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El árbol nuevo de James: “The Colour In Anything”

James Blake ha profundizado en su discurso con un álbum que le reafirma como un artista sin sinónimos.

11.05.16
Aleix Mateu

Diseños basados en las fotografías de Nabil Elderkin.

James Blake estará presentando su nuevo disco en Sónar Festival

Hay una mujer que parece brotar del árbol yermo, al lado de James. Gris la silueta, las nubes y el árbol, y la mujer desnuda, brota como lo hacía el melocotón gigante de James Henry Trotter, el que nacía de los trazos líquidos de las acuarelas de Quentin Blake. Con el melocotón, James escapó de las tortuosas y grises tierras británicas cruzando el océano; hasta llegar a la Gran Manzana, ciudad de luz dónde vivió para siempre con los demás niños, dentro de la cáscara de la fruta gigante.

Es en Estados Unidos donde ha nacido también “The Colour In Anything“, el tercer disco del británico James Blake, un trabajo de 17 canciones donde el crooner tipifica su discurso y añade nuevas pinceladas para una obra detallista que busca profundizar en cada uno de los estilos que el productor ha propuesto hasta la fecha.

Detrás de la acuarela que el ilustrador de los cuentos infantiles de Roald Dahl ha pintado para Blake, se destapa una vez mas el mundo sensible y melancólico del británico. Con destellos de color aquí y allá: ya sea en determinados giros vocales, en líneas de sintetizador que atraviesan como rayos los amplios espacios que son las habitaciones de James, o en percusiones firmes e inquietas que golpean y pellizcan las gruesas líneas de bajo. También en los repetitivos sampleos vocales que cimientan algunas canciones, en las largas notas de órgano o en la progresión de las voces del cantante loopeadas como hace en sus conciertos, ya estén subidas de pitch o troceadas.

En comparación con los otros discos, los 80 minutos de duración de “The Colour In Anything” parecen ser espejo y a la vez herramienta de uno de los cometidos del trabajo: trascender los estándares de su sonido para indagar en cada pliegue y reflejar el discurso más sólido; esto es reivindicar su importancia como compositor contemporáneo.

A pesar de que en “Overgrown” James Blake siguiera organizando las cadencias Dub y los repiqueteos de ese artefacto llamado Postdubstep, al que tempranamente ayudó a articular, es en este disco donde encontramos canciones con una voluntad más abierta de reivindicar carácteres como el de “Klaviwerke“, ese genial artefacto que le desmarcó de los demás artistas de electrónica que se movían en los mismos registros.

Asimismo, se desmarcó de los compositores electrónicos más tradicionales precisamente cuando adaptó estos estilos a sus partituras para piano, las que han acabado por enmarcar su estilo: el James Blake del disco homónimo, el de “Overgrown”, y el de, inevitablemente, “The Colour In Anything”.

La tan señalada “Timeless“, por ser ejemplo obvio de esto mismo que explico, no es la única pieza del disco con estas características. Podemos ver en “The Colour In Anything” como subyacen esas percusiones de una forma más intensa que en el disco que lo antecede, posiblemente a causa de quién es James Blake hoy: un compositor que se ha ganado un sitio destacado entre nombres de dominio público como el de Beyoncé o Kanye West.

Cuenta James Blake en su entrevista para Pitchfork que malentendió las indicaciones que le habían dado a la hora de trabajar la canción con Beyoncé, pues, contrariamente a lo que se suponía, empezó a proponer melodías y acordes en el piano totalmente distintos a los que estaban previstos. Estando la cantante en el estudio, al escuchar lo que Blake interpretaba, desechó lo antiguo y se quedó con la nueva composición del británico.

La música que rige los éxitos comerciales (sobre todo en Estados Unidos) es el Hip Hop y el R&B contemporáneo, y todos aquellos géneros que estos han succionado. Música con la que James Blake siempre ha estado íntimamente conectado. En el caso del Hip Hop podemos hablar de sus colaboraciones con Vince Staples, Chance The Rapper o RZA.

El inglés lo sabe y ha querido potenciar estos elementos, a pesar de no contar más colaboración vocal que la de Justin Vernon. “Choose Me” quizá sea un buen ejemplo: esas primeras percusiones, esas frases que va colocando entre el colchón de sus propios coros y esas pinceladas contadas de Autotune; todo amoldado en una canción típica de Blake, progresiva gracias a esos sintetizadores ya característicos y esos lagos coros in crescendo que, por sorpresa, acaban en una intensidad (gratamente) desmesurada. Esto sería un ejemplo pero hay otros repartidos por el disco: el adelantado R&B de “I Need A Forest Fire” o la (también) excepcional “Put That Away And Talk To Me“, también “Noise Above Our Heads“.

Hablo de potenciar y profundizar porque, precisamente es lo que ha hecho en “The Colour In Anything”; a este disco le cuesta encontrar momentos de sublimación minimalista, a diferencia del primer álbum, algo que ha conseguido suplir conjugando con maestría una gran cantidad de elementos. Porque, si algo representa esto, es una demostración de fuerza. A pesar de estas producciones más cargadas y los matices estilísticos, “The Colour In Anything” no es un disco rupturista ni que presente grandes diferencias o innovaciones. Quizá sí sea un punto de inflexión en la carrera del artista.

El disco ha estado co-producido íntegramente por Rick Rubin, grabado en gran parte en su estudio de Malibú (Shangri La Studios), y ha contado con la asistencia de Frank Ocean y Justin Vernon de Bon Iver. Esto ha resultado enriquecedor para un artista que había grabado sus anteriores discos con la única compañía de su ordenador, en la soledad de su casa británica.

Para promocionar el disco James Blake ha hecho una entrevista con Pitchfork para presentar el disco. Una entrevistas de esas donde no se habla específicamente del disco pero que leídas con atención desvelan grandes claves del mismo.

“I listened to my old music and I really didn’t sound like a happy person. I wouldn’t want to be one of those artists that keeps themselves in a perpetual cycle of anxiety and depression just to extract music from that.”

–James Blake.

En James y el melocotón gigante, cuento escrito por Roal Dahl, el niño vivía huérfano en una casa gris y mustia con sus dos horrendas tías; hasta que brotó del árbol seco ese colorido melocotón gigante que se llevó a James Henry Trotter a vivir aventuras con el saltamontes y el gusano, y el ciempiés y el resto de séquito artrópodo. Un viaje que acabó en Estados Unidos y que, como a Blake, hizo despertar esos colores que estaban en la nada.