#Artículos

Apple Music es nuestra nueva discográfica

Ya solo importa quién lo llevará a nuestro smartphone y si tendremos acceso a él. Apple Music se comporta como una discográfica clásica borrando del mapa a los sellos tal y como aún los concebimos.

03.08.16
Frankie Pizá

A pesar de la resonancia que está adquiriendo que «Boys Don’t Cry» esté a punto de llegar, nadie se pregunta en qué discográfica saldrá el segundo álbum de Frank Ocean. Omitiendo esa información o esa duda, la de si el cantante seguirá con su acuerdo para Def Jam Recordings o no, estamos revelando una lógica aterradora: Apple Music es ahora la discográfica. Como comentamos en el artículo Cómo vamos a dejar de descubrir música, es la «discográfica de las discográficas».

Al entrar en la página en Wikipedia de Frank Ocean y consultar sus últimas actualizaciones, vemos que entre todos los detalles tan solo encontraremos referencias a que el lanzamiento aparecerá en Apple Music de forma exclusiva por un tiempo limitado.

Sí, Ocean tiene una multinacional detrás y un entramado de derechos de licencia en distintas zonas del mundo, pero realmente no importa. La atención está fijada en si podremos acceder al contenido antes o después de su publicación.

El segundo largo de Fran Ocean llegará el viernes a Apple Music y aunque será ripeado con facilidad, ya nadie pensará en los problemas que esa filtración causará a su discográfica. Ésta es la primera vez que la compañía tecnológica revela exactamente cuánto tiempo tendrán que esperar los no suscritos a su servicio para escuchar libremente el álbum.

Apple está borrando los sellos discográficos del mapa: su estrategia para debilitar a la competencia en un tiempo en el que el consumo musical en streaming sube exponencialmente se parece mucho al comportamiento de una editorial. Apple vuelve a otorgar un valor insólito a los artistas, al margen de sus deberes con las regalías, en un tiempo en el que nadie más tiene el poder de hacerlo.

Nadie más ha tenido la misma visión de los hechos: Apple puede estar convencida en privado de que los sellos discográficos tal y como hoy los concebimos son tan solo un obstáculo más entre el artista, la obra, y el soporte que la distribuye a más de 15 millones de usuarios de pago.

Es interesante percibir que todavía ninguno de estos contratos artista-Apple Music hayan trascendido. A pesar de que no existe esa transparencia o no conocemos muy bien el funcionamiento de Apple en cuanto a compensaciones a las «estrellas» de su nómina, adivinamos que cualquiera prefiere estar dentro de la empresa más poderosa del mundo que limitarse a una discográfica. Una discográfica, sí, pero que al fin y al cabo no vende los vehículos por los que tu música va a ser transmitida.

Paradójicamente, la maniobra de retener un producto musical por un tiempo limitado en exclusiva para suscriptores es muy similar a cuando una discográfica lanzaba un material únicamente en vinilo sirviéndolo a establecimientos concretos. O cuando algunos sellos publicaban las «versiones japonesas» de sus álbumes, con el complemento de un track inédito o una versión alternativa. O en tiempos antiguos, cuando las propias limitaciones geográficas nos obligaban a recurrir a la importación para conseguir un material creado en otros países.

Pensemos por un momento que todavía existen las suscripciones digitales que se amoldan a las necesidades de los sellos y de sus fieles: Bandcamp las ofrece, Drip.fm las ofrece. Pensemos un instante en las suscripciones que muchos sellos habituados a la reedición están llevando a cabo: Now-Again, Numero Group y otros ya tienen su plan «gran reserva» para un club de aficionados premium que pagan por adelantado ediciones que tan solo ellos podrán tener.

–>Roundtable: Saltando obstáculos, el presente y futuro de los sellos<–

Cuando un sello pequeño distribuye su música en cantidades limitadas y únicamente en formato físico, excluyendo el digital, ésta es una condición para el consumidor igual de restrictiva y de la misma naturaleza que la que aplica Apple Music en contra de Spotify o los mismos usuarios que frecuentan otras plataformas.

El hábito de pagar una cuota mensual por acceder a un catálogo inmenso de música en línea se está normalizando y Apple, con una estrategia 360º (de probada eficiencia, tal y como revela el éxito de QQ Music en China) en la que los complementos son tan o más importantes que la propia música (vídeos financiados, licencias para adaptar formatos televisivos, documentales, etc), está contribuyendo a que dar este paso sea cada vez más corriente.

Sea parece más bien a una obligación: incluso la revista que se lanzará junto a «Boys Don’t Cry» se podrá conseguir únicamente en tiendas Apple.

Mientras Apple Music desarrolla la primera gran estrategia que se observa eficiente para revolucionar la industria musical sin pasar por ninguna tecnología basada en la colaboración colectiva, en el otro punto de la misma dimensión hay un montón de sellos pequeños compitiendo entre sí por ganar hueco en las apretadas agendas de las plantas de prensado.

Las plantas no pueden soportar toda la producción que la burbuja de las ediciones limitadas en el formato vinilo está generando. Satisfacer todas las peticiones de todas esas editoriales que quieren plasmar su música en vinilo antes de distribuirla rápida y cómodamente por Internet está saliendo caro.

No hay un ejemplo mejor que el de Theo Parrish y Sound Signature: la música del productor escasea en Apple Music, ninguno de sus últimos álbumes está presente en la plataforma y recientemente ha lanzado una compilación en CD-r antes de ni siquiera contemplar la posibilidad de digitalizarla.

«Sound Signature Presents: These songs should’ve been on wax by now. Due to back up at pressing plants we bring them to you in a somewhat inferior format that at least exists in a physical world!» habla por sí sola. En su título está todo: no hemos podido coordinarnos con la planta de prensado y recurrimos a un formato en desuso antes de entregarnos al sistema que proponen entidades como Apple Music.

Para Parrish el CD-r es, al menos, un formato físico que «existe» en el mundo real. Para otros músicos y otros grupos, ahora ya para otras discográficas, Apple Music es un acecho tan real como la vida misma.