#Artículos

El Jazz siempre trató de superar diferencias y dificultades

Kamasi Washington sigue avanzando como uno de los poquísimos mensajeros del Jazz en nuestro tiempo; en él confluyen las infinitas posibilidades estéticas del sonido y todas sus complicaciones implícitas.

29.09.17
Frankie Pizá

Aunque a nadie le interese, Kamasi Washington tiene que sortear varias problemáticas de entrada.

La primera es la de ser un extraño en el catálogo de un sello occidental particularmente relacionado con el Pop, el R&B y la música electrónica; en Young Turks, para comenzar a calibrar el diálogo entre editorial y artista, han propuesto un primer EP titulado “Harmony Of Difference”, cuando en el mundo del Jazz rara vez se editan EPs.

Kamasi se encontraba mucho mejor y más cómodo en Brainfeeder, con sus coetáneos, con cierta similitud y armonía entre las otras propuestas dirigidas por Flying Lotus; su llegada a Young Turks sigue sonándome a priori extraña.

A pesar de que él, y su propio movimiento instaurado en South Central (Los Ángeles), han sido siempre extraños dentro del Jazz (ligereza a la hora de inmiscuirse en otras genéricas, preferir grandes festivales a pequeñas salas, etc).

La segunda dificultad ya la he contado antes: el espacio, y más después de algo tan descomunal en tratado y en dimensiones como fue “The Epic” (2015).

Pero como todo en la vida, esas dificultades “teóricas” pueden convertirse en las principales armas del artista norteamericano para confirmarse como el referente del Jazz para una nueva generación de oyentes.

En este primer título para el sello inglés Kamasi parece hilar desde su opus de debut hasta una pequeña suite de 6 composiciones en las que se pone a prueba su propia concepción como músico. Un tremendo intérprete en solitario pero que amplifica su carisma cuando existe un contexto rodeándole de grandes arreglos y despliegue instrumental.

Kamasi es el artista que Quincy Jones hubiera soñado con dirigir hace unos años; con esa magnitud individual y ese universo a su alrededor; con esa predisposición para la orquestación y un emparejamiento casi natural con el Soul/R&B. Las posibilidades son infinitas.

Visto a primera vista y poniendo sobre la mesa estos detalles, situacionales y circunstanciales, Kamasi podía fallar fácilmente en esta obra: composiciones más cortas, un release menor, en un sello y contexto en el que todavía tiene que ganar significado.

Nada más lejos de la realidad: Washington consigue reducir la magnitud de su concepto musical a un pequeño aunque intenso formato que nos habla incluso de forma más reveladora que “The Epic”.

Además de eso, la temática del álbum versa sobre un principio musical básico que podemos encontrar en la totalidad de la composición contemporánea: el contrapunto.

“El arte de equilibrar la similitud y la diferencia para crear armonía entre melodías independientes” ha dicho él mismo, quien ha buscado “presenciar en primera persona la hermosa armonía creada por la fusión de diferentes melodías musicales”,  “ayudando a la gente a darse cuenta de la belleza de nuestras diferencias“.

Un concepto antiguo, desarrollado en el Renacimiento, el proceso contrapuntístico, adquiere una nueva dimensión al ser expuesto a través de Kamasi Washington. Y si agudizamos, incluso podemos observar intenciones universales y extramusicales en su ejercicio.

Incluso podemos conectar levemente con las emociones que llevaron a sus antepasados directos a volverse cada vez más y más agresivos en su autoafirmación musical dentro del contexto blanco y occidental de los Estados Unidos. Fueron esas diferencias las que al fin y al cabo crearon aquellas innumerables obras maestras y momentos históricos.

La música de este EP fue concebida para una exhibición original de la Biennial 2017 del Whitney Museum of American Art en Nueva York, junto con una serie de pinturas y proyecciones firmadas por su hermana Amani Washington.

El Jazz ya no existe, solo lo hace su lenguaje estético y formal, sus características; su poder ha disminuido, el contexto y quizá la necesidad desaparecieron, pero son artistas como Kamasi Washington los que deben reinventar su esencia para volver a darle su justa importancia.

Ahí es donde Kamasi tiene una tercera dificultad que superar: es uno de los poquísimos artistas de Jazz capaces de trascender audiencias y nichos, por tanto de los pocos que puede ganar espacio entre tantísima música similar.

Me pregunto si en el futuro dejamos de hablar de artistas como él (por aquello del espacio, por aquello de que no suenen tan modernos), este hecho provocará que el Jazz, como cualidad, como estética, ya no como esencia, desaparezca también.

Si la música de hoy crece en función de lo que se habla de ella y ese ‘espacio’ abstracto donde se debe distribuir toda la información y contenido hasta llegar a su audiencia correspondiente se sigue guiando por un criterio que busca desesperadamente las novedades, aquello que no está corrompido, ésta va a seguir acordándose de reservar sitio a artistas como éstos.

Me pregunto, en resumen, si dejaremos de divisar al Jazz si realmente seguimos sin preocuparnos por él.