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Es el tiempo de Frank Ocean y de una nueva industria musical

El artista ha tenido todo el espacio necesario para desarrollar su visión: nosotros tenemos ahora más de 40 composiciones y unas 360 páginas para descifrar todo el proceso. Mientras, la industria también ha cambiado.

21.08.16
Frankie Pizá

Desde «Channel Orange» (2011) han pasado muchas cosas: la llegada de una nueva economía musical impuesta por los servicios de streaming y la desaparición de las descargas, la nueva oleada de violencia racista y desigualdad en Estados Unidos, la relevancia de las cuestiones de género, la proliferación de los álbumes musicales o la relación cada vez más estrecha entre la vanguardia electrónica y el R&B/Hip Hop internacional.

La música ha cambiado, la industria está cambiando y Frank Ocean es el mismo pero más completo. Mientras todo esto sucedía, Frank ha tenido todo el espacio necesario para desarrollar su visión: nosotros tenemos ahora más de 40 composiciones y unas 360 páginas para descifrar todo el proceso.

Bólidos, brillantina, rodajes, una chica en un acuario, palmadas a traseros cubiertos de pintura dorada, zapatillas Nike, una vagina que emana luz y fotografías enmarcadas de A$AP Yams, Pimp C o Travyon Martin que aparecen bajo los focos de discoteca. Un trozo de ternera manoseada, un diablo, un Frank Ocean en plena muerte dramática y una chaqueta con tachuelas y otro Frank Ocean quemado cerca de la carretera.

Se hace difícil escuchar su voz cuando el repertorio sensitivo que supone «Nikes» presenta todas esas escenas que parecen no estar conectadas entre sí. Fragmentos y memorias audiovisuales en los que hay filias, instantáneas íntimas, fantasías, realidad, asfalto, teatro y fotos de Wolfgang Tillmans (el single del alemán «Device Control» aparece al final de «Endless») tiradas en Berlín.

Más bien parece una filmación de todo aquello que ha afectado al músico en estos años. Una recopilación de experiencias y cambios de opinión. Según él mismo ha escrito en su Tumblr, ha vivido el «tiempo de su vida» mientras todo se ponía en su sitio de esta forma tan extravagante:

«I had the time of my life making all of this. Thank you all. Especially those of you who never let me forget I had to finish. Which is basically every one of y’all. Haha. Love you.»

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El carácter surrealista y desconcertante de la acción indica que la ambición artística de Ocean se ha elevado mientras le esperábamos: el vídeo relega a la inocencia a su último gran alarde de este tipo, «Pyramids», y presenta comprimido el propio submundo del americano, un complejo escenario en el que se puede adivinar que su forma de crear está directamente afectada por su entorno.

Ocean crece fuera de la mirada pública y lo único encendido parece ser el micrófono que capta todas sus impresiones, traduce los encuentros y las nuevas amistades que pasan por su vida, los nuevos sitios que descubre y a todo lo que se expone.

5 años después de «Channel Orange», recibimos un nuevo capítulo de la vida del intérprete empaquetado en un magazine, un disco visual y dos versiones de su segundo álbum. Una puerta de entrada al catálogo de sensaciones que ha dejado el tiempo en Ocean, las marcas y los rastros de pintura acumulados, desde su punto de vista personal.

Aunque «Channel Orange» y su primera mixtape ya dejaron clara su tendencia introspectiva, por encima del virtuosismo instrumental, «Endless» y «Blond» («Blonde») evidencian que Ocean no tiene suficiente con sus letras y la libertad musical para canalizar todo lo que hay en su interior.

El norteamericano ha crecido también musicalmente, aunque eso no quiere decir que haya sido en la dirección correcta: obviando lo estructural y la confusión que produce en un primer momento el «formato» de «Endless», en el nuevo material de Ocean hay menos samples, más ligereza instrumental y la desviación hacia un mood menos dinámico.

Carreras nocturnas bajo las alucinaciones de las setas, un poema escrito por Kanye West titulado «The McDonalds Man» («McDonalds man
The French fries had a plan»
), una entrevista a su madre o ideas como su parecido a Travyon Martin que deja en nuestra cabeza («looked just like me»).

Horóscopos, fotografías del propio Ocean y una presentación visual ambigua: Frank con el pelo teñido de verde, con un esparadrapo en el dedo y bajo la ducha, diversas jornadas de trabajo de carpintería concentradas en 45 minutos de música en los que no hay nada evidente y todo respira cohesión.

Las pretensiones artísticas se han comido ligeramente a la brillantez musical en este acontecimiento, un lanzamiento múltiple en el que principalmente se puede leer el futuro a corto plazo de la industria: como era de esperar, los rumores, los cambios de fecha y las propias expectativas de cada uno de los aficionados han acabado eclipsando al producto.

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Lo esencial en nuestro tiempo es llamar la atención: todos nuestros artistas favoritos nos parecen envueltos en la excentricidad porque el factor sorpresa es la asignatura principal. Mientras Kanye West jugó con el concepto de álbum cambiando títulos y confundiendo con el estado y acabado de las canciones, Ocean se comporta de una forma más sutil pero casi calcada: muchos créditos, mucha gente implicada, versiones alternativas, etc.

Que Ocean haya retenido varios años todo el conjunto musical que suponen sus dos nuevos álbumes (el visual, «Blond» y la versión en CD que se puede conseguir en la primera edición de Boys Don’t Cry, el magazine limitado que se ha quedado con el título original que se preveía para el disco) habla de su inusual posición dentro del negocio musical.

Un artista casi de una época pasada: paciente, sin temores y sin las vanidosas preocupaciones que se divisan en algunos de sus contemporáneos. Es además el artista perfecto para el modelo de negocio de 360º que persigue Apple Music.

Observando a Ocean podemos presentir que se acabaron los lanzamientos de singles adelantados, la política de raciones, se acabaron las micro-campañas de márketing, y se acabaron los sellos discográficos.

–>Apple Music es nuestra nueva discográfica<–

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El lanzamiento de «Endless» y «Blond», 5 años de música de Frank Ocean, en tan solo 3 días, indica que el soporte y la forma de consumo marcarán el futuro de la música por encima de cualquier otro activo.

Apple tiene suficiente interés y suficiente dinero para lanzar en exclusiva y retener el material dos semanas bajo su marco y a Ocean le parece una idea genial que los oyentes se enfrenten a «todo» sin interrupciones, de una vez. Los usuarios de Apple Music, por el contrario, tienen 2 semanas para digerir antes de que la música se pueda escuchar en todas las plataformas.

A pesar del desbarajuste y la cantidad de música para analizar, queda claro que tras «The Life Of Pablo» el lanzamiento de la nueva obra de Frank Ocean advierte de un nuevo modelo de negocio que no sabemos a dónde llevará la música.

¿Pretende Apple Music hacerse con el monopolio y que dentro de unos años no haya divisiones entre los aficionados? ¿Surgirán más servicios y cada uno con su propia ración de exclusividad hasta recordar a la era de las grandes discográficas? ¿Volveremos a reservar nuestros 80/100 euros mensuales en suscripciones como hicimos en su día con los CDs?