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El póster de un robot en tu habitación

Repasamos el potencial que ofrece la Inteligencia Artificial para el artista y el humano de un futuro muy próximo.

27.06.17
Aleix Mateu

Texto de Carlos Martorell y Aleix Mateu.

“El arte guiado por lo generativo y  los datos es definitivamente un acto de curación”, tuitea Marcin Ignac, artista de lo mencionado y experto en diseño computacional.

Es otra evidencia de que la definición de artista está en continuo cambio y de que la tecnología es, una vez más, un punto de inflexión, ese gen inquieto que fuerza la mutación del creador en algo distinto a lo que ha sido hasta entonces.

Como fue la fotografía y la imagen reproductible de Walter Benjamin, y un poco más adelante el sampleo, el cut up y el copiar-pegar (algo que todavía está costando de asimilar), ahora se trata de la Inteligencia Artificial: un nuevo pincel automático que lleva un paso (o dos) más allá la idea del artista como curador de contenido.

Tal como señala el libro En las ruinas del museo de Douglas Crimp, y siguiendo las ideas de Benjamin, “a través de la tecnología de la reproducción, el arte posmodernista prescinde del aura. La ficción del sujeto creador da paso a la franca confiscación, cita, parafraseo, acumulación y repetición de imágenes ya existentes. Las nociones de originalidad, autenticidad y presencia, esenciales para el discurso ordenado del museo, resultan socavadas“.

Esta pérdida de la noción de la originalidad y la autenticidad no hace más que acentuarse con la evolución tecnológica y, como señala Kenneth Goldsmith en Escritura No-Creativa, el contexto se convierte en el nuevo contenido.

La música generada automáticamente por un robot deja a primera vista al artista en una posición de importancia cuestionable. Como defiende la pequeña empresa AI Music, el potencial de la Inteligencia Artificial es el de cambiar la música como un proceso “unidireccional y estático de interacción” a “una dinámica universal de co creación“, algo así como un diálogo entre el humano y la máquina.

samim, experto en codificación y machine learning, hace una analogía muy ilustrativa sobre el tuit de Marcin Ignac y el papel del humano respecto la Inteligencia Artificial: “el humano establece el contexto (la tierra, etc.), y los vegetales se encargan del propio cultivo“.

Mostrar el potencial creativo que supone la Inteligencia Artificial para los artistas era uno de los puntos clave que tenía la charla en el Sónar+D titulada El rol de los artistas en la revolución de la inteligencia artificial.

Douglas Eck, científico de Magenta, grupo de investigación de música e inteligencia artificial de Google e invitado a la charla, explica a WIRED que luego, de aquello que genere el ordenador, los músicos y artistas seleccionaran aquello que funcione para ellos.

Así lo ejemplificó Desert, el dúo catalán que subió al escenario en colaboración con el grupo de investigación (o con el tercer miembro del grupo, Magenta) para mostrar la aplicación de un sistema de Inteligencia Artificial aplicado a, por ejemplo, la percusión: puedes elegir los patrones, la intensidad, la randomness del ritmo, y muchas más variables que la máquina generará sin dificultad.

Se trata de usar cada vez menos las manos y cada vez más la cabeza. Algo así como lo que proponían artistas como John Cage cuando creaba obras basadas en tiros de dados o el I Ching, o LeWitt, que nunca llevó a cabo ninguna de las obras que esquematizaba y recetaba a sus discípulos: “un arquitecto no toma una pala y va a cavar los cimientos ni tampoco coloca cada ladrillo“, reflexionaba.

La Inteligencia Artificial cada vez está más presente en nuestra vida cotidiana, tanto como meme en una conversación como en la tecnología que consumimos. Pero su funcionamiento es uno de los grandes desconocidos de la tecnología actual.

Más allá de la mitología que la rodea, la IA se podría describir como un conjunto de funciones matemáticas que se autocorrigen cada vez que se les enseña algo nuevo.

Su funcionamiento es más sencillo de comprender de lo que parece: como en el humano, la primera parte del proceso se basa en la educación del sistema.

Se trata de enseñarle (ingestarle) una cantidad enorme de información (ya sean imágenes, audios, etc.) a partir de los que, en un primer momento, el algoritmo de IA infiere información.

Entonces esas funciones se van perfeccionando con cada imagen o sonido que la IA estudia.

El segundo paso se basa en ejecutar ese algoritmo con parámetros nuevos, de manera que gracias a la información que hemos proporcionado antes, dará nuevos resultados basados en los primeros.

Aquí es donde viene el elemento clave para los artistas: más allá de lo alien de este proceso de aprendizaje por parte de un ordenador, estos algoritmos son capaces de generar ideas a las que difícilmente llegaría el propio artista, pero que están basadas en aquello que se les ha enseñado.

El ordenador puede aportar a los artistas nuevas vías, sonidos y resultados totalmente inimaginables por ellos mismos.

Así el artista asume un rol de curador de ideas generadas por ordenador.

Tomemos por ejemplo el trabajo del artista que abrió la charla del Sónar +D: Mario Klingemann.

Al principio de su conferencia aseveró que su objetivo “es llegar a ser prescindible“.

El artista, actualmente en residencia en Google Arts, ha desarrollado proyectos como X Degrees of Separation, que permite al espectador/usuario enlazar 8 millones de obras artísticas entre ellas a partir de sus propiedades estéticas.

Consigue encontrar aquellas seis imágenes que le llevan, por ejemplo, de una figura de arcilla de hace 4.000 años a la Noche Estrellada de Van Gogh.

También está desarrollando una experimentación con redes neuronales (una de las tecnologías más utilizadas en IA) entrenadas con imágenes de retratos antiguos, o la expuesta en Sónar+D, My Artificial Muse, a partir de estudios posturales en pinturas de musas.

Nosotros entrevistamos al pintor Albert Barqué en el mismo festival, las manos humanas del proyecto My Artificial Muse, para que nos hablara un poco más del proyecto:

En todos los casos, el artista usa la IA para encontrar patrones en imágenes que, a posteriori, generan nuevas variantes.

Otro de los artistas que mostaron su trabajo e ideas fue Kenric McDowell, director del Artists + Machine Intelligence de Google Research, un programa que une a artistas e ingenieros para crear arte usando la inteligencia artificial.

Expuso algunos trabajos interesantes que se habían preparado con esta tecnología. Un ejemplo fue el proyecto de Ross Goodwin titulado Wordcar. Inspirado por Kerouac y Hunter S. Thompson el artista hizo un viaje con un Cadillac equipado con una cámara, un GPS y otros sensores que alimentaban una red neuronal, y esta a su vez, producía poesía a partir de la información que recibía.

Algo así como el En la carretera escrito a través de un ojo robot y sin alucinógenos.

Como vemos, las nuevas posibilidades que ha abierto la Inteligencia Artificial iluminan un sendero extremadamente fértil y ha permitido imaginar un enorme potencial, pero aún queda mucho camino por recorrer y muchos aspectos que optimizar de esta tecnología.

Dado el nivel de complejidad de las funciones matemáticas que se utilizan, hoy por hoy solo se pueden ejecutar en ordenadores con gran capacidad de proceso.

Así, el uso incipiente de la Inteligencia Artificial todavía está reservado a las grandes empresas como Spotify, que la usa para la recomendación musical y para su exitoso Discover Weekly Playlists, y reservado también a una élite tecnológica que está empezando a imaginar las posibilidades creativas que tendrá.

–> Deep Learning: Los engranajes de la recomendación musical <–

Por ahora, es imposible utilizar IA compleja en tiempo real en ordenadores de sobremesa, pero se prevé que en un futuro cercano cualquier usuario con un mínimo de preparación pueda estar trabajando con sistemas de Inteligencia Artificial desde su equipo particular.

Es un ejemplo de la progresiva democratización de la programación el trabajo que hizo en una semana el estudiante de 17 años Robbie Barrat cuando se apuntó al club de programación de su instituto. Una Inteligencia Artificial que pudiera rapear educada con versos de Kanye West.

“They steal your whole sound, that’s a Real World Challenge
You an addict of cheating but I took the charge
Stop running up my money tall, height advantage
Ohhhhh, ohhhh; oh you too much to handle in one package”

Usando códigos de open-source, el estudiante la programó introduciendo 6000 barras de Ye. Al principio, el bot tan solo conjugaba distintas líneas, pero ahora ya puede escribir Rap palabra por palabra, además de crear pausas deliberadas para darle ritmo y efectismo a la canción.

Como ya hizo el software musical intuitivo y las plataformas de distribución online como Soundcloud, la Inteligencia Artificial promete dar un paso más allá en esa dirección.

De la misma forma que el Instagram ha democratizado el proceso de tomar y editar fotos, veremos una progresión similar que convertirá a más gente en creadores musicales, usando la asistencia de la Inteligencia Artificial como ayuda para hacer buena música“, explica Libby Plummer para WIRED en AI and machine learning will make everyone a musician.

Como apunta Groys en su libro Volverse público, la máxima “todo ser humano es un artista” sigue desarrollándose en Internet, y ahora todo ser humano tiene que asumir una responsabilidad estética, todos somos una obra.

Lo proyectamos a través de las redes sociales, de las listas de reproducción que consumimos, y de las listas de reproducción que ahora podremos crear en las redes sociales.

Sin duda la progresiva penetración de esta tecnología en el mundo de la creación visual y musical levantará controversia y líneas de texto en su contra, pero también forzará una relación con el arte más distendida y menos pretenciosa: la música que nuestra Inteligencia Artificial pueda crear será parte de nuestro yo como obra.