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Gucci Mane y el meme

El Facebook del artista te muestra que tienes los mismos problemas que un Trap God.

05.04.16
Aleix Mateu

El retrato del rapero que ha trascendido al imaginario popular es la del delincuente hedonista y tatuado, misógino y con poca educación, obviamente afroamericano y buscavidas. Una imagen que además se ha asociado desde el racismo a la comunidad negra de Estados Unidos y que muchos colectivos han combatido históricamente.

Gente como David Simon ha explorado este estigma en grandes obras como The Wire, o más recientemente en Show Me a Hero, la miniserie de HBO de 2015 que gira en torno al conflicto racial de la comunidad blanca de Yonkers (Nueva York) contra la construcción de projects o viviendas de protección oficial en sus barrios de clase media y media-alta.

Esta visión estereotipada ya da para muchas líneas por sí misma pero, centrándonos en el mundo del Hip Hop, y teniendo en cuenta que hay casi tantos tipos de raperos como gente haciendo Rap, hay que considerar que muchos de los nombres de artistas que resuenan en el género y el mainstream, mantienen elementos en común con la visión mencionada.

Uno de los artistas que mejor podría encajar sería Gucci Mane, rapper que combina su propia existencia entre la libertad y el encarcelamiento casi a partes iguales. Él mismo se concedió un estatus que el público ha reconocido, el de Trap God, rey de eso que muchos han querido vender como nuevo género a pesar de no dejar de ser un estilo más o menos innovador dentro del Hip Hop, además de ser slang para hablar de aquellos lugares comunes en la vida del dealer.

Entraría dentro del saco del Trap todo ese Hip Hop sincopado con aroma a delincuencia que hacen tipos aparentemente malos: Gucci Mane ha estado detenido por posesión de drogas, agresión, por asalto, posesión de armas, violación de la libertad condicional, e incluso por asesinato, del que alegó defensa propia y fue absuelto por falta de pruebas.

En cierta manera, entendemos que el Trap propone atraer la atención hacia todo aquello nocivo, ilegal, delictivo que sus representantes han tenido que vivir. Es una exaltación de la mala vida y de su búsqueda de fortuna «by all means necessary«, que decían Boogie Down Productions siguiendo el imperativo del capitalismo salvaje, que irónicamente ha sido uno de los responsables de la existencia de los guetos.

Cuando una música se masifica y de su campo de cultivo se extraen la mayoría de los nuevo estándares comerciales, la actitud y personalidad de sus cabezas más visibles suelen ser imitadas por el público. Así, artistas como Future representarían el ambiente más contaminado y nihilista del Trap, Young Thug sería la nota bizarra y outsider y, Gucci Mane, la actitud del rey del juego.

La integración de estos artistas en la cultura comercial y sus millones de seguidores ha moldeado el tejido musical del Hip Hop y la música electrónica, pero también ha creado unas fan base gigantes como la de Lil B o el propio Gucci, que cuentan incluso con exposiciones de fan art en galerías exclusivas. Este fenómeno de idolatría y deificación suele nacer, en parte, gracias a Internet, en el caldo de cultivo que es la sección de comentarios de Youtube y poco a poco en páginas especializadas en Facebook, Twitter y demás.

Las redes sociales son ese espacio horizontal donde la audiencia decide ensalzar o hundir a cualquier mortal, venga de Universal o de grabarse una canción con el móvil, en el caso de la música. Gente con una cámara web se convierten en estrellas, en el caso de los youtubers, y el arte hecho con paint y elementos digitales es el que rige las nuevas tendencias en la moda.

El Facebook es esa ventana que te permite comerciar con tu propio capital simbólico, tener tu espacio propio e indiscutible y, a la vez, te acerca a todas esas personas que parece que sean de otro planeta, como Gucci Mane en este caso, y a su propio espacio de libertad simbólica en la red. Ofrece ese valor añadido de interacción (más o menos ficticia) y de conocimiento «íntimo» del ídolo, más si éste es activo en redes.

Y justamente es el caso del Trap God, hiperactivo con el botón de «Compartir» en la red social de Zuckerberg, llena el muro de su fan page de memes que entendemos que le hacen gracia y con los que se ve identificado. Los memes, esa mercancía adictiva que se ha adueñado de las redes sociales, son la mejor expresión de lo que se ha convertido Internet desde hace tiempo: ironía y, sobre todo, la búsqueda por encontrar esos nexos comunes con el que todos los individuos nos identificamos y, lo que es lo mismo, al que todos daríamos me gusta y compartiríamos.

Los memes de la página de Gucci Mane son una colección de momentos cotidianos, como calentar comida en el microondas o tener sueño por la mañana que, unidos a una foto graciosa que lo ilustra, resultan ser ese nexo común entre un Trap God y tú. Todo aquello que él comparte tu también lo has vivido a pesar de haber tenido vidas tan distintas. Porque, al fin y al cabo, un retrato o un estereotipo es también construcción simbólica y, claro esta: tu también podrías ser un Trap God.