío, un budista o un musulmán entonces?

“Desde la distancia no sé quién de ellos es cristiano, maldita sea”. 

–Kendrick Lamar.

Es en ese complejo espacio filosófico en el que irrumpe como un jeep de color rojo intenso “DAMN.”, un álbum que cuenta la mejor y más verdadera historia de cuantas ha contado Kendrick Lamar; una especie de experiencia después de la muerte en la que el artista expone su despertar espiritual con crudeza y sin temblores. Porque él muere tan solo comenzar la reproducción.

Lo primero de todo: “DAMN.” es un álbum radical si lo comparamos con ejercicios del mismo tipo lanzados en los últimos tiempos. La re-introducción de la espiritualidad en el contexto del Rap mainstream ha venido precedida de discos como “The Life Of Pablo” o “Coloring Book”, dos postales hechas por estetas que reflexionaban sobre la grandeza de nuestro Dios reutilizando referencias cristianas y música como el Góspel.

En “DAMN.” no hay Góspel. Ni corales. Hay la dura realidad contada por un tipo que reza, pero que no es dogmático. Un tipo que ha visto la oscuridad y encontrado la luz en la comprensión de que la religión es tan solo una representación: la verdadera espiritualidad, Dios, el universo, está dentro de nosotros.

“DAMN.” se centra en fricciones: la religión y la espiritualidad, la fe y la política, el orgullo y la humildad, la maldad o la debilidad. Por momentos la narrativa se adentra en las entrañas mismas del autor como un experimento de purificación; Kendrick empieza la autoflagelación lírica con “BLOOD.”, en la que la frase principal es “is it wickedness? / Is it weakness? / You decide / Are we gonna live or die?”

Todo ocurre de forma metafórica: “DAMN.” desvela al más brillante narrador de su generación reflexionando sobre temáticas universales que hoy por hoy han sido desviadas por la situación política y social. Lo hace sobre una producción limpia aunque paranoica, casi invocando al mismo tiempo a Lil Noid como a “Section 80”.

Aquellas ya las trató de la misma manera en “To Pimp A Butterfly”; allí era su condición en el mundo, en “DAMN.” se trata de una lucha contra su ego, contra su sombra, con la lucha diaria por diferenciar su proyección con su persona real, una lucha por no identificarse ni con el color de su piel ni con sus creencias.

Este cuarto álbum de estudio tiene la capacidad de resumir los conflictos internos de Lamar durante su vida y exponer con sinceridad todos sus miedos, dándoles forma de superproducción Rap: en su EP “Faith” del 2009 ya narraba sus dudas sobre la fe y la religión cristiana en una etapa de profunda crisis personal, algo que vuelve a estar presente aquí.

Lamar lo guioniza todo para que apenas nos demos cuenta de las señales, con sus frases simples y meticulosa profundidad; “FEAR.” es el track principal del álbum en el que Kendrick trata un historial de temores constantes en su vida desde cuatro perspectivas distintas; la de un niño atemorizado, la de un adolescente que conoce la libertad, la de un “Kung Fu Kenny” (referencia al personaje de Don Cheadle en Rush Hour 2) preocupado por su exposición o la de un rapero que no sabe qué sentido tiene la vida.

En los primeros versos dice que “tiene miedo a que alguien pegue a su madre”. En los últimos versos Lamar dice tener miedo a “perder su creatividad”, “de morir solo”; casi podemos ver toda una vida de inseguridades entre los dos puntos.

Una confesión, eso es “DAMN.” Un auto-escrutinio de formato literario y representación Rap para la gran pantalla de festivales como Coachella que está simultáneamente limpiando los pecados de K. Dot y analizando a toda persona sobre la Tierra.

“If I could smoke fear away, I’d roll that motherfucker up
And then I’d take two puffs
I’m high now, I’m high now
I’m high now, I’m high now
Life’s a bitch, pull them panties to the side now.”

–Kendrick Lamar.

Porque en el transcurso de esta novela, de este proceso de tintes bíblicos, de esta caminata hacia la cruz, se identifican también valores que comparte toda su comunidad.

En “DNA.”, un nuevo himno después de “Alright”, Lamar analiza su propia negritud y el significado de ésta en el contexto actual de su país y escenario; la tensión natural entre cómo nos vemos y cómo nos ven.

De alguna forma, el de Compton intenta desvincularse de lo que se entiende por “ser negro” hoy, evaluando las partes positivas y negativas de un instrumento de expresión como ha sido el propio Hip Hop.

También el género en el que se enmarca él mismo está bajo análisis, porque ¿cuánto ha beneficiado realmente a la integración de la comunidad afroamericana en la sociedad estadounidense?

En el último track, “DUCKWORTH.”, también la propia Top Dawg Entertainment está siendo diseccionada: en ella K.Dot cuenta la historia y se refiere a alguna leyenda urbana sobre el sello más importante jamás salido de Compton.

La espiritualidad, tal y como anunció, es el centro magnético. Vista desde sus ojos y su interior; lo que pasa cuando las oraciones no son suficientes (“What happens when life is too much? When you’re too angry or saddened to believe that prayer will be enough to cover it?”), lo que ocurre cuando te das cuenta de que eres tu único enemigo y otros procesos vitales que algunos denominan como ‘despertar’ o ‘iluminación’.

Como podemos observar en “DAMN.”, Kendrick Lamar ya comenzó el camino hacia su auto-conocimiento; en “To Pimp A Butterfly” se expresaba con sinceridad sobre la depresión que le perseguía desde que era un adolescente; en “untitled 03” ya comentaba sobre la “importancia de la meditación” y de las diferencias entre los diferentes dogmas o conceptualizaciones de la espiritualidad que reinan sobre el mundo.

Una gran reflexión tan sutil como asombrosamente densa. Este es el álbum que hace levitar a Kendrick Lamar sobre todos sus contemporáneos retratando las contradicciones vitales y espirituales de una forma que nadie antes ha conseguido, con una gran parábola inscrita en letras rojas.

La música es su experiencia, nuestra experiencia; miedos, pecados, tentaciones, dificultades. No hay soluciones, solo un camino.

Ese es su principal poder, el cual sigue conservando: Kendrick trata el Rap de una forma a la que nadie ha llegado nunca. Lo lleva más lejos y más cerca que nunca.