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Future no descansará hasta convertirse en el mejor rapper vivo

Tras siete proyectos de éxito en poco más de un año, el de Atlanta sigue uniendo calidad y cantidad en una carrera en la que se mantiene muy por delante de sus contemporáneos.

08.02.16
Frankie Pizá

Texto de Gonzalo Oya.

Nayvadius. Si te llamas así tienes, entre otras cosas, muchas probabilidades de ser un personaje de Star Trek. Así que  no vamos a negar que resulta gracioso pensar que el único Nayvadius que conocemos hasta la fecha, se haga llamar Futuro y haya terminado por convertirse en una estrella. Desde las profundidades de la escena de Atlanta hasta su ubicuidad en el mainstream, su carrera ha ido dibujando una curva que apenas hace un año parecía entrar en línea descendente.

Sin embargo, Future ha sabido cambiar el guión y reescribir, single a single, mixtape a mixtape, una historia de ascensión y caída que muchos ya daban por concluida. El reciente lanzamiento de “EVOL”, su octavo trabajo en algo más de un año, le confirma como uno de los artistas más hiperactivos que se recuerdan en la historia del Hip Hop reciente. Por calidad y cantidad, su nombre ha marcado el género en 2015 y por lo que parece, amenaza con hacer lo mismo en este que comenzamos.

Cuentan que fue su primo Rico Wade el visionario que le bautizó como “El Futuro”, en los tiempos en los que solía rondar a sus amigos y compañeros de la Dungeon Family. Este es uno de los datos que más suele impactar al típico paladín indocumentado del Hip Hop de toda la vida. Resulta que uno de sus grandes antagonistas es miembro y heredero natural, de una de las más respetadas y creativas crews del último tramo de la llamada Golden Era. Una vez más, la realidad se abre paso a cabezazos, y nos demuestra lo poco que sirven las etiquetas y las presunciones en una escena tan compleja, diversa y mutante como la sureña. 

Pero para muchos, su figura nace sobre todo,  a partir de la primera entrega del “Dirty Sprite” (2010). Una oda al Syrup (ese infame cóctel de Sprite y jarabe),  que con sus pertinentes guiños a DJ Screw, Pimp C y el rap de Houston,  el paso del tiempo ha convertido en brillante epitafio al penúltimo ciclo del rap Dirty South. Una época en la que el bounce se vestía con ropajes sonoros mucho más abiertos, luminosos y melódicos que los de ahora, pero con una fórmula que comenzaba a dar claros síntomas de fatiga.

Como mixtape, “Dirty Sprite” se erigirá como el último giro de un sonido destinado a desaparecer, y al que la repentina explosión de Lex Luger en el mainstream pondrá el certificado de defunción definitivo. Éxitos masivos como aquel “BMF” junto a Rick Ross, harán que Luger de visibilidad a aquella nueva ristra de clichés que flotaban en el ambiente del Sur –mucho más oscuros, primarios y opresivos que los de un Shawty Redd o un Drumma Boy– y acelerar un cambio de tercio inevitable. Atlanta comenzaba a abrir puertas y ventanas, para así refrescar un ambiente que resultaba ya rutinario hasta para la más voluntariosa stripper.

Aun así, singles como el “Racks” de Future junto a YC y producido por Sonny Digital, pueden ser vistos hoy como los últimos coletazos creativos de aquellos ambientes positivos y bailables, previos a la imposición de la nueva fórmula. De hecho, serán tracks como este los que empiecen a colocar el nombre Future en el pelotón de cabeza de la savia nueva de Atlanta, junto a los de Roscoe Dash o Stuey Rock, con quienes llegará a coincidir en más de una ocasión. Con el primero, en la portada de XXL como Freshmen de 2012; con el segundo en bangers como “Shinning” (2011) , otro de los últimos grandes temas de aquella etapa.

Sin embargo, la fiesta duro poco para ellos. El que la carrera de Stuey y Roscoe se fuera apagando a la misma velocidad que la de Future se disparaba, habla claro de cómo ninguno de los dos supo leer una jugada, que cual Laudrup, nuestro protagonista interpretó en el mismo terreno de juego segundos antes de que pasara.

A diferencia de ellos, él era mucho más rapper y productor que cantante, un factor que unido a su innata versatilidad, le permitirá adaptar su uso del Autotune a una melancolía que pedía a gritos la oscura evolución sonora que Mike Will, Zaytoven, Sonny Digital y compañía estaban aportando al género. En aquellos años, el hype generado gracias a mixtapes como “True Story”, que incluirá la primera versión de su popular “Tony Montana”, “Free Bricks“ junto a Gucci Mane, o “Streetz Calling” entre otras, hará que Epic se lance a firmarle un contrato para editar su disco debut, “Pluto”, que llegará en 2012.

Con la perspectiva del tiempo, resulta curioso releer algunas de las reacciones que provocó el álbum entre el respetable. Unos lo compararán con Wiz Khalifa o Kid Cudi, otros lo coronarán ya como el próximo rey del Pop-Rap. Mientras, Future seguía dando vueltas a su propio rompecabezas sonoro, que se alejaba ya del todo y por pura supervivencia, de sus añejos hábitos atlanteros.  Por el disco se asomarán con más o menos fortuna, viejos conocidos como Sonny Digital o Mike Will,  junto a nuevos valores como DJ Spinz, o clásicos eternos como Organized Noize. “Pluto” dejará al final, el poso de un artista que lucha por entrar en el establishment sin perder su identidad, pero que terminará pagando peajes en forma de colaboraciones tan industriales como la de ese Snoop Dogg en un tema como “Homicide” , a años luz de su discurso.

Puede que nunca sepamos si Future fue realmente consciente de que en realidad, su debut estaba algo por debajo de las expectativas que habían creado sus mixtapes previas. Lo único claro, es que le sirvió para catapultar su propio sello Freebandz, donde comenzó a reclutar a nuevos valores del rap de Atlanta, como al gran Young Scooter.

Su olfato además, le hará no despegar su oído de todo lo que está ocurriendo en su ciudad, donde en un camino de influencia recíproco con Chicago y fenómenos como el Drill, productores como Zaytoven y colectivos como 808 Mafia están asentando ya del todo el nuevo ciclo del sonido sureño; tan sucio, minimalista y oscuro como el añejo gangsta- horrorcore sureño de los 90, pero a la vez tan infeccioso y gamberro como el post-Crunk dosmilero.

En “Honest” (2014) , su segundo álbum oficial, se nos presentará un Future que quiere ser marido, padre y estrella del Pop. No hay duda de que en su imaginación se veía ya envejeciendo cómodamente en el mismo panteón que hoy habitan Kanye West o Jay Z. Sin embargo, ese Future sonriente y algo perezoso, que alternaba con Donatella Versace y Karl Lagerfeld en la alfombra roja, no terminaba de funcionar del todo. No es que “Honest” fuera un mal disco, pero no terminó de convencer a casi nadie y mostraba los síntomas de un artista que se aburguesaba y bajaba el ritmo, sin casi apenas haber llegado a la meta. Sus lánguidos paseos por la playa junto a Kanye West en el video de “I Won”, mientras ambos nos cantaban al oído el amor que sentían por sus respectivas señoras, nos acabaron por convencer del todo. Por cruel que suene, aquel día nos dimos cuenta de que aquel Future feliz e ibicenco era mucho menos interesante que el Future hambriento, trapichero y melancólico de antes.

En ese mismo 2014, su relación con la diva en paro favorita del R&B americano, terminó en la prensa rosa. La ruptura de su  matrimonio con Ciara, provocada por las infidelidades de nuestro protagonista, provocó como daño colateral un frenesí creativo sin precedentes. No hay duda de que es a ella, y a todas la bilis acumulada durante su tormentosa relación, a quien Future debe agradecer el increíble relanzamiento que ha tenido su música y su figura a partir de entonces.

Libre de ataduras familiares y sociales,  se encerrará en el estudio volcándose en completar cinco mixtapes y tres álbumes entre finales de 2014 y este comienzo de 2016. A estas alturas no hace falta señalar la importancia que han tenido títulos como “Monster”, a medias con Metro Boomin, “Beast Mode”, junto a Zaytoven, “56 Nights” o la más reciente y fantástica “Purple Reign” para entender los nuevos caminos por los que discurre eso que muchos todavía dan en llamar Trap, y todos sus aledaños. Así es como en el peor momento posible, con la escena más saturada que nunca y mientras muchos le daban ya por muerto, ha logrado lanzar siete proyectos consecutivos.

En ellos, no sólo ha mantenido el pulso creativo sino que también ha logrado explorar sin ambages las múltiples aristas de un discurso cada vez más descarnado y personal, que lleva más de un lustro modelando a base de golpes y sinsabores. A esta fantástica ristra de mixtapes hay que añadir la edición, nada casual, de la segunda entrega de su “Dirty Sprite” ( “DS2”), que convierte en un álbum oficial muy superior a la mix que comenzó todo. Una declaración de intenciones para un artista en su mejor momento, que parece decidido a volver al espíritu del principio pero con toda la experiencia acumulada estos años  en la industria a sus espaldas.

Su encuentro con Drake en el espléndido álbum conjunto “What a Time To Be Alive” (2015)  cerró el año de un tipo que, por fin, se ha colocado en primera línea  de la industria sin pagar ni un solo peaje. Como curiosa guinda, no debemos olvidar su llamativa incursión en el mundo urbano latino. Su aparición en “Mi Combo”, uno de los mejores momentos del “Dangerous” (2015) de Yandel, aviva el fuego de esa hermandad espiritual existente entre el dembow caribeño y el bounce sureño, rompiendo sin proponérselo, tabúes creativos en uno y otro lado.

Future ha sabido reinventarse de nuevo, y de la mejor manera posible. Haciendo lo que ha querido, como ha querido y con quien ha querido. Y por lo que parece, no tiene previsto bajar el ritmo. Mientras estas a punto de darle al play a su “EVOL”,  él ya ha dejado caer que en breve tendremos una nueva entrega de “Beast Mode”. ¿El mejor rapper vivo? Visto lo visto y escuchado lo escuchado, ya nos podemos ir preparando para lo que viene. No parará hasta serlo.