#Artículos

Endgame: El club como antagonista

Tanto él como Bala Club se presentan como un opuesto al clima social de la UK actual: son outsiders y observan la multiculturalidad como algo beneficioso. El sonido que impulsa Hyperdub es la mejor síntesis electrónica de los tiempos modernos.

02.08.16
Frankie Pizá

La música de club ha crecido durante años con un modelo centralizado: cada lugar relevante estaba normalmente ligado de forma empírica a uno o varios movimientos. Al mencionar Footwork nuestra mente inmediatamente visualiza Chicago; la windy city forma parte como lugar de la historia de la música electrónica, ya sea analizando los orígenes del Deep House o la evolución hasta el Ghetto House.

Un sonido particular puede ser consecuencia de unas condiciones sociales, geográficas y creativas determinadas: el Techno tal y como lo conocemos se originó oficialmente en Detroit y de ahí se trasladó a Europa para convertirse en un patrón genérico hoy por hoy presente en cualquier ciudad o comunidad del mundo. En este caso específico, no se puede obviar el contexto humano, político y económico, tan o más importante que el musical.

Al igual que el Techno, hoy el Footwork está presente en España, en Rusia, en Japón o en Australia: desde su explosión en 2010 el género ha tardado un poco más de un lustro en instaurarse y ser interiorizado por artistas no procedentes de su foco original.

No digamos que están copiando: están contribuyendo a que el género siga evolucionando gracias a la experimentación y la diversidad de enfoques. Es uno de los mejores ejemplos para representar la velocidad con la que la hibridación y la apropiación transcurren en el momento presente.

El etnomusicólogo Martin Stokes observaría un tipo de «colonialismo» sonoro y cultural en estas transformaciones bajo la incidencia occidental: ya fuera percibiendo al propio Footwork como una renovación de una práctica rítmica folclórica con raíces en África u observando la rapidez con la que un género en gestación se expande hacía manos extranjeras en la actualidad.

La música de club nos decía hasta hace unos años cómo sonaba una ciudad, normalmente en función de sus clubes o sus productores más importantes. Con frecuencia, estas normas venían dadas según los géneros que habían emergido en las distintas ciudades: Londres es el mejor ejemplo de una idiosincrasia muy marcada generada a partir de la llegada del Acid House al FAC 51 The Hacienda y que se extiende por una gran variedad de estilos de una misma cadena evolutiva.

El Dubstep, vinculado de forma inseparable a clubes como Plastic People o promotoras como DMZ o FWD>>, o el Grime, son sonidos relacionados con capital del Reino Unido a pesar de su expansión internacional. El Grime en concreto es un caso muy gráfico: cuando éste comenzó a reproducirse en Estados Unidos, la desconfianza era palpable entre el público inglés.

Así lo subraya Endgame en una reciente entrevista, argumentando al mismo tiempo que hemos dejado atrás la norma que decía que un club o un lugar concreto debía sonar de una forma determinada. Cada vez es menos habitual que un club conserve un sonido característico por encima de las eclécticas necesidades de la audiencia actual. La gente está cansada del «género, de la conformidad y de la homogeneidad» apunta.

«People are sick of genre, conformity and homogeneity, and ready for something new.»

–Endgame.

Con la entrada de Internet, la globalización sonora, el desarraigo y la hibridación cultural, hoy podemos observar a un británico alto, rapado, caucásico y bajo una estética gótica como Endgame implementando ritmos como el Reguetón con una leve sorpresa. Hay una generalizada dispersión y estamos ante una transgresión palpable que denota normalización y descentralización. Janus Berlin, con su formato de club «sin techo» han basado su concepto global en esa misma alternativa.

Endgame simboliza mejor que nadie una nueva vía sobre la interpretación del club en el momento presente o tal y como lo concebíamos hasta ahora. En general, todo lo que está ocurriendo en Londres con el movimiento relacionado con promotoras como Endless o grupos como Bala Club lo simbolizan.

–>Bala Club: Ángeles y demonios<–

La imagen de esos chicos con raíces latinas, mechones de pelo teñido y aspecto gótico nos dice muchas cosas: la aceptación de los outsiders en la escena club y de alguna forma la búsqueda de lo exótico, donde «exótico» significa «no corriente». Como dice el propio Endgame: «los clubes se han liberado» de unas normas que con los años se han ido volviendo inconscientemente estrictas.

Si observamos de lejos el contexto actual de UK (con una nación confundida, en la que las coyunturas políticas están generando una vuelta a la radicalidad y están asomando temibles tics xenófobos y racistas), quizá los clubes ya no vuelvan a ser lo mismo que han sido estos últimos 20 años y se conviertan de nuevo en una vía de escape.

TIU-articulos-endgame-hyperdub-antagonismo-club-2

Es paradójico que mientras la discriminación avanza a galope en el Reino Unido, ganando una credibilidad inusitada, la escena club de un sitio como Londres haga gala de una riqueza multicultural asombrosa. Un reflejo de lo que ha sido Londres en los últimos 10/15 años.

Los espacios club ya no los clubes entendidos como un «lugar» concreto y se divisan como determinantes dado el clima social que se está configurando. Serán los espacios de libertad de expresión que parece serán cada vez más difíciles de conseguir si desciframos el probable resultado de la actual agitación política.

La música de Endgame es concisa, a diferencia de otros miembros de Bala Club, y por eso en sus diseños sonoros existe un componente esencial que refleja mejor que nadie esta situación actual. En sus ritmos con la figura del tresillo hay un refinamiento singular, y en líneas generales la unificación de las atmósferas del Grime y la nueva caracterización de un elemento sonoro latino y urbano juega un papel crucial.

–>La intromisión de Daddy Yankee en la vanguardia electrónica<–

Sus melodías suelen ser tétricas o siniestras, transmitiendo sensaciones que congenian con los sentimientos generalizados en la calle. En la calle se nota un «miedo a la multiculturalidad» y Endgame da con una fórmula que precisamente ha perfeccionado la integración del Reguetón y su fanfarronería natural en un contexto de vanguardia. Por ahora no podemos imaginar un proyecto con mayor coherencia sonora estructurado con los mismos elementos y se sitúe de forma natural como puro antagonismo.

Según el propio Endgame, «Flesh», su debut para Hyperdub, no está estrictamente politizado. Pero sí es música «incómoda», exponiendo que como él hay mucha gente molesta con la situación actual y eso «necesariamente se traduce en su música».

De hecho, a diferencia de «Savage», este EP suena más real y más vivo: producciones como «Felony Riddim» se distancian levemente de la precisión y ultraminimalismo de «Savage Riddim», volviéndose ciertamente más cálidas y menos artificiales.

Una vez más la agilidad de Hyperdub para señalar los actores realmente revolucionarios del contexto club es notable: ningún sello ejemplifica mejor la idea de que una identidad puede evolucionar constantemente sin dejar de representar activamente a un lugar tan concreto como Londres.