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Una cuestión de apariencia: El exotismo auténtico de Don’t DJ

Por qué la hibridación musical crea nueva diversidad.

22.03.16
Aleix Mateu

Muchas veces se ha hablado de los clubs, y por extensión de la música electrónica, como un sonido o un espacio vacío dedicado a la evasión y el ocio. La música en sí misma como razón de ser, sin ir más allá de la muy noble intención de establecerse como un agujero de contracultura y subversión hacia el rutinario día a día occidental. Lo que ya es mucho.

Aún así, como apuntó Frankie Pizá en el artículo “El problema con el futuro: una nueva conceptualización para la música electrónica“, a lo largo de la historia han surgido muchas propuestas cargadas de nuevas intenciones y la voluntad de relacionar leves (y no tan leves) variaciones formales con determinadas visiones del mundo o nuevas vías de denuncia.

El artista que se va por estos derroteros no se olvida de la creación musical en pro del mensaje político o social (si realmente existe una línea que independice los dos conceptos). Es más, muchas veces la propuesta se convierte más interesante a nivel artístico y, muchas veces el mensaje disruptivo no se enmarca en ningún tipo de voluntad política, si no que su nueva visión del mundo, a menudo embrutecido y corrupto, es suficiente para vincularla con un valor añadido. A veces, la propuesta tan solo se basa en retornar la libertad perdida al club.

Como dijo Uli K en la entrevista que hicimos a Bala Club:

“No se trata de ninguna escena, las fiestas de Bala Club son tan solo un espacio donde puedes ir y sentirte liberado del típico grueso de cosas que ves en cada fiesta de Londres.”

Ahora estamos en un momento especialmente dulce a este respecto, con artistas como Lotic o Arca, el sello panafricano NON Worldwide, Fatima Al Qadiri o Lafawndah, incluso los propios Bala Club. En estos artistas se percibe cierta adaptación musical al discurso que quieren mostrar: el patchwork emocional en Arca, las explosiones y balas y voces en NON, los turbios sintetizadores en Fatima Al Quadiri o el militarismo sacro en Lafawndah.

¿Qué sucede cuando invertimos esta manera de hacer?

Algo parecido a Don’t DJ. El productor alemán adapta percusiones y elementos sonoros tribales africanos a su arquitectura House, rozando la experimentación por varios puntos. Y el resultado es muy ilustrativo: composiciones minimalistas y repetitivas que van progresando con la aparición de texturas y recursos exóticos. Un ejemplo perfecto es el nuevo EP que ha editado este mes. A diferencia de los mencionados arriba, Don’t DJ adapta ciertos sonidos étnicos a la cosmovisión occidental, sin una voluntad que trascienda la propia música. O al menos a primera vista.

Tal como explicamos en el articulo “Desobediencia Civil: Lafawndah hace sonar la alarma“, la artista entrevistó al profesor Lawrence Lessig, catedrático de Harvard e impulsor de los Creative Commons para ampliar el debate que proponía en su último trabajo, “Tan“. Lo que ha hecho Don’t DJ, en cambio, también girando en la órbita académica, ha sido casi un ejercicio de hermenéutica estilística: dio una charla sobre la hibridación cultural y el exotismo en la música club junto a Thomas Schwartz, investigador académico especializado en estudios culturales, colonialismo y post colonialismo.

La charla, con un título lleno de #hashtags, y en un formato audiovisual que recopila la mayoría de aesthetics que hoy en día rigen la supuesta vanguardia creativa de la generación digital (o post-), funcionó como tiro de salida para el nuevo sello que Don’t DJ ha creado, SEXES. En ella, productor y académico se embarcan en un denso speech donde bucean directamente entre antropología, historia y etnografía en busca de la fundamentación, justificación y consecuencias de la hibridación en la música.

Su nuevo trabajo se titula “Authentic Exoticism“. Por decirlo de alguna forma, Don’t DJ justifica su música justificando el apropiacionismo  cultural, sin querer indagar en ningún tipo de carga que vaya más allá de la estrictamente musical y cultural. Para él, ya hay suficiente material para reflexionar en el aspecto formal de la música, prueba de ello es la densa charla de la que hablamos y que podéis ver a continuación.

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“Exoticism is an iridescent, eurocentric concept, it seems hard to agree upon it’s meaning and it’s efficacy. In todays club-music a new love for the exotic is obvious while the debate around “cultural appropriation” is fought with bare-knuckles tweets. Critique comes from those who fear for the purity of their gene-pool as well as from those who suspect an aesthetic kultural-imperialism. Where does post-colonial cultural exploitation end and where does mutual enrichment of cultures begin?”

En este breve fragmento que escribieron para resumir la charla, vemos conceptos tan complejos e interesantes como los que se podrían plantear en una conversación sobre la desobediencia civil o el activismo político, como fue el caso de Lafawndah con Lessig. Eurocentrismo, imperialismo cultural, explotación cultural post-colonialista o apropiacionismo son palabras que se desprenden de la simple reflexión acerca de la música.

Pero, ¿por qué defiende Don’t DJ conceptos ambivalentes y políticamente incorrectos como la apropiación cultural, el exotismo o la hibridación? Para el productor y el académico, estos tres conceptos realmente responden al sentimiento de fascinación por el otro, dos culturas aceptándose mutuamente desde la incomprensión y, lo que es lo mismo, mostrándose respeto absoluto. Justamente lo que hace Don’t DJ en su música cuando copia y roba elementos de música africana, por ejemplo. Según ellos, actualmente toda esperanza reside en la música.

Además, hay en las formas de la música Don’t DJ ciertos aspectos que de forma indirecta se encargan de mencionar. Para ellos, la literatura colonial, por ejemplo, se diferencia de la exótica por las formas en que se caracteriza la hibridación. Es decir, que no es lo mismo explicar como es un ritual chamánico que crear una pieza dónde “el trance y el éxtasis” a través de la repetición sea el motor.

“Exoticism is therefore not an adaptation to something: it is not the perfect comprehension of something outside one’s self that one has managed to embrace fully, but the keen and immediate perception of an eternal incompehensibility”

–Victor Segalen, Note. Paris, December 11th 1908.

Se plantean en la conferencia si la hibridación realmente destruye la diversidad. A lo que responden que si cada vez se diferencian estos nuevos híbridos, estamos creando nueva cultura diversa, como la que propone Don’t DJ.