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Cuando los DJs no tenían apodo: Un viaje a la primera era de clubes en Badalona

David Puente entrevista a Tomeu Bernat, una de las figuras más representativas de la época en que discotecas como Simbiosis, Titus o Nostramón sentaron las bases de la cultura de baile en la ciudad.

31.03.16
Frankie Pizá

Texto de David Puente. 

“El apodo entonces no era tan importante. Yo era simplemente Tomeu. Ni siquiera me ponía el Dj delante del nombre”. Es mediodía de un lunes en el que Tomeu no tiene que ir a trabajar. Es lunes de Carnaval y el instituto de Badalona donde trabaja como conserje ha decidido acogerse a la fiesta de libre elección. Tomeu Bernat toma un vermut en la Rambla de Badalona que puede que sea la única rambla de todo el mundo que es paralela al mar. Es un lunes de febrero bastante benigno en lo térmico y las familias se acogen al rito para encarar una vuelta más por ese circuito que es paralelo al mar y tal vez no debiera.

Con Tomeu vamos a hablar de eso. De cuando los Djs no necesitaban un apelativo para conseguir trabajo como Dj. De cuando se podía vivir de la profesión y además sin necesidad de montar sellos, ni grabar hits potentes, ni pinchar en el extranjero. Estamos hablando de un momento en el que al Dj se le sigue tratando con el mismo estatus que cualquier otro trabajador del local. El Dj es uno más en la empresa.

Es el Dj de la era pre-clubbing, para que nos entendamos. Del pinchadiscos en discotecas de finales del régimen pasado. De hecho, Tomeu Bernat comenzó su periplo en cabinas de Badalona en 1976 para acabar venciendo al diablo en el año 2000. Sobre todo en el primer tramo de su carrera nos toca evocar la memoria de discotecas con programación doble, de tarde para jóvenes y de noche para más talluditos. Locales que tienen más de salas de fiestas para todos los públicos, que de local oscuro y taciturno para unos cuantos elegidos. De cuando el Dj no necesitaba un apodo.

Usted ha trabajado como residente de muchos locales. Ha sido hombre de empresa pero no ha vacilado en cambiar de sala cuando le ha parecido.


En realidad el trabajo del Dj es muy nómada. Llega un momento en el que el Dj y la sala se cansan mutuamente. Ambas partes necesitan atractivos nuevos. Yo comencé a pinchar en un local de Barcelona a raíz de una anuncio publicado en La Vanguardia en el que se pedían Dj. Corría el año 1976 y obviamente era la primera vez que me presentaba a una oferta laboral de este tipo. Hasta entonces había pinchado en fiestas particulares… lo típico, ¿no?

La oferta provenía de un local muy mítico de la época que era el Nostramón, estaba en la Plaza Lesseps. Recuerdo que yo era el último de la cola de los que se presentaron a cubrir la vacante. Era una cola de cojones. Al día siguiente empezaba a trabajar en el local. El Dj que marchaba era el que se encargaba de elegir a la persona adecuada previa entrevista con el amo del local. En plena sesión el Dj saliente me dejó poner cuatro discos con la sala abierta para ver cómo lo hacía. (Nota del autor: el local estuvo abierto en el número 3 de esa plaza desde 1969 a 1978 que es cuando la discoteca pasó a convertirse en un bingo coincidiendo con la llegada de la legalización del juego a nuestro país).

Inserto extraído del blog Barcelofilia:

“La primera vez que escuché el «tuist and chou..» de los Beatles fue en el 66 y después fui muchas veces al gran Nostremon (la mejor discoteca de España) ya que por proximidad era asiduo. Recuerdo… las escaleras que bajaban.. las burbujas que se proyectaban en la pared etc.. la gran fachada de acero oxidable los futbolines pared con pared las paradas de autobuses (el 24, 10, 25, 26, 27 )en la misma puerta de la disco, que a la hora de salida se juntaba una gran muchedumbre en fin..que bonitos recuerdos “.


–Anònim 23 maig de 2012, 22:58

¿Y qué tipo de música se pinchaba en esa época en la que el país salía de una dictadura?


En esa época había dos tipos de discoteca. La que pinchaba un tipo de música muy concreta y la que proponía un popurrí en el que valía todo. En Nostramón había un momento para la música de baile o disco… Incluso en algún momento de la noche podías mezclar pop como Supertramp o rock como los Rolling Stones, incluso algo de pop español. Pero también había que pinchar un cuarto de hora de lentas. Siempre sonaban a la misma hora, para que a la gente no la pillara desprevenida ese tramo. De una duración de unos 15 o 20 minutos para no desgastar a la gente que venía a brincar. Era como una pausa.

Los tempos de trabajo estaban bastante marcados. Empezábamos con un primer tramo, lo que era el chill out de antes… que todavía no existía pero venía a ser lo mismo. De siete y media a ocho y media sonaba dance en general. Después venían las antes comentadas ‘canciones lentas’ de las ocho y media, para remontar volvíamos al dance y ya después entrábamos en un tramo final más en plan pop, español incluso de aquel momento, con lo que definías a un tipo de público diferente que entraba en ese momento, porque sabían que acabábamos con ese tipo de música, los que habían empezado la sesión abandonaban el local porque ya habían hecho lo que tenían que hacer. Esta sería la sesión de tarde tipo.

Después empezaba la sesión de la noche. En aquella época en Barcelona se trabajaba todas las noches de la semana. Económicamente trabajar todas las noches era muy atractivo, y más en esa época de pluriempleo, pero yo preferí acogerme a los fines de semana. Piensa que yo por entonces estudiaba medicina… aunque me desenamoré de ella cuando ya tenía cuarto hecho. Cogí un bar para ganar dinero. También trabajé como guardia urbano en Badalona, actividad que combinaba con el trabajo de Dj de fin de semana.

Un Dj que trabaja de Guardia Urbano… no está mal…


En la Guardia Urbana trabajaba de lunes a viernes y cada dos fines de semana también me tocaba estar de guardia. Esos fines de semana eran tremendos. A veces no me quedaba otra que cambiar el turno. Muy discretamente, eso si, porque por lo general nadie en el cuerpo sabía a lo que me dedicaba en mi otra profesión. El viernes noche estaba en la discoteca, el sábado por la mañana con la Guardia Urbana. Volvía a la discoteca el sábado tarde y noche. El domingo por la mañana volvía a ejercer de urbano. Y el domingo por la tarde acababa el fin de semana en la discoteca. Era un sin vivir. Aguanté hasta que pude. Tenía una familia y tenía que trabajar. Mi hija, que ahora tiene 26 años, cuando le dije que dejaba la noche se puso a llorar. Me dijo: “Lloro, sí, pero de alegría… Por fin tendremos un padre”. Esto del Dj es un trabajo que la llevas muy dentro tuyo. Si empezabas el lunes a trabajar, entonces a ese viernes ya no llegabas a pinchar con los mismos ánimos que si venías descansado de toda la semana.

¿En qué otros locales estuvo pinchando al margen de los ya citados?


Estuve trabajando también en el Luna Mora que es donde está el Catwalk del hotel Ars. Saludaba a la luna antes de entrar al local. He sido muy amigo de la luna… Me gustaba saludarla antes de entrar a trabajar. Era la mejor discoteca de Barcelona. Viernes por la noche, dos mil personas. Sábado por la noche, dos mil personas. Fue la primera discoteca que puso las entradas a dos mil pesetas igual para todo el mundo, sin pases especiales para unos pocos, ni rebaja de precio para las mujeres… que eso también era novedad. Mucha selección en la puerta. Dos mil personas y en la puerta se quedaban otros tantos. Llenaba todas las noches. Gente estilo ‘pijito’, por decirte algo.

Si lo comparo a la actualidad, te diría que es la gente que ahora pasaría por Luz de Gas. No he ido mucho, pero me he dado cuenta que es una sala que corta en la puerta. Otros locales que ya no existen en Badalona y donde también pinché, fueron Tiburón y Donzella de la Costa, en plena línea costera. También pinché a principios de los 80 en Planetarium muy cerca de la parada de metro de Pep Ventura.

Como te he comentado antes, la necesidad de cambio en este trabajo era beneficiosa tanto para la sala como para el Dj. En mi trayectoria como Dj hice un recorrido por diferentes discotecas de Barcelona. Aquí en Badalona teníamos Titus, Planetarium, Simbiosis, que por entonces estaría a punto de abrir, el Comix… Fue muy comentada en la época la promo del Simbiosis para la radio porque decía: “La mejor discoteca de Barcelona está en Badalona”. Tenía tres plantas. Podían sonar The Smiths, Clash, The Cure, Depeche Mode… Una cabina en una de las plantas que daba cobertura a toda la instalación.

Después la discoteca pasó a llamarse BTL (por “Baetulo”) pasó a tener dos cabinas, una dance y otra popurrí con un poco de todo A las cinco de la mañana, que era la hora en la que elegía pinchar clásicos en Simbiosis, como algún tema de «Africa» de Toto, el «All Night Long» de Lionel Richie… La gente se volvía loca porque no estaba acostumbrada a escucharla en una discoteca. Era algo genial. Alguna vez había bajado a la pista a bailar y disfrutar de esa simbiosis… nunca mejor dicho porque en realidad era el nombre de la discoteca.

Tampoco podía ocurrir mucho porque se quedaba guardando tus espaldas el segundo o ayudante, que era el chico que estaba aprendiendo y que se fogueaba poniendo los temas ambientales del principio. Cuando ya tenía un poco de experiencia le dejabas poner cuatro temas más avanzada la noche. He hecho de profesor de Dj en algunos casos. Por ejemplo, a Dani Moreno, que hasta hace poco estuvo presentando El Gallo Máximo en Máxima FM, también le hice de entrenador personal en una de las primeras discotecas en las que estuvo trabajando.

Yo era habitual de Simbiosis porque no me dejaban entrar en Titus. Vamos, que se decía que a ‘Simbi’ iban aquellos que no podían entrar en la discoteca por antonomasia de la ciudad que era Titus, además en la misma orilla del mar como quien dice. (Nota del autor: Titus obtuvo la licencia a finales de los años veinte del siglo pasado, pero fue pasto de las excavadoras en los albores de este siglo, damnificada finalmente y después de muchos años por la ley de costas de 1984).

Bueno, no, no…bueno… Titus era la discoteca del centro. De la Badalona del centro. De la misma manera que la gente que viene del extrarradio cuando baja al centro, a la Rambla, por ejemplo, dice que va a Badalona… Entonces yo voy y les pregunto: “¿Pero cómo vas a ir a Badalona si tu ya vives en Badalona…?” A Titus iba gente de todo tipo, lo que pasa es que debido a la afluencia de público, si no te conocían no entrabas. Si alguien entraba con algún desconocido, ése se hacía responsable de la persona nueva que entraba al local. Cuando volvía solo al local, entonces le decían que no podía entrar. “Ah, es que yo entré el otro día…”. “Sí, pero es que el otro día entraste con un cliente de toda la vida”. Si no te conocían no entrabas…

(Nota del autor: En diciembre de 1978 se descubrió una trama en esta misma discoteca Simbiosis en la que se implicaba a varios tenientes de alcalde del consistorio badalonés que parece ser conspiraban contra el alcalde de entonces, Alfonso Ramos, entre otras razones, por ‘abrirse’ demasiado a la corriente aperturista y democrática del momento. Aquella conspiración se conoció en la ciudad como ‘Operación Simbiosis’).


¿Llegó a pinchar alguna vez en Titus?


No, oportunidades tuve y siempre me hubiera gustado pinchar en Titus. Pero Ramón Fonollá que es el amo, que conste que soy conocido suyo y me llevo bien, tenía una política muy personal con sus Dj. Era un señor que tenía unos Djs muy buenos como Xavi Morera, pero disponía de los suyos a su manera.

Llegaba a las tres de la mañana al local con los diez hits del momento bajo el brazo –el Dj residente de entrada ya no podía poner esos temas– se subía a la cabina y los pinchaba. Entonces la gente se volvía loca. Yo siempre he sido respetuoso con la política de la empresa. Siempre me he adaptado a lo que me han pedido desde dirección. Si tú me pagas, yo respetaré la línea que me pidas, porque soy de los que cree firmemente que un Dj trabaja para que el empresario gane dinero.

Una de las características que me definían era que podía pinchar de todo. Antes era muy difícil encontrar a alguien que manejara tantos estilos. A raíz de la llegada del techno y del house, la gente se fue especializando en estilos concretos. Que vamos de house, vamos de house… Que vamos de pop, pues vamos de pop… Lo que no admitía de ninguna de las maneras es que sobre la marcha me impusieran tal o cual línea de trabajo.

En Simbiosis, una vez el encargado vino a la cabina para pedirme un tema que le habían pedido unos amigos. Me negué porque no me cuadraba con lo que estaba poniendo. El lunes siguiente teníamos reunión de equipo y me esperaba que el encargado me metiera bronca por la afrenta. Resultó que no solo no me pegó bronca, si no que me puso como ejemplo ante mis compañeros. Le di una lección.

¿Se acuerda de la canción que le pidieron los amigos del encargado?


Pues sí que me acuerdo. Era «Can’t Take My Eyes Off You» de Gloria Gaynor. Me desencajaba la sesión. Respondí: “Lo siento, si puedo la pondré”. Y no se la puse. Lo que tengo muy claro es que la sesión no se prepara nunca. La sesión se improvisa. La sesión se mezcla mientras vas viendo a la gente como se mueve en la pista. La programación de una sesión es un gran error. Puedes tener los esquemas básicos del estilo que vas a pinchar. Pero llevarla preparada es nocivo para el Dj. La psicología siempre ha sido lo más importante para un Dj. Mirar hacia adelante. Que el dueño del local gane dinero, mientras la gente se lo pasa realmente bien. Eso es para mí la psicología del Dj.

También estuvo pinchando en otro garito de Badalona en el que me dejaba caer de muy joven, sobre todo en horario de tardes. Pinzell, muy cerca de la plaza del ayuntamiento y de Simbiosis. Discotecas en las que estaba de moda beber un brebaje de kiwi con limón de la marca Rives…


Era de sábados tarde y noche y domingos tarde. Cuando estaba trabajando en esta discoteca me tocaba competir con Simbiosis que seguía abierta. Hicimos un experimento para potenciar las noches, las tardes funcionaban solas con un público de unos 18 a 20 años. Antes los chicos de menos de 18 años no salían por la noche, como mucho se colaban en las discos de tarde. Pero las noches tenían que competir con otras opciones como la misma Titus que, como ya he dicho, se lo comía casi todo en esta ciudad por tradición. La gente, antes como hoy, va a los sitios donde va la gente. Entonces se nos ocurrió organizar un karaoke que tuve que animar yo como speaker.

¿Cómo adquiría los discos que pinchaba? ¿De donde salía el dinero destinado a su herramienta de trabajo que eran los discos?

La discoteca te asignaba un presupuesto que a decir verdad era negociable dependiendo del mes. Tenías un presupuesto mensual que se quedaba corto si aquel mes tenías que comprar novedades de importación que eran más caras que las nacionales. Por suerte, casas de importación como Blanco y Negro y Max Music acercaban a nuestro circuito ese tipo de disco en formato maxi que venía de fuera, con lo que se abarataron algo los precios. En la Barceloneta tenías Record Sound donde también podías encontrar discos de importación norteamericanos a 1600 pesetas de la época (nota del autor: unos 10 euros). Era pasta…

Por cierto que yo también tuve mi tienda de discos en la calle del Carme de Badalona y llegué a hacer de ‘maletero’. Es decir, como conocía a muchos Dj del momento, les llevaba personalmente los discos que pudieran interesarles. Después del paso del Lenco a los Technics, la segunda revolución que viví coincidió con la llegada de los CD, con los Denon… los lectores de CD para profesionales que fueron toda una novedad en su momento… El vinilo lo tocabas. El CD era una cuestión de botones… Al principio me decía a mí mismo: “Joder Tomeu, te tienes que acostumbrar…”. Es la novedad…

Al principio no tenías a tu disposición la oferta y variedad que te proporcionaba el vinilo, pero en cuanto entré en el formato ya no quise saber nada más de los vinilos. De hecho, ya no me queda ni uno en casa. Los he ido perdiendo… Bueno, vendiendo y perdiendo. Me los llevaba a fiestas y los tenía muy ‘currados’. Comprendo a los que cuidan de sus vinilos como si fueran sus hijos… Admiro a la gente que sigue conservando su colección de vinilos. Pero yo era de llevarlos conmigo allí donde se pudieran pinchar… Total que ahora sólo me quedan CDs.

¿Y no iba de clubs o discotecas como cliente?

Normalmente, lo que hacíamos todo el personal de la discoteca cuando cerrábamos el local era ir a tomar la última copa al local que cerraba más tarde que el nuestro. A mi en Badalona me daba tiempo a estar unos tres cuartos de hora más o menos en Titus, porque tenía permiso para cerrar a las siete de la mañana. También trabajé en el Factoria de Mataró que en aquellos momentos era una gran sala y entonces nos íbamos a Chasis y poco más porque me esperaban en casa. La noche si no la sabes llevar bien, te acaba atrapando.

Una de las cosas de las que estoy más satisfecho de mi carrera como Dj es haber salido indemne de la noche. Es como una selva con todo tipo de animales. Me retiré voluntariamente a los 44 años porque quería cambiar mi esquema de vida. Pasé de acostarme a las seis de la mañana, a levantarme a esa hora. Es fácil de decir, pero muy complicado de llevar a la práctica. Te cambia la vida entera, claro. Tardé unos tres o cuatro años en acostumbrarme a aquello. En interiorizar aquel cambio vital. Lo pasé mal porque necesitaba algo que me llenara tanto como aquello. La de Dj es de las pocas profesiones en las que uno se queda a trabajar con gusto más allá de la hora pactada… Es una profesión que te permite ligar con más facilidad. Eres el rey del local en cuestión… Tal vez eso sea de lo que más engancha de todo esto… Durante ese tiempo en el que me aposentaba en mi nueva vida recibí ofertas para trabajar en otras discotecas con lo cual la decisión que tomé tuvo momentos de zozobra… Por suerte, con el tiempo, el demonio deja de dar la lata.

Desde hace diez años soy funcionario y trabajo como conserje en un instituto de Badalona. El último local donde trabajé estaba en la plaza Lesseps, con Torrent de l’Olla, en el Topolinos… No, te engaño… Mi último local estuvo en Horta que se ponía a parir con las gente subidas a las mesas.. Pinchaba un poco de todo. Era buena época de house y de dance con pinceladas de pop sobre todo a última hora. Cuando salí de aquella sala acabó especializándose en salsa y derivados.