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Ante las restricciones, ¿por qué no volver a las descargas?

En los tiempos en los que la tasa de conversión de usuario gratuito a prémium es tan importante, restringir significa aportar una experiencia frustrante y por tanto motivar a que las descargas no acaben de morir.

06.04.17
Frankie Pizá

Una vez digerido el acuerdo entre la discográfica con más poder y el principal servicio de streaming, las conclusiones comienzan a brotar de forma más consistente.

De cara a la galería, el acuerdo promete un entendimiento sin precedentes entre dos tipos de institución casi antagonistas; las discográficas llevan más de una década luchando contra el consumo/tráfico libre de música y reclamando más beneficios a las compañías que han abanderado el modelo del streaming.

La realidad es que Universal Music Group ha conseguido arrinconar y someter a un servicio líder como Spotify después de varios años de tensiones entre ambas partes: UMG ha conseguido que el material de sus artistas sea exclusivo (si así lo consideran ambas partes) para los usuarios prémium por un tiempo determinado, algo que no es precisamente bueno para la empresa de Daniel Ek.

De entrada podemos pensar que sí, que es positivo para la temida “tasa de conversión” de modo gratuito al de pago, pero realmente estamos ante una nueva restricción que puede convertir la experiencia de usuario en Spotify como algo frustrante.

Es decir: evaluando el entorno presente y hábitos del consumo musical en la mayoría de personas, lo que Spotify hará es interponerse entre el contenido y el usuario, provocando que quizá esos usuarios decidan regresar a las descargas ilegales con tan solo dos o tres clics de ratón.

El acuerdo entre UMG y Spotify no va a favorecer a los suecos, ni tampoco va a agrandar la cifra de 50 millones de usuarios prémium que han conseguido alcanzar hace poco más de un mes: lo que a simple vista puede parecer una motivación para el oyente puede convertirse en una forma de que decida no integrarse en el modelo que ahora apoyan las grandes multinacionales.

Acentuar la división entre usuarios gratuitos y usuarios prémium puede revitalizar algo moribundo como son las descargas ilegales, ya que por muchos acuerdos que se firmen y muros que se levanten, la música va a estar disponible para cualquiera.

En este preciso momento, antes de dar el paso y salir a bolsa, conservar el progreso con la tasa de conversión es esencial para Spotify; en este punto juega una gran importancia la experiencia que se le brinda al usuario gratuito. Intentar incomodarlo restringiendo algunos de los contenidos más apetitosos tan solo favorece a Universal Music Group.

Son ese tipo de instituciones privadas las que se han encargado durante todos estos años de expandir la idea de que las descargas y el streaming hacen daño a la industria y, por ende, a los artistas y sus obras.

Como comenta Enrique Dans: “Nadie ha hecho tanto como Spotify por acabar con las descargas irregulares en la música, del mismo modo que nadie ha hecho tanto como Netflix y otros servicios similares por reducir las descargas de series de televisión”.

Si Spotify o Apple Music son negocios con pérdidas no es porque la música no sea sostenible, sino porque el fluido de las ganancias sigue interrumpiéndose en el mismo punto: las grandes editoriales.

Ellas son las que reclaman más dinero, más porcentaje por cada 10 reproducciones, más limitaciones y más “valor a sus artistas”, devorando a compañías como Spotify.

Para mantenerse a flote y sabiendo de lo importante que es el “contenido” en esta batalla, Spotify no ha tenido más remedio que ceder ante las presiones de Lucian Grainge y su equipo: estropear el servicio gratuito, aquel que debe servir de anzuelo para que un usuario decida suscribirse al servicio a largo plazo, no es ningún mal menor.

Porque a partir de ahora las personas que escuchen música en el modo gratuito de Spotify accederán a un catálogo incompleto; si The Weeknd sorprende con un nuevo álbum, deberán o pagar la cuota de suscripción o regresar a la descarga de antaño. Un terreno que aún nos suena familiar.

En este momento es importante comunicar que los datos hablan por sí solos: el streaming está dando más dinero a la industria musical que el que jamás dieron las descargas legales en iTunes y otras tiendas similares.

El dinero, las ganancias, los beneficios, sigue sin repartirse equitativamente porque siguen quedándose bloqueadas en el mismo punto.

Esta situación puede a su vez estar acelerando la estrategia de los servicios como Spotify para convertirse en los “dueños” de esos contenidos; porque en el futuro habrá muchos más ejemplos como el de “The Life Of Pablo” y qué mejor que tener los derechos de ese tipo de grabaciones.