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God Save The Grime

Un género que se mantiene auténtico está empezando a sufrir las consecuencias de su expansión.

09.03.16
Aleix Mateu

Pinturas originales de Reuben Dangoor.

Si hablamos de una música genuina, autóctona, que dé voz a la gente del suburbio, que hable de la vida en los barrios más desfavorecidos y del laberinto social por el que corren los adolescentes, y que, además, lo haga manteniendo una actitud de rebeldía frente al stablishment, es discutible que todavía podamos hablar del Hip Hop o del Punk como géneros abanderados. Aun así, y pese al boom actual del estilo, el Grime todavía se mantiene como un bastión independiente que, ahora más que nunca, debe cuidar de sí mismo.

El Punk, que nació como algo genuino en Gran Bretaña y que después se extendió como un virus, se entendía sobre todo como una actitud, y ha muerto; mientras que el Hip Hop avanzó por otros derroteros y en la actualidad está en un momento muy dulce. Hay una diversidad de estilos enorme, muchas propuestas rompedoras y, lo que a mi parecer es más relevante todavía: se ha convertido en una música de músicas.

El Rap ya incorpora en su ADN otros estilos y flirtea con todos los otros sin pudor. Desde que la electrónica y la actitud creativa más vanguardista se han mezclado con él, el salto cualitativo y la divergencia de las propuestas ha enriquecido todo el género. Además, la mayoría de estilos musicales beben del Hip Hop ahora.

Pero en este camino ha quedado difuso ese cuento viejo de que el Hip Hop era la voz de los chavales del Bronx y de Compton y que trataba sobre paz, unidad y respeto, a pesar de que artistas como Kendrick Lamar sigan promoviendo estos valores. Ahora es la voz de un chaval del Bronx, de Compton, de Barcelona, de Suecia o de dónde quiera ser, sea cual sea su condición.

Dada la extensión de su sombra, de la música Hip Hop digo, ahora es una forma de expresión que permite usarse para los propósitos más variados: experimentar, violentar, sensualizar y comerciar, lo que sea, todo vale, aunque quién mucho abarca poco aprieta, que se suele decir.

El Grime, al otro lado del charco dónde se decide lo que pasa con la música mainstream, sigue anclado en sus raíces: es la música de los chavs y de los bloques de extrarradio, gente en chandal que estuvo bailando Jungle y Garage y que canta agresivamente sobre los ritmos de WileyJME o de cualquier productor que hayan puesto en las radios piratas de UK desde los 90, cuando la fiebre del Grime empezó a tomar el control de la isla británica o, al menos, de los barrios donde esa furia podía cuajar.

En la sed insaciable del género que se ha vuelto masivo, artistas tan vanguardistas como Kanye West o Drake necesitan nutrirse de nuevos estilos y talentos, gente outsider del movimiento que en cuanto escriban su nombre y lo pongan en primera fila, suponga una vuelta de tuerca para el panorama. En este caso ambos coincidieron en la figura: Skepta.

«This summer Skepta embarked on a sold out tour of East Coast America & Canada, culminating in a performance alongside Drake at the OVO fest in Toronto.»

Estas son las líneas de descripción debajo del vídeo documental de 30 minutos que Noisey hizo sobre la revelación británica del Grime para el mundo durante la gira de éste por Estados Unidos. Y ya sabemos qué indica que esta revista te haya puesto en el radar y dedique tanto tiempo a tu figura: ha nacido una estrella, como en la tele.

El éxito de Skepta en Estados Unidos no es casual. Si ya habían existido incursiones puntuales de la música británica en Estados Unidos, la llegada de un nuevo artista avalada y hosteado por figuras tan relevantes dentro de la cultura pop como Drizzy y Yeezy hacía que los millones de fans dirigieran sus miradas hacia Joseph ‘Junior’ Adenuga.

Él a su vez conseguía retener la atención de todos ellos con el carisma y la actitud estricta del chico nuevo de la clase que es más alto, más fuerte y que se convierte automáticamente en el guay, con todo un séquito esperando oír qué anécdotas trae.

Podéis leer un extenso análisis sobre la relación del Grime y Estados Unidos a través de éste artículo que ya publicamos, dónde además se trata del componente de colonización cultural de los americanos, algo en lo que son expertos y que en ningún caso debe ser obviado.

Y cuando la industria mainstream americana te asimila y mastica, apareces delante de los ojos de los demás como un plato mucho más apetecible. Prueba de ello es que la fiebre Grime se ha extendido a un publico mucho más heterogéneo incluso en su propia cuna, el Reino Unido, algo que, como ya hemos visto otras veces, puede generar muchos ingresos para los artistas y, algo que también hemos visto otras veces, puede destruir su esencia y razón de ser.

Porque ¿de qué trata el mercado? Por definición es transacción, el máximo número de bienes intercambiados por dinero y viceversa y, es inevitable que hayan más en un producto apetecible para muchos que para pocos. Y es inevitable también que estas transacciones sean de mayor calidad (hablando de dinero al menos) cuando el que ejerce de comprador tiene más poder adquisitivo.

El mercado, que no ha llegado hasta dónde esta dejándose amilanar fácilmente, tiene las estrategias necesarias para abducir cuanto quiera y diseccionar el elemento para apropiarse de aquello que le conviene, desechando el resto. El genial movimiento de Drake al dejarse fichar por Boy Better Know puede ser la primera pista fundamental que nos adelante las posibles consecuencias.

Y lo que le interesa del Grime es el nuevo poder de convocatoria que le ha sido otorgado, y lo que no le interesa es el background subversivo y marginal que lo separa de cualquier voluntad comercial y de seducción masiva. La estrategia se ha repetido múltiples veces, como en el Punk.

De momento, frente al reciente e intenso interés mediático por el género, la incorporación de nuevos segmentos de la población consumiendo las mixtapes de los artistas, el Grime consigue mantenerse con la actitud intacta y la bravura autóctona de sus barrios, negándose a que les desposean de una forma de expresión y de diversión que llevan ya años labrando. Desde aquí deseo que lo consiga por mucho tiempo más, aunque ya veremos.