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Una guía básica para cuidar a tus vinilos

16.11.16
Frankie Pizá

Pocos hoy en día podrían identificar si la nueva juventud del vinilo es un producto generado por nuestros depredadores hábitos de consumo o más bien una reacción consustancial a muchos factores que han afectado a su producción, posterior revalorización y una nueva conceptualización.

El vinilo vende más que hace 6 años, no tanto como algunos puedan pensar, pero sí estamos ante la normalización de una costumbre o práctica que creíamos tan solo se preservaría de forma minoritaria: el coleccionismo y la compra frecuente de este formato.

Este auge en la demanda ha provocado que los mecanismos de producción y las posibilidades para la misma se tensen al límite: hay pocas fábricas y cada vez más sellos que quieren editar sus ediciones especiales y limitadas, cada vez más congregaciones de diggers y cada vez más énfasis en la colocación de un vinilo o un tocadiscos en nuestro hogar.

En resumen: si hay más vinilos y más gente compra asiduamente, deberíamos tener claros algunos de los básicos a la hora de cuidar y tratar nuestras copias.

Por cantidad y porque no se deben perder los buenos hábitos; ni en la limpieza, ni en el almacenaje, ni mucho menos en la escucha (recordemos que empiezan a proliferar los tocadiscos portátiles de baja calidad, algo de lo que ya hablamos en este artículo y en este sobre la fiebre del “portablism”).

Javi Bayo, coleccionista y frecuente colaborador de TIU ha preparado una guía esencial para cuidar tus plásticos.

Cómo se limpian.

Cuántas veces habré observado con estupor y temblores a un “profesional” del gremio rociando la superficie de un disco con toda clase de sustancias fatales. El gran clásico es el alcohol etílico, el más común y que se puede encontrar en casi todos los hogares. Un buen chorro y queda como nuevo, deben pensar.

Algún amigo coleccionista ha tratado ya en más de una ocasión de advertir, con nulo resultado, a los comerciantes del vinilo antiguo acerca de los efectos abrasivos del alcohol etílico sobre los surcos. Aunque a simple vista la suciedad desaparece fácilmente, a nivel microscópico se podría observar una reacción química entre el líquido y el propio vinilo que normalmente trae como consecuencia un ligero pero molesto ruido de fondo y en ocasiones hasta una pérdida del brillo original de la superficie del disco.

La respuesta más común ante tal advertencia suele ser “pues lo llevo haciendo así toda la vida y nunca he tenido ningún problema”… Una vez que el daño está hecho, las consecuencias son irreversibles, disco arruinado para siempre.

Hay algunas tiendas que comercializan soluciones limpiadoras específicamente preparadas para los discos de vinilo. Sin embargo, hacernos con una buena cantidad de un excelente líquido limpiador no es tarea complicada ni cara.

Tras indagar un poco sobre el asunto hace años, descubrí que la que parece ser la mejor receta anti-suciedad (y a la vez respetuosa con el vinilo) es la que mezcla 3 partes de agua destilada (la del grifo no sirve, ya que dejaría al evaporarse diminutas cantidades de cal o minerales que es mejor evitar) con una parte de alcohol isopropílico.

Éste componente es algo más complicado de encontrar pero en absoluto imposible. Se suele vender en algunas farmacias o tiendas de productos químicos. Al parecer hay sitios donde la venta de este alcohol está sujeta a ciertos controles ya que se utiliza en el proceso de elaboración de algunas drogas y una compra de grandes cantidades suele levantar sospechas.

No hay de qué preocuparse, con una botella de 1 litro tendremos suficiente para una larga temporada. Finalmente, y esto es opcional, hay quien añade al agua destilada y el alcohol isopropílico unas gotas de un detergente/jabón líquido neutro.

Habrá que ser de nuevo cuidadoso en este punto para evitar aquellos que dejen residuos o sean más agresivos, en todo caso apenas haría falta un par de gotas por cada litro de mezcla. Al unir estas sustancias con frecuencia se aprecia que el envase empieza a calentarse a medida que los líquidos reaccionan. No hay de qué preocuparse, es normal y la temperatura bajará una vez se estabilicen los componentes.

Cuando el disco a limpiar tiene mucha porquería, humedad o restos de tierra o polvo en exceso, conviene pasar un trapo antes de rociar la mezcla sobre los surcos para evitar que se “embarre” todo. Nos ayudaremos de un trapo no abrasivo, que no suelte fibras, ya que de los contrario podríamos dañar la superficie del disco cuando lo estemos frotando.

Al contrario que cuando se limpian CDs, los movimientos serán circulares, en el sentido de los surcos, y no de dentro hacia afuera del disco.

Con esta técnica de limpieza y aplicando la mezcla referida, he logrado recuperar discos que aparentemente estaban hechos trizas, hacer desaparecer manchas de humedad y conseguido un buen sonido de discos a punto de ser desahuciados.

Los que se dedican a la venta de discos de forma profesional, a menudo adquieren una de las múltiples máquinas de limpieza que hay en el mercado. La más conocida y prestigiosa es seguramente la VPI.

Todas ellas realizan unas operaciones similares: extienden bien el líquido limpiador sobre los surcos con ayuda de unos cepillos suaves y posteriormente aspiran la suciedad impregnada en dicho líquido, dejando el disco totalmente seco.

Cómo se almacenan.

En ocasiones habréis visto discos con una cierta curvatura, ligeramente cóncavos en una parte de su canto. En inglés lo llaman “warp”. Es el final fatal de un bonito sueño, cuando tras haber encontrado una buena pieza lo sacas de su funda y descubres que está doblado… Pues bien, ésto se suele deber a un mal almacenaje.

En ocasiones los discos han permanecido durante mucho tiempo con el precinto (plástico exterior) intacto, y debido a la temperatura ambiental, ese plástico sufre un ligero encogimiento que genera presión sobre los lados del disco pudiendo provocar esta curvatura.

En otros casos, años y años de mal almacenaje, también provocan este efecto fatal. Los discos se deben guardar en vertical, sin demasiada presión entre ellos, y evitando que soporten demasiado peso en una zona concreta del LP.

Cuando los discos se apilan “en plano” y no de canto, la suciedad se puede llegar a incrustar de
manera definitiva entre sus surcos por efecto del peso de los discos que hay encima.

Las fundas interiores también son importantes, especialmente si usas los discos para pinchar con frecuencia con ellos y tienes que sacarlos y meterlos en sus portadas.

La falta de funda interior puede hacer que la rugosidad del cartón de la portada actúe como una fina lija sobre el disco, y que cada vez que lo saquemos o volvamos a meterlo, se produzcan unas marcas minúsculas sobre el mismo. Son lo que a menudo de describe como “paper scuffs” en muchas ventas de discos por internet.

Rayas superficiales y aparentemente sin importancia pero que pueden derivar en un ruido de fondo al reproducir el vinilo. Ante eso, una buena funda de papel especial o, mejor aún, las famosas fundas japonesas de “papel de arroz”: suaves, ligeramente transparentes, perfectas para conservar adecuadamente nuestras piezas más preciadas.

Los focos de calor excesivo, como pueden ser estufas, radiadores o la acción directa y prolongada de los rayos del sol, son otro de los grandes enemigos de los discos.

Cuando la alta temperatura ha logrado ablandar el vinilo, las curvaturas aparecerán de forma irreversible (las máquinas y técnicas que aplanan discos con problemas de curvatura sólo funcionan cuando ésta se debe a un mal almacenaje pero no reparan los efectos del calor).

Cómo se reproducen.

Se dice que, al menos en parte, el estado lamentable en el que se suelen encontrar los discos antiguos africanos o de países latinos se debe a la imposibilidad económica de sus propietarios originales para cambiar las agujas de los tocadiscos con la frecuencia deseada.

Una aguja en mal estado, combinada con una mala calibración del brazo del giradiscos o un peso excesivo de la cápsula sobre el vinilo son la combinación perfecta para destrozar un disco.

Como sabemos, el sonido se genera mediante el contacto de los surcos con la punta de diamante que se encuentra en el extremo de la aguja.

Cuando esa fricción no se realiza de una forma equilibrada entre ambos lados del surco (por ejemplo cuando una mala calibración empuja el brazo del plato hacia el interior del disco), uno de ellos sufrirá un mayor desgaste que el otro, alterando las características sonoras del disco.

Un peso excesivo también acelerará el desgaste del vinilo, originando una progresiva pérdida de matices y brillo en el sonido, además de aumentar las posibilidades de que un accidente con el brazo del plato acabe ocasionando una marca profunda.

La calibración del plato varía en función de la cápsula que le hayamos colocado, cada una requiere un peso diferente en el brazo, por lo que cuando llevamos nuestras propias cápsulas a un club, lo primero que habrá que hacer será calibrar de nuevo los platos en función de nuestras necesidades.

Por cierto, también hay que tener cuidado de no provocar un desgaste excesivo en el disco cuando lo deslizamos manualmente hacia delante y hacia atrás buscando el punto de “cue”, no es infrecuente que se comience a notar un ruido de fondo en esa zona debido al rozamiento sufrido.