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Emojis: Una nueva forma de existir

"Estamos rodeados de imágenes. La mayoría de canciones no existen hasta que no hay un vídeo detrás, y la mayoría de personas no existen hasta que una foto suya rellena el muñeco del profile image".

29.02.16
Aleix Mateu

Una imagen vale más que mil palabras. Es un recurso habitual usar una frase reconocible y con fuerza para captar la atención del usuario, una suerte de claim, de engagement lingüístico call to action para lectores, que dirían en términos de marketing (¿no?). Como la que he usado yo para empezar este artículo y a la vez para ilustrar lo que acabo de decir, una forma de condensación de significados bajo una misma imagen que todavía se hace más elocuente si estuviera usando un dibujo o una foto.

Y estamos rodeados de imágenes. La mayoría de canciones no existen hasta que no hay un vídeo detrás, y la mayoría de personas no existen hasta que una foto suya rellena el muñeco del profile image. Algunos han dado un paso más: el pionero Lil B, Ghostface KillahFuture, por ejemplo, Fetty Wap o Kim Kardashian ya han creado su propia línea de emojis.

Algunos griegos decían que el lenguaje permite comprender la propia existencia. Algo así como que el lenguaje es una cura de lo que puede ser la principal enfermedad: la incomunicación, el no poder hablar de la propia vida o de lo que hemos hecho. De hecho, el método socrático es precisamente esto: dialéctica para alcanzar nuevas verdades, para elevarse. Entonces, el diálogo y la palabra tienen un poder curativo respecto a la no conversación, y sobre ello hemos edificado toda nuestra cultura. Ya lo decía George Steiner, la idea de Europa «está compuesta de cafés».

Pero tal como apuntan algunos, nuestra cultura ya no se transmite a través de la palabra, si no a través de imágenes, y prueba de ello es el incansable avance del gráfico: del logo a los emojis. Si extendemos la lógica vemos como no solo hemos puesto en jaque una forma de comprender si no que también una forma de existir.

Si algo ha comprendido el star system actual (sobre todo el americano) son las formas de promoción y de visibilidad que ofrecen las redes y la nueva forma de transmisión gráfica, siendo las Kardashian / Jenner las reinas de ello. Pero no nos podemos olvidar de artistas que poco tienen que ver (o menos) con la prensa rosa americana como Future, The Game, o Drake.

No me extenderé demasiado en lo que respecta a las primeras: esa familia de mujeres, carne de reality, ha conseguido explotar al máximo su personalidad respaldando el programa de televisión con un sinfín de material extra a modo de posts en Instagram que retroalimentan su fama: un ejercicio de vanidad y narcisismo que complementa a la perfección el hambre insaciable de los fans del reality, el conocer de primera mano todos los secretos detrás de una persona, verla casi al desnudo.

Pero el espejo de Narciso no es propiedad exclusiva de celebrities. De hecho, hay reflejos de él en el Hip Hop desde sus inicios con el clásico «a ver quién la tiene más larga». A pesar de que la raíz en ambos mundos sea distinta, el egotrip rapero es algo tradicional dentro de la actitud y lyrics de los MC’s, algo que inevitablemente debía calar en las nuevas formas de promoción de los artistas, si no definirlas.

Es cierto que cuesta trazar una línea clara entre el Drake o Kanye West artista y su estatus público de celebridades, ya que posiblemente no exista tal diferencia, pero si algo queda claro es que saben manejar perfectamente los nuevos lenguajes, a pesar de que a veces se les vaya de las manos.

Pero, por ejemplo, la música de Drake no es tan solo la que lleva su nombre delante, si no que nos remite a él toda aquella que lleve tres simples letras o incluso el dibujo en unos pocos vectores de un búho. De hecho, las tres letras iniciales (OVO) ya representan un emoticono del logo.

Como apunta el lingüista Neil Cohn, los emojis que acompañan al texto pueden ayudar a sustituir el lenguaje no verbal pero, por otro lado, son también una reducción y condensación de cualquier concepto que permite explicarse por sí mismo de forma universal. Es muy interesante el ejercicio que realizó Daniel Lopatin ya en 2013 con el vídeo de «Boring Angel», en el que podemos ver toda una historia, unas emociones y una explicación de las melodías a través de los emojis ya clásicos que solemos utilizar en Whatsapp.

Hay entonces, como decía, una nueva forma de existir, sobre todo por parte de todas aquellas estrellas que han optado por publicitarse y convertirse en iconos: una caricatura de sí mismos al servicio de los fans que seguramente sea poco más que una versión 2.0 del incansable avance gráfico, una actualización del póster, el cromo o el tazo.