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Un nuevo realness: el emergente cosmos afrobeat originado en L’Hospitalet

El barrio de La Florida (Catalunya) está siendo testigo de la emergencia de una nueva generación de artistas urbanos. Morad, Beny Jr., Jensel King y Vato son la punta de un iceberg que parece no tener fin. Fuera de La Florida, otras figuras como Blessed Boy y Tr Fact también son esenciales para entender la idiosincrasia del movimiento.

20.11.19
Antoni Ripoll

Texto de Marcos Gendre.

2019 ha sido el año en el que el trap se ha ramificado definitivamente en una de sus variables más características, el afrobeat.

Por supuesto, esta denominación no tiene nada que ver con el género desarrollado por Fela Kuti, principalmente, en los años setenta, sino a una denominación marcada por los orígenes, eminentemente marroquís, de un subgénero que está creciendo a pasos agigantados en torno a los bloques de los edificios de La Florida: una de las zonas más pobladas por la inmigración y la más habitada de toda Europa, en cuanto a vecinos por metro cuadrado.

Para comprender el creciente poder de convocatoria de esta comunidad, nos fijamos en cinco nombres que han plagado las redes con millones de visitas a lo largo de este año.


Morad

A la hora de bautizar una nueva variable estilística, siempre surge un nombre propio que le pone rostro. En este caso, Morad es la voz más escuchada.

Desde la periferia de L’Hospitalet del Llobregat, Morad exhibe sus orígenes a través de viñetas musicales que beben de su día a día desde la infancia, y sus años escolares, tal como en la adictiva “Profesores”. Pero también de alegatos de supervivencia barrial, tal que en “Aguantando”. Esta clase de cortes poco tienen que ver con la deriva existencial del trap fraguado por figuras como Sticky M.A. o Yung Beef. En su caso, se impone un poso documentalista permanente que retoma los viejos valores del hip hop, aunque dentro de variables tecnológicas que beben del minimalismo rítmico, donde el mantra tribal es condensado en una intersección entre trap y reggeatón.

Pero tampoco nos engañemos, cortes como “Avisado” y “Lo Que Quiera” sugieren un hecho: quizá el paralelismo más obvio del afrobeat sea el grime, una música de emigrantes exiliados en los estertores de una megalópolis.

Aunque dentro del afrobeat no existe rastro de la resistencia grime a la hora de plantear sus dinámicas de consumo fuera de los cauces canibalistas de YouTube o Spotify, ni esa agresividad a 140 BPM, sí que cuenta con un arraigo muy poderoso a un entorno muy concreto, del cual Morad exhibe con absoluta precisión en “Un Cuento”, estamento afrobeat donde no podría sonar más rotundo: «Cuidadito no vayas a entrar a un mundo donde puedes ver lo que nunca podrías imaginar«.


Beny Jr.

Otra de las canciones que más eco ha tenido de Morad es “FreePeke”, en la que comparte flow con Beny Jr., uno de sus aliados dentro de esa gran cantera de talentos adolescentes que está siendo La Florida.

A lo largo de una sucesión de vídeos filmados dentro de esta zona, se podría hilvanar un documental hiperrealista de la vida en la calle, de sus problemas con el racismo policial, y la celebración surgida por la comunión nacida de sentirse como exiliados en su propia ciudad.

En cierta manera, letras como “Chico De La Calle” no difieren del retrato de los guetos neoyorquinos del hip hop originario, incluso de la desolación de vivir entre jaulas industriales en el Mánchester de los años setenta. La reducción al máximo del autotune y los ad-libs verbaliza una narrativa en las antípodas de la ciencia-ficción vocal de artistas urbanos como Pedro LaDroga, enfocando siempre desde la horizontalidad narrativa del rap, pero con el flow del trap.

La sinceridad a tumba abierta desplegada en temas como “Samuray” y “Estoy Cansado” exponen un plus de verdad sobre lo que significa crecer en las calles de un barrio circuncidado del resto de la ciudad.

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En las canciones de Morad o Beny Jr. no hay espacio para la auto-parodia inconsciente del trap. La realidad no es mostrada desde el prisma del consumidor. Su crudeza radica, casi exclusivamente, en escenas que parecen arrancadas de un “The Wire” a la Hospitalet, y hay que mostrarla con un plus de punch afrocaribeño en sus bases. El mismo que evade en sus rodamientos instrumentales la influencia yanqui en el trap de productores como Southside.

Mientras el trap se ha convertido en un sonido de emojis, el sustrato narrativo del afrobeat está perfectamente contrastado en canciones como “Maleante”, aunque en esta ya podemos comprobar que el padrino no es otro que Steve Lean: posiblemente la figura más influyente y creativa de la música urbana underground en España. Los mundos convergen por imantación natural.


Blessed Boy

Una de las características que definen la base sonora de Morad y Beny Jr. proviene de su evasión de referencias musicales hispanas. De donde proviene el caldo de cultivo instrumental que da cuerda a sus creaciones es el rap francés, aunque de donde podemos captar más vasos comunicantes es en las bases musicales orquestadas por figuras tan masivas como Stromae, al que han liberado de toda su purpurina y filtro pop para quedarse con el hueso de hits del new pop como “Papautai”: en esencia, deformación barroca de un sonido como el afrobeat, amueblado bajo un concepto de beats secos, cosidos al sístole-diástole del ritmo.

La prueba más precisa de esta relación entre primos lejanos es Blessed Boy, una figura que no reside en el barrio hospitalense pero que es relevante en este cosmos que intentamos describir.

El repertorio de Blessed Boy incluye cortes como “Je M’appelle”, que no solo está cantada en francés, sino que también está profundamente conectada al sonido armado por figuras del trap francés como Django y MHD; este último, reflejo directo de la idiosincrasia afrobeat de La Florida.


Jensel King

Con apenas catorce años, no cabe duda de que Jensel King se ha convertido en uno de los valores con más proyección de los bloques de La Florida. No hay más que acercarse a “Feelin’ Gang”, en la que, a través de la producción  lisérgica de Chris Z, exhibe un desparpajo propio de libertad que emana de su juventud.

El niño que juega a ser hombre es uno de los tópicos más recurrentes del hip hop, aunque en su caso tan radical que resulta un soplo de aire fresco, mediante excitantes muestras de un cromatismo inusual, como en la hipnosis trapera de “La noche”: hálito toxicómano en una propuesta que ya ofrece más posibilidades sónicas que las de Morad o Beny Jr., padrinos del nuevo afrobeat en el barrio hospitalense.


Tr Fact & Vato

Si hay que hablar de productores que estén dejando su impronta en el afrobeat de L’Hospitalet, esos son Tr Fact & Vato. Aunque Tr Fact resida en París, también lo incluímos aquí porque forma parte de este binomio creativo está armando un código sonoro altamente reconocible por medio de su trabajo para Morad y Beny Jr., principalmente. Rasgos sonoros que beben tanto de la sensibilidad de la música malí como de una búsqueda incesante por articular beats de regusto árabe.

Su producción en cortes como “Chico De La Calle”, de Beny JR., o “La Calle Me Enseñó”, reflejan estos rasgos, tan apegados a unas raíces de las que sus MCs hacen gala en sendas reivindicaciones identitarias de sus raíces, hasta las últimas consecuencias.

Lo que estos cinco cabecillas han logrado es abrir una veta de la que, aún en pleno nacimiento, no somos conscientes de lo lejos que puede llegar. Por lo de pronto, no es ninguna casualidad que sea la nueva banda sonora millenial y que “M.D.L.R.”, el primer LP de Morad, sea uno de los discos que definan el puente entre décadas.