#Artículos

Caminando por las interminables estepas, él canta sus tonadas

Arca es una fuerza arrolladora a medio camino entre el éxito de la cultura occidental y la naturaleza violenta, cruel, implacable e iracunda de los lugares más recónditos de la Venezuela rural.

21.03.17
Frankie Pizá

Texto de Juan Pablo Huizi Clavier.

“La llanura es bella y terrible, a la vez; en ella caben holgadamente, hermosa vida y muerte atroz”.

–Rómulo Gallegos.

Si hay alguna cosa que retrata magistralmente Doña Bárbara, la novela venezolana más popular, escrita por Rómulo Gallegos Freire en 1929, es el conflicto entre civilización y barbarie.

En la novela, el progreso de la civilización está personificado en Santos Luzardo, un hombre del llano, civilizado por la ciudad, abogado y doctor, con una gran profundidad psicológica y lleno de buenas intenciones.

En el extremo opuesto, el atraso, impuesto por el determinismo geográfico, recae especialmente en Doña Bárbara: arbitraria, violenta, astuta, caprichosa. A pesar de tantas sombras, todavía existen en ella grandes y hermosos sentimientos. Sus maneras contradictorias son producto de su herencia mestiza y reflejan el comportamiento salvaje y libre del llano venezolano.

Dicho esto, se me ocurre pensar que Arca ahora mismo, es como un personaje de Gallegos. Una fuerza arrolladora a medio camino entre el éxito de la cultura occidental y la naturaleza violenta, cruel, implacable e iracunda de los lugares más recónditos de la Venezuela rural.

Sus canciones más recientes suenan a contemporaneidad, a cosa muy avanzada, pero también me llevan directamente a la Venezuela de las interminables estepas, la auténtica, la de alma aventurera y música ligera, hermosa e inolvidable.

“Las cosas siempre vuelven al lugar de donde salieron”.

–Rómulo Gallegos.

Arca va cada vez más y más lejos. Su sistema de transporte es la vanguardia más provocadora, espontánea y desenvuelta, pero siempre mirando de reojo a todo aquello que queda atrás, lo bueno y no tan bueno.

En esencia, Arca es un personaje realista y muy perspicaz, como la novela Doña Bárbara. En ambos existe una observación profunda del mundo, una marcada descripción de la realidad de su tiempo. Sus intenciones, pienso, van más allá del hecho artístico; se dirigen a lo social.

Luego de escuchar, «Sin Rumbo», «Piel», «Anoche» y recientemente «Reverie», es evidente que Arca ha puesto la mirada en sus orígenes venezolanos y muy especialmente en la tonada llanera, música del campo, que tiene en el desaparecido Simón Díaz a su principal exponente.

Simón Díaz es el más célebre compositor e intérprete de la música popular venezolana. Convencido de que la tonada llanera es muy especial, dedica gran parte de su carrera a estudiarla, componerla y difundirla hasta convertirla en un género musical reconocible.

Mercedes Sosa, Caetano Veloso o Joan Manuel Serrat, son algunos de los artistas que han interpretado algunas de las canciones más hermosas del ‘Tío Simón’.

La tonada llanera.

La tonada es básicamente, un canto de trabajo que acompaña a los llaneros en sus faenas por el campo venezolano: el ordeño, la labranza, el arreo, la caza, la pesca, la trilla, la molienda, la cosecha. Es música sencilla, cargada de sentimientos y vivencias.

En Venezuela, cada región tiene su tonada. Además varían según la hora del día: tonadas al amanecer, a media tarde o de noche. Una de las características más interesantes de la tonada es la cadencia, ese reparto finamente proporcionado de los acentos y de las pausas en los versos y en las palabras que componen la prosa.

Los cantos de las tonadas son mensurables según el tipo de trabajo que se está realizando. Van desde un simple tarareo, hasta canciones más elaboradas con gemidos y jipidos incluidos, muy a lo flamenco.

En el llano venezolano, la jornada comienza muy temprano en la madrugada. El llanero, siempre acompañado de una taza de café, se va al ordeño. Es costumbre llamar a las vacas por sus respectivos nombres.

En plena faena, el llanero canta sus tonadas a capela para estimular a la vaca, con estrofas en apariencia sencillas, que versan sobre el trabajo, el amor, el desamor, el paisaje, los animales…

“Las arenitas del río
Corren debajo del agua
Debajo de mis pesares
Corren las penas de mi alma

No sé qué le pasa a Rosa
Que se muere de alegría
Cuando ensillo mi caballo
Y me voy de travesía”.

Arca y la tonada.

En las últimas composiciones de Arca, es evidente la ausencia de la parafernalia y el énfasis puesto en la voz y en las letras, desechando lo accesorio y concentrándose en lo relevante.

Hace una reducción razonada de la estructura musical (como en las tonadas), sustrayendo lo obvio hasta dejar solamente lo necesario, obteniendo de esta forma resultados sorprendentes.

Más fondo, menos forma. Al igual que en las tonadas, el acompañamiento musical es austero, sobrio, minimalista. Deja el camino despejado, sin distracciones, para que el oyente preste toda su atención al contenido, a lo que quiere transmitir.

Arca entiende perfectamente el sentido musical de la tonada: canciones para escuchar muy de cerquita, cadenciosas, susurradas al oído y en absoluta complicidad. Sin aditivos.

“Quítame la piel de ayer.
No sabes más de distancia

Quítame la piel de ayer
No sé caerme

Sin ti, no sé nada”.

En los vídeos pasa exactamente lo mismo, sorprenden la austeridad y la simplicidad. El atrezzo es el necesario. Los planos visuales, en su mayoría muy cerrados, están hechos para distraer lo menos posible.

De lo que se trata es de captar toda la atención del que mira, sin darle la posibilidad de escapar. No hay salidas de emergencia ni segundas lecturas. Es un combate cuerpo a cuerpo. Toca mirar. Toca escuchar. Toca dejarse llevar.

«Sin Rumbo» es un claro ejemplo de lo que intento explicar tanto en lo musical como en lo visual, pero es en la canción ‘Piel’, en donde definitivamente sale a la luz el interés del artista por sus raíces e influencias; en definitiva por su venezolanidad.

En «Piel», el planteamiento musical de Arca queda absolutamente expuesto con una apuesta artística muy terrenal, directa y humana. Arca comprende y asimila a la perfección toda la belleza, la cadencia y la simplicidad de las tonadas del llano y las hace propias, contemporáneas, distintas. Su trabajo actual es una singular y emocionante vuelta de tuerca.

Es música venezolana reconocible, pero definitivamente a otro nivel y en otra escala, aunque con raíces fuertemente arraigadas. Arca es en definitiva, lo mejor de ayer, hoy.

A lo largo de Doña Bárbara, Rómulo Gallegos nos cuenta siempre del férreo y comprometido carácter del venezolano. El párrafo siguiente es un claro ejemplo de ello. Además, se me antoja que también funciona –y muy bien– como una excelente descripción de la personalidad y del talento despampanante de Arca:

“….Y vio que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; … consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pie y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas”. 

El tercer álbum de Arca, de título homónimo, estará disponible el próximo 7 de abril en XL Recordings.

Arca presentará el álbum en el próximo Sónar Festival 2017.