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El amenazante sonido del tambor: Una introducción al Gqom

El pequeño género es la respuesta electrónica a la intensa realidad en Durban, la tercera ciudad más poblada en Sudáfrica; una expresión sonora única con sincronías que van desde el Dubstep inicial al Grime o el Footwork.

04.02.16
Frankie Pizá

Fotos de Durban obra de Chris Saunders.

Retrocedamos un momento hasta 2004; esas bajas frecuencias que retumban, golpean; esa congestión tan particular que consiguen provocar las propiedades de un bassline que además de elemento «sonoro» abrumador e independiente, se asemeja a una sustancia de gran densidad en movimiento.

Escuchando hoy «Twisup» (Loefah), corte aparecido en el primer número de DMZ junto a otras piezas de Digital Mystikz, podemos trasladarnos mentalmente a las noches FWD>> del Plastic People y arañar la superficie de aquellas sensaciones: el Dubstep, la culminación del sonido electrónico británico derivado desde el Hardcore, estaba aquí. Era algo oscuro, inquietante y capaz de hipnotizar al oyente.

En aquellos primeros acetatos que circulaban por una minúscula escena londinense se podía sentir cierta agresividad inherente; en cortes como «Ghetto Mafia» de Citizen Boy se puede palpar una intensidad prácticamente similar, aunque ésta se consigue con menos elementos y desde un punto de vista más minimalista. «Zulu War» de los Formation Boyz sigue un patrón idéntico: tensión, cánticos en hipnótica repetición, tambores fuertes y que reverberan.

Las diferencias en cuanto a anatomía entre el Dubstep y el Gqom son pocas (las contextuales, muchas): tan solo hay un elemento que a grandes rasgos nos haría diferenciar entre uno y otro, y no es otro que el mencionado bassline. Gqom consigue sumergir al espectador en un ambiente de igual carga negativa y apocalíptica, aunque todas las producciones que pueden catalogarse como tal no recurren en ningún momento a las líneas de bajo; voces en loop, percusión, sucesiones de tripletes que rompen ligeramente la monotonía del 4×4 y una consistencia sin igual.

El Dubstep se construyó a principios de la década pasada en un circuito cerrado de dubplates y prensados privados, mientras que el Gqom se ha generado a partir del caos digital, archivos sin etiquetar, pistas sin información ID3 almacenadas en reproductores de mp3 usados, plataformas online de modelo arcaico como kasimp3 y pequeñas comunidades en redes sociales como Facebook.

Eso si nos referimos a «distribución» primitiva, desde una infraestructura todavía inexistente, en los primeros estadios del movimiento; en cuanto a la incidencia del clima cultural y el ecosistema social en el que el Gqom o el Dubstep crecieron, las diferencias son mucho mayores.

Gqom como término y género, de naturaleza onomatopéyica, se relaciona en el idioma Zulú con el elemento esencial del estilo, el sonido del «tambor» o la «percusión», y surge en Durban alrededor del año 2010 (según el cantante Gqom Bhejane, la primera vez que escuchó el sonido fue hace más o menos 7 años y a través de una mixtape de un DJ de la zona de Pretoria denominado Bin Laden) como una especie de reacción a la atmósfera y ambiente de violencia y rebeldía que se vive en la que es la tercera ciudad más poblada de Sudáfrica, ubicada en la provincia KwaZulu-Natal; tal y como ha mencionado el co-fundador de Gqom Oh! Nan Kolé sobre el movimiento:

“You can feel the troubled history of South Africa. It’s riot music.»

El Gqom tiene cierto componente claustrofóbico, se percibe cierta angustia emocional en sus intensas líneas de sintetizador, sus voces de ultratumba, sus explosiones y sus golpes de timbal. Se suele disfrutar en tabernas de los ghettos locales, aquellos en los que muchos jóvenes siguen atrapados. Aunque estéticamente se suele conectar el Gqom no solo con el Dubstep original, sino también con el UK-Funky o el primer House tribal del Nueva York de los 90, aquel que nació en locales como el Twilo, personalmente encuentro similitudes de más peso en el Footwork o el Grime.

La sincronía con estos dos géneros anómalos es también obvia a nivel circunstancial: el Grime y el Footwork poseen esa «amenazante» actitud que también puede observarse en el Gqom (según Mumdance, en su definición general del estilo: «Dark and rolling, with a real feeling of menace and intent behind each track»), y los tres patrones tienen su caldo de cultivo en comunidades muy concretas, compartiendo desigualdades, clima social desfavorable y recursos similares: PCs usados, software barato y la estación de trabajo polivalente más popular, FL Studio.

Además del ambiente DIY en el que se ha creado (no olvidemos que otra escena paralela, la que tiene lugar en la periferia de Lisboa con Príncipe Discos como principal punto en común para todos los hijos de inmigrantes angoleños que están adaptando y reinventando ritmos tradicionales al enfoque del club, también se ha edificado y extendido de esta forma rudimentaria), el Gqom comparte con el Footwork estar ligado a un específico tipo de baile, el denominado Bhenga.

Gqom es un reflejo de lo que ocurre en la calle, una forma de expresión sonora genuina que una vez más evidencia el potencial de un país como Sudáfrica para generar nuevas vertientes culturales y artísticas; es una región única y contradictoria, con una historia turbulenta de colonialismo, segregación y crucial influencia occidental que destaca entre otras cosas por una riqueza musical que no es más que un resultado de su realidad social.

En la nota de prensa de la recopilación «The Sound Of Durban Vol. 1», un equivalente al primer «Dubstep Allstars» de DJ Hatcha o el primer «Bangs & Works» en Planet Mu, comentan sobre la importancia de la región en el desarrollo de expresiones como el Gqom:

«South Africa is a unique case in the African continent, a place of the soul that has no equal: so strongly western and so deeply African at the same time.»

Sudáfrica posee una exagerada diversidad; 11 idiomas oficiales y multitud de distinguibles géneros musicales como el más urbano y comercial Kwaito, el Tsonga Disco, el SA House, el sonido Mzansi, el Township Funk, el Bacardi House acuñado y extendido por DJ Spoko entre los taxistas de su zona natal o el Shangaan Electro de Nozinja a las orillas del Limpopo. Ésta última genérica puede pasar casi por un antónimo del Gqom: rápido, frenético, alegre y optimista, todo lo contrario a la lentitud, densidad y oscuridad en la que nos adentra la divergencia germinada en Durban.

La primera vez que escuché hablar de Gqom fue a través de un mix de Kode9, quien incluyó un track de DJ LAG en uno de sus mixes para Rinse FM (supongo que influido por los primeros catalizadores, Okmalumkoolkat, Spoek Mathambo o DJ Okzharp); el fundador de Hyperdub ha descrito escuchar Gqom como estar «atrapado en el campo gravitacional de un agujero negro». Casi un año más tarde, fue el sello Goon Club Allstars, de la mano de Moleskin, el que introdujo por primera vez el sonido a la minoría europea, aquella que ya comenzaba a navegar sin rumbo por las aguas de kasimp3.

Aquel EP homónimo de los Rudeboyz, junto a los Naked Boyz, Julz da Deejay o Citizen Boy uno de los primeros proyectos capaces de impulsar el Gqom desde el espectro local (las fiestas en el Havana Music Cafe de Durban) al internacional, ya fue uno de los esenciales del 2015. «The Sound Of Durban Vol. 1» da hoy por hoy la primera ilustración real del alcance, paralelismos y características de un sonido que además congenia con la actitud crítica, confrontacional y distópica que están alcanzando muchas de las más importantes expresiones electrónicas de la actualidad.

No lo es en cualquier caso de la evolución y el posible futuro del Gqom, ya que debido al éxito internacional y el reclamo, el género está ya en las calles de Durban formulándose o asimilándose como una nueva forma de Kwaito; cantantes y vocalistas están empezando a proliferar utilizando instrumentales como un vehículo de expresión con más posibilidades «comerciales».

Para tener una imagen más extensa del Gqom y sus propiedades, podemos volver a atender al mix de DJ Bengança para la serie MOTOCROSS, una selección lanzada en el ecuador del 2015.