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África: pasado, presente y futuro de la música occidental

Sónar Festival albergará a Ata Kak, Nozinja y Mikael Seifu, tres de las voces más singulares dentro del mapa sonoro del continente.

06.06.16
Frankie Pizá

En la actualidad, al mismo tiempo que Awesome Tapes From Africa rescata del olvido un disco de Tsonga Disco sudafricano de los 90, Sahel Sounds explora los soundsystems callejeros habituales en la capital de Mali, Bamako.

Mientras el Gqom surge como hipnótica respuesta electrónica a la intensa realidad en Durban (Sudáfrica), en las calles de un país roto como Egipto se renueva el Mahraganat como una pirotecnia electrónica antisistema que tiene su origen en exuberantes celebraciones nupciales. En Portugal, a las afueras de Lisboa, un grupo de jóvenes de raíces angoleñas han adaptado ritmos como el del Tarraxo o la Batida a sus producciones para el club.

África es el futuro de la música electrónica; la riqueza rítmica y folclórica del continente es tan solo comparable a su inmensa variedad cultural y lingüística. Y de forma primordial, la música electrónica se basa en ritmos constantes y es sinónimo de continuidad; llevamos más de 3 décadas utilizando las mismas figuras de percusión y tiempos, con poquísimas excepciones, por lo que cualquier vistazo a un mundo rico en formatos vírgenes será víctima del interés y la explotación.

A pesar de Internet, quedan multitud de músicas tradicionales que desconocemos y que los pueblos o diáspora africana nos desvelarán a menudo reutilizando las herramientas que nosotros mismos, occidente, desechamos con rapidez.

El futuro reside en la adaptación, la creación de nueva diversidad a través de la hibridación y acto seguido la habitual «apropiación» de lo exótico por parte del primer mundo. Ya sean sellos pequeños o discográficas como Warp Records, ya sea redescubriendo el valor de un olvidado cantante de Ghana o actuando como embajadores de la introducción a nivel internacional de un sonido local, África no puede tampoco escapar de este tipo de colonización.

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El Shangaan Electro era hasta hace un lustro la creación única de Richard Hlungwani, un productor que a orillas del Limpopo (Sudáfrica) reformó con el uso de herramientas digitales la música tradicional de la etnia Shangaan. Vertiginosos bailes y representaciones colectivas de gran colorido a los que el también conocido como Nozinja o «Dog» pone banda sonora con sus composiciones llenas de artificio, de marimbas y basadas en ritmos simples que rozan los 180 BPM.

«Si es muy lento, no lo van a bailar» comentó Nozinja en una de sus primeras entrevistas acerca del Shangaan Electro derivada del recopilatorio publicado por Honest Jon’s y que desató el interés occidental por su creación. Antes de aquel «Shangaan Electro: New Wave Dance Music from South Africa» publicado en 2010, Nozinja editaba y comercializaba en Soweto todo su material bajo el paraguas de Nozinja Music Productions, vendiendo entre 30.000 y 40.000 copias de sus discos.

Nozinja adaptó la música tradicional Shangaan manteniendo los rasgos del Tsonga Disco pero procesando voces y acelerando los ritmos para generar más interés entre los locales y sus contemporáneos. Su espectáculo alegre y endiablado llegó a Sónar Festival en 2011, y Nozinja es ahora una de las apuestas artísticas de Warp Records como solista.

La grandilocuencia, alegría y optimismo de sus producciones han conseguido encandilar a medio mundo a pesar de las limitaciones tecnológicas con las que fueron concebidas; Nozinja ha colaborado con artistas como Tessela, aunque el Shangaan Electro se reduce y simplifica simplemente a Nozinja. Es un músico/estilo en sí mismo, una especie sin sinónimos en un mundo en el que abundan las réplicas.

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Etiopía cuenta con 80 grupos étnicos y más de 40 instrumentos nativos, dando como resultado una música tradicional particularmente diversa. En Europa conocemos las características sonoras del Jazz etíope gracias a la popularidad de músicos como Mulatu Astatke; su leves coincidencias con los rasgos orientales y belleza instrumental han trascendido hasta las bandas sonoras del cine de vanguardia.

Instrumentos como el Krar, el Masenqo, o los cantos de los azmaris etíopes se diseccionan y deconstruyen en las producciones de Mikael Seifu, activo principal del Ethiopiyawi Electronic, un movimiento que comenzó cuando el antes conocido como Mic TekEndeguena Mulu organizaban talleres en Adís Abeba dando la oportunidad a los más jóvenes de utilizar sus equipos y herramientas de producción como Ableton Live.

«Ethiopiyawi electronic is a music that’s using technology, as well as the limitless, diverse sounds of Ethiopia, to make sounds that explore beyond the realms of our current understanding of music.»

–Mikael Seifu.

En un contexto en el que es difícil y costoso hacerse con recursos de ese tipo, Seifu y Mulu (Ethiopian Records) han implantado como hábito unos procedimientos que mezclan de forma natural el folclore de su país con sonidos y genéricas que llegan desde Europa o Estados Unidos. Después de que el sello de Washington 1432R impulsara a Seifu y su singular acercamiento electrónico, el artista está comenzando una trayectoria en solitario con RVNG Intl. «ዘላለም / Zelalem» fue la primera muestra de lo que está por venir.

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Hay miles de voces sonando pero la amplificación tan solo llega a unas cuantas; rastreadores como Brian Shimkovitz o etnomusicólogos como Chris Kirkley actúan como filtro y puente para que nuestros oídos se encuentren con sonidos del pasado o del presente africano en las estanterías de casa; grabaciones perdidas en tarjetas SIM, cintas de casete olvidadas y otros productos musicales de corta vida adquieren un nuevo significado y contexto en manos de los hambrientos mecanismos de la reedición.

Ata Kak es muchas cosas, aunque lo más importante es sin duda su condición de causa principal para la creación de Awesome Tapes From Africa. Shimkovitz fue el primer occidental en reparar en el valor de una cinta como «Oba Simaa» en 2002 y, aproximadamente 4 años después, comenzar un blog que ganaría adeptos en todo el globo gracias a su surtido de rarezas exóticas documentadas periódicamente.

Desde los inicios del site, el americano tuvo en mente reeditar oficialmente la música bizarra de Ata Kak, un cantante ghanés que grabó el contenido del LP en 1994; fundía R&B contemporáneo de forma infecciosa con rasgos Highlife, House y Hip Hop, cantando en el dialecto twi (idioma hablado en Ghana por más de 7 millones de personas). Un producto que como el de Nozinja o el de William Onyeabor, hoy recibe veneración internacional debido a su singularidad; música amateur con defectos, creada a partir de limitaciones y que hoy despierta el entusiasmo y curiosidad de todo tipo de oyentes.

Ata Kak, de nombre real Yaw Atta-Owusu, es un ejemplo de lucha vital y artística durante los años previos y posteriores a «Oba Simaa»; huyó de la represión política de su país a mediados de los 80, pasando por Alemania o Canadá. Llega al escenario de Sónar Festival para representar su obra acompañado de banda en el que será uno de los momentos estelares del festival. La oportunidad para nosotros de asistir al sueño musical de Ata Kak, hecho realidad después de que hasta él lo diera por enterrado: apenas 50 casetes se crearon de aquel documento, y tan solo 3 se vendieron.