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Si Drake ha podido es que todos podemos

"Me, I'm just done in the hype."

29.04.16
Frankie Pizá

Está solo, moviendo su cabeza de arriba abajo en su estudio. Drake está en el asiento de atrás y mira por la ventanilla con gesto reflexivo. Al momento, la imponente ciudad de la que se ha convertido en baluarte se presenta entre tinieblas y en blanco y negro. Me refiero al teaser de su nuevo álbum.

Tan solo ella, la urbe, tiene más presencia en su nuevo disco y concepto que él mismo. “VIEWS” ha llegado y no solo Drake se homenajea a sí mismo en el disco, también tributa a su ciudad, a los medios que le han llevado a su realidad en la que todo parece ser corporativo: desde su sillón a su pijama de seda y zapatillas.

Toronto le ha protegido y aportado la perspectiva privilegiada desde la que Drake siempre observó el Rap. Desde fuera, desde lejos, como un outsider que no se crió en la calle y que realmente solo comenzó desde abajo en el sentido de que para el género siempre fue “un extraño”. Un miembro artificial al que costó aceptar dentro del organismo por su condición, pautas y procedencia.

Ni se crió en la calle, ni nunca habló de las injusticias de una raza, ni amenazó a nadie. Tampoco tuvo problemas con la policía. Es un medio judío mestizo y el tema central de su música y letras es una vida sin ningún drama mayor que la intermitente soledad del ególatra moderno. A lo sumo sus romances, duelos personales, competitividad, autoelogios, familia y en líneas generales su entorno tienen cabida en su música. Drake es justo lo que hoy todo el mundo quiere ser: un afortunado.

Aislado y en Toronto, ha revolucionado un estilo de música que desde su gestación llevó consigo la intención de dar una voz a una minoría desfavorecida dentro de un sistema social que no prestaba atención o directamente discriminaba a los que construyeron sus bases; una vía de expresión como contestación y no lo que hoy es, un arquetipo musical vacío de contexto por la desaparición progresiva (y virtual) de esas necesidades.

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En otras palabras: si algo ha hecho triunfar a Drake es la creación de una vía independiente en el Rap que con el tiempo se ha convertido en mayoritaria. Drake encabezó a una nueva generación Rap dominada por la estética y la desconexión del mismo género con los conceptos, actitud y hábitos que intervinieron en su formación.

Un Rap que como el suyo tan solo se preocupa de sí mismo y no de la política, no de las situaciones sociales y no se utiliza para despertar la conciencia colectiva: Drake es Rap ensimismado e indefinido que busca llevar un mensaje del éxito por encima de todo a la mayor cantidad de público posible.

Habla de sus inquietudes diarias y las lleva a la práctica con los mejores medios posibles, dando forma a un producto desde su torre de control llamada Toronto, desde su panorámica allí arriba; sin tocar el fuego, sin mojarse, sin luchar por nada que no se parezca al hecho de penetrar en cuantos más dispositivos digitales y canales de comunicación mejor.

Drake es un colonizador propio de un tiempo en el que el Rap se usa para el ámbito personal y no el de ninguna multitud; un Rap vanidoso aunque sincero en busca de modelos individuales que nos demuestren que las carencias no son obstáculos para el triunfo. Tus defectos pueden disimularse y en el caso de Drake, potenciarse para darte toda esa humanidad superficial y supuesta vulnerabilidad que llegará a ser incluso influyente.

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El de Drake es el lenguaje global y el Rap doméstico de un rico experto en acumular más riqueza y que intenta escribir un ilegible “todos podemos llegar hasta aquí” si me tomáis como modelo. Un ejemplo del sueño canadiense. Intenta decirnos eso mientras nos cuenta sus entresijos y problemas cotidianos derivados de su posición o su equipo de profesionales mezcla géneros y patrones musicales en un conglomerado preparado para todos los públicos y nacionalidades.

Nos acerca a un mundo que está mucho más alejado de lo que pensamos debido a que Internet ha hecho en parte invisibles y en parte ha “democratizado” los mecanismos que nos pueden hacer llegar al lujo (y no a la reputación). Si todos nos sentimos identificados un poco con Drake es porque nos sentimos identificados con el uso primordial del Rap en la actualidad.

Drake es la confirmación de un cambio que para unos ha podido tener un perfil diferente; quizá el de Lil B, el de Yung Lean o el de Kanye West. Un signo de los tiempos en los que cualquiera puede utilizar el Rap como un instrumento para adentrarse en las vidas de la gente. Puede ser un Rap bonito, un Rap cómico, un Rap infantil, un Rap deprimente o un Rap pretencioso, pero al fin y al cabo solo importa acumular seguidores y distinguirse utilizando una herramienta disponible para cualquiera.

Un Rap que cuenta con una herramienta como Internet de su parte y que en vez de conectar los mensajes unitarios en un movimiento global, consigue desconectarnos y tan solo buscar que nuestro discurso prevalezca por encima del de nuestros iguales. El juego ya no consiste en representar a una causa, se trata de conseguir la mayor audiencia posible dentro de un mundo aparentemente desprovisto de cosas por las que luchar.

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Drake pudo comenzar de forma humilde en MySpace como cualquier otro, pero él siempre fue un rostro conocido en América del Norte, cuna del estilo. Drake pudo ser detestado por los reyes del Rap a comienzos de década, ser visto como una anomalía y ser indecoroso hasta que su aceleración hacia el estrellato le dieron el poder de callar bocas una detrás de otra.

Drake nos ha demostrado que se puede llegar ahí arriba en un mundo en el que ya solo importa que nuestros problemas personales sean escuchados. Sean oídos y tengan un sitio reservado en Internet.

Mientras Kendrick Lamar se convierte en un altavoz para las problemáticas que su raza conlleva en el pentagrama capitalista actual, renovando el Rap con una aspiración similar pero más humana, Drake se preocupa de contar su vida y reafirmar con cada disco que un día tú puedes tener lo que él tiene. Tengas o no su linaje, digas o no las cosas que dice él, luches o no por algo, surjas de Toronto o de cualquier confín del mundo.