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En Japón, el CD es una cuestión cultural

En el país, un símbolo del futuro, el CD sigue copando los ingresos en el mercado musical. Obsoleto en el resto del mundo, Japón y su amor por el formato físico revela una resistencia a la globalización.

29.08.16
Frankie Pizá

Todos los informes comparten cifras y conclusiones muy parecidas: las ventas de vinilo suben en todo el mundo de una forma notable y progresiva, mientras que el streaming sube de forma desorbitada como forma de consumo principal, enviando las descargas a un segundo plano.

El CD, por su parte, es una debacle: baja estrepitosamente su venta y tráfico, queda totalmente desfasado y no es más que un icono del pasado. Excepto en Japón, donde todavía es posible perderse entre carátulas de singles en CD, un producto cerca de lo obsoleto tanto en Europa como en Estados Unidos.

Japón, el 10º país más poblado del mundo (actualmente ronda los 128 millones de personas) y con una de las mayores tasas en cuanto a esperanza de vida, es también el 2º mayor mercado musical, llegando a generar 2.440 millones de dólares (254.000 millones de yenes, al cambio) en un solo año. Un 85% de este total son ventas en CD.

La imagen popularizada de Japón incluye rasgos como sus particularidades en los hábitos de consumo y su desarrollo tecnológico: todos los occidentales que visitan el país coinciden en el choque cultural a todos los niveles, y ponen énfasis en la dimensión paralela que los japoneses han construido alrededor del coleccionismo y fetichismo relacionado con los objetos.

La población japonesa, con un gran porcentaje de ciudadanos mayores de 65 años, tiene fama de resistirse a los cambios tecnológicos que suelen arrasar en occidente: las singularidades de sus mercados parecen algo cultural y su propensión a adquirir vicios fuera de lo común ha quedado reflejada en varias ocasiones.

Paradójicamente, y según Mun Keat Looi, aunque tuvieron acceso antes que ningún otro país a terminales 3G o las cámaras en los smartphones, Japón reflejó una pasión desconcertante por los modelos de móvil tipo flip-phone, afectando este vicio a todos los mercados derivados, como el diseño de websites y tiendas online.

Los datos apuntan a que Japón está comenzando a crecer en esta dirección ahora, con unos 89.ooo millones de dólares generados por tiendas online, en comparación a los 33.000 millones de dólares que se cifraron en 2009. En el mismo marco geográfico, y a pesar de que en cualquier punto del globo las tiendas musicales están cerrando, en Japón sigue existiendo un desorbitado ecosistema destinado a la venta de música en formato físico. De primera y segunda mano.

Donde el CD es un factor cultural. 

En Japón hay más del doble de tiendas físicas que en Estados Unidos y el triple que en Alemania: según la Recording Industry Association of Japan (RIAJ) existen 6.000 en el país asiático, hay 1.900 en USA (según Almighty Music Marketing) y tan solo 700 en el país europeo que más conserva.

El CD no solo no se ha extinguido en Japón, sino que sigue creciendo. Lo hace además sin que este factor afecte al crecimiento de la popularidad de los servicios de música digital. En Estados Unidos los servicios de música digital (venta y streaming) significan un 60% del total, mientras que en Japón tan solo registra un 8% del total, aunque la perspectiva es que empresas como Spotify se expandan exponencialmente en los próximos años.

¿Cómo podemos explicar que el CD siga creciendo en ventas en Japón mientras ya no se contempla como opción de distribución en el resto del mundo? ¿Es una costumbre? ¿Es un factor cultural? ¿Está derivado de la tendencia de los japoneses al coleccionismo? ¿Es más barato fabricar CDs en Japón? ¿Tiene que ver con el patrón demográfico de la población japonesa? ¿Es la resistencia a nuevos modelos y costumbres algo endémico del país?

¿O se trata más bien de un factor económico? Un CD en Japón cuesta el doble que en cualquier otra región, llegando a una media de 23/29 dólares. Japón, coincidiendo con Alemania, ha evidenciado una mayor confianza al pago en metálico en vez de con tarjeta de crédito, según apunta el analista Mark Mulligan.

Desde fuera, observar al país más avanzado del mundo seguir empeñado en la colección y adquisición de CDs provoca que pensemos en que es posible la resistencia a la globalización. Según un editorial presentado por el New York Times, el joven Kimiaki Koinuma revela que compra hasta 3 CDs semanalmente, unos datos que se parecen a nuestras costumbres en Europa si retrocedemos más o menos una década.

En una entrevista, Hiroshi Oyamada de Tugboat Records en Tokio apunta que el 80% de sus ventas son en formato CD, mientras que tan solo el 20% se corresponden con la compra o descarga digital. Otra evidencia es la eficiencia y rentabilidad de tiendas concretas: mientras Tower Records cerró todas sus tiendas en Estados Unidos en 2006, en Japón las 85 tiendas de la compañía (controlada por NTT DoCoMo) generan 500 millones de dólares al año.

Un mercado independiente. 

Durante años, sellos discográficos de todo tipo, han confiado gran parte de sus ventas al mercado japonés. Allí, siguen proliferando las ediciones especiales de importación con contenido exclusivo, grabaciones inéditas y complementos que no aparecen en las ediciones convencionales que se distribuyen en occidente. Warp Records o Planet Mu siguen cultivando esta tendencia, ya que saben de la importancia de ofrecer un valor añadido y limitado al público que más compra.

Las propias tiendas de discos en Japón van más allá: algunas tienen sus propios freebies y añadidos a cada publicación, lo que genera una demanda superior y agiliza la compra del formato. Los grupos más populares, normalmente formaciones jóvenes como AKB48 o Arashi, regalan tickets a sus conciertos y fomentan otras iniciativas a través de los singles en CD.

El CEO de Universal Music Group, Lucian Grainge, ha dicho que «Japón es excepcionalmente único» como mercado: en el presente de las discográficas, sobre las cifras que sabemos, parece que pasa por seguir fabricando CDs únicamente para venderlos en Japón. Si allí, una vez distribuidos, van a parar a cajones, a la segunda mano o al reproductor, ya es lo de menos.

Mientras el modelo del streaming acecha con apoderarse de la industria, Japón se niega a tirar el CD a la basura. Cuando en Europa no paramos de leer sobre el renacimiento del vinilo, en Japón el mercado musical se sustenta casi exclusivamente a base de un objeto que ocupa mucho menos en cualquier estantería. Un artículo en el que la información impresa se degrada mucho más rápidamente.