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Akauzazte: Música en las entrañas

"Aislados a la par que profundamente conectados a su tierra, Euskadi, amplifican su pálpito para danzar al golpe de huesos vacíos y martillos oxidados. Los desechos del viejo matadero de Azkoitia son ahora sus instrumentos sonoros".

29.09.15
Frankie Pizá

Texto de Antton Iturbe

No es posible hablar de la música de Akauzazte sin mencionar el antiguo Matadero de su pueblo natal, Azkoitia (Gipuzkoa). Un edificio centenario que nació para dar muerte y que hoy, en estado de semirruina,  alberga vida a borbotones. Vida presente, en forma de vigorosa actividad cultural alternativa, y vida pasada, puesto que el ambiente ligeramente fantasmagórico que se genera en sus sesiones nocturnas invita a pensar que los espíritus de tantos sacrificios siguen habitando entre sus paredes. 

Reinventado como Gaztetxe en 1996. Este emblemático edificio ha dado cobijo a centenares de propuestas culturales, artísticas y sociales alternativas. Cine, teatro o música desde la autogestión y el compromiso social. Estudio de grabación, sala de conciertos, centro de encuentro, bar y albergue al mismo tiempo, bajo una constante amenaza de demolición por parte de las instituciones siempre incomodas ante toda manifestación sociocultural que escape a su férreo control. Pero el Matadero sigue estando vivo y con él Akauzazte, presentando un nuevo disco que como todos los anteriores se ha gestado en las entrañas de este edificio encantado.

Así, aislados a la par que profundamente conectados a su tierra, amplifican su pálpito para danzar al golpe de huesos vacíos y martillos oxidados. Los desechos del viejo matadero son ahora instrumentos sonoros. Reubicados junto a las guitarras, baterías y teclados forman un todo que Akauzazte tocan, frotan y sacuden como si lo manejaran por primera vez. Abiertos a la sorpresa y atentos a su voz interior para actuar como médiums de un trance colectivo. Birthday Party, Einsturzende Neubauten y especialmente los Swans son algunos de los nombres que se han mencionado para tratar de referenciar el majestuoso sonido de esta banda. Todos apropiados, todos limitados también. No hay verdaderos antecedentes, Akauzazte es un ente autónomo que se rige bajo sus propias reglas. En los años 90 llegó a estar cerca de firmar por una distribuidora indie “convencional” pero el acuerdo no llegó. Demasiadas expectaciones y reglas de mercado para una criatura tan salvaje y a la vez tan telúrica y humilde.

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Akauzazte optaron por la autoedición, co-fundando la plataforma ArtoArtian junto a otros artistas afines como Xabier Erkizia (fundador del Festival de Otras Músicas ERTZ), Mattin o Tzesne y ha sido desde ahí desde donde han desplegado mayormente su obra en una serie de discos imprescindibles que culminan ahora con un soberbio doble LP bajo el título de “Etzazuaka” (akauzazte al revés) co-editado por el sello barcelonés Màgia Roja. Jamás se han prodigado excesivamente ni en disco, ni en directo (la “gira promocional” de su nuevo disco se limita a un concierto al mes). Han esperado siempre al momento óptimo de madurez para dar cada paso. Por eso cualquiera de sus movimientos es un acontecimiento, un regalo que debemos saborear con fruición y paciencia. Creo que fue Anari quien dijo que si las piedras de nuestros bosques pudieran hablar, sonarían como la música de Akauzazte. He aquí mi pequeño mapa para invitaros a conocerla.

La banda nace en 1992  como fruto de las primeras grabaciones realizadas en los locales de ensayo  del Matadero editadas en forma de maqueta, y bajo el título de Maite Zaitut (Te Amo).  Si no fuera por todo lo que vino después  y este fuera el único disco en la historia del grupo, es muy probable que a día de hoy fuera objeto de lujosas reediciones por parte de alguno de tantos sellos boutique dedicados a recuperar  joyas sepultadas, a cada cual más exclusiva, desconocida y limitada. Pero Akauzazte no se quedó ahí y fueron capaces de superar ampliamente en profundidad y calidad este primer balbuceo. Eso no quita para que se trate de una obra deliciosamente fresca, osada y punzante.

El embrión de Akauzazte es en ese momento un colectivo inestable –de entrada y salida libre-  que llega a incluir a 7 personas, rico en inquietudes e influencias que se reflejan en un disco que abarca desde el psycho-blues a lo Birthday Party, a la no wave, la ponzoña industrial de unos Throbbing Gristle y el aullido hardcore-punk. Viñetas sonoras que en ocasiones apenas llegan al minuto de duración, frecuentemente improvisadas y registradas en una grabadora TASCAM de 4 pistas, erigida en pieza fundamental de esta génesis. Un catálogo de excitantes ideas en estado de gestación y mutación constante. Perfectas para ser diseccionadas y reconstruidas en sus incendiarios directos. De hecho fue la necesidad de llevarlas al directo lo que impulsó la creación de un grupo medianamente estable y a bautizarlo con el desafiante nombre de Akauzazte (“moríos” en traducción más o menos libre).

Las coordenadas se mantienen en su segunda maqueta de 1995, “enlatatuta” (enlatado), una cassette contenida en una lata de conservas (que, como dato curioso, contiene voz y letra de una joven y encantadora Anari en su última canción) pero comienzan a apreciarse nuevos matices. Los temas se alargan ligeramente favoreciendo la aparición de estimulantes paisajes sonoros que tan pronto amenazan tormenta sónica como seducen con una enigmática y tenue brisa, o nos desorientan en un trance de ritmos tribales. El sonido de Akauzazte se expande, y también gana en intensidad y definición. Es cierto que pierde parte del espasmo punk y de la ponzoña lujuriosa de su primera maqueta, pero a cambio, su sensualidad es capaz de hacerte estremecer de deseo. Un deseo profundo, prolongado y que alcanza todo tu cuerpo. Akauzazte empieza a sentar las bases de su poderoso discurso.

En 1998 llega su primer disco oficial, “ur gardenak” (aguas transparentes), editado por Esan Ozenki. Carlos Desastre (ex 713avo Amor) se instala en la zona de Azkoitia y forma parte de la banda durante una temporada que coincide con la grabación de este disco. Es difícil calibrar la aportación de Carlos al sonido de la banda, más allá de la letra y voz de “Pottoka”. Aunque se adivinan algunas guitarras de corte más metálico y una mayor presencia y claridad en las voces que parecen provenir de su lunática cosecha. Lo cierto, en cualquier caso, es que este hecho emparenta a Akauzazte con cierta corriente maldita del rock nacional (desde los propios 713avo Amor a El desván del macho o los Chatarreros de Corcobado) y los aísla al mismo tiempo de las corrientes indie imperantes.  Lo de Akauzazte no es noise-rock a lo Sonic Youth, ni post rock en la onda de Mogwai o de Godspeed You Black Emperor.

No puede venderse en el mismo mercado que se disputan la gran mayoría de sellos y bandas de la explosión indie de aquellos días. Ni por sonido, ni por convicciones. “Ur Gardenak” sin ser aún el mejor disco del grupo, le mira de tú a tú a cualquiera de los mejores discos indie-rock de la época (Los Planetas, Migala, Sexy Sadie, Sr Chinarro… por citar a algunos de los que copaban los charts de aquel año). Pero habita en otro mundo, otro refugio, del que ya se han echado los cimientos y que poco a poco nos irá cubriendo con el calor de su fuego y las bellas pinturas de sus paredes. “ur gardenak” es un disco de rock entendido como medio de expresión libre y feroz de nuestras más profundas emociones, nunca como fin. Y ese es el camino elegido por Akauzazte para crecer y hacer crecer su grandiosa música a lo largo de su carrera.

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Tras la publicación del disco Akauzazte queda reducido a un cuarteto básico de dos guitarras, bajo y batería (Roge, Joxe, Mini y Arra), y es en esta mutación esencial en la que desarrollan ya su sonido inconfundible. Gestada con mimo y paciencia, al calor siempre de los espíritus del Matadero, su nueva referencia tarda 4 años en aparecer. Titulada simplemente “X” (o para ser más exactos dos tiras de cinta americana cruzadas y pegadas sobre la funda de cartón del CD), se trata de un CD-EP autoproducido de 3 canciones y 23’ de duración. Una absoluta delicia sonora (en términos de gloriosa mugre “akauzeztiana”…) que deja ya muy atrás cualquier convencionalismo indie-rockero. “X” es un ectoplasma psicodélico que fluye de forma lenta pero incesante, se diría que infinita, rodeando y envenenando al oyente para siempre. Akauzazte pisan ya el terreno del “más allá” de Coil o del folk imaginario de Sun City Girls. Música que existe por sí misma y fuera de nuestras dimensiones percibidas, para tejer desde allí conexiones con todas las músicas pasadas y futuras.  “X” es un prólogo que abre ya de par en par las puertas de una de las discografías más fascinantes que jamás he conocido.

Sugeak izanen gara azalberritan”. (Seremos serpientes con una nueva piel) es el grito de guerra de “esnatze berriak(nuevos despertares) uno de los temas que conforman “Azalberritan”, su disco de 2004, su primera obra maestra. La mutación y el cambio de piel ha concluido. Depurados hasta la esencia de un trio básico formado por Joxe, Roge y Arra, Akauzazte destilan una música majestuosa. “Gisa” (modo) abre el disco con sus 14 minutos de guiados por un ritmo de bajo tenso y envolvente a la vez al que se añaden capas y capas de sonido para tejer un mantra a modo de lienzo sobre el que se dibujará ya toda la obra del grupo. Una obra en el caso de “Azalberritan” en la que sigue cabiendo la no wave, en esas guitarras infinitas y lacerantes tan propias de Rhys Chatam o Glenn Branca, y el kraut más primitivo y libre que siempre han amado, y aún sobra espacio para la psicodélica poesía y voz del llorado Josetxo Anitua y trabajar nuevas texturas como las que aportan las grabaciones de campo de Chris Watson, el trombón de Txonpo o la aguda producción de  Xabier Erkizia.

Mención especial merece el tratamiento de las letras y las voces. Aullantes en ocasiones, susurrantes en otras, poderosas e hipnóticas siempre para narrar con claridad unos versos escuetos, sintetizados al extremo, despojados de todo adorno para que su fuerza visual sea aún más nítida. Akauzazte no son amigos de la épica grandiosa ni del preciosismo vacío que echó a perder tanto y tanto post-rock, ni en el fondo ni en la forma. Lo suyo no precisa de distancias ni de coartadas artísticas. Lo suyo se come, se respira, se toca y se vive.

Como se viven sus directos y en particular el recogido en “04/5/1 Bera”, su única grabación “oficial” en directo hasta la fecha. Es complicado escribir un texto sobre Akauzazte sin mencionar a sus adorados Swans, pero si algún momento de su carrera me parece especialmente adecuado para hacerlo es precisamente este. Naturalmente su música en directo pierde matices para ganar en intensidad pura, y los akelarres eléctricos resultantes les emparentan directamente con el impacto sónico de los neoyorkinos. Pero Akauzazte es un animal inclasificable y en el lirismo de “gimiendo brasas” y en los estremecedores loops tibetanos de “Gorpuziega” hallamos dos bellísimas manifestaciones de ese carácter indómito.

Desgraciadamente el eco de ese último loop que cierra “Gorpuziega” se apaga lentamente y nos deja en suspenso durante 5 largos años hasta poder volver a escuchar nuevo material de la banda. “Danok” (Todos) se edita en 2009 y recoge grabaciones que abarcan un extenso periodo de 2002 a 2008, todas ellas realizadas en el Matadero, “gure etxean” (en nuestra casa), como indican en el libreto interior. El título del disco, puede dar a entender un mensaje positivo de integración y hermandad inicialmente, pero al unirlo en la portada al nombre del grupo da como resultado una frase cuando menos desasosegante o directamente nihilista, “akauzazte danok” (Moríos Todos). “Danok” sufrió un proceso de grabación muy accidentado, y en el que cabe la posibilidad de que el grupo se planteara en algún momento abandonarlo para siempre. La sombra de la muerte planea sobre su disco más oscuro. Pero la muerte es también nueva vida y ecos de vidas pasadas. Hay una luz tenue, hermosa y crepuscular que acompaña toda la escucha. Si anteriormente hablaba de los Swans, son quizá Current 93 y su psych-folk esotérico los que ahora me vienen a la memoria o los escalofriantes recitados de Mikel Laboa, o quizá los abismos sonoros de todo un Scott Walker.

“Akauzazte Danok” supone también una profundización en nuevas texturas sonoras de la mano de dos excelentes manipuladores electrónicos como Xabier Erkizia y Tzesne, en la contraposición de estas a elementos ancestrales euskaldunes como los irrintzis  y la txalaparta, y también en el entrelazado con las voces para formar una trama única, sin separación de planos. “Akauzazte Danok” es probablemente su obra más difícil pero también la más compacta, y para quien suscribe la más hermosa y la que deja un poso más duradero. Si bien esta es una afirmación que aún no puedo asegurar del todo, puesto que su nueva obra, “Etzazuaka”, me resulta demasiado reciente para evaluarla con la suficiente perspectiva.

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De hecho, cuando escribo estas líneas, a finales de Septiembre de 2015, se acaba de publicar oficial y físicamente este nuevo disco (a modo compartido entre la plataforma ArtoArtian y el sello barcelonés Màgia Roja). Lo que hemos podido escuchar hasta ahora es un master en formato de descarga libre que puede alterar en parte nuestro juicio. Por lo que no me atrevo a hacer una valoración definitiva del mismo. Lo que sí me atrevo a decir es que “Etzazuaka” es su disco más ambicioso y amplio y que supone una magnífica puerta de entrada a su obra pues muestra todas las caras de la banda, además de numerosas e interesantes novedades. Ya desde la forma de su título, que juega con el nombre de Akauzazte dándole la vuelta y generando un palíndromo, sugiere una imagen circular que abarca toda la historia del grupo y todas sus manifestaciones. Sensación que se remata su propio significado, que podría traducirse por “no lo mates”. Akauzazte no muere aquí, y mucho menos su maravilloso legado.

De hecho, Akauzazte se renueva, en una nueva mutación que lo amplia a 5 miembros, incluyendo un bajo y un percusionista adicional (Axi y Enata) que permiten usar doble batería y liberar a Joxe para acompañar a Roge en voces, guitarras y teclados en sus directos. De entrada, esto sugiere una formación más orientada al rock y en parte es así.

“Etzazuaka” contiene algunos de los momentos más guitarreramente furiosos de Akauzazte. Alta tensión y altísima densidad, opaca e intoxicante y por momentos incluso excesiva. Es por ahí por donde “Etzazuaka” puede resultar un pelín largo y ponérsele algún pero, a expensas siempre como he comentado anteriormente, de escuchar la edición definitiva. Pero todo queda sobradamente compensado por momentos de bendita locura, de magia visionaria, de búsqueda impetuosa y de hallazgos deslumbrantes. El bramido delirante de las albokas sugiere una aparición de los Masters Musicians of Jajouka en el Matadero, hay temas basados puramente en texturas, manipulación electrónica, sonidos de campo, voces y respiraciones entrecortadas, como si los hachazos y resoplidos de varios aizkolaris marcaran el pulso de los temas, y belleza, muchísima belleza, vigorosa pero también vulnerable, como los hermosos toros de la portada diseñada por Detritus.

Dejo muchas ideas, sensaciones y recuerdos en el tintero, pero este artículo no pretende ser un estudio profundo y detallado, ni una biografía oficial de la banda. Tan solo es un sentido y rendido homenaje y una invitación a descubrirla.