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Anderson .Paak explota su virtuosismo en el esencial «Malibu»

Soul, R&B, Rock, Hip Hop y experimentación se dan la mano en este completo joven talento.

19.01.16
Frankie Pizá

Stevie Wonder al piano, explorando las posibilidades de nuevos sintetizadores o grabando secciones de batería en horas intempestivas, mientras su discográfica, Tamla Motown, espera un poco más ya prácticamente desesperada porque el que debe ser el clímax creativo del artista no acaba de llegar.

Es lo que solemos recordar o la imagen que tenemos cuando se habla de «Songs In The Key Of Life», un triple álbum que confirmó el prodigio musical de Wonder y cambió para siempre la dimensión de la música Soul; un músico bendecido con el control total de su producto y que como si de un director de orquesta se tratara, explota las cualidades de otros protagonistas como Gary Bird, Minnie Riperton, Dorothy Ashby, Herbie Hancock, Bobbi Humphrey, George Benson, Ronnie Foster o Deniece Williams, entre otros.

Lo primero que ves de «Malibu» es a Anderson .Paak, sentado a su piano con su chaqueta de cuero a modo de frac y sombrero de copa, pantalones cortos y una marea de influencias que le atrapa en la orilla de alguna playa o costa imaginaria; él y su indomable virtuosismo son el aliciente más destacado y lo que sobresale nada más adentrarse en su particular mundo musical, pero Brandon Anderson Paak es también un director de talento sin igual, capaz de calibrar y amoldar a su gusto intervenciones de Madlib, 9th Wonder, Kaytranada, Robert Glasper, The Game, Talib Kweli o SchooBoy-Q.

Las similitudes son obvias aunque deben matizarse: el Stevie Wonder de los 70 operaba en un contexto y niveles musicales completamente diferentes a los que hoy por hoy envuelven a Paak, un chaval de Oxnard (California) crecido en el fundamentalismo católico heredado de las iglesias del sur de Estados Unidos, aunque el virtuosismo del que hablamos es raro de encontrar en nuestros tiempos. Un músico capaz de dirigir a otros y con un producto en el que a pesar de cualquier cosa, la distinción existe dentro de él.

Algunos de los últimos en sintetizar las cadencias heredadas del último J Dilla y canalizar afluentes como el R&B, el Jazz, el Rock o el Soul hacia un mismo camino han sido Cody ChesnuTT, Robert Glasper, Thundercat o D’Angelo; el primero lo consiguió a su forma outsider e intimista hace más de una década, el segundo despuntó por dar una nueva viabilidad al Jazz más purista, el tercero ha creado su propia idiosincrasia apoyándose en su control del bajo y en contemporáneos como Flying Lotus y el cuarto regresó hace poco para recuperar el tiempo perdido y enseñar a todos que todavía hay mucho que contar.

Anderson .Paak me recuerda intensamente a Iman Omari, un también californiano que lleva más de un lustro intentando llegar a la comunión entre creatividad, éxito y expectativas que hoy se reflejan en el autor de «Malibu»; ambos tienen el mismo timbre vocal con apuntes espirituales y un dominio de los registros asombroso, y su forma de integrar la influencia de la escuela beat-abstracta de la zona es similar.

Anderson, que en sus inicios de movía de forma independiente bajo el rostro de Breezy Lovejoy, no se nutre de una forma indiscriminada, sino que conversa con las influencias y con todos los recursos implantados de forma homogénea y sin fisuras, reconduciéndolas bajo un mismo patrón plenamente distinguible. A diferencia de «Venice», su anterior largo, el artista hace compenetrar con agilidad pasado y futuro; su música refleja esos momentos de su infancia y adolescencia interpretando en la iglesia y en los coros, su tono tiene algo de predicador, mucho evangelio, pero también deja claro que su mirada está fuera de la zona de confort.

Canciones como «Come Down», «The Season / Carry Me» o «Room in Here» enseñan sobre su polivalencia, su groove tan personal y sobre todo nos dicen hasta qué punto Anderson .Paak trabaja para hacer suya una producción externa, servida por otro artista (o a la inversa: recordemos que apareció en los créditos de 6 de las 16 canciones que integraban el regreso de Dr Dre en 2015); «Malibu» es el primer esencial del 2016 artística y creativamente hablando porque muestra a un talento arrollador en su mejor momento y con toda una página en blanco por rellenar, acercando las experiencias personales de un modesto hijo de una granjera surcoreana y un piloto de las fuerzas armadas que acabó en la cárcel.

Pero hay más: en un momento en el que la música negra vuelve a sentirse de nuevo transgresora, vuelve a sentir que consigue llegar a la comunidad afroamericana, que vuelve a ser algo más que belleza estética y que vuelve a ser un instrumento cargado de mensaje y reivindicación, Anderson .Paak es un prodigio capacitado para cualquier cosa (está al llegar su primer largo con el proyecto NxWorries junto a Knxwledge). Unido a «To Pimp A Butterfly» de Kendrick Lamar o «Black Messiah» de D’Angelo, «Malibu» es la primera gran justificación del año en estos términos.

El álbum ha sido lanzado a través de Steel Wool, OBE, Art Club y EMPIRE.